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EU ofrece recompensa por tres narcos mexicanos; Sedena los sigue desde 2021 sin detenerlos
EU ofrece recompensa por tres narcos mexicanos; Sedena los sigue desde 2021 sin detenerlos
Foto: Cuartoscuro
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EU ofrece recompensa por tres narcos mexicanos; Sedena los sigue desde 2021 sin detenerlos

Aunque la Sedena sigue desde 2021 los pasos de “El Abuelo”, “El Pez” y “El Fresa” y documentó sus redes, propiedades y planes de expansión, ninguno ha sido detenido; en contraste, EU los designó como terroristas y ofrece recompensas millonarias por su captura.
11 de febrero, 2026
Por: Alfredo Maza

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) sigue los pasos de Juan José Farías Álvarez, conocido con el alias “El Abuelo”, líder de la organización criminal Cárteles Unidos (CU), así como de los hermanos Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga, alias “El Pez” y “El Fresa, respectivamente, ambos dirigentes del grupo delincuencial La Nueva Familia Michoacana (LNFM).

Esta vigilancia puntual de inteligencia que la Sedena mantiene desde 2021, incluye información detallada de sus estructuras, círculos cercanos, domicilios y propiedades, según dan cuenta miles de correos internos hechos públicos por el grupo de hacktivistas Guacamaya. No obstante, cinco años después, siguen sin ser detenidos.

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Gráfico: Andrea Paredes

Paralelamente a este seguimiento de la Sedena —sin mayores resultados en territorio mexicano— al otro lado de la frontera ambos grupos criminales fueron designados como terroristas en 2025 y el gobierno estadounidense ofrece recompensas millonarias por la captura de sus dirigentes, aumentando la presión sobre México.

En el caso de Juan José Farías Álvarez, “El Abuelo”, el seguimiento por parte de la Sedena comenzó el 27 de agosto de 2021, cuando la dependencia remitió información a organismos de inteligencia donde lo señalaba como “jefe de una facción de la organización delictiva Cárteles Unidos con presencia en Tepalcatepec, Michoacán. Por “El Abuelo”, Estados Unidos ofrece 10 millones de dólares.

Los archivos de la Sedena, consultados por Animal Político, identifican a Farías Álvarez como uno de los principales responsables de la violencia en Tierra Caliente. También señalan que se dedica a la “elaboración y tráfico de droga sintética” y lo consideran “el “narcotraficante con mayor poder económico en la región”.

Algo clave es la recopilación de un cuadernillo de 65 hojas con información histórica sobre domicilios en los municipios michoacanos de Tepalcatepec, Los Reyes y Cherán, así como datos sobre su círculo familiar, vínculos personales, propiedades y antecedentes judiciales.

El documento señala también que el dispositivo telefónico que supuestamente usaba Juan José Farías Álvarez era un “Sony Xperia Z4, un modelo muy antiguo no compatible para su seguimiento técnico”.

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Foto: Cuartoscuro

Tras los líderes de La Nueva Familia Michoacana

El 4 de febrero de 2021, la Sedena incluyó en sus archivos información sobre los hermanos Hurtado Olascoaga. A Johnny, alias “El Pez”, lo identificó como el  líder del grupo criminal “La Familia”, mientras que a José Alfredo, “El Fresa”, lo ubicó como el segundo al mando y “jefe regional” en diversos municipios del Estado de México. Sobre “El Pez”, además, hay dos órdenes de aprehensión por homicidios cometidos en 2014 y en 2018. Por cada uno de ellos, Estados Unidos ofrece una recompensa de 500 mil pesos.

En los archivos también se reporta que el 3 de julio de 2021, la Sedena identificó una red de radiocomunicación de una célula de La Nueva Familia Michoacana. El grupo, con aproximadamente 94 integrantes, se dedicaba al tráfico de drogas, secuestro, cobro de piso y control de minas.

“La célula del grupo delictivo ‘La Nueva Familia Michoacana’ cuenta con personal cooptado en las dependencias federales, estatales y municipales brindando información de las actividades que realizan elementos de dichas instituciones, detonándose una posible fuga de información por parte de servidores públicos“, señalan los archivos.

Comunicación y vínculos

El monitoreo de sus comunicaciones en junio de 2021 reveló también que estos grupos mantienen la capacidad de trazar vínculos políticos y planes de agresión:

  • El 6 de junio de 2021 se mencionó un “negocio que se mantenía en pie con candidatos” y la coordinación de una alianza con personas de “La Zeta”.
  • El 8 de junio de 2021, un sujeto informó sobre una reunión con candidatos electos de diferentes municipios para “reafirmar acuerdos y la forma de trabajar”.
  • El 21 de junio de 2021, José Alfredo Hurtado comunicó a su hermano Johnny su intención de “realizar una agresión en las oficinas de la Policía Ministerial, con la intención de no dejar a nadie con vida, debido a un aparente incumplimiento de acuerdos”.
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Gráfico: Andrea Paredes

¿Qué dicen EU y México sobre estos grupos criminales?

El reconocimiento explícito y las medidas adoptadas por Estados Unidos contra Cárteles Unidos y La Nueva Familia Michoacana, contrastan con la falta de contundencia de las autoridades mexicanas para frenar sus operaciones y la violencia que generan.

El 20 de febrero de 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos, designó a CU y LNFM como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTOs) y Terroristas Globales Especialmente Designados (SDGTs), cumpliendo una orden ejecutiva del presidente Donald Trump.

Desde ese día, Cárteles Unidos fue definida por Estados Unidos como una “violenta organización transnacional que se formó a partir de una alianza de múltiples cárteles (más pequeños) y otros grupos de Michoacán” con el objetivo de impedir la incursión del CJNG, y que ha causado “numerosas víctimas civiles, militares y de las fuerzas del orden”.

 A la Nueva Familia Michoacana el Departamento de Estado la describió como una “organización sucesora” de La Familia Michoacana, con operaciones en Michoacán, Guerrero, Morelos y el Estado de México, y destacó que “además del narcotráfico, el secuestro y la extorsión, el LNFM ataca a funcionarios del gobierno y utiliza la violencia, incluidos ataques con drones y explosivos, para ejercer su control criminal y aterrorizar a las comunidades”.

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La DEA calculó que La Nueva Familia Michoacana es responsable del transporte, importación y distribución de más 60 toneladas métricas de metanfetamina, heroína mexicana y cocaína, al año, desde México a los Estados Unidos.

En 2025 el Departamento de Estado ofreció 26 millones de dólares por cinco narcotraficantes de Cárteles Unidos, incluyendo hasta 10 millones de dólares por “El Abuelo”, y ofreció hasta 8 millones de dólares por la información que lleve al arresto de los hermanos Hurtado Olascoaga.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro también sancionó a Cárteles Unidos por la producción de opioides sintéticos y el uso de “artefactos explosivos improvisados, lo que ha causado la muerte de soldados mexicanos”.

En contraste, si bien internamente las autoridades de seguridad mexicanas han dado un seguimiento puntual a estos líderes criminales, públicamente han mantenido un silencio casi absoluto sobre ambos grupos: ni Cárteles Unidos ni La Nueva Familia Michoacana han sido mencionados una sola vez por las autoridades mexicanas en las conferencias de prensa matutinas de la presidenta Claudia Sheinbaum desde el inicio de su sexenio. El gabinete de seguridad del Gobierno Federal tampoco ha hecho mención pública de ninguno de estos cárteles.

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Juan José Farías Álvarez, “El Abuelo”. Foto: Cuartoscuro

Perfil: ¿Quién es “El Abuelo” de Cárteles Unidos?

Juan José Farías Álvarez, alias “El Abuelo”, líder de Cárteles Unidos/Cártel de Tepalcatepec, nació el 10 de agosto de 1970 en Apatzingán, Michoacán, de acuerdo con información oficial de la Sedena.

Hoy es considerado por las autoridades como el “narcotraficante con mayor poder económico en la región” liderando un grupo dedicado a la “elaboración y tráfico de droga sintética”. También realiza actividades lícitas de ganadería, producción de lácteos, y es comerciante/hotelero.

El 5 de marzo de 2009 fue detenido por primera vez por posesión de armas y “hashís”, una resina concentrada obtenida de la planta de cannabis, misma que contiene altas concentraciones de THC, y condenado a tres años de prisión en 2011 por delitos contra la salud y portación de armas, aunque fue absuelto del delito de delincuencia organizada.

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Fue nuevamente detenido en 2018 y liberado por un juez de control al no encontrar pruebas suficientes.

En entrevista con Animal Político, Víctor Sánchez, especialista en seguridad pública, explica que por esos años Juan José Farías Álvarez financió autodefensas y sirvió como punta de lanza para que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ocupara los espacios que dejó el grupo criminal de Los Caballeros Templarios.

Por ese motivo, se le relaciona con todas las organizaciones que han influido en Tepalcatepec (Los Valencia, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y el CJNG), manteniéndose vigente por su “arraigo y conocimiento de la región” y su capacidad de aliarse o abandonar organizaciones oportunamente.

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Sin embargo, Farías Álvarez, junto a Los Viagras, se volvió “incómodo para el Cártel Jalisco Nueva Generación” lo que provocó una ruptura entre 2019 y 2021. Actualmente Cárteles Unidos no es una sola organización, sino un conjunto de grupos que “suman esfuerzos en Michoacán” contra el Cártel Jalisco Nueva Generación y mantienen alianzas cambiantes.

A partir de una alianza entre “Los Viagras”, “La Nueva Familia Michoacana”, “Blancos de Troya” y remanentes de “Caballeros Templarios Guardia Michoacana”, surgió “Cárteles Unidos”, cuyo propósito era “hacer frente y, en última instancia, expulsar al CJNG de la entidad (el principal bastión de este cártel en Michoacán es el puerto de Lázaro Cárdenas) y la ruta de ahí a Colima”.

“El Abuelo encabeza el Cártel de Tepalcatepec, el componente más fuerte de Cárteles Unidos, que no está enlistado por separado”, señala Víctor Sánchez.

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Foto: Especial

Perfil: El Pez y El Fresa, sucesores de El Pony

Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga, alias “El Pez” y “El Fresa”, son identificados por la Sedena como líder de La Nueva Familia Michoacana y segundo al mando o “jefe regional” en el Estado de México, respectivamente.

Registros oficiales refieren que esta organización opera en el sur y oriente del Estado de México, en municipios de Michoacán (como Nueva Italia y Churumuco) y Guerrero (Arcelia, Tlapehuala y Tlalchapa, entre otros).

“Los hermanos Hurtado Olascoaga se hicieron del control total de la organización tras el arresto de José María Chávez Magaña, alias El Pony […] fueron clave en la expansión hacia Guerrero, concretamente en la zona de producción de opio”, fortaleciendo a una organización que “prácticamente había estado muerta”, recuerda Víctor Sánchez.

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Hoy sus actividades delictivas incluyen el tráfico de drogas y armas, secuestro, extorsión a comerciantes, transportistas y empresarios, explotación ilegal de minas, trata de personas y robo de vehículos.

Para Víctor Sánchez, el “gran mérito” de La Nueva Familia Michoacana ha sido controlar gran parte de la producción de amapola en el país, incursionar en la producción de drogas sintéticas, y combinar esto con el delito de extorsión.

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Además, controlan mercados legales (como la venta de tortillas y huevo), a muchos alcaldes mediante sobornos o amenazas, y exigen porcentajes de las obras o contrataciones públicas.

El seguimiento de inteligencia que hace la Sedena detalla las operaciones, propiedades y vínculos de estos tres líderes de organizaciones criminales, pero el silencio oficial de México contrasta con la designación de ambos cárteles como organizaciones terroristas por Estados Unidos, manteniendo la impunidad de estos personajes prioritarios, a pesar de la información disponible.

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Imagen BBC
Del antiimperialismo a colaborar con EU: cómo se ha ido transformando el chavismo durante 25 años para preservar el poder
15 minutos de lectura

El chavismo ha gobernado Venezuela durante más de un cuarto de siglo, durante el cual ha modificado su discurso y sus políticas, pero siempre manteniendo su determinación a permanecer en el poder.

04 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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“Ayer vino el diablo aquí”, dice Hugo Chávez provocando risas y aplausos en la audiencia que lo escucha pronunciar un discurso desde el podio de oradores de la Asamblea General de la ONU.

“Ayer estuvo el diablo aquí”, repite mientras se persigna, “en este mismo lugar”.

“Huele a azufre todavía esta mesa donde me ha tocado hablar. Ayer, señoras, señores, desde esta misma tribuna el señor presidente de los Estados Unidos, a quien yo llamo el diablo, vino aquí hablando como dueño del mundo”.

Ocurrió el 20 de septiembre de 2006 y quizá sea el discurso más famoso pronunciado por el fallecido presidente venezolano en sus casi 14 años de mandato.

Chávez estaba entonces en la cima de su poder en Venezuela y con ese discurso se consagraba como una figura clave entre los críticos de EE.UU. en todo el planeta.

Por si fuera poco, estaba apenas a tres meses de lograr su mayor victoria electoral, en una campaña en la que proponía llevar a Venezuela al socialismo.

Es probable que alrededor del mundo, al escuchar mencionar a Chávez o al chavismo muchos recuerden esa escena y la asocien con aquellas ideas de socialismo y antiimperialismo.

Pero el movimiento político que Chávez lideró y que ha regido Venezuela durante más de un cuarto de siglo ha cambiado varias veces hasta llegar a su actual encarnación en el gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.

Rodríguez mantiene un discurso beligerante ante EE.UU., el país que en una acción militar capturó al presidente Nicolás Maduro el 3 de enero. Acusa a Washington de “secuestro”, pero a la vez parece estar orquestando cambios forzados por el gobierno de Donald Trump, quien incluso está tutelando la venta del petróleo venezolano.

BBC Mundo te cuenta cómo ha cambiado el chavismo en Venezuela desde 1999 y cómo estos cambios han sido claves para ayudarle a mantenerse en el poder.

Hugo Chávez pronuncia un discurso ante la ONU en 2006 en el que ataca a EE.UU., mientras los asistentes ríen.
Getty Images
Con su discurso ante la ONU en septiembre de 2006, Chávez quedó ante el mundo como uno de los principales críticos de EE.UU., país al que le vendía más de la mitas del petróleo venezolano.

La democracia participativa

“Hugo Chávez asumió el poder tras ganar las elecciones en 1998 en las que ofreció un cambio de régimen político para ir hacia una democracia participativa y protagónica”, dice a BBC Mundo Margarita López Maya, profesora jubilada de la Universidad Central de Venezuela y ex presidenta de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA).

“Eso se cumplió y estuvo en la Constitución que se aprobó en 1999, que contiene referendos, asambleas de ciudadanos, y establece la participación ciudadana en todas las decisiones de las políticas públicas desde el nivel local”, agrega.

De esta forma, se buscaba transformar la democracia liberal que había imperado en Venezuela durante cuatro décadas.

Según David Smilde, profesor de la Universidad de Tulane (Nueva Orleans) y experto en política venezolana, Chávez veía la democracia representativa como un mecanismo que usaban las élites para controlar Venezuela de espaldas a la población.

El Chávez de la campaña de 1998 no ofrecía socialismo, sino lucha contra la corrupción; aseguraba que no tenía intención de estatizar empresas y llegó incluso a decir en una entrevista por televisión que Cuba era una “dictadura”.

En esa época, él se presentaba más como un político moderado que tenía como referente la propuesta de Tercera Vía del británico Tony Blair.

En la práctica, sin embargo, los cambios impulsados durante su primera etapa en el poder derivaron en una muy fuerte polarización política.

Hugo Chávez junto a su entonces esposa, Marisabel Rodríguez, durante la campaña presidencial de 1998.
Getty Images
En la campaña presidencial de 1998, Chávez lucía como un dirigente más moderado que proponía una democracia participativa, no un socialismo.

“Ocurrió una confrontación muy fuerte entre el presidente, que desde el principio tenía un ejercicio muy personalista del poder, y todos los sectores que de alguna manera sentían que iban a perder con la presidencia de Chávez”, apunta López Maya.

En esos primeros años, hubo grandes movilizaciones de la parte de la población que se oponía a Chávez, a quien los militares venezolanos derrocaron brevemente y volvieron a restaurar en el poder -menos de 48 horas después- en abril de 2012.

Meses después, Chávez enfrentó un paro cívico de dos meses que incluyó la paralización de gran parte de la actividad petrolera de Venezuela. Luego, vendría un polémico referendo revocatorio, cuya realización fue dilatada por el chavismo casi un año, dando chance así a que Chávez recuperara parte de la popularidad perdida en los años previos.

“Partidos políticos o factores de poder como la gerencia de Pdvsa [la petrolera estatal], los empresarios, los dueños de los medios de comunicación: toda esa gente se enfrentó a Chávez durante la primera administración y él los derrotó”, dice López Maya.

Transición al socialismo

Un tanque de Pdvsa con el lema
Getty Images
Cuando empezó su giro al socialismo, el chavismo adoptó su propia versión del “patria o muerte” castrista, con el lema “Patria, socialismo o muerte”, que mantuvo hasta que Chávez enfermó de cáncer.

A partir de 2005, Chávez comienza a promover una “transición al socialismo”.

“El problema es que de 2002 a 2004 hubo una participación masiva de la población, pero era una participación en contra del gobierno. Entonces, Chávez se dio cuenta que había que buscar algo más allá de la participación. Y comenzó a buscar más control”, afirma Smilde.

“Si él realmente creyó en el socialismo, no sé, pero él sabía que necesitaba un discurso más fuerte para tratar de unificar este gobierno, porque hablar de la democracia participativa no había generado mucho apoyo y el país había llegado a una situación bastante ingobernable”, añade.

Chávez hace campaña con esta idea del “socialismo del siglo XXI” y se impone con más de 60% de los votos en las presidenciales de 2006.

“Él va a vender este cambio del socialismo como una profundización de la democracia participativa que está en la Constitución, pero eso no tiene nada que ver”, comenta López Maya.

Sostiene que la reforma constitucional que Chávez intentó aprobar fallidamente en un referendo en 2007 para convertir a Venezuela en un estado socialista era, de hecho, contraria a la democracia participativa y mucho más cercana a lo que fueron los regímenes comunistas de la órbita soviética.

“En esa reforma, él habla de un poder popular que nunca existió en Venezuela en ninguna Constitución, ni en ninguna ley. Él empieza a llamar a los ministerios como poder popular y trata de acuñar el concepto del poder popular como un poder que no es representativo, sino natural, que sale de la población. Y si tú recuerdas a los países de la Unión Soviética, sus satélites y Cuba, verás el poder popular”, añade.

Un hombre carga una pancarta roja con un mensaje que dice:
Getty Images
Pese a la derrota en el referendo para cambiar la Constitución y convertir a Venezuela en un estado socialista, Chávez insistió en llevar adelante su propuesta del “poder popular”, propio de los regímenes comunistas de la órbita soviética.

David Smilde señala que parte de la población venezolana acogió la idea del socialismo debido a cuestiones culturales, más que políticas.

“Había políticos que sabían lo que era socialismo, que estaban trabajando por eso y eran comunistas. Pero para el venezolano común, socialismo significaba humanismo. La gente lo veía como tener un gobierno que usaba los recursos de Venezuela a favor del pueblo y que estaba llevando al país hacia la modernidad con los recursos de petróleo”, dice.

López Maya considera que esa propuesta socialista perdió legitimidad tras la derrota electoral de la reforma constitucional en 2007, pese a lo cual Chávez intentó instaurar el socialismo y un “estado comunal” a través de distintas leyes.

“Eso nadie lo estaba pidiendo pero mientras él tuvo dinero, él sobrevivió y más o menos logró hacer algunas cosas con los consejos comunales y las comunas”, apunta la experta.

Al tiempo que Chávez impulsaba su proyecto socialista, los venezolanos vivían una suerte de frenesí consumista alimentado por un barril de petróleo a más de US$100.

Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas de Amherst College (Massachusetts), indica que -en principio- no existe una contradicción entre ambos fenómenos pues el socialismo no busca reducir el consumo, aunque eso es lo que termina ocurriendo en los lugares donde se aplica.

“El proyecto socialista no se orienta a evitar un boom del consumo, sino a controlar al sector privado, ponerle controles y tener al Estado determinando el precio de las cosas”, dice Corrales a BBC Mundo.

“El boom del consumo no ocurrió gracias a las políticas de Chávez, sino a pesar de ellas, porque fue parte del boom petrolero que trajo una inyección descomunal de dinero nunca antes vista en la historia de Venezuela”, agrega.

La bonanza petrolera que vivió Venezuela durante el gobierno de Chávez fue la mayor en la historia del país. Cálculos del Observatorio Venezolano de Finanzas estiman que el país recibió unos US$780.000 millones entre 1999 y 2012.

Corrales apunta que, en ese contexto, Chávez impulsó un proceso de estatizaciones nunca antes visto en Venezuela, ni siquiera durante la nacionalización petrolera ocurrida en la década de 1970.

“Con Chávez todo se nacionalizó, se expandió el sector público y se impusieron regulaciones exorbitantes al sector privado”, comenta.

Una investigación realizada en 2012 por la Confederación Venezolana de Industriales cifra en más de 1.100 el número de empresas que fueron expropiadas por el gobierno de Chávez entre 2002 y 2012.

El socialismo de Maduro

Nicolás Maduro conversa con Hugo Chávez.
Getty Images
Según los expertos, los esfuerzos de Nicolás Maduro por continuar con las políticas de controles económicos de Chávez terminaron por agravar los problemas de Venezuela.

Antes de morir, Chávez nombró a Nicolás Maduro como su heredero político. David Smilde cree que su elección respondía al hecho de que lo consideraba como alguien comprometido con el proyecto socialista.

“Maduro comienza con esa metáfora socialista, pero él sufre muchísimo por la contracción económica. Heredó un gobierno hecho a la medida de Chávez, pero Maduro no tiene el carisma, ni la conexión militar, ni el presupuesto de Chávez, entonces le era muy difícil”, apunta.

El apoyo al chavismo se derrumbó rápidamente. En las presidenciales de abril de 2013, Maduro obtuvo poco más de un punto porcentual de ventaja sobre el opositor Henrique Capriles Radonski, a quien Chávez había derrotado seis meses antes por más de 11 puntos.

Entonces, Maduro intentó mantener la línea socialista y profundizó en las políticas de Chávez.

“Maduro comenzó bastante socialista. Hace un esfuerzo grande para controlar la economía: controlar los precios, la producción, la moneda, controlar todo y eso terminó causando grandes distorsiones, gran corrupción y escasez. Realmente hubo una debacle”, apunta Smilde.

A partir de 2013, algunos problemas que sufría la economía venezolana desde los últimos años de Chávez, como la escasez de productos básicos o la elevada inflación, se aceleraron, derivando en un periodo hiperinflacionario y en una escasez crónica.

En siete años, la economía venezolana se contrajo más de 70%, cifra que se compara con lo ocurrido durante la brutal guerra civil que vivió Siria a partir de 2011.

En paralelo, Venezuela protagonizó la mayor crisis migratoria vista en el continente americano en décadas. Según cifras de la Oficina Internacional de Migraciones, unos 8 millones de personas abandonaron Venezuela desde 2013.

“Maduro tuvo que enfrentar los costos de los errores de Chávez: las nacionalizaciones traían pérdidas para el Estado y un desmoronamiento de la producción. Los controles de precios generan desabastecimiento”, cuenta Corrales.

“Entonces, Maduro acentúa muchas de las políticas como el control de precios, se aferra a las nacionalizaciones, a la regularización del sector privado y esto hace que todo vaya peor”, agrega.

No será sino a partir de 2019, tras las sanciones petroleras impuestas por EE.UU., cuando Maduro cambiará su política económica, relajando los controles de precios y de cambios, permitiendo una dolarización de facto de la economía y reduciendo de forma drástica el subsidio a la gasolina.

Estas medidas trajeron una leve recuperación económica que, según explicó el economista Asdrúbal Oliveros, fue muy desigual pues se expresó solamente en algunas regiones del país, en ciertos sectores económicos. Incluso dependía de la fuente de ingresos de las personas, pues no benefició -por ejemplo- a aquellas personas que vivían de una pensión del Estado.

El constante discurso antiimperialista

Delcy Rodríguez vistiendo una chaqueta amarillo limón saluda levantando la mano derecha.
EPA
Delcy Rodríguez ha ratificado la “preservación del poder” por parte del chavismo como uno de sus tres principales objetivos.

A lo largo de su presidencia, Maduro abandonó en la práctica -aunque no en el discurso- iniciativas socialistas de Chávez como las comunas e, incluso, redujo las referencias al socialismo.

“Ya en los últimos años no se está hablando de socialismo. Lo que sí ha quedado durante todo este tiempo es un populismo, que es como un resentimiento contra las élites políticas antiguas, contra Estados Unidos y otras fuerzas internacionales. Un populismo antiimperialista. Eso sí ha sido una constante a través de la trayectoria del chavismo y todavía está presente en Delcy Rodríguez y su gente”, señala David Smilde.

El experto destaca que ese discurso se inicia con Chávez y todavía, después de la captura de Maduro, se mantiene presente.

“Eso existe para complacer y mantener unido al chavismo. Por otro lado, Delcy Rodríguez está básicamente haciendo lo que quiere Trump en términos económicos, algo que no es tan difícil porque incluso Chávez, con todo su discurso antimperialista, nunca dejó de vender petróleo a EE.UU., que siempre era su mejor cliente”, apunta Smilde.

De hecho, en 2006, mientras Chávez acusaba al presidente George W. Bush de ser “el diablo”, Venezuela le vendía 1.137.000 barriles diarios de crudo a EE.UU., equivalente a más del 50% de sus exportaciones.

En el caso de Delcy Rodríguez se repite esa paradoja: ella acusa a EE.UU. de “secuestrar” a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y de agredir militarmente a Venezuela, mientras su gobierno accede a un acuerdo petrolero que -según Washington- permite a EE.UU. controlar la venta del petróleo venezolano, así como la administración de los fondos procedentes de esas ventas.

La magnitud del giro dado por Rodríguez puede apreciarse en toda su magnitud en la reciente reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos que ella impulsó y que no solamente revierte gran parte de la estatización petrolera impuesta por Chávez, sino que abre las puertas para que las empresas privadas participen en actividades petroleras que eran consideradas como monopolio del Estado venezolano desde hace medio siglo.

Según informó el diario oficialista VEA, durante un encuentro de comunicadores afines al gobierno organizado por la presidencia, Rodríguez les pidió tener confianza ante “acciones poco comprensibles” y aseguró que sus decisiones están orientadas hacia tres objetivos: la preservación de la paz en el país, el “rescate” de Maduro y Flores; y la “preservación del poder político por parte de la revolución bolivariana”.

Este último punto, más que cualquier ideología, es lo que según los analistas consultados por BBC Mundo explicaría la mayor parte de los cambios políticos ocurridos en el chavismo en estos más de 25 años de gobierno.

Prioridad: preservar el poder

Camiseta en contra de Trump.
Carolina Cabral/Getty Images

Desde su llegada al poder, el chavismo en Venezuela ha mostrado su rechazo a la alternancia política.

“No volverán”, “Chávez hasta el 2.000 siempre” eran algunos de los eslóganes más populares en sus filas durante sus primeros años de gobierno.

Maduro, por su parte, dijo en 2024 que el chavismo iba a ganar las elecciones presidenciales de ese año “por la buenas o por las malas”.

“Todos los partidos políticos quieren quedarse en el poder hasta siempre. El problema surge cuando cambian las reglas de la competencia política para hacer esto”, afirma Javier Corrales.

“En el caso de Chávez, esto se ve desde su campaña para eliminar la partidocracia. Luego, lo que hizo con la Asamblea Constituyente y, más adelante, cuando empezó a utilizar los recursos del boom petrolero para autofavorecerse, aferrarse a los militares, obtener control total del sistema judicial, crear enormes irregularidades en el sistema electoral”.

“Todo se iba haciendo para que el presidente tuviera menos frenos y contrapesos y que la oposición tuviera más frenos y contrapesos”, agrega.

Héctor Schamis, profesor de la Universidad Georgetown y columnista de medios internacionales, señala que en sus inicios el chavismo encarnaba un cierto discurso de izquierda basado en reducir la desigualdad y aumentar la participación popular, temas clásicos de la izquierda que -según asegura- con el tiempo se convirtieron simplemente en instrumentos discursivos.

“Con Chávez había un régimen autoritario populista clásico, como hubo en América Latina con el peronismo, el cardenismo, el varguismo en Brasil, donde lograban el orden social por la vía de la cooptación y la encapsulación de voces disidentes. El chavismo fue eso”, agrega.

Javier Corrales, por su parte, considera que Chávez abrió la ruta hacia el autoritarismo al transformar Venezuela de un país democrático a un país semiautoritario o autoritario competitivo, donde existían ciertas instituciones democráticas, pero en el que ya había una enorme concentración de poder en el presidente, una erosión de las instituciones de rendimiento de cuentas y reglas pensadas para entorpecer a la oposición.

“Chávez siempre ganaba elecciones, algunas con más fuerza que otras. No eran elecciones verdaderamente libres y justas, pero él las ganaba. Al llegar Maduro al poder, empieza a perder popularidad muy rápidamente. ¿Y qué hace Maduro? Echa mano de todas las herramientas coercitivas y autoritarias que Chávez había puesto a su disposición y las utiliza para aferrarse al poder”.

En esta evolución, Schamis le añade al incremento del autoritarismo el auge de la corrupción que, según asegura, derivó en vínculos con el crimen organizado.

“Se trata de una organización criminal en posesión de un Estado, no es una entidad política. No tienen ideología. La ideología, el progresismo, la izquierda, el socialismo, todo eso es un discurso para justificar el poder, porque solo el poder garantiza la impunidad”, apunta.

Existan o no esos supuestos vínculos entre el chavismo y el crimen organizado que han sido invocados por EE.UU. y negados por el gobierno venezolano de forma reiterada, en lo que sí coinciden los expertos es en que Delcy Rodríguez intentará ganar tiempo para tratar de quedarse en el poder.

“Creo que ella y a su gente apuestan por hacer lo que les pida EE.UU. en lo económico y por mantenerse unidos en lo político sin llamar la atención, volando un poco bajo el radar con la esperanza de que Trump de repente se ocupe de otra cosa, a ver si pueden llegar a estos tres años hasta que haya un cambio de presidente en Estados Unidos para sobrevivir”, señala David Smilde.

“Ellos están jugando a la supervivencia, no he visto que estén jugando a la reforma”, concluye.

BBC

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