
Puerto Rico no es un país independiente, pero tampoco es un estado como Texas o California, más bien se encuentra en una categoría jurídica intermedia conocida como Estado Libre Asociado. El nombre sugiere soberanía, pero en términos constitucionales la isla es un territorio estadounidense no incorporado, es decir, tiene gobernador, legislatura y administración propia, pero las decisiones últimas siempre residen en el Congreso de Estados Unidos.
A diferencia del caso de las Islas Marshall, que son un país soberano en libre asociación, o del de Hawái, que es un estado plenamente incorporado, Puerto Rico es parte del territorio estadounidense, pero sin estar integrado al pacto federal.
Desde 1917, los puertorriqueños también son ciudadanos estadounidenses. Dicho estatus les permite tener el mismo pasaporte, acceder a fondos federales y tener una economía integrada a la del resto de Estados Unidos. Sin embargo, si viven en la isla no tienen derecho a votar por el presidente ni elegir congresistas con derecho a voto. Su única representación federal es un comisionado residente que no puede votar en el pleno.
Según análisis del Pew Research Center, esta condición coloca a Puerto Rico en una situación única en el mundo: ciudadanía sin representación política plena. Un puertorriqueño puede ejercer voto en las decisiones de la isla… siempre y cuando no viva en ella. Desde entonces, una problemática ha sido planteada por diversos expertos: ¿cómo se puede ser plenamente ciudadano y, al mismo tiempo, estar políticamente subordinado?
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La internacionalista y comunicadora Dessy Gutiérrez lo explica así: “En ese sentido, sí es una ciudadanía parcial porque, si resides en la isla, no tienes la capacidad de tomar un voto decisivo para aquellas personas que puedan velar por tus intereses. La única vez que tienen la capacidad de votar por alguien es si vives en un estado que se ha incorporado a Estados Unidos. Entonces es ahí donde sí vemos esta contraparte desigual”.
Para el resto de Estados Unidos, incorporar a Puerto Rico como estado implicaría otorgarle representación completa en el Congreso. Pero reconocer su soberanía implicaría perder un control estratégico sobre la isla. La zona gris en la que se mantiene ofrece más ventajas a Washington que una redefinición de su situación jurídica. Mientras tanto, los costos políticos, sociales y económicos los absorben los puertorriqueños.
“Sabemos que indudablemente a quien le conviene tener en sus manos a Puerto Rico es Estados Unidos, y más en materia fiscal y económica. Es muy cómodo poder tener la apropiación de un territorio que es jugoso en recursos naturales sin darle representación directa en Senado y Congreso”, explica la especialista.
Así, Puerto Rico queda en la ambivalencia: es parte del territorio estadounidense, pero marginado del “Estados Unidos continental”.
Desde 2004 la población de Puerto Rico ha caído desde cerca de 3.8 millones hasta alrededor de 3.2 millones en 2025, según estimaciones del U.S. Census Bureau. Al mismo tiempo, más puertorriqueños, aproximadamente entre 5.8 y 6.1 millones, residen hoy en los 50 estados y Washington, D. C. que en la propia isla.
El gobierno ha impulsado incentivos fiscales bajo la Ley 60 para atraer capital estadounidense. Sin embargo, esta política ha tenido efectos en la especulación inmobiliaria y en el desplazamiento de residentes locales. La legislación permite que grandes inversionistas estadounidenses paguen 0 % en impuestos si establecen residencia en la isla al menos 183 días al año, adquieran una propiedad y realicen aportaciones a organizaciones sin fines de lucro.
En el papel, la medida se presentó como una estrategia para dinamizar la economía tras los desastres naturales y la crisis fiscal. No obstante, un informe citado por Associated Press, basado en evaluaciones de la Government Accountability Office, pone en duda que estos incentivos generen un impacto positivo en la economía local.
En “Puerto Rico: paraíso de gringos, infierno de boricuas”, AJ+ Español documentó cómo zonas específicas han sido prácticamente privatizadas por estos nuevos residentes, incluidos accesos restringidos a playas y áreas naturales. La también activista lo explica de esta manera:
“La ley 60 busca atraer inversionistas de alto poder adquisitivo para que tengan 0 % de impuestos sobre ganancias de capital. Pero esto ha avanzado muchísimo la gentrificación y el desplazamiento de locales en zonas que ahora son zonas de lujo cuyos precios son impagables. Incluso estos inversionistas no están obligados a aprender español y, como consideran que sigue siendo Estados Unidos, en la práctica obligan a los locales a hablar todo el tiempo inglés”.
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El fenómeno se asemeja a procesos que han ocurrido en otros países de América Latina: especulación inmobiliaria, exenciones fiscales totales y privatización de espacios naturales. El trato hacia Puerto Rico se parece más al que tienen con cualquier otro país latino rebasado por la potencia estadounidense. La diferencia es que, en teoría, Puerto Rico sí es parte de Estados Unidos.
Capital externo, desplazamiento de residentes locales y una presión cultural que privilegia el inglés sin fomentar el español evidencian el trato desigual entre dos identidades que comparten el mismo pasaporte.
Puerto Rico cuenta con una bandera, lengua dominante, símbolos culturales propios y una memoria histórica marcada por la Conquista. La isla cumple con lo que Dessy Gutiérrez describe como una “identidad nacional sin estado soberano”.
“A nivel puertorriqueño se denomina este fenómeno como una identidad nacional sin estado soberano. Tienen todos los elementos para ser un país propio, con bandera y población, pero la relación política con Estados Unidos no los deja. A pesar de ello, los puertorriqueños siguen sosteniendo su soberanía, que no son completamente gobernables y cuya parte cultural nadie la toca”.
En el pasado hubo intentos directos de asimilación por parte de Estados Unidos. La llamada Ley Mordaza de 1948 prohibía el uso de la bandera puertorriqueña, penalizaba cantar canciones independentistas y criminalizaba expresiones que aludieran a la soberanía. Lejos de borrar la identidad, estos episodios la reforzaron.La confrontación con Estados Unidos, que posee el ejército más grande del mundo, dejó de ser armada y evolucionó hacia el terreno cultural.
El reguetón se convirtió en una exportación global sin depender del marco cultural estadounidense. A través de la música, la identidad boricua se internacionalizó. Hoy es difícil no escuchar de Bad Bunny, Ricky Martin o Daddy Yankee, artistas puertorriqueños que no ocultan su orgullo nacional ante el mundo pop.
El ejemplo más reciente fue la presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl LX. Con símbolos nacionales, referencias a la crisis energética y una bandera en tono azul claro asociada con el independentismo, el espectáculo fue una afirmación cultural dentro del escenario mediático más grande de Estados Unidos.
No fue un acto separatista ni un ataque político explícito contra la política hemisférica de Donald Trump, sino algo más complejo e igual de potente: una declaración de identidad basada en la unión de todo el continente. “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, decía la pancarta que cerró el show. Mientras tanto, banderas de países de toda América, incluidos Estados Unidos y Canadá, ondeaban bajo esa misma frase en el país que recientemente acaba de declarar una guerra comercial al mundo.
Dessy Gutiérrez concluye: “Las movilizaciones independentistas fueron violentadas muchas veces a través de la historia, pero eso generó otras formas de pelear. No nada más es resistir al poder que intenta cambiarte, sino seguir reforzando el hecho de que no vas a cambiar. Creo que esa identidad se ha vuelto cada vez más fuerte. Es una forma de resistir sin violencia y de decir: en nuestra cultura nadie nos toca”.
En un momento en que Washington redefine su discurso de control hemisférico, la isla funciona como espejo regional de resistencia a pesar de que jurídicamente es parte de su territorio. Un discurso que no adopta la forma de una ruptura política, sino que nace y se sostiene en la cultura, en la identidad y la unidad.
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Pese a contar con un alto el fuego desde octubre. la tensión entre Pakistán y Afganistán se ha recrudecido en los últimos días.
Pakistán lanzó ataques contra la capital de Afganistán, Kabul, y la ciudad de Kandahar en la madrugada de este viernes, según funcionarios del gobierno pakistaní.
Un portavoz del Talibán en Afganistán escribió en la red social X que fuerzas afganas respondieron con nuevos ataques contra las tropas pakistaníes a lo largo de su frontera común, aunque la publicación ya ha sido eliminada.
Representantes de ambos países se culpan mutuamente de haber elevado la tensión desde el pasado domingo.
Las autoridades de Pakistán defienden que su ofensiva contra las ciudades afganas es una respuesta a “ataques afganos no provocados”, pero los talibanes alegan que aquellos ataques eran, a su vez, una respuesta a ataques pakistaníes anteriores.
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, dijo este viernes que su país tiene “plena capacidad para aplastar cualquier ambición agresiva” y el ministro de Defensa, Khwaja Asif, advirtió que estaban en una “guerra abierta” con Afganistán.
Un portavoz del gobierno del Talibán, Zabiullah Mujahid, dijo a la BBC que las fuerzas afganas habían destruido 19 puestos fronterizos paquistaníes y detenido a varios soldados de ese país.
También afirmó que más de 50 soldados paquistaníes habían muerto. La BBC no ha podido confirmar de manera independiente esas cifras.
Mientras tanto, Pakistán aseguró haber destruido 27 puestos fronterizos pertenecientes a los talibanes e insistió que había infligido muchas bajas a las fuerzas talibanes.
Ambos países acordaron un frágil alto al fuego en octubre tras mortales enfrentamientos transfronterizos, pero los combates se han recrudecido en los últimos días.
Los funcionarios de la ONU han pedido una desescalada inmediata de los combates, mientras que Irán se ha ofrecido a mediar.
Residentes de Kabul oyeron fuertes explosiones en toda la ciudad este viernes, informó AFP, en tanto habitantes de las regiones fronterizas de Pakistán declararon a la BBC que sintieron estruendos y se les pidió que se pusieran a salvo.
Ambas partes afirman haberse infligido grandes pérdidas durante los choques recientes.
Pakistán informó antes que dos de sus soldados murieron después de que fuerzas afganas lanzaran una operación contra posiciones militares a lo largo de su frontera común a última hora de este jueves.
Tres personas más resultaron heridas cuando las fuerzas pakistaníes respondieron al fuego no provocado, declaró el ministro de Información, Attaullah Tarar.
Los talibanes en Afganistán afirmaron haber lanzado la operación a gran escala en respuesta a los ataques de principios de esta semana, que, según afirmaron, causaron la muerte de al menos 18 personas.
Islamabad indicó que el objetivo eran presuntos campamentos y escondites de milicianos.
La operación de represalia de Afganistán se lanzó alrededor de las 20:00 hora local (15:30 GMT) de este jueves y llevó a la muerte de numerosos soldados pakistaníes y la captura de otros, informó el gobierno.
Pakistán lo negó, refutó que los talibanes capturaran 15 puestos militares y dijo que toda agresión recibiría una respuesta inmediata y efectiva.
El portavoz talibán Zabihullah Mujahid escribió en X que, “en respuesta a las reiteradas violaciones fronterizas y a la insurgencia de círculos militares paquistaníes, se lanzaron operaciones preventivas a gran escala contra centros e instalaciones militares del ejército paquistaní” a lo largo de la frontera.
Islamabad afirmó que los talibanes “calcularon mal y abrieron fuego sin provocación contra múltiples puntos” al otro lado de la frontera, en la provincia noroccidental de Khyber Pakhtunkhwa, lo que recibió una “respuesta inmediata y efectiva” por parte de sus fuerzas de seguridad.
“Los primeros informes confirman numerosas bajas en el lado afgano, con múltiples puestos y equipos destruidos”, según un comunicado del Ministerio de Información y Radiodifusión pakistaní compartido en X.
“Pakistán tomará todas las medidas necesarias para garantizar su integridad territorial y la seguridad de sus ciudadanos”, agregó.
Funcionarios locales del Talibán en Afganistán han denunciado que se atacó un campo de refugiados en Nangarhar, que alberga a ciudadanos afganos que habían llegado al país desde Pakistán.
El servicio afgano de la BBC citó a los funcionarios diciendo que al menos 9 personas resultaron heridas: siete mujeres y dos hombres.
El estado de uno de los heridos es crítico, añadieron las autoridades.
Los residentes cercanos a la ciudad fronteriza paquistaní de Torkham fueron urgidos a desalojar la zona.
Además, las autoridades suspendieron la repatriación de ciudadanos afganos deportados a través de la frontera.
El cruce también se cerró para los refugiados afganos.
Kabul había advertido de represalias “en el momento oportuno” tras los ataques ocurridos el pasado domingo.
Mientras que Pakistán declaró que ese día atacó siete presuntos campamentos y escondites de milicianos cerca de la frontera luego de atentados suicidas en territorio pakistaní, Afganistán afirmó que atacaron viviendas civiles y una escuela religiosa, con mujeres y niños entre los muertos.
Pakistán y Afganistán comparten una frontera montañosa de 2.574 kilómetros.
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