
Las mesas están cubiertas con cartulinas y plumones de colores para las frases que aún no se escriben, pues antes de convertirse en consigna, las palabras primero son vivencias. En este espacio, escribir no es un ejercicio estético: es una forma de nombrar lo que duele, lo que incomoda y lo que urge expresar antes de protestar el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres.
“Cuando una mujer escribe una consigna no está decorando una cartulina, más bien deja un testimonio, nombra una violencia o plasma una experiencia que en ocasiones ha sido silenciada. El diseño también comunica emociones; la ira puede convertirse en letras grandes que gritan. Escribir sobre ello es un acto político”, asegura Mara Osman, diseñadora gráfica, en entrevista con El Sabueso, la unidad de verificación de desinformación de Animal Político.
Desde hace cuatro años, 25 diseñadoras, rotulistas, artistas, letristas y docentes organizan talleres en distintos estados de la república mexicana con motivo del 8M para compartir sus conocimientos sobre el dibujo de las letras —lettering—, rótulo tradicional o caligrafía. Este taller es impulsado por un movimiento independiente y autogestivo conformado por mujeres trans y cis, personas no binarias y pertenecientes a las poblaciones LGBTQ+ que se dedican al dibujo, al diseño tipográfico y a la ejecución de la letra con diferentes técnicas.
Este 2026, previo a la marcha por el Día Internacional de las Mujeres, este movimiento independiente organizó talleres en Baja California, Chihuahua, Sinaloa, Guadalajara, Puebla, Hidalgo, Estado de México y Ciudad de México en los que, de acuerdo con el movimiento, la premisa principal es “que cada cartel refleje la lucha constante de cada asistente”.
Más allá de lo estético, buscan reconocer la importancia de los derechos de las mujeres, además de exigir justicia cuando no se respetan.
“En los talleres canalizamos la rabia, el miedo y el dolor a mensajes que conecten entre sí y generen empatía y sororidad. Transformar esas emociones en carteles permite decir ‘yo también viví esto’, y trasladar la vergüenza que siente la víctima a una posición de valentía”, cuenta Ainara Bustamante, artista y diseñadora.
“La rabia nos hizo revolucionarias”, “Ser mujer es resistir” y “Que vivan las morras que luchan” son algunas de las consignas que se pintaron durante el primer taller en la Ciudad de México al que El Sabueso asistió. El sábado 7 de marzo, de las 11:00 a las 14:00 h, será el segundo taller en la Galería José María Velasco, ubicada en Tepito.
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El primer taller en la Ciudad de México se inició con una plática que invitó a las asistentes a mirar la historia que habita en cada consigna. Las talleristas explicaron cómo surgieron las frases que hoy resuenan en las marchas feministas, qué tipos de carteles se veían antes y de qué manera han ido transformándose con el tiempo hasta convertirse en un espejo de luchas compartidas.
Realizar estas actividades en torno al 8M también genera responsabilidad en las artistas. Sobre ello, la diseñadora y comunicadora visual Jazmín Pérez destaca que el espacio público en México no es neutro, sino que está atravesado por la violencia y la injusticia. “No se trata de hacer carteles bonitos o que no incomoden, sino de transmitir mensajes directos, incómodos y potentes guardando respeto hacia las víctimas y sus familias”.
“En los talleres tratamos estas temáticas desde una ética de cuidado y empatía, porque al final nosotras entendemos el sentimiento de lucha y resistencia”, añade por su parte Nishma Barajas, diseñadora en el Centro Nacional de las Artes (CENART). “Es una gran responsabilidad darle herramientas a las asistentes para que comuniquen temas tan delicados”.
Las letras se vuelven una herramienta de lucha porque cada consigna representa una historia y una causa específica, dice Claudia Ramírez, diseñadora gráfica y tallerista en la sede de Puebla. “El impacto visual permite que el mensaje permanezca y se multiplique más allá de la voz”, añade.
Para la capital mexicana hubo dos talleres, uno en la zona sur de la ciudad y otro en el centro. El Sabueso fue al primer taller realizado el 28 de febrero en la librería U-Tópicas, al cual acudieron alrededor de 15 asistentes, quienes rodeadas de libros y café plasmaron en cartulinas y cartones palabras que nacieron de la experiencia.
Las talleristas explicaron a las asistentes que todo empieza con el trazo básico: aprender a controlar la presión del pincel para lograr líneas gruesas y delgadas que den ritmo a la palabra. Por ello, antes de plasmar la consigna en cartulinas, realizaron borradores en los que midieron el espacio, escogieron paletas de colores y qué tipo de letras se ajustaban mejor a cada palabra.
El arte tipográfico realizado en estos talleres trasciende el contexto para el que fue creado y llega a públicos que incluso no se identifican como feministas. “Cuando circulan en las redes sociales por medio de fotografías o videos se convierten en una extensión de la marcha. No solo importa lo que dicen, sino cómo están hechos: los trazos provocan emociones, incomodidad o curiosidad”, puntualiza Verónica Aguilar, quien es diseñadora industrial.
Fernanda Romero, de 31 años, asistió al taller porque buscaba un lugar seguro en el que pudiera pintar su cartel que dice “no es histeria, es historia” y llevará el próximo 8M; sobre este, cuenta que “desde hace mucho tiempo nos han dicho que, como mujeres, expresarnos se ve mal. Que somos histéricas, que somos lloronas. Pero esto es una idea machista, como si nuestras emociones y pensamientos fueran algo negativo, cuando en realidad esa ‘histeria’ es lo que nos ha llevado a darnos cuenta de que no tenemos los mismos derechos que un hombre. Mi consigna busca poner esto sobre la mesa y decir: expresarnos no es el problema, es el inicio del cambio”.

La ilustradora Luz Elena Saldaña también explica que “estas actividades permiten que más personas se acerquen al movimiento desde otros espacios. Los carteles permanecen, se comparten y se integran a la memoria colectiva, extendiendo el mensaje más allá de un solo día”.
“Es importante destacar que muchas mujeres aún no se sienten cómodas realizando su propio cartel o no pueden asistir a la marcha, entonces al ver los que realizamos, pueden tomarlos como referencia y adaptarlos a su identidad para que difundan un mensaje acorde con su protesta personal o colectiva”, asegura Carolina Rodríguez, diseñadora y docente.
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Originaria de la Ciudad de México, Andrea, de 27 años, asistió al taller en compañía de sus amigas. En entrevista con El Sabueso, la joven asegura que uno de los carteles que más la han conmovido en el movimiento feminista es aquel que dice “si un día desaparezco mi perrito no va a saber por qué”, el cual vio en Bellas Artes durante una manifestación feminista.
Por ello, Andrea encontró la inspiración para su cartel en su perrito, pues aunque quisiera llevarlo a las marchas como otras mujeres, considera que no se adaptaría a ese ambiente. “Recordé una frase que alguna vez vi: ‘me caga tu machismo’ e inmediatamente pensé en dibujar a mi perrito a lado de la consigna para que sea parte de mi lucha”, explica.

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“Las letras en el espacio público crean comunidad entre personas desconocidas y generan vínculos a partir de experiencias compartidas. Queremos que quien lea un cartel pueda pensar: ‘esto también me pasó’ y no se sienta sola”, destaca Alejandra Hernández, conocida como Alme Letters, ilustradora y diseñadora visual, y explica que las consignas dependen del mensaje que se busque transmitir, pero siempre se acompañan de fuerza y empatía.
En los talleres también participan otras artistas y diseñadoras como Andrea Osterhout, Claudia García, Karina Tinajero, Laura Barrón, Andrea Buendía, Selene Bárcenas, Andre ele be, Ró Hernández, Mónica Munguía, Claudia Rebeca Ramírez, Karla Rosas, Karla Mateos, Fátima Alheli Pérez y Aimée León.
Karla Pasten, diseñadora tipográfica e ilustradora, explica que “las letras son una representación visual del lenguaje, el cual está ligado a las condiciones sociales que vivimos. Si no hubiera injusticias, no habría necesidad de evidenciarlas con palabras, por ello la palabra escrita se vuelve una forma de expresar y compartir esa inconformidad”.
“Partimos de emociones fuertes y las expresamos a través de frases crudas para que el mensaje y el sentimiento se entiendan tal como los vivimos. Al organizar las letras y el diseño buscamos que la palabra más potente sea la que concentre el núcleo del mensaje, así, el arte facilita que otras personas se inspiren a partir de lo que leen”, agrega Paola Solís, artista de lettering y rotulista en formación.
Al final del taller, los carteles dejan de ser individuales y se vuelven colectivos. “Están listos para salir a las marchas o ser publicados en redes sociales y que muchas personas se identifiquen con el mensaje y lo repliquen. No es solo mi voz, es la voz de un colectivo que ha vivido violencias similares”, afirma Mara Osman mientras apoya a una asistente a trazar una letra que completará la consigna “no era paz, era silencio”.

Lo que comenzó como una emoción individual se vuelve un mensaje colectivo, listo para ocupar las calles durante la próxima marcha por el 8M. En cada letra hay una historia, y en cada consigna, la certeza de que trazar juntas también es una forma de resistir.
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No hay “un sucesor claro e indiscutible” de Nemesio Oseguera, explica un exjefe de la agencia antidrogas DEA. Pero varios nombres figuran en las listas de prófugos principales de Washington.
Algo seguro sobre la muerte de “El Mencho” es que, sin su figura en el mundo del narco, las drogas ilícitas aún pasarán entre los países en cantidades industriales.
Hasta su violenta caída el domingo en un operativo militar para capturarlo, Nemesio Oseguera era desde hacía años el hombre más buscado de México, como antes lo fueron Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada y otros jefes narcos.
Ninguna de esas súbitas variaciones nominales alteró de modo fundamental el flujo global de narcóticos, y los expertos descartan que algo diferente ocurra ahora.
Bajo el liderazgo de “El Mencho”, el Cartel Jalisco Nueva Generación expandió sus tentáculos por México, decenas de países de la región y alrededor del planeta hasta Australia, según las autoridades.
Estados Unidos ofrecía una recompensa de hasta US$15 millones por información que permitiera arrestar a Oseguera. Su agencia antidrogas DEA incluyó a este narco en su lista de fugitivos más buscados en 2016: salió de ella siete años más tarde de forma temporal y la encabezaba cuando fue abatido.
Pese a que procuraba mantener un perfil bajo, “El Mencho” era considerado uno de los últimos grandes capos capaces de controlar todo el negocio a gran escala, desde la producción hasta el tráfico y la distribución de estupefacientes.
“El panorama se aleja de la era del líder único y todopoderoso hacia estructuras de liderazgo más resilientes e interconectadas”, le dice a BBC News Mundo Ray Donovan, un exjefe de operaciones de la DEA que supervisó los esfuerzos que llevaron a la captura de “El Chapo” a inicios de 2016 en México.
Pero, ¿quiénes son en este contexto los narcos más perseguidos por Washington tras el fin de Oseguera?
A la cabeza la lista de fugitivos más buscados de la DEA, actualizada tras la muerte de Oseguera, figura ahora Yulian Archaga, un hondureño acusado de dirigir las operaciones de la pandilla MS-13 en su país y de traficar grandes cantidades de cocaína a EE.UU. La agencia ofrece hasta US$5 millones por ayudar a capturarlo.
Apodado “El Porky”, Archaga permanece prófugo desde 2020, cuando varios hombres armados mataron a policías y militares para que escapara de un juzgado hondureño donde respondía por el homicidio de dos fiscales.
Siguen en la nómina de la DEA dos hijos de “El Chapo”: Jesús Alfredo e Iván Archivaldo Guzmán Salazar, con una recompensa de hasta US$10 millones ofrecida por Washington a cambio de información para arrestar a cada uno.
Ambos “Chapitos” son considerados líderes del cartel de Sinaloa y responsables de la producción y tráfico de fentanilo tras la cadena perpetua que cumple su padre en EE.UU. y la caída de sus hermanastros Joaquín y Ovidio Guzmán López, quienes el año pasado aceptaron los cargos de narcotráfico en su contra en ese país.
“La muerte de Nemesio Oseguera”, señala Donovan, “no dejó un sucesor claro e indiscutible, pero Iván Archivaldo Guzmán Salazar destaca como una de las figuras más peligrosas que hoy están prófugas”.
“Aunque no ejerce el mismo control centralizado que ‘El Mencho’, su dominio de las cadenas de suministro clave, su acceso a precursores químicos y su disposición a enfrentarse al Estado (…) lo sitúan entre los traficantes más importantes que operan hoy”, agrega.
El exjefe de la DEA explica que las designaciones de los narcos más buscados por la agencia “deben entenderse como una herramienta estratégica”, en lugar de una simple advertencia pública o ranking, su objetivo es presionar a las organizaciones criminales y sincronizar los esfuerzos en su contra.
En la lista también figura el uruguayo Sebastián Marset, a quien una investigación en Paraguay y otros países vinculó con el envío de toneladas de cocaína a Europa.
EE.UU. acusa a Marset de lavado de activos del narcotráfico y ofrece pagar hasta US$2 millones por colaboración para detenerlo.
Otro de los más buscados por la DEA es el mexicano Alfonso Limón-Sánchez, también conocido como “El Poncho Limón”, considerado una figura clave en la estructura del cartel de Sinaloa que lideraba “El Mayo” Zambada.
Esa facción del grupo está en una guerra interna con “Los Chapitos” desde que Joaquín Guzmán López secuestró a Zambada y lo trasladó en avión a EE.UU. en 2024 para entregarse con él a la justicia, según admitió el propio hijo de “El Chapo” en un tribunal federal.
Se estima que el bando de “El Mayo” dentro del cartel lo encabeza su hijo Ismael Zambada Sicairos, alias “El Mayito Flaco”, quien también enfrenta cargos en EE.UU. pero hasta ahora está ausente de la lista de los más buscados de la DEA.
La lista de 10 fugitivos más buscados del Buró Federal de Investigaciones estadounidense (FBI por sus siglas en inglés) menciona a algunos narcos como Archaga entre distintos tipos de criminales, pero tiene diferencias con la nómina de la DEA.
El FBI incluye a Fausto Meza Flores, alias “El Chapo Isidro”, presunto líder de una organización denominada con sus apellidos acusada de enviar metanfetamina, cocaína, heroína y otras drogas a EE.UU., y ofrece hasta US$5 millones por información para arrestarlo.
El Buró también señala entre sus más buscados al venezolano Giovanni Vicente Mosquera como líder del grupo Tren de Aragua, bajo cargos de distribución internacional de cocaína e intento de apoyar a una organización terrorista extranjera.
La retribución prometida por ayudar a capturar a Mosquera también llega hasta US$5 millones.
EE.UU. ha ofrecido recompensas mayores por altos miembros del gobierno de Venezuela, como el ministro del Interior, Diosdado Cabello (US$25 millones) y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino (US$15 millones), acusados de traficar cocaína, aunque ninguno figura hasta ahora en las listas de más buscados de la DEA o el FBI.
Entre la decena de prófugos de la nómina del Buró sí aparece el colombiano Wilver Villegas-Palomino, alias “El Puerco”, bajo cargos en EE.UU. de narcoterrorismo y distribución internacional de cocaína como miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de su país.
El precio por su captura llega hasta US$5 millones.
Claro que estas nóminas están sujetas a revisiones.
Por ejemplo, entre los diez más buscados del FBI aún figura el exatleta olímpico canadiense Ryan Wedding, acusado de liderar una organización de narcotráfico. Pero tras su arresto y extradición a EE.UU. el mes pasado, ahora sobre su foto se lee “Capturado”.
Y así como “El Mencho” salió de los más buscados de la DEA esta semana tras su muerte, una pregunta siempre abierta es quién será la próxima alta o baja en esas listas negras.
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