
Para entender mejor
Creadas en 2019 por el expresidente Andrés Manuel López Obrador para que las personas jóvenes tuvieran una opción gratuita para continuar con sus estudios, las Universidades para el Bienestar Benito Juárez (UBBJ) han dejado a la deriva a decenas de egresados en todo el país que, en algunos casos, suman hasta tres años esperando que les entreguen los títulos y cédulas profesionales que avalen su preparación académica.
También hay estudiantes a quienes, aunque ya tienen sus títulos, se les han cerrado puertas al aplicar a distintas vacantes laborales, incluso en dependencias del gobierno federal, pues el documento no está dado de alta en el Registro Nacional de Profesionistas y carece de validez oficial.

“El panorama está muy alejado de lo que dice la doctora Raquel Sosa, titular de las Universidades del Bienestar”, dijo Laura Pérez, egresada de la Licenciatura en Patrimonio Histórico, Cultural y Natural en Papantla, Veracruz, respecto de que la funcionaria ha negado los rezagos y afirma que las universidades tienen la capacidad de proporcionar alternativas a quienes han sido excluidos de la educación superior en México.
“Nos dio un título que es meramente simbólico (…) porque si tú te buscas en el Registro Nacional de Profesionistas —yo me he buscado— no aparece nuestro registro”, denunció la egresada, quien recibió su título el 12 de septiembre de 2024.
A petición de este medio, Laura ingresó al sistema el viernes 9 de enero pasado a fin de verificar su estatus y confirmó que no hay ningún registro del título que recibió hace 16 meses.
Mismo caso es el de Francisco Castillo, egresado de la Licenciatura de Derecho en la sede Cuauhtémoc de la CDMX, quien pidió ser identificado así, aunque no es su nombre real, por temor a represalias. Él recibió el documento físico en junio de 2024, pero nunca se encontró en los registros oficiales, por lo que acudió directamente a la Dirección General de Profesiones a preguntar qué sucedía.
“Fui a la Dirección General de Profesiones que está aquí en la Avenida Revolución y me llevé el título (…) se los enseñé y me dijeron ‘no te sirve de nada, tu título tiene que estar registrado ante esta dirección’”, compartió.
De acuerdo con el Primer Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, al cierre de 2025 había 10 mil 871 estudiantes egresados y 7 mil 108 titulados. Sin embargo, de acuerdo con los testimonios recabados, en decenas de casos el rezago en la entrega de los títulos persiste, impidiendo que puedan aspirar a un mejor empleo o continuar con su preparación académica.
“Yo he perdido oportunidades de trabajo. He perdido oportunidades de seguir estudiando porque los títulos que están dando son un cartón, un cartón que no sirve para nada (…) honestamente es un fraude, es un engaño”, reclamó Francisco.
Según su testimonio, en busca de apoyo ha ido directamente a Palacio Nacional, al área de atención ciudadana; a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CHDH), donde inició una queja; e incluso a la Secretaría Anticorrupción, pero nadie le ha dado respuesta ni solución.
Animal Político buscó a la titular de las UBBJ, Raquel Sosa Elízaga, para consultarla sobre estas denuncias. Sin embargo, hasta la publicación de este texto no hubo respuesta ni en su celular ni en el número de las oficinas de la sede central en Pátzcuaro, Michoacán.
A la fecha, las Universidades para el Bienestar Benito Juárez imparten 37 carreras y tienen presencia en todos los estados del país, con excepción de Baja California Sur.

Del área de la salud, por ejemplo, se puede estudiar Medicina Integral y Salud Comunitaria, así como Enfermería y Obstetricia; en la rama de Energía se imparte Ingeniería Civil, Ingeniería Electromecánica, Ingeniería en Energías Renovables e Ingeniería Química en Desarrollo de la Industria Petrolera. En el campo de los procesos agroalimentarios se puede estudiar Ingeniería en Procesos Agroalimentarios, Ingeniería Agroforestal, Desarrollo Regional Sustentable e Ingeniería en Gestión Integrada del Agua.
En ciencias sociales se ofrece Derecho, Contabilidad y Administración Pública, Estudios Sociales, Patrimonio Histórico, Industria de Viajes y Turismo y Formación Docente en Educación Básica. Además de Ingeniería Industrial, Ingeniería en Minas y Restauración Ambiental, entre otras.
Hasta 2025 estas universidades habían atendido a 85 mil estudiantes en 202 sedes educativas, con capacidad para albergar a 247 mil alumnos, según se reportó en el primer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum, pero cursar la carrera no siempre es garantía de que el proceso administrativo subsecuente marche correctamente.
Alfredo Hilerio Girón, por ejemplo, cursó la licenciatura en Estudios Sociales, en la sede de Escuintla, Chiapas. Después de enfrentar una serie de obstáculos burocráticos al momento de realizar su servicio social, egresó hace poco más de año y medio, y aún no ha recibido ni su título ni su cédula profesional, a pesar de haber entregado todos los documentos requeridos.
En entrevista, el joven compartió que su sueño es continuar estudiando y hacer una maestría, y aunque él y sus compañeros, que se encuentran en la misma situación, han mandado un sinnúmero de correos a la titular de las Universidades para el Bienestar, no han tenido ninguna respuesta.
“Nosotros no nos titulamos por tesis y eso es un grave problema para hacer una maestría porque te piden a fuerza un escrito que valide que tienes la calidad para seguir estudiando. Nosotros buscamos fuentes externas y ya logramos hacer dos publicaciones (…) y ya tengo un paso para seguir con la maestría. Ahorita acabo de terminar el primer nivel de inglés que también me lo piden. O sea, sí estoy buscándole, pero lo que me sigue retrasando es el título”, explicó.
De acuerdo con el artículo 32 del Reglamento Escolar de las UBBJ vigente, se entregará el título y grado profesional a aquellos alumnos que hayan cubierto la totalidad de los créditos correspondientes a las asignaturas del plan de estudios, que hayan cumplido con los servicios sociales y profesionales, entregado cartas de liberación de servicio social o profesional y un breve informe sobre las actividades realizadas en el mismo, es decir, no es un requisito hacer una tesis o tesina para obtener el grado.
Al hacer un balance de la situación, Alfredo subraya que él confió en el proyecto, pero ahora cuando le preguntan si recomienda estudiar en estas universidades, aconseja que busquen otra opción.
“Nos quitan la ilusión porque siguen abriendo escuelas, como si fueran a poner una dulcería, ¿no?, y no atienden las universidades que ya tienen porque hay falta de maestros, hay personas no preparadas en los cargos… pues sí nos quitan la ilusión”, abundó.
Durante el 2025, de acuerdo con el oficio OCUBBJG/DG/146/2025, firmado por Raquel Sosa, se recibieron 75 solicitudes para abrir igual número de planteles nuevos en la República Mexicana, de las cuales 20 fueron avaladas para que se construyan y se sumen a las 202 que ya están en operación.

Otros estudiantes como Esmeralda, quien cursó la licenciatura de veterinaria en Ayala, Morelos, cuenta que se inscribió en estas universidades para poder ayudar a su comunidad. Y aunque concluyó satisfactoriamente sus estudios en 2023, no ha recibido ni el título ni la cédula que le permitan ejercer su profesión y aspirar a un mejor empleo.
“Aún no me entregan nada y ya fui a preguntar a la sede, que qué onda, o sea, si nos lo van a entregar… y primero nos habían dicho que sí, que en septiembre y ya cuando se estaba acercando septiembre nos dijeron que ya no, que no iba a venir la coordinadora Raquel Sosa y que se cancelaba”, explicó la joven que cada ocasión que va a la universidad a preguntar por sus documentos hace dos horas de camino.
“Me hago dos horas de mi casa hasta la universidad y tengo que gastar pasajes, perder el día, o sea, para ir y que me den una solución, pero no nos dan nada (…) a la primera generación solo fueron algunos los títulos que entregaron y también de mi generación (la segunda) otros. No sé si escogieron al azar porque yo entregué mi documentación en tiempo y forma, y pues nada más escogieron a algunos compañeros. Muchos de nosotros nos quedamos fuera, ni siquiera nos dieron una explicación, nada”, reclamó.
En entrevista, Esmeralda contó que su paso por la Universidad para el Bienestar Benito Juárez fue bueno. Cada maestro le enseñó con su estilo, pero al final aprendió y eso la animó para que al concluir sus estudios pusiera una clínica veterinaria o diera consultas a domicilio, pues la comunidad en la que vive es rural y hay muchos animalitos que requieren atención.
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Sin embargo, su sueño se esfumó porque la falta del título y cédula le impiden ejercer y ahora debe conformarse con ser auxiliar en una clínica veterinaria.
“Muchas personas me dicen ‘oye, ve a darme una consulta… es que tengo así mi marranito o es que mi perrito…’, entonces yo les decía, ‘oigan, pues es que no puedo, todavía no tengo cédula, no tengo título, no puedo dar una consulta’”, compartió. “Me limita muchísimo hasta la fecha, o sea, no lo hago por cuestiones legales (porque) si llego a indicar algún tratamiento me puedo meter en problemas”.
Los testimonios recabados por Animal Político contrastan con lo dicho el 3 de diciembre por la presidenta Claudia Sheinbaum quien, si bien admitió que había retraso en la entrega de títulos, acotó la problemática a solo dos sedes de la CDMX.
Esto, a pesar de las constantes denuncias en redes sociales que hacen los egresados e incluso movilizaciones que han llegado al Palacio Nacional y a la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Este medio habló con egresados de Veracruz, Morelos, Zacatecas, Chiapas, Estado de México y CDMX, por ejemplo. En todos los casos las quejas se repiten: años sin recibir sus títulos y cédulas.

En busca de apoyo, la egresada Hezael Martínez, quien concluyó la carrera de Ingeniería y Administración de la Industria Energética en 2022 en la sede de Minatitlán, Veracruz, se apersonó en un evento conjunto que tuvieron el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum durante el periodo de transición entre sus gobiernos.
“(AMLO) venía con Claudia en una Suburban y que me echo a correr cuando dijeron ‘ahí viene, ahí viene’, porque yo llevaba mi cartulina de ‘Títulos UBBJ a la brevedad’”, recuerda Hezael.
Aunque el equipo de logística le pidió que bajara su pancarta, se las arregló para entregar un oficio en el que explicaba toda la problemática y pedía la intervención del presidente López Obrador.
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“Corrí y pues que se lo doy (el oficio) en su mano (a AMLO) y Claudia escuchó (…) le dije, ‘soy orgullosamente egresada de la UBBJ aquí en Minatitlán, pero a la fecha no nos han dado los títulos’ y él me dijo ‘no, ¿cómo crees? Ya lo hablamos con Raquel, no es posible, yo no sabía, no sé qué…’ Y es cuando me pidieron bajarme de la camioneta porque yo fui y me trepé”, detalló la egresada, quien lamenta que aunque en aquella ocasión en Minatitlán, en agosto de 2024, hasta le tomaron sus datos para buscar una solución, no ha sucedido nada.
A más de tres años de haber terminado su carrera, Hazael continúa desempleada y sin saber qué más hacer para remediar su situación. Ha enviado correos a la universidad donde estudió, a la sede general en Pátzcuaro, Michoacán, a la Presidencia y a la Comisión Nacional de Derechos Humanos. La única certeza que tiene es que, sin un título universitario, las puertas de los empleos a los que aplica se le seguirán cerrando, como hasta ahora.

La estimulación cerebral se ha utilizado durante mucho tiempo para tratar enfermedades como el párkinson y ahora se está probando para otras afecciones como la pérdida de memoria.
¿Tienes una larga lista de la compra que necesitas recordar? ¿O los nombres de los invitados a una reunión importante?
Existen trucos de memoria que se usan para entrenar el cerebro y que funcione mejor: el llamado método “software” para mejorar la capacidad mental.
Pero ¿podríamos también usar hardware, es decir, dispositivos que le dan un impulso eléctrico al cerebro?
Hasta ahora, esta tecnología se ha desarrollado para ayudar a restaurar la función cerebral en ciertas afecciones neurológicas.
La estimulación cerebral profunda (ECP) es un ejemplo: una técnica compleja que se ha utilizado durante muchos años para tratar a personas con trastornos del movimiento como la enfermedad de Parkinson.
La profesora Francesca Morgante, de la Universidad City St George’s de Londres, ha observado el impacto de la estimulación cerebral profunda (ECP) en sus pacientes.
“[La ECP] se considera para aquellas personas cuya medicación no logra controlar los síntomas”, le dijo al programa CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
En la enfermedad de Parkinson, las células que producen dopamina, el mensajero químico, se mueren.
La dopamina es necesaria para la señalización en las partes del cerebro que controlan los movimientos corporales. Sin suficiente dopamina, quienes padecen Parkinson pueden experimentar síntomas como temblores, rigidez y lentitud en los movimientos.
La enfermedad empeora con el tiempo y actualmente no tiene cura.
La ECP consiste en implantar quirúrgicamente un generador de pulsos bajo la piel, por lo general justo debajo de la clavícula. Este se conecta a cables o electrodos que se insertan en las áreas cerebrales afectadas para estimularlas con una pequeña corriente eléctrica.
El dispositivo actúa como un marcapasos cerebral, explica Morgante, ayudando a restablecer la señalización cerebral normal.
Si bien la estimulación cerebral profunda puede ayudar a aliviar algunos de los síntomas del párkinson, no siempre es eficaz.
Las formas en que la vasta red de neuronas se envían señales eléctricas entre sí son complejas y, hasta el momento, no se comprenden del todo.
“Hay muchos más síntomas que solo temblores y problemas de movilidad”, afirma la Dra. Lucia Ricciard, también de la Universidad City St George de Londres. “Incluyen síntomas como depresión, ansiedad, falta de motivación, problemas de memoria y dificultades para dormir”.
Y añade que los estudios sugieren que la estimulación cerebral profunda también puede ayudar a aliviar algunos de estos síntomas, como la depresión y la ansiedad, pero se necesita más investigación.
Además, existen consideraciones individuales. Cada cerebro es altamente complejo y único, por lo que no existe un enfoque que sirva para todos.
Los cables implantados que se utilizan en la ECP constan de múltiples segmentos independientes que se conectan a diferentes neuronas.
Los expertos deben determinar qué segmentos estimular para lograr el mayor impacto en los síntomas del paciente.
“La decisión de cuál activar y con qué parámetro en términos de frecuencia, amplitud y pulso: hay muchos aspectos que debemos considerar”, afirma Ricciard.
Este proceso de calibración personalizado, tradicionalmente realizado mediante ensayo y error, está mejorando constantemente, especialmente ahora que la IA puede sugerir qué combinaciones son las mejores para cada cerebro.
No está muy claro aún si la estimulación cerebral sirve para mejorar otras funciones como la memoria. Sin embargo, eso es actualmente objeto de investigación.
La memoria humana se centra en una región cerebral llamada hipocampo.
Este recibe información de otras partes del cerebro, como el olor, el sonido y la imagen de una experiencia, y la convierte en un código que se almacena a corto o largo plazo, según explicó el Dr. Robert Hampson, experto en memoria de la Universidad Wake Forest, en Estados Unidos.
Hace varios años, su equipo realizó experimentos con pequeños roedores, a los que les dio una tarea que requería el uso de la memoria, y observó la aparición de patrones eléctricos específicos antes de que el animal decidiera qué hacer.
“Si la rata de laboratorio va a girar a la izquierda, obtengo un patrón que llamo ‘izquierda’, y si va a girar a la derecha, obtengo un patrón que llamo ‘derecha'”, explicó Hampson.
“Descubrimos que existen patrones asociados con el correcto funcionamiento de la memoria y con su posible fallo”, afirmó.
Hampson empezó a preguntarse si sería posible influir en estos patrones y “reparar la memoria cuando falla”.
Su equipo fue pionero en las primeras pruebas en humanos de un dispositivo llamado prótesis neural hipocampal, aunque Hampson lo describió como “más como una muleta o un yeso” que como una prótesis.
Similar a la ECP, implica la implantación quirúrgica de numerosos electrodos, esta vez dirigidos al hipocampo.
La tecnología aún no está completamente desarrollada. Por lo tanto, en lugar de un marcapasos, los electrodos están conectados a una gran computadora externa que puede enviar y recibir señales del cerebro.
“Intentamos restaurar la función cuando esta se debilita o se pierde”, afirmó.
Los primeros indicios son prometedores al probarse en personas con epilepsia.
“Observamos una mejora del 25% al 35% en la capacidad de retener información durante este tiempo, de aproximadamente una hora a 24 horas”, comentó Hampson. “Esto se observó en los sujetos que presentaban mayores problemas de memoria al inicio de la prueba”.
Esta tecnología podría algún día ayudar a quienes padecen problemas de memoria como el alzheimer, según Hampson.
Pero, ¿se podría mejorar el cerebro de cualquier persona, no solo de quienes padecen enfermedades degenerativas?
Hampson cree que aún tenemos mucho que aprender sobre por qué la memoria de algunas personas funciona mejor que la de otras.
“No necesariamente tenemos suficiente información para decir: ‘¿Podemos mejorar (el cerebro) más allá de lo normal?'”, afirmó.
Y, por supuesto, existen obstáculos éticos que considerar, además de los riesgos de la propia cirugía cerebral.
“La memoria es la esencia que nos define, y lo único que no queremos es cambiarla”, comentó Dr. Hampson.
*Este artículo está basado en un episodio de CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
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