
Las mujeres que fundaron la comunidad de la Unidad Habitacional Morelos y las colonias aledañas, en el estado de Morelos, heredaron a sus hijas e hijos, así como a sus nietas y nietos, la valentía de defender la tierra que habitan pese a los constantes impactos de megaproyectos en el territorio, como sucede ahora con el proyecto minero Esperanza Silver.
Lliny Flores llegó a la localidad de Loma Bonita, en el municipio de Xochitepec, Morelos, hace 29 años. En ese sitio se encuentra la Unidad Habitacional Morelos, una comunidad que se formó en los años ochenta, cuando sus primeros habitantes empezaron a poblar la zona.

Ella es una de esas infancias que creció en la comunidad. Se formó como profesora de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y con el tiempo se convirtió en activista de tiempo completo en la colectiva Morelos Sin Mina.
Para Lliny defender el territorio es el reflejo de lo que hicieron sus ancestras en la historia de la comunidad, porque fueron las mujeres quienes la fundaron y resguardaron para su transformación y desarrollo desde hace cuatro décadas.
“No nos resulta extraño que ahora, nuevamente, sean las mujeres quienes retomen este ejercicio de defensa, precisamente porque hay una relación con la memoria muy importante”, explicó Lliny Flores, defensora del territorio en Morelos, en entrevista para Animal Político.
La organización Territorios Diversos para La Vida (Terra Vida), quienes acompañan la defensa legal del territorio, señalan que varias de las personas que llegaron a esta comunidad vivieron situaciones de violencia y fueron afectadas, previamente, por la minería.
También es una comunidad que se conformó por personas que sufrieron desplazamiento y reubicaciones forzadas de colonias marginadas de Cuernavaca y pueblos de Guerrero.
Actualmente, la comunidad se ve amenazada por los impactos del proyecto minero Esperanza Silver, que impulsan las empresas Esperanza Silver de México S.A. de C.V., Alamos Gold Inc. y Zacatecas Silver al sur del estado de Morelos desde hace 12 años.

Defender el territorio en el que viven y que fundaron sus ancestras también está ligado con su rol de cuidadoras. Lliny lo describe como una relación que les recuerda a quienes llegaron a establecer su comunidad y la necesidad que tienen las mujeres para proteger la vida de sus hijos, sus nietos y sus padres.
“Esa necesidad de querer mantener el cuidado y preservar la vida de quienes nos rodean, de nuestras familias y de nuestra comunidad nos impulsa a posicionarnos, a luchar. Eso es mucho de lo que hemos logrado”, recordó.
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Incluso, “recuerdo que, cuando le preguntábamos a las mujeres, justo, por qué se adscribían a un movimiento de defensa del territorio, decían que lo hacían por sus nietos, y por sus hijos. Es una historia que se ha ido replicando a lo largo de la historia de la comunidad”, añadió la defensora.
La minería no es el único impacto que recibe el territorio. En 2011, el estado de Morelos anunció la implementación del Proyecto Integral Morelos (PIM), impulsado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) durante la administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa, el cual afectaría a comunidades de Morelos, Puebla y Tlaxcala.
El PIM es un megaproyecto energético con una infraestructura compuesta por dos termoeléctricas de ciclo combinado, un gasoducto de 160 km de longitud, un acueducto de 12 km de longitud y la red de transmisión eléctrica asociada.
Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto comenzaron las obras de infraestructura de este megaproyecto, luego de una serie de manifestaciones locales que denunciaron impactos sociales e hídricos sobre las comunidades afectadas, como señaló Lilián González Chévez en la investigación “Proyecto Integral Morelos: sus impactos sociales y la demanda de justicia hídrica de los ejidatarios del municipio de Ayala, Morelos”.
“Primero viene la imposición del Proyecto Integral Morelos que trae un gasoducto, que trae hidroeléctrica, termoeléctrica y viviendas que no son para la gente de Morelos, ampliaciones carreteras y, como ‘cereza del pastel’, viene este proyecto minero”, añadió Norma Garduño, defensora del territorio en entrevista para Animal Político.
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Norma vive en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, y se dedica a la defensa de los derechos humanos. Al igual que Lliny comparte la necesidad de proteger a su comunidad de los impactos ambientales, sociales y culturales del proyecto minero Esperanza Silver.
“En mi caso, yo me entero [del proyecto] porque mi papá me dice: ‘Amanecimos viviendo dentro de la concesión 6’ y dije: ‘Espérame, ¿qué pasó? ¿Qué es eso? (…) A nosotros nadie nos pregunta si estamos de acuerdo o no. A los pocos días, compañeros de otras luchas confirman que va a haber una asamblea donde se va a presentar un proyecto minero. A partir de eso, nos conocemos quienes hemos integrado el movimiento”, cuenta.

La concesión del proyecto minero Esperanza Silver de México S.A. de C.V. se localiza en los municipios de Temixco, Miacatlán, Xochitepec y Cuernavaca, en la porción centro norte de la Región Hidrológica número 18 “Balsas”, en el estado de Morelos dentro de la cuenca del Río Amacuzac.
De acuerdo con el dictamen diagnóstico socioambiental de la zona de influencia del proyecto de la Minera La Esperanza S.A. de C.V., que elaboró la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), los impactos ambientales que tendría el territorio están proyectados, principalmente, en el acceso al agua, la flora y fauna, el aire, el suelo y el cambio en los usos de suelo.
“Yo prefiero el monte”, es una de las consignas que más resuena en la comunidad para defender al cerro El Jumil del proyecto minero Esperanza Silver, concesionado por las empresas Esperanza Silver México S.A. de C.V. de México, así comoEsperanza Resources Corporation y Álamos Gold Inc., ambos, corporativos de Canadá.
El proyecto busca extraer oro y plata, pero para hacerlo tiene que explotar los cerros El Jumil y La Calabaza que se ubican en las comunidades de Tetlama, Alpuyeca y Xochicalco. La organización Terra Vida advierte que además de la extracción de metales preciosos, las empresas buscan explotar cobre, arsénico, antimonio, molibdeno y zinc de la zona.
El cerro El Jumil se ubica en el municipio de Temixco, en el estado de Morelos, a 2 kilómetros de la zona arqueológica de Xochicalco, que en náhuatl significa “En el lugar de la Casa de las Flores”, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés).
Pese a tener este distintivo mundial, las empresas mineras canadienses contemplan impactar con su proyecto zonas cercanas al sitio arqueológico de Xochicalco. Cabe recordar que en 2013 la Semarnat rechazó la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) de esta mina por dos motivos, como resume este artículo de Ciencia UNAM.
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El primero se debe al consumo de agua de la mina por cerca de 51% del acuífero de Cuernavaca, lo que implicaría dejar sin agua a miles de personas. Y en segundo término, por el impacto de este proyecto dentro de la zona arqueológica de Xochicalco.
La infraestructura del proyecto Esperanza Silver contempla una mina de tajo a cielo abierto. Terra Vida y activistas advierten que este tipo de minería es considerada la más nociva, ya que implica la lixiviación en pilas donde el mineral se rocía con una solución de cianuro diluida para recuperar el oro y la plata.
En ese sentido, tanto la zona de extracción y los patios de lixiviación estarían ubicados en las inmediaciones del cerro El Jumil, a tan solo 1.6 km y un 1 km de distancia, respectivamente, de las viviendas de la Unidad Habitacional Morelos.
El Jumil se caracteriza por su selva baja caducifolia y por dos estaciones muy marcadas que transforman la vegetación del monte: en la temporada seca, los tonos ocres predominan, mientras que en la temporada de lluvias se observan diversas tonalidades de verde, lo que convierte al cerro en un lugar lleno de vida, hogar de aves, reptiles y anfibios.
Para fortalecer el vínculo con la naturaleza y el cerro, activistas de la colectiva Morelos Sin Mina incentivan actividades bioculturales como caminatas para pajarear e identificar aves de la zona, observación astronómica, torneos de resorteras y talleres comunitarios.
“Mi territorio es un territorio cambiante por ser una selva baja caducifolia. Si lo visitas ahora, es un territorio completamente seco, árido, doradito. Pero si lo visitas en el mes de junio o julio, por ejemplo, te vas a encontrar con un escenario que no te lo puedes creer: es un verde que no te cabe en los ojos. Es un escenario que se transforma, lleno de riquezas”, describe Lliny.
Cuenta Lliny que, gracias a la vegetación de temporada en El Jumil, las personas han aprendido a identificar y usar las plantas medicinales que florecen en el cerro.
“Ese es el espacio en el que vivimos y contrasta con este crecimiento urbano tan acelerado que se ha tenido en el municipio de Xochitepec. La selva baja caducifolia obedece a las lluvias y en diferentes territorios se ofrecen diferentes medicinas con plantas que salen en temporada árida y otras en temporada de lluvia”, añade.
Además de la riqueza natural, la comunidad y sus colonias preservan un pasado histórico que se niegan a perder, como los rituales dedicados a los elementos de la naturaleza. Norma Garduño comparte cómo se realizan algunas de estas ofrendas.
“Para nosotras el agua, por ejemplo, no es un recurso, es una relación más cercana, como una abuela que está viva y que, gracias a este ciclo donde yo te ofrendo y tú me ofrendas, yo agradezco lo que tú me estás dando. Se llevan flores, se llevan peticiones, se llevan elementos que se consideran sagrados a sitios que son sagrados para cada pueblo. Cada una de las comunidades tiene su ritual”, describió.
La defensa del territorio cumple ya 12 años en los que habitantes de la Unidad Habitacional Morelos y comunidades adyacentes han levantado la voz diciendo “Yo prefiero el cerro”. Por eso, mujeres, infancias y personas adultas mayores esperan que las autoridades cancelen el proyecto Esperanza Silver por la salud colectiva y justicia ambiental a un medio ambiente sano.
Norma enfatizó que espera que “esta película de terror de largos años de defensa”, termine pronto. “Por eso la necesidad de exigir a las autoridades que revoquen y cancelen” el proyecto minero.
“Hace unos años tuvimos una suspensión temporal. Pero míranos, no dejamos de mirar el avance, pero es importante la cancelación para nosotras y no vamos a dejar de insistir en ello”, añadió.
Hasta ahora, el Juzgado Segundo de Distrito en Morelos ha concedido una suspensión definitiva que impide la explotación minera mientras dura el proceso.
Sin embargo, ¿qué significa la cancelación de este proyecto minero para las comunidades y su vida diaria? Llliny Flores, quien se tomó unos minutos para responder a esta pregunta con la voz entrecortada dijo, sin titubear: “Tranquilidad”.
“Representa poder vivir una vida con tranquilidad. Ahora lo que puedo valorar en mi vida cotidiana es tener una pequeña muestra de tranquilidad. (…) Le platicaba hace poco a una amiga y le decía: ‘Desde que el proyecto llegó a la comunidad, cotidianamente sueño que me quedo sin casa’”, cuenta.
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Norma coincide con Lliny en que la cancelación de este proyecto implica recuperar la tranquilidad, pero también “el acceso a un mínimo de justicia social” que dejará un precedente.
“Ya lo mencionaba la compañera de [la colectiva] Cambiemosla Ya, Bety Olivera: ‘La cantidad de territorio no es territorio, es gente’. Entonces, pensar que todas estas personas estamos atravesando la misma pesadilla me parece atroz. Creo que también implica un poco de esperanza. Y si se logra en un territorio, podemos lograrlo en otros territorios”, añadió.

El aumento de la población en EU se redujo de forma significativa desde mediados de 2024 hasta mediados de 2025 y se espera que siga cayendo. Estos podrían ser sus efectos.
Es una caída histórica. La tasa de crecimiento de la población en Estados Unidos se redujo a 0,5% entre julio de 2024 y junio de 2025, según estimaciones de la Oficina del Censo de ese país.
Se trata de uno de los registros más bajos que ha tenido Estados Unidos desde comienzos del siglo XX y eso incluye momentos tan difíciles como la Gran Depresión o la epidemia de covid-19.
Históricamente, Estados Unidos ha sido un país donde la población ha aumentado de forma constante año a año.
En la década de 1950, durante el llamado “Baby boom” el crecimiento promedio de la población fue del 1,8%, mientras que en los años 90 se ubicó en el 1,2%, reduciéndose al 1% durante la primera década de este siglo.
Desde el año 1900, solamente hay un registro en el que la población estadounidense decreció: ocurrió entre julio de 1917 y junio de 1918, cuando se redujo en unas 60.000 personas, equivalentes al 0,06% de la población de la época.
Esto se debió a la rara combinación de tres factores: las muertes causadas tanto por la epidemia de gripe española como por la I Guerra Mundial, y la caída temporal de la natalidad, asociada también a los dos primeros factores.
En tiempos recientes, el crecimiento poblacional llegó a sus niveles más bajos durante la pandemia cuando cayó a 0,2% en 2021 debido a factores como el aumento de la mortalidad y la reducción forzosa en la llegada de migrantes.
Fuera de los años del covid-19, el único año reciente en que hubo una caída de del crecimiento a niveles similares a los actuales fue 2019, algo que los especialistas atribuyeron a un menor número de nacimientos y a una caída en la migración.
Pero ¿qué está ocurriendo ahora?
La Oficina del Censo de EE.UU. atribuye la caída en el crecimiento de la población a la reducción de la migración internacional neta (NIM, por sus siglas en inglés), que puede entenderse a grandes rasgos como el resultado de restar la cifra de emigrantes (los que se van del país) de los inmigrantes (los que ingresan al país).
“Dado que los nacimientos y las muertes se han mantenido relativamente estables en comparación con el año anterior, la fuerte caída en la migración internacional neta es la principal razón del ritmo de crecimiento más lento que observamos hoy”, dijo Christine Hartley, subdirectora de la división de Estimaciones y Proyecciones de la Oficina del Censo, en una nota de prensa divulgada esta semana.
La experta calificó como “histórica” la caída de la migración internacional neta, que pasó de 2,7 millones (2023-2024) a 1,3 millones (2024-2025).
William Frey, investigador especializado en Demografía del Brookings Institution, un centro de estudios con sede en Washington DC, destaca que la cifra de migración neta de 2,7 millones de 2024 es una de las más altas registradas en tiempos recientes y que, de hecho, incluso los 1,3 millones del último año también es un número elevado si se mide con parámetros históricos.
Tanto Frey como la Oficina del Censo estiman que la tasa de migración internacional neta seguirá cayendo en los próximos años.
Entre los factores que pueden estar afectando al número de migrantes presentes en Estados Unidos y, por ende, el aumento de la población, los expertos otorgan mayor peso a las dificultades cada vez mayores que enfrentan los extranjeros para viajar a EE.UU.
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el gobierno estadounidense ha tomado una gran cantidad de medidas que limitan el ingreso de extranjeros a EE.UU., incluyendo el endurecimiento de las condiciones para la emisión de visas de estudio y de trabajo, así como de las posibilidades para solicitar asilo o refugio.
En paralelo, fronteras adentro, ha aplicado una dura campaña de deportación de migrantes indocumentados que ha incluido, en algunos casos, el envío de estas personas a terceros países como El Salvador.
El gobierno también ha revocado las protecciones temporales que habían sido otorgadas durante el gobierno de Joe Biden a centenares de miles de migrantes a través de mecanismos como el estatus de protección temporal (TPS) o el parole humanitario.
Los funcionarios del gobierno Trump han dejado claro en no están de acuerdo con esas protecciones y les han pedido a las personas favorecidas por las mismas que abandonen voluntariamente el país, so pena de ser deportados por la fuerza.
La reducción drástica en los intentos de ingresar a EE.UU. son evidentes en las estadísticas oficiales. Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) el número de “encuentros” (que es el término que usan para referirse al momento en que los agentes entran en contacto con un extranjero que quiere ingresar al país, pero no cumple con los requisitos exigidos) ocurridos en febrero de 2025 fue de 28.613, lo que equivale a poco más de un 12% de los encuentros registrados en el mismo mes de 2024.
La tendencia a la caída se mantuvo durante el segundo semestre de 2025. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) informó que entre octubre y noviembre de 2025 (los dos primeros meses del año fiscal en EE.UU.) los agentes fronterizos registraron 60.940 “encuentros”.
Según el DHS, esa cifra es más baja que la registrada en cualquier año fiscal previo hasta la fecha y es un 28% menor que el mínimo anterior de 84,293 registrado en el año fiscal 2012.
Frey considera que la reducción del ingreso de extranjeros en EE.UU. ha tenido más peso que las deportaciones en la reciente caída del crecimiento de la población, aunque no descarta que eso cambie en el futuro.
En esa apreciación coinciden Wendy Edelberg, Stan Veuger y Tara Watson, otros expertos del Brookings Institution que a mediados de enero publicaron un análisis sobre el impacto macroeconómico de estas políticas migratorias.
“Aunque las deportaciones y otras salidas reciben más atención mediática, la desaceleración de nuevas llegadas -especialmente a través del parole humanitario, los programas de refugiados y en la frontera suroeste- tiene un efecto mayor en la reducción de los flujos migratorios en 2025”, escribieron.
Pero, ¿qué indica esta caída en el crecimiento de la población estadounidense y qué consecuencias puede tener?
El análisis de la Oficina del Censo detectó que EE.UU. se mueve hacia una migración internacional neta negativa, es decir, hacia una situación en la que sean más las personas que se van del país que las que entran, algo que no ocurre desde 1971.
Eso, según el análisis citado del Brookings Institution, es probable que ya haya ocurrido en 2025.
“Estimamos que la migración neta estuvo entre -295,000 y -10,000 para ese año. Para 2026, proyectamos que la migración neta probablemente seguirá en territorio negativo. Estas cifras vienen con la advertencia de que las recientes reducciones en la transparencia de los datos hacen que las estimaciones sean más inciertas”, escribieron los expertos.
¿Qué significaría esto para la economía estadounidense? Probablemente una desaceleración del empleo y del crecimiento.
Según se explica en el estudio, el auge migratorio experimentado entre 2022 y 2024 “estuvo acompañado de un robusto crecimiento del empleo, con los inmigrantes suministrando mano de obra y generando demanda de bienes y servicios”.
Los expertos estiman que durante la segunda mitad de 2025 el empleo creció a tasas mensuales de entre 20.000 a 50.000 puestos por mes, algo consistente con los flujos migratorios, pero advierten que en 2026 esos números podrían volverse negativos.
“La reducción de la inmigración también tiene efectos moderados de atenuación sobre el PIB y debilitará el gasto del consumidor en un estimado combinado de US$60.000–US$110.000 millones durante los dos años”, advierten.
William Frey señala que la continua reducción de la tasa migratoria se traducirá en que la población estadounidense se vuelva más pequeña y más envejecida.
Se trata de un problema que ya afrontan algunos países europeos y que EE.UU. ha logrado esquivar gracias, en gran medida, a la inmigración que es fundamental para ayudar a aumentar la población joven del país.
El experto señala que los censos de 2010 y 2020 reportaron una disminución de la población menor de 18 años en EE.UU.
“Eso habría sido peor de no ser por los migrantes y sus hijos, porque los inmigrantes son más jóvenes, y hay más mujeres en edad reproductiva. Y eso ayuda a aumentar la tasa de natalidad”, señala.
Explica que aunque en EE.UU. el porcentaje de personas nacidas en el extranjero se ubica en torno al 15%, la inmigración tiene un peso importante entre los menores de 18 años pues en torno al 28% son inmigrantes o hijos de inmigrantes nacidos en el país.
“Así que si reducimos la inmigración, esa población joven no solo seguirá disminuyendo entre los menores de 18 años, sino que también disminuirá la población joven en edad de trabajar. Y si la fuerza laboral en general se estanca en lugar de crecer, eso no es muy bueno para la economía estadounidense”, agrega.
“A alguna gente no le gusta oír esto a veces, pero realmente seguimos siendo una nación de inmigrantes. Es lo que nos hizo exitosos durante nuestros mejores años. Si tenemos que mirar a un futuro en el que ya no seamos una nación de inmigrantes, en la que la población crece aún más lentamente y envejece aún más rápido, creo que eso no nos ayudará ni económicamente ni como una gran potencia, para conectarnos bien con otras partes del mundo”, dice.
“Tenemos una economía global de gente joven que está en internet, que está tratando de abrirse camino en industrias y oportunidades de aprendizaje que están por todo el mundo. Son los jóvenes los que hacen eso, no los viejos. Y por eso necesitamos tener más de esos jóvenes. Y si podemos obtenerlos de otros países, eso será muy bueno”, concluye.
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