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Los libros piratas ya no son tan baratos, pero sí más sofisticados
Los libros piratas ya no son tan baratos, pero sí más sofisticados
La piratería editorial representa hoy 50 % del mercado del libro en el país. Foto: Moisés Pablo Nava / Cuartoscuro.
11 minutos de lectura

Los libros piratas ya no son tan baratos, pero sí más sofisticados

En calles, tianguis y plataformas digitales, la piratería editorial dejó de ser excepción: hoy compite de tú a tú con el mercado formal y redefine quiénes leen, qué compran y cuánto pagan.
23 de febrero, 2026
Por: Kenia Hernández Rivera
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Una mujer acomoda un paquete de libros sobre un carrito de trabajo, un librero móvil negro que lleva dos grabados: “Los Rescatadores” y “Gobierno de la Ciudad de México”, en los costados. Abre la mano, sopla el polvo que cubre las portadas y ordena pequeñas torres tambaleantes ante el menor roce. Son las 10 de la mañana. El Centro Histórico palpita con el tránsito apurado de oficinistas, turistas y estudiantes. Entre biografías de autoayuda, manuales universitarios y novelas juveniles, figuran títulos firmados por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. 

Las cubiertas brillan más de lo habitual. El papel es fino, las letras se perciben apenas difusas y las imágenes comparten una misma escala de grises. Cada ejemplar cuesta 150 pesos. En librerías formales, la diferencia de precio apenas se nota. El vendedor no ofrece garantías: “Igual es pirata, pero se lee bien”. La frase se repite en el Callejón Condesa —antes Callejón de los Dolores—, ubicado entre Tacuba y 5 de Mayo, a unos pasos del Eje Central. 

Una joven se acerca. Pasa las páginas con cuidado, como si buscara una señal que confirme o descarte la autenticidad. No pregunta si es original, solo cuestiona si está completo. La vendedora asiente. Paga con tarjeta y guarda el libro en su bolso.  

La piratería editorial representa hoy 50 % del mercado del libro en el país. No se trata solo de copias callejeras mal impresas, es una red que aprovecha la tecnología, se adapta y se expande tanto en espacios físicos como en plataformas digitales. Un delito, tipificado en el Código Penal Federal como una violación a los derechos de autor y propiedad intelectual, del que no están exentos exmandatarios, activistas ni autores de renombre. Gracias y Grandeza —de López Obrador— circulan actualmente en ediciones pirata, igual que ocurre con otros títulos. La alta demanda, la popularidad y el interés político o social aumentan el incentivo para reproducirlos sin autorización. 

Si bien esta problemática ha existido desde hace más de una década, el fenómeno tiene nuevas dimensiones, donde México es víctima y victimario. Hay leyes, libros de texto que mencionan el tema y evidencias, pero, para Quetzalli de la Concha Pichardo, abogada especializada en propiedad intelectual y vicepresidenta del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (CeMPro), lo que falta es la voluntad colectiva de convertir la teoría en la práctica y una postura firme por parte de las autoridades.

De acuerdo con un boletín de la UNAM, fechado en 2021, hace poco más de 15 años dos de cada diez obras eran piratas, luego esta cifra creció a cuatro de cada diez. Hoy, según la especialista —basada en datos del CeMPro—, existe una realidad incómoda: la mitad de los libros que circulan en el país no son originales. 

Del lado izquierdo el libro “¡Gracias!” de Andrés Manuel López Obrador, versión pirata, y a la derecha la obra original. Foto: Kenia Hernández Rivera.

“Este fenómeno, tolerado por las autoridades y el público, va creciendo exponencialmente. Y tampoco ya son tan baratos los títulos, quizás un 20 por ciento menos que el original”, comenta en entrevista con El Sabueso. “En los años 1990, hacer reproducciones ilícitas implicaba un esfuerzo titánico. Había que conseguir galeras completas de imprentas, esos pliegos enormes equivalentes a 16 páginas de un libro. El resultado era burdo, evidente: fotocopias mal hechas que cualquiera podía identificar como ilegales. Pero la tecnología, esa misma que prometía democratizar el conocimiento, también perfeccionó el crimen”.

NielsenIQ BookData, una firma global de investigación de mercados, señala que el precio promedio de un libro en puntos de venta al público fue de 275.8 pesos en 2025. Los libros de no ficción son los que alcanzaron un precio más elevado, con 308.81 pesos por ejemplar.

La piratería producida en México viaja por Centroamérica y algunos países sudamericanos

En palabras de la abogada, la piratería producida en territorio nacional viaja por toda Centroamérica y llega hasta Colombia y Perú. Los ISBN mexicanos —código numérico que identifica a cada libro publicado— delatan el origen del botín. Pero hay una laguna que la abogada insiste en mencionar: si se piratean tantos libros es porque hay más lectores de los que las estadísticas oficiales reconocen.

“En la parte negativa somos exportadores de piratería y, de alguna manera, en lo positivo tenemos poco más de 2.5 millones de lectores constantes (diarios), pero las cifras están incompletas. El mercado negro tiene sus propios consumidores, invisibles para las métricas legítimas. Hay más lectores de los que visualizamos”, dice Quetzalli de la Concha desde las oficinas de Penguin Random House, en donde es responsable del Área legal y de Derechos de autor.

La Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) apunta en sus indicadores del sector editorial 2024-2025 que se asignaron más de 343,000 números ISBN en 19 países de América Latina. Brasil y Argentina encabezan la lista con 62 y 9.2 % del total de registros, mientras México se sitúa en tercer lugar con 8 % de los ISBN asignados.

De acuerdo con el Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025 del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), 45.4 % de la población lectora en México tiene 18 años en adelante, frente al 23.6 % de usuarios de revistas y 20 % de periódicos, de ahí la relevancia del tema. En promedio, las personas dedican a la lectura 00:59 segundos por día (mujeres 00:58 segundos y hombres, 1:00 minuto).

Entre los géneros más leídos, en la población de 12 años o más, destacan la literatura; obras de autoayuda, superación personal o religioso; cultura general; específicos de alguna materia o profesión y manuales o recetarios. Sin embargo, si se habla de piratería, los registros marcan diferencias.

Otro ejemplo del libro versión pirata (parte superior) y original (inferior). Foto: Kenia Hernández Rivera.

Hoy el problema no distingue géneros ni públicos. Afecta tanto al libro de interés general como al educativo. Uno de los títulos más pirateados en la historia reciente es el clásico Álgebra de Baldor, material formativo que, en su versión apócrifa, circula sin actualizaciones ni controles de calidad. Otro caso recurrente es Juguemos a leer, utilizado en educación básica, según la abogada.

Libros impresos y en el ámbito digital: la diferencia está en los perpetradores

A decir de la vicepresidenta del CeMPro, la amenaza se bifurca en dos frentes igualmente destructivos. La diferencia está en los perpetradores. La piratería impresa está vinculada directamente con grupos de delincuencia organizada. Estas redes son capaces de producir tirajes de hasta 20,000 ejemplares de un solo título, mientras que un editor regular en México imprime entre 1,500 y 2,000 copias por edición. 

“Además, hay que recordar que la industria editorial en México es pequeña y mediana. En 2019, durante el aseguramiento de una imprenta clandestina, se localizaron 20,000 ejemplares piratas de El psicoanalista, una cifra que evidencia no solo capacidad de producción, sino una red de distribución ágil y estructurada”, ejemplifica De la Concha Pichardo. “En bodegas clandestinas de la Ciudad de México, cuando se logra hacer un aseguramiento, hemos encontrado entre 1,500 y 3,000 ejemplares de una sola obra, pero, claro, tienen colecciones de distintos títulos”.

La piratería no es un fenómeno aislado. Comprar un teléfono, unos tenis o un libro pirata no solo implica adquirir un producto ilegal, también significa inyectar recursos a una economía en efectivo que sostiene actividades de alto impacto criminal, como el tráfico de armas, drogas y personas. En este entramado, cada eslabón forma parte de la misma cadena.

MOLEC, 2025. Fuente: Inegi.

Un diagnóstico del Observatorio Nacional Ciudadano (ONC) da cuenta de ello. De acuerdo con el documento de 40 páginas, en los mercados de piratería existe una delgada línea entre tres fenómenos que se entrecruzan mediante la corrupción: la informalidad, la ilegalidad y el crimen organizado.

“A pesar de que hay controversia sobre la magnitud de los costos de la piratería, es indudable que implica una afectación directa a nuestra seguridad (física y digital) por su conexión con otros delitos. Se identificaron algunos puntos de venta de piratería que tienen un doble giro, ya que también sirven para ventas de arma de fuego y narcomenudeo”, se lee en el texto.

En 2025, el ONC y el American Chamber of Commerce dieron a conocer 19 mercados notorios de piratería (de todos los productos) en México, de los cuales 31.6 % se concentran en la capital mexicana y 21 %, en Jalisco.

En el ámbito digital, el escenario no es menos preocupante. Datos de la CANIEM detallan que 48 % del consumo de libros digitales también es ilegal. Los archivos en PDF, que ninguna editorial comercializa como formato oficial, se distribuyen masivamente a través de buscadores, redes sociales y plataformas de compraventa. Con una conexión a internet y ciertos conocimientos básicos, cualquiera puede subir archivos o compartirlos en grupos de mensajería.

La industria editorial ha invertido durante más de una década en desarrollar formatos digitales profesionales —ebooks y audiolibros— que requieren contratos actualizados, procesos de maquetación especializada y, en el caso del audio, hasta 30 horas de grabación en estudio con locutores profesionales. Sin embargo, ese esfuerzo convive con una cultura digital que asume que “si está en internet, es libre”.

“La industria editorial lleva, por lo menos, 14 años trabajando arduamente para poder hacer un mercado digital óptimo, pero implica varios puntos”, comenta la especialista. “Un libro digital no es un PDF. No todo en internet es legal. Hay una falta de conciencia por parte del lector sobre la cadena del libro. También el consumo de piratería digital puede derivar en que alguien se deje de dedicar no solo a ser autor, sino a ser editor, corrector, diagramador, diseñador, impresor y librero”.

Participación de grupos delictivos en la oferta de piratería en México. Fuente: Observatorio Nacional Ciudadano.

Las plataformas han comenzado a reaccionar. Desde 2022, una alianza entre la CANIEM, CeMPro y MercadoLibre permitió reducir en 32 % la venta de contenidos pirata dentro de ese sitio, mediante sistemas de inteligencia artificial que detectan precios sospechosamente bajos o colecciones completas ofrecidas en dispositivos usb. Aun así, el volumen de contenido ilegal en la red es difícil de contener. Tan solo a través de mecanismos de denuncia y automatización se logran dar de baja alrededor de 22,000 sitios mensuales que distribuyen de uno a 10,000 libros sin autorización.

“Falta una aplicación real por parte de las autoridades”

En el plano legal, México cuenta con herramientas suficientes. El artículo 424 del Código Penal Federal establece que se impondrá prisión de seis meses a seis años y una  multa de 300 a 3,000 días para quien use en forma dolosa, con fin de lucro y sin la autorización correspondiente, obras protegidas por la Ley Federal del Derecho de Autor (LFDA).

Además, en mayo de 2024 el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) validó varias disposiciones de la Ley Federal del Derecho de Autor y del Código Penal Federal para fortalecer la protección en el entorno digital. Las medidas establecen mecanismos claros para la remoción de contenidos no autorizados y sancionan la evasión de medidas tecnológicas de protección.

Puntualmente, la SCJN ratificó la validez del artículo 114 Octies, que permite a los proveedores de servicios en línea remover contenidos sin el consentimiento del titular de los derechos de autor. Esta remoción debe realizarse tras recibir un aviso del titular del derecho o una resolución de una autoridad competente.

Consultada al respecto, la abogada precisa: “En el Código Penal Federal fue un avance importante el que se reformara el que la piratería se persiguiera de oficio, ¿qué diferencias hay? Tenemos dos formas de persecución de un delito. La querella es cuando el interesado o el afectado tiene que denunciar para que la autoridad se active y entonces persiga al delincuente. En el caso de la persecución de oficio, no es necesario que vaya el titular de derechos o el directamente afectado. Cualquier ciudadano puede denunciar, cualquier autoridad observadora puede perseguir ese delito. Para la parte digital, la LFDA tuvo reformas relevantes porque se adicionó el mecanismo de notificación y baja de contenidos ilegales”.

En 2020, aborda De la Concha Pichardo, cuando se discutió el impacto de la piratería editorial, el gobierno federal incorporó su combate como un eje dentro de la Estrategia Nacional de Lectura. La relación es directa: si autores y editores pierden hasta la mitad de su mercado por la venta ilegal de libros, su capacidad de subsistir se reduce de forma drástica. Sin creadores ni sellos nacionales sólidos, México arriesga su diversidad cultural y su autonomía en la producción de contenidos, y puede convertirse en un país que solo importe obras extranjeras.

A partir de esa preocupación se realizaron reuniones con distintas autoridades, entre ellas el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y el Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor). Mientras Indautor puede constatar y certificar la existencia de una actividad ilegal, no cuenta con facultades operativas para realizar decomisos. El IMPI mostró disposición, pero sus funciones administrativas no sustituyen la intervención de cuerpos de seguridad pública, indispensables para ejecutar operativos, asegurar mercancía y, en su caso, detener a los responsables. 

El problema no se limita a quien vende en la vía pública. Cualquier comerciante debería acreditar el origen legítimo de los libros que ofrece, mediante facturas o recibos de compra. En la piratería, esa trazabilidad no existe. Por ello, también se plantea que quienes soliciten permisos para participar en ferias, mercados o instalar quioscos deban demostrar que su mercancía es legal.

“Ahí está la norma, los artículos. Lo que nos falta es aplicación real por parte de las autoridades, principalmente de seguridad pública y por supuesto de las autoridades que administran cualquier espacio donde se puede realizar venta de libros para que les exijan a los vendedores que acrediten que obtuvieron esos libros legalmente”, concluye.

Actualmente, CeMPro lleva a cabo acciones que permiten erradicar la piratería editorial, entre las que destacan: cateos a imprentas y bodegas, operativos en la vía pública para evitar la venta de libros apócrifos y la deshabilitación de links en sitios web que lleven a la descarga ilegal de contenido editorial.

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Imagen BBC
“¿Qué empresa en su sano juicio va a invertir en Venezuela?”: los obstáculos que enfrenta la apuesta de Trump por el petróleo venezolano
7 minutos de lectura

Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, pero la industria estatal ha estado desprovista de inversiones durante muchos años.

16 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Después de que lanzó en enero la operación para la detención del gobernante venezolano Nicolás Maduro, el presidente de EE.UU., Donald Trump, prometió explotar las reservas petroleras del país sudamericano, las más grandes del mundo.

Trump afirma ahora que tiene previsto visitar Venezuela, aunque aún no se ha fijado una fecha.

Sus comentarios, realizados el viernes pasado, se produjeron después de que el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, completara un viaje de dos días a Venezuela para ver cómo el país está empezando a reabrir su sector petrolero a las empresas estadounidenses.

La visita de Wright se produjo poco después de que la Asamblea Nacional venezolana aprobara una ley para permitir la inversión privada y extranjera en su industria petrolera, tras dos décadas de estricto control estatal.

A los ojos de Trump, se trata de una gran oportunidad de negocio para el sector petrolero estadounidense: “Vamos a extraer cantidades de petróleo como pocas personas han visto”, afirmó en una conferencia de prensa a mediados de enero, tras una reunión con los directivos del sector energético en la Casa Blanca.

Pero para las empresas petroleras estadounidenses que Trump quiere que inviertan fuertemente en Venezuela, la pregunta es sencilla: ¿salen las cuentas?

Complicado

William Jackson, economista jefe de mercados emergentes de Capital Economics, afirma que el objetivo del presidente estadounidense es “reactivar el sector petrolero de Venezuela y utilizar esa energía para aumentar la oferta y reducir los costos para el consumidor, lo que posiblemente proporcionaría una fuente de ingresos para que un gobierno venezolano más favorable reconstruyera la economía tras años de mala gestión”.

Sin embargo, para las empresas energéticas estadounidenses hay enormes dificultades prácticas que superar. La petrolera estatal venezolana, Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), es una sombra de lo que fue.

Los gobiernos de Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, exprimieron la empresa al máximo y utilizaron el dinero para financiar el gasto social en vivienda, salud y transporte, así como una inédita expansión del Estado.

Pero no invirtieron en mantener los niveles de producción de petróleo, que se han desplomado en los últimos años, en parte, pero no solo, debido a las sanciones de Estados Unidos, que ahora podrían revisarse.

“En Venezuela, se trata de una infraestructura que se ha degradado tras muchos años de abandono”, afirma Jackson. “Hace diez o quince años, Venezuela producía 1,5 millones de barriles al día más que en la actualidad”.

Mónica de Bolle, investigadora principal del Instituto Peterson de Economía Internacional, coincide en que PDVSA se encuentra en una situación precaria.

“Hay muchas cosas que hay que desechar por completo y reconstruir desde cero”, afirma a la BBC. “De hecho, si las restricciones políticas no importaran, lo mejor sería desmantelar PDVSA, pero eso no va a suceder”, continúa.

“Es un gran símbolo nacionalista, está ligada a la soberanía. ¿Estarían los venezolanos dispuestos a hacer lo que diga Estados Unidos y rendirse? No lo creo”.

Plataformas petroleras venezolanas en alta mar
AFP via Getty Images
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, pero la industria ha estado desprovista de inversiones.

Muchas reservas, poca producción

Trump ha pedido a las empresas petroleras estadounidenses que inviertan al menos US$100. 000 millones en restaurar la maltrecha infraestructura de Venezuela, algo absolutamente necesario para que su plan de aumentar las ventas pueda hacerse realidad.

Oficialmente, Venezuela tiene 300.000 millones de barriles de reservas de petróleo, pero en 2023 solo exportó 211,6 millones de barriles, por un valor aproximado de US$4.000 millones.

Comparado con Arabia Saudita, que ocupa el segundo lugar, con 267.000 millones de barriles de reservas, el país de Medio Oriente tuvo exportaciones por valor de US$181.000 millones en el mismo periodo, es decir, 45 veces más.

Así que, al menos sobre el papel, hay margen para mejorar.

Sin embargo, Jackson afirma que existen dudas sobre el verdadero tamaño de las reservas petroleras de Venezuela.

Durante la presidencia de Chávez, Venezuela reclasificó sus reservas. Anteriormente, se pensaba que solo había 80.000 millones de barriles de petróleo extraíble, pero en 2011 la cifra comunicada casi se había cuadruplicado.

Ese cambio estadístico fue posible gracias a los altos precios del petróleo en ese momento, que permitieron que proyectos anteriormente inviables parecieran factibles.

“Hubo un gran salto que la gente ha cuestionado”, afirma Jackson. “Pero ahora el mundo está inundado de petróleo y no está claro que los mismos cálculos sigan siendo válidos”.

Factores en contra

Cuando Chávez asumió la presidencia de Venezuela en 1999, los precios del petróleo estaban subiendo. A principios de la década de 2010, un barril solía alcanzar unos US$100, lo que proporcionaba a Caracas mucho dinero para invertir en programas sociales. Pero con los precios actuales rondando los US$65, el país parece menos atractivo como inversión.

El petróleo de Venezuela también es de peor calidad que el de Arabia Saudita. Su crudo ácido y pesado es difícil de extraer y refinar, mientras que su alto contenido en azufre lo hace corrosivo para los oleoductos.

El resurgimiento de la industria venezolana podría plantear problemas a Canadá, que produce un petróleo igualmente viscoso y exporta gran parte de él a Estados Unidos, pero los analistas consideran que el riesgo es menor.

Según un estudio de Capital Economics, el petróleo canadiense debería seguir teniendo un precio competitivo, incluso si aumenta la producción venezolana.

Mientras tanto, la crisis económica de Venezuela ha provocado el éxodo de casi ocho millones de personas que se han marchado en busca de una vida mejor.

Esto incluye conocimientos técnicos esenciales para mantener en funcionamiento las bombas de petróleo: ahora que los ingenieros cualificados que antes trabajaban para PDVSA ejercen su profesión en otros lugares, el sistema sigue funcionando a duras penas con una plantilla mínima.

Policías venezolanos frente a una protesta en Caracas por los bajos salarios.
AFP via Getty Images
Se dice que las empresas petroleras estadounidenses también están preocupadas por la actual situación de seguridad en Venezuela.

¿Puede lograrlo EE.UU.?

Thomas Watters, director general y responsable del sector del petróleo y el gas de la empresa de investigación S&P Global Ratings, afirma que las empresas estadounidenses tienen la capacidad de reparar la infraestructura de Venezuela, pero que debe tener sentido desde el punto de vista económico.

“Al fin y al cabo, las empresas petroleras y de gas tienen que aportar valor a los accionistas”, afirma. “Cuentan con muy buenos gestores. Se puede construir cualquier cosa, siempre y cuando se pueda pagar”.

“Pero se necesita un precio del petróleo que lo haga rentable. A menos que se pueda generar suficiente dinero para justificarlo, es muy difícil que la industria se recupere”.

Además, las empresas petroleras estadounidenses ya han sufrido consecuencias negativas por operar en Venezuela en otras ocasiones. En 2007, grandes firmas como ExxonMobil y ConocoPhillips vieron cómo se embargaban sus activos al negarse a permitir que PDVSA tomara el control mayoritario de sus proyectos.

Acudieron a los tribunales internacionales y se les concedieron enormes indemnizaciones por daños y perjuicios -US$8.300 millones en el caso de ConocoPhillips- que nunca se han pagado.

Dado que el actual gobierno venezolano sigue prácticamente intacto, con la vicepresidenta Delcy Rodríguez como mandataria interina, será muy difícil disipar los temores de una nueva expropiación.

Además, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ha declarado que el gobierno de Trump no tiene previsto ofrecer garantías de seguridad a las empresas petroleras en Venezuela, una omisión preocupante en un país donde los grupos paramilitares vinculados al gobierno, conocidos como “colectivos”, suelen actuar como bandas criminales.

Sin mayores incentivos gubernamentales, las empresas petroleras se mostrarán reacias a dar un paso que podría resultar muy costoso. No es de extrañar, pues, que el director ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, haya calificado a Venezuela de “inviable para la inversión” en su estado actual.

Tanque de almacenamiento en una instalación petrolera en Venezuela con el nombre de Pdvsa y el lema:
Getty Images
Hugo Chávez usó los recursos de la industria petrolera para financiar su proyecto socialista dentro y fuera de Venezuela.

Es revelador que Trump no haya vuelto con una oferta de incentivos para promover la inversión. En cambio, amenazó con bloquear la inversión de ExxonMobil en Venezuela. La política es “todo palo, nada de zanahoria”, afirma De Bolle, del Instituto Peterson usando la expresión en inglés que significa “todo castigo, nada de premio”.

“Y no parece que entiendan que necesitan zanahorias”, añade.

En opinión de De Bolle, el gobierno de Trump tiene una “visión imperialista” de América Latina que la lleva a considerar los recursos de la región como de su propiedad. Para ella, la aversión de las empresas petroleras privadas hacia Venezuela es una barrera bienvenida a ese tipo de apropiación de recursos.

“Es un momento en el que uno piensa: ‘Gracias a Dios que Estados Unidos no tiene una empresa petrolera estatal'”, afirma. “Necesitan al sector privado, pero por el momento, este no se mueve. ¿Y qué empresa en su sano juicio va a invertir dinero en Venezuela?”.

Pero si la producción petrolera de Venezuela acaba aumentando, ¿podría hacer bajar los precios mundiales del petróleo? Los analistas se niegan a pronunciarse.

“Depende de la escala en la que se produzca”, afirma Jackson, de Capital Economics.

“La situación es muy fluida, muy opaca, y hay un gran ángulo geopolítico. Estamos en las primeras etapas en lo que respecta a la producción venezolana”, apunta.

BBC

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