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De la retórica a la acción: un año de Trump y la relación México-Estados Unidos bajo presión
De la retórica a la acción: un año de Trump y la relación México-Estados Unidos bajo presión
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De la retórica a la acción: un año de Trump y la relación México-Estados Unidos bajo presión

En el primer minuto de su segundo mandato, Donald Trump canceló el principal programa de asilo para migrantes y dejó a miles de personas atrapadas en la frontera mexicana. Un año después, ese gesto resume el balance de la relación entre México y Estados Unidos: una agenda dominada por la migración, la seguridad, amenazas comerciales y una presión en aumento desde Washington.
19 de enero, 2026
Por: Manu Ureste
@ManuVPC 

Donald Trump no esperó semanas ni meses para cumplir sus amenazas y su retórica antiinmigrante: lo hizo en el primer minuto de su segundo mandato como presidente de Estados Unidos.

Mientras asumía la presidencia en Washington, la aplicación CBP One —la única vía legal para que miles de migrantes solicitaran asilo en Estados Unidos— dejó de funcionar de forma abrupta. Las citas fueron canceladas sin aviso previo.

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Foto: Cuartoscuro

En cuestión de horas, miles de personas migrantes recibieron un breve mensaje diciéndoles que su sueño de un nuevo futuro había terminado. Quedaron varadas en ciudades fronterizas del norte de México, atrapadas entre un país del que huían y otro que, de pronto, les cerraba la puerta. Venezolanos, colombianos, hondureños, y también mexicanos que escapaban de la violencia entendieron ese día que Trump había pasado de la retórica y las amenazas a los hechos.

La mañana del lunes 20 de enero de 2025, Animal Político atestiguó en la garita de El Chaparral, entre Tijuana y San Diego, cómo la escena cambiaba en cuestión de minutos. Migrantes que horas antes sonreían frente a las cámaras —convencidos de haber llegado “al final del camino”— miraban ahora sus celulares con angustia, repetían que la aplicación no funcionaba y exigían explicaciones que nadie les daba. Madres llorando, niños en brazos, familias enteras sin saber a dónde ir.

Ese lunes, mientras Trump declaraba emergencia nacional en la frontera sur de EU, la incertidumbre y el miedo se instalaron del lado mexicano, extendiéndose rápidamente por el resto del continente latinoamericano.

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Un año después de aquel primer día, la relación entre México y Estados Unidos se ha definido por una lógica similar: presión constante desde Washington y contención desde México.

A la cancelación del programa de asilo le siguieron nuevas oleadas de deportaciones, redadas y persecuciones del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en comunidades estadounidenses, el despliegue reforzado de tropas mexicanas en las fronteras norte y sur para frenar la migración, y una cooperación forzada en materia de seguridad.

Al mismo tiempo, Trump volvió a poner sobre la mesa la amenaza de imponer aranceles como mecanismo de castigo político y comercial, dejando claro que la relación bilateral no se negocia solo en términos económicos, sino como una extensión de su estrategia de control migratorio y de seguridad interna.

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Rafael Caro Quintero. Foto: Cuartoscuro

Ese mismo patrón se replicó en el combate al narcotráfico. Durante este primer año, México aceleró el envío de capos del crimen organizado a prisiones estadounidenses (55 líderes criminales, incluyendo al narcotraficante Rafael Caro Quintero, fueron extraditados entre febrero y agosto del año pasado), multiplicó los anuncios oficiales sobre desmantelamiento de laboratorios y decomisos de fentanilo, y exhibió resultados de seguridad como mensaje directo a la Casa Blanca y no solo a la ciudadanía mexicana.

Aun así, Trump mantuvo la presión con amenazas reiteradas de intervenir por vía terrestre contra los cárteles mexicanos, a los que considera grupos terroristas, un escenario que, aunque no se ha concretado, ha marcado el tono de la relación bilateral.

Ese primer año también dejó algunos matices en la lectura sobre el papel del gobierno mexicano. En medio de la presión arancelaria lanzada desde Washington, la presidenta Claudia Sheinbaum recibió buenas evaluaciones tanto a nivel interno como en la prensa internacional por su manejo de la crisis comercial.

Medios como Financial Times y The New York Times destacaron su estrategia de contención y el énfasis en una negociación técnica y discreta, al señalar que la mandataria mexicana evitó una confrontación pública con la Casa Blanca y logró ganar tiempo para desactivar, al menos de forma temporal, la imposición de aranceles.

Para sus defensores, esa postura mostró una conducción pragmática frente al nuevo “Trump recargado”, dispuesto a escalar el conflicto comercial, y un intento por amortiguar los efectos económicos de una relación bilateral cada vez más tensa.

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Foto: Cuartoscuro

Una relación marcada por la presión

Para el internacionalista Fausto Pretelín, consultado por Animal Político, el primer año del segundo mandato de Trump confirma un cambio sustantivo frente a su primer periodo en la Casa Blanca. “Trump ya no está en la etapa de la amenaza permanente; ahora exige resultados tangibles”, explica Pretelín, que fue profesor investigador de Estudios Internacionales del ITAM.

A su juicio, el endurecimiento inicial de la política migratoria le permitió al presidente estadounidense vaciar ese tema de la agenda bilateral y concentrarse en lo que hoy considera prioritario: la seguridad y el combate a las drogas, especialmente al fentanilo.

“Trump ve a América Latina, a Centroamérica y al Caribe como parte de su seguridad interna”, señala Pretelín. “México siempre ha sido clave en esa visión, pero ahora la presión es mayor porque Estados Unidos considera que la inseguridad en México tiene impactos directos en su propio territorio”. Desde esa lógica, añade, la relación bilateral se ha convertido en un mecanismo de exigencia constante, donde Washington marca el ritmo y México responde.

El internacionalista José Alberto Moreno Chávez, con maestría y doctorado en Historia por el Colegio de México (Colmex), coincide también en entrevista en que el cambio central es el paso de la retórica a la acción, pero ofrece una lectura más crítica sobre el papel del gobierno mexicano. “A diferencia del primer mandato, hoy Trump ya aprendió que las amenazas no solo se dicen: se cumplen”, afirma. Desde su perspectiva, México se ha convertido en un eje discursivo central para Trump porque representa, en su narrativa, un punto de vulnerabilidad.

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“Trump ve a México como un vecino con una situación de seguridad interna compleja y débil frente a las amenazas que él percibe”, explica Moreno. “Por eso la presión es tan directa y tan constante”.

En ese contexto, considera que la estrategia mexicana ha sido insuficiente. Y que, pese a que la presidenta Sheinbaum ha reiterado en numerosas ocasiones que la relación con Estados Unidos se basa en la cooperación bilateral, y no en la subordinación a lo que dictamine la Casa Blanca, no ve una estrategia clara de negociación con el vecino del norte. “Veo más bien una relación de sumisión”, sostiene el internacionalista. “Más que cautela, lo que percibo es miedo”.

La asimetría entre ambos países, coinciden ambos internacionalistas, se ha vuelto más visible que nunca. Para Pretelín, un ejemplo claro es la ausencia de una reunión bilateral formal entre Trump y la presidenta Claudia Sheinbaum durante este primer año, más allá del breve encuentro privado que mantuvieron en Washington el 5 de diciembre durante la presentación de la Copa del Mundo de futbol.

“Es una anomalía que dos socios de este nivel no se reúnan cara a cara”, advierte. “Cuando no hay reuniones, generalmente es porque la relación no está en un punto de equilibrio”.

Moreno recalca en que esa falta de diálogo formal refleja una relación desigual. “Estamos frente a una dinámica de bullying: un abusador frente a un gobierno que se siente sin capacidad de responder”, afirma. “Eso es muy peligroso en una relación tan estratégica como la que tiene México con Estados Unidos”.

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Foto: AFP

Seguridad, narcotráfico y la amenaza militar

Uno de los elementos que más ha marcado este primer año ha sido la amenaza, reiterada por Trump, de intervenir directamente contra los cárteles mexicanos. Para Moreno, este discurso no debe minimizarse. “Lo que pasó el 3 de enero en Venezuela demuestra que Trump ya no se queda en las palabras”, señala, en referencia a la operación estadounidense contra el régimen de Nicolás Maduro. “Eso cambió por completo la percepción de hasta dónde está dispuesto a llegar”.

Desde su punto de vista, una intervención directa en territorio mexicano sería una línea roja. “Sería el límite absoluto”, subraya. “Pero también explicaría esta actitud de sumisión del gobierno mexicano, porque una acción de ese tipo exhibiría a un Estado frágil, incapaz de imponer orden interno sin ayuda externa”.

Pretelín coincide en que la amenaza, aún sin concretarse, ya tiene efectos reales. “La sola posibilidad condiciona la relación”, explica. “Obliga a México a mostrar resultados, a acelerar extradiciones, a multiplicar anuncios de decomisos y desmantelamientos”.

Sin embargo, también advierte que esa lógica tiene límites. “La presión permanente no sustituye una estrategia de cooperación de largo plazo”.

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En ese sentido, ambos especialistas señalan un problema adicional: la comunicación. Moreno apunta que, aunque México ha intensificado acciones contra el narcotráfico, esos mensajes no llegan al público estadounidense. “Las capturas y decomisos no aparecen en CNN, CBS o Fox”, dice. “Hay un problema serio de comunicación internacional por parte del gobierno mexicano”.

Un Trump más duro en el mundo

El endurecimiento hacia México forma parte de un viraje más amplio en la política exterior estadounidense. Durante este primer año, Trump ha reconfigurado el tablero internacional con una agenda de confrontación directa. En América Latina, la operación contra Nicolás Maduro sacudió a la región y encendió alertas en cancillerías de todo el mundo. En Europa, las tensiones crecieron tras las amenazas arancelarias y la insistencia de Trump en considerar Groenlandia como un territorio estratégico para la seguridad estadounidense.

En otros frentes, Estados Unidos endureció su postura hacia Rusia en el contexto de la guerra en Ucrania, impulsó su propia iniciativa para redefinir el conflicto en Gaza y mantuvo advertencias abiertas sobre posibles acciones contra Irán en medio de una escalada regional. Para Moreno, este panorama refleja el regreso de una lógica intervencionista clásica. “Estamos viendo una restauración de la Doctrina Monroe y de la política del garrote”, afirma.

Pretelín coincide en el diagnóstico general. “Trump gobierna como si la diplomacia tradicional fuera un estorbo”, señala. “Las instituciones multilaterales, los tratados y los acuerdos pesan cada vez menos frente a la lógica del poder directo”.

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Foto: AFP

El T-MEC, en el horizonte

Doce meses después, el balance del segundo mandato de Trump deja un escenario claro, pero todavía en movimiento.

Para Fausto Pretelín el siguiente gran punto de fricción entre México y Estados Unidos será inevitablemente comercial. “El T-MEC existe, pero nada es para siempre”, advierte, al subrayar que Trump concibe los acuerdos internacionales no como marcos estables, sino como herramientas de presión política.

A su juicio, el presidente estadounidense ya utilizó la migración y la seguridad como palancas de negociación durante este primer año, y ahora podría trasladar esa misma lógica al terreno económico, donde México es particularmente vulnerable por su alta dependencia del mercado estadounidense.

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José Alberto Moreno coincide en que la renegociación del tratado será el próximo gran reto bilateral y alerta sobre el tipo de negociación que Trump buscará imponer. “Trump no cree en acuerdos multilaterales; prefiere pactos bilaterales donde puede imponer condiciones de manera directa a cada país”, señala.

Desde esa perspectiva, el debate en torno al futuro del T-MEC no solo pondrá a prueba la relación económica entre ambos países (y Canadá, el otro país del tratado con el que México y Estados Unidos tienen que negociar), sino también la capacidad del gobierno mexicano para pasar de una estrategia de contención a una de negociación activa.

Para ambos especialistas entrevistados, el desafío será enfrentar a un “Trump recargado” que ya demostró, desde el primer día de su segundo mandato, que sus amenazas no son sólo retórica electoral, sino amenazas de acción.

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