
Luces, esferas, velas, listones, centros de mesa y árboles son parte de los artículos que adornan los hogares de las familias durante las fiestas navideñas y de Año Nuevo, pero ahora que la temporada ha terminado ¿qué se debe hacer con estos materiales?
Aunque durante diciembre las casas lucen coloridas y con un ambiente festivo, en los primeros días de enero los hogares vuelven a la normalidad, pues los adornos y todo lo que forma parte de las festividades de diciembre son retirados y, en muchas ocasiones, guardados.
Sin embargo, en muchas ocasiones los adornos son desechados, lo que puede traer consigo un impacto ambiental negativo debido a que muchos están fabricados de plásticos y materiales no biodegradables que contaminan al terminar en vertederos o al ser incinerados, pues liberan gases tóxicos y que contribuyen al cambio climático, asegura la especialista en ciencias ambientales Karla Martínez.
La especialista recomienda que, en caso de que se trate de un árbol artificial, lo mejor es cuidarlo para que se pueda volver a utilizar durante muchos años más, de esa manera no es necesario comprar uno nuevo cada año y se evita generar residuos al tirarlo a la basura.
Mantener el árbol limpio y almacenarlo de manera correcta en alguna caja es clave para mantenerlo en buen estado y listo para ser utilizado al año siguiente.
“Algunas familias toman la decisión de tirar a la basura su árbol artificial para renovarlo el año siguiente, ya sea por uno más grande, de otro color, con adornos diferentes o porque el que tenían se rompió de las patas o se le cayeron muchas de sus ramas por descuidos”, menciona.
Por lo anterior, la especialista recomienda redecorar de formas diferentes y creativas el árbol que ya se tiene, de esa manera se conservará, se incentivará la creatividad de cada persona o familia y lucirá diferente cada año.
Si el árbol artificial ya está dañado, una de las alternativas que se pueden emplear es utilizar sus ramas para hacer algunos otros adornos navideños como coronas y hasta centros de mesa, con lo que se puede prolongar su utilidad y reducir los residuos.
En el caso de los árboles naturales, tampoco se recomienda que se tiren en la basura. Lo que se debe hacer, de acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México, es llevarlos a alguno de los centros de acopio disponibles para su reúso, reciclaje y conversión en composta.
“La finalidad de llevarlos a los centros de acopio es que se pueda utilizar la materia de los árboles para que se conviertan en composta y sirva para restaurar los ecosistemas y darle vida a los jardines que se encuentran en la Ciudad de México”, detalla la especialista.
Cada año cambian los sitios a los que se pueden llevar los árboles, sin embargo, los espacios en los que normalmente se reciben son los bosques de Xochimilco, Tlalpan, San Juan de Aragón y Chapultepec, y en el Vivero de Nezahualcóyotl.
Al momento de llevar el árbol al punto de entrega es necesario que estos se entreguen libres de plásticos, cables, papeles o algún otro elemento que no pertenezca a su estructura natural.
Karla Martínez añade que no es bueno dejar un árbol natural en casa porque si se seca se corre el riesgo de incendio, además de que causa suciedad por la caída constante de agujas e, incluso, puede provocar alergias por el polen o moho que desprende.
La especialista en ciencias ambientales recuerda que la mayoría de los adornos navideños pueden reutilizarse para los años siguientes.
En el caso de las series de luces, lo mejor es almacenarlas en cajas separadas para evitar que se enreden entre ellas, así como meterlas en bolsas para evitar que la humedad del ambiente las descomponga.
Si alguna de las series deja de funcionar, Karla Martínez recomienda no desecharlas en la basura, pues contienen componentes electrónicos que son perjudiciales para el medioambiente y requieren de un tratamiento especial.
Existen campañas de recolección de este tipo de luces, que son realizadas por empresas de tecnología o se puede entregar en el Reciclatón, evento que es organizado por el gobierno capitalino.
“Algunas personas dejan sus luces como decoración permanente y es una buena manera de conservarlas y darles buen uso, aunque también se pueden emplear para adornar jardines, para que luzcan más las ventanas o incluso en maquetas o proyectos escolares también suelen ser muy funcionales”, rescata la licenciada en ciencias ambientales.
Las esferas, listones, estrellas y demás artículos que se cuelgan en el árbol de Navidad, sugiere Karla Martínez, pueden reutilizarse al año siguiente.
Las esferas, que son de los objetos más utilizados para adornar el árbol, se pueden personalizar con nueva pintura o agregando nuevos detalles para evitar que las personas decidan deshacerse de ellas para no repetir.
Si alguna esfera se rompe, los residuos se deben envolver cuidadosamente en periódico o algún tipo de papel grueso y depositarla en la basura, con ello se protege a los recolectores de cortes o lesiones.
“Los listones y otros adornos que no sean de algún material que se pueda romper pueden guardarse en una caja que sea específicamente para este tipo de artículos para que el año siguiente se puedan volver a reutilizar y se evite contaminar con este tipo de residuos”, finaliza la especialista.
No existe una fecha exacta en la que se retiren los adornos y el árbol de Navidad, pues cada familia lo realiza de acuerdo con sus propias costumbres.
El Sabueso le preguntó a 12 familias la fecha en la que tienen pensado quitar los adornos, de las cuales seis señalaron que lo harían el Día de Reyes –6 de enero–, ya que consideran que es la fecha en la que se cierra el ciclo festivo.
Cuatro familias dijeron que retiran todo lo relacionado con navidad el 7 de enero, es decir, un día después de Reyes.
Mientras que dos de ellas mencionan que no los quitarán sino hasta el Día de la Candelaria –2 de febrero–, fecha en la que se marca el fin oficial de la celebración para la tradición cristiana.

La antigua civilización maya usó su gran conocimiento matemático y astronómico para contar el tiempo con una precisión más exacta que otras civilizaciones de su tiempo.
La medición del tiempo que tenían los antiguos mayas era asombrosa.
A sus conocimientos matemáticos, incluido la concepción del número cero, se sumó su gran dominio de la astronomía, una combinación de saberes que les ayudó a tener un registro cronológico más preciso que el de otras culturas europeas y orientales de su tiempo.
Mira: Cómo las ciudades mayas han resistido el paso del tiempo por más de mil años en medio de la selva
El catedrático Miguel León Portilla (1926-2019), uno de los académicos más citados sobre historia antigua de México, explicaba que los mayas tenían una gran preocupación por “conocer los misterios del universo, precisando el significado y la medida de sus ciclos”.
“Ninguna otra cultura de la antigüedad llegó a formular, como ellos, tal número de módulos y categorías calendáricas ni tantas relaciones matemáticas para enmarcar, con infatigable anhelo de exactitud, la realidad cíclica del tiempo desde los más variados puntos de vista”, escribió Portilla, quien fue investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en Los afanes cronológicos de los mayas.
El calendario les permitía registrar hechos importantes en su historia, como el nacimiento o muerte de un gobernante, o alguna batalla o capitulación de una ciudad; pero también les servía para determinar los ciclos agrícolas, las fases lunares, e incluso influía en sus creencias, como la energía de un día o una persona, según su cosmovisión del mundo.
La civilización maya surgió antes del 2000 a.C. en lo que hoy es el sureste de México, Guatemala, Belice y el oeste de Honduras y El Salvador. Si bien el antiguo imperio se derrumbó, hasta la actualidad sigue habiendo comunidades mayas en dichos países.
“Mis antepasados, mis abuelos, se pasaron cientos de años estudiando el tiempo, porque necesitaban saber con precisión, con exactitud, cuándo era qué. Yo le digo a mis alumnos que el calendario maya fue tan exacto incluso hasta en segundos”, explica el profesor Julio David Menchú, un docente y experto en el calendario maya en Guatemala.
En muchas comunidades mayas, principalmente de Guatemala y el sureste de México, el calendario sigue vivo hasta la actualidad, pues es parte de su cultura cotidiana y espiritualidad.
Los antiguos mayas, cuya cultura se extendió en varios periodos entre el 2000 a.C. y hasta el siglo XVII, usaron varios sistemas para llevar el conteo de los días, meses y años, pero tres eran los principales y que se siguen conociendo hasta la actualidad.
El calendario Tzolk’in o “calendario ritual” cuenta 260 días solares. Cada fecha está compuesta por dos elementos: un número del día (1-13) y un nombre del día representado por un glifo (1-20). Por ejemplo, el 12 de diciembre de 2025 fue 11 Kawak (número + glifo).
Según la correlación GMT de Joseph Goodman, Juan Martínez y Erik Thompson, los más importantes estudiosos de la cronología maya, el siguiente reinicio —o lo que podría interpretarse como cambio de año— será el 25 de agosto de 2026.
Estas combinaciones podrían asemejarse a la manera en que llamamos los días de la semana (lunes, martes, miércoles…), pero tiene un sentido más amplio en la cultura maya, pues está ligado a su espiritualidad.
En la cosmovisión maya, cada día está asociado a cierta “energía” o “nahual”, lo cual representa una guía para las comunidades mayas para su vida cotidiana, como saber qué se puede hacer o qué no se puede hacer en tal día o conocer el carácter de un niño nacido en un día determinado.
También está relacionado con la actividad agrícola, una de las bases económicas vitales de los antiguos mayas. El conteo de 260 días de hecho era usado por otras culturas de Mesoamérica, incluidos los olmecas, toltecas, teotihuacanos y mexicas, entre otros.
Pero para determinar esa energía a lo largo de un año solar, había que crear una combinación con un segundo sistema.
Ese segundo sistema es el Haab’ o “calendario solar”, el cual está compuesto por 365 días divididos en 20 meses de 18 días cada uno, más un periodo especial de 5 días. Similar al Tzolk’in, una fecha se lee con el número del día más el nombre del mes.
A diferencia del calendario gregoriano, los mayas concebían el fin de un ciclo como el inicio del otro, por lo que en el calendario Haab’ los meses iniciaban en el último día del mes anterior.
El Tzolk’in se podía combinaba con el Haab’ a través de un método denominado “rueda calendárica”, que integra el número del día y el glifo del primero, más el número del día más el nombre del mes del segundo.
En la cultura maya era importante esta lectura combinada del calendario sagrado (Tzolk’in) con el solar o civil (Haab’) para determinar el momento indicado de hacer rituales espirituales, de las actividades agrícolas o las ceremonias civiles y políticas.
Un ciclo completo sumaba 18.980 días, que son 52 años. Para los mayas —y otras culturas de Mesoamérica— este ciclo marca el inicio y el fin de una era o tiempo. Es algo similar a un cambio de siglo. Y una persona al cumplir 52 años era considerada una persona con sabiduría, pero también implicaba un renacimiento.
La combinación calendárica también daba pie al tercer sistema.
El tercer calendario es el de la “cuenta larga”, que como su nombre indica, permitía a los mayas determinar una fecha a lo largo de siglos e incluso milenios.
En este la unidad mínima es el kin o un día; un uinal es un mes, compuesto por 20 kines; un tun es un año de 18 uinales; un katún son 20 tunes; un baktún son 20 katunes…
El 1 de enero de 2000, por ejemplo, en la cuenta larga de los mayas fue 12 baktún, 19 katún, 6 tun, 15 uinal, 2 kin. Es usual que las fechas se abrevien (12.19.6.15.2) en los conteos modernos, pero los mayas expresaban estas fechas con glifos que perpetuaron en piedra.
En la vida cotidiana, la cuenta larga no se usaba para contar los días, pero les permitía registrar acontecimientos importantes, como la muerte de gobernantes, el nacimiento de sus herederos, la capitulación de una ciudad o las victorias en el campo de batalla.
Pero también les permitía predecir cuándo se darían los cambios de ciclos importantes para su cultura. De ahí surgió el famoso día del “13 baktún”, el 21 de diciembre de 2012.
Poco antes de esa fecha hubo una expectativa mundial por su llegada debido a la idea errónea de que los mayas habían predicho el fin de la humanidad, cuando en realidad solo habían marcado el fin de un ciclo y el inicio de uno nuevo.
Y así como el calendario juliano y luego el gregoriano iniciaron con el nacimiento de Jesucristo, para los antiguos mayas el inicio de los tiempos estaba marcado por una fecha que equivale al 11 de agosto de 3114 a.C.
Los investigadores dicen que es un misterio por qué se marca esa fecha en las inscripciones, más cuando los mayas no existían como civilización entonces.
León Portilla escribió que no era que esa fecha fuera un límite. De hecho, los mayas podían contar más atrás infinitamente. En su opinión, esa fecha marcaba “un evento especialmente significativo” o “la última creación del mundo”.
Para el catedrático de la UNAM era impresionante cómo los mayas tenían un estudio del paso del tiempo sumamente preciso gracias a sus grandes conocimientos matemáticos y astronómicos.
Comprendieron que tener un calendario de 365 días como el Haab’ se desajustaba cada cierto tiempo, así que crearon un sistema de sustracción de días en el periodo de 52 años equivalente a los días bisiestos que se implementaron en el calendario gregoriano recién en el siglo XVI.
Los antiguos mayas calcularon que un año trópico tenía una duración de 365,2420 días, mientras que el calendario gregoriano lo precisó en 365,2425 días, y la ciencia actual dice que son 365,2422.
El maya, entonces, fue más preciso que el gregoriano.
“Dueños de estos hallazgos, los mayas llegarían a desarrollar en toda su compleja precisión sus varios cómputos del tiempo. Entre éstos ocupan lugar especial los referentes al año solar, a la duración de lo que ahora llamamos revolución sinódica de Venus y a los periodos de lunación, juntamente con la elaboración de tablas que permitían predecir los eclipses”, apuntó León Portilla.
“Su saber matemático hizo también posible el registro de cualquier fecha en su llamada ‘cuenta larga’ o sistema de la ‘serie inicial’, y lo que es más importante, las correspondientes fórmulas de corrección para ajustar y correlacionar con distintos ciclos astronómicos las fechas expresadas en función de su calendario”.
El ciclo de Venus, que les servía de base para marcar puntos de reinicio de ciclos y a las predicciones astronómicas, fue calculado en 584 días por los mayas, con un error de 0,08 días cada 481 años. También podían predecir 69 eclipses en periodos de 33 años.
Como explica el profesor Julio David Menchú, el uso del calendario maya Tzolkin (Cholq’ij, en el maya quiché), sigue presente en la vida de muchas comunidades mayas hasta la actualidad, siglos y siglos después de su origen.
Su uso es más extendido en Guatemala, el país donde se ha preservado más su cultura, y representa una guía espiritual para actividades de todo tipo.
“En el día a día, para nosotros el calendario maya es como una brújula, una forma de decirnos qué hacer. Hoy [21 de noviembre de 2025] es 2 k’in, voy a encender dos candelas para pedir luz, sabiduría, inteligencia”, señala.
“Uno va esperando ciertos días para que la energía o fuerza, el nahual, del día nos ayude a resolver, a mejorar”.
Aunque durante mucho tiempo la cultura maya fue reprimida por los gobiernos de Guatemala, desde los acuerdos de paz de la década de 1990 que reconocieron a los pueblos originarios del país, el calendario volvió a tomar importancia para las comunidades indígenas.
“Recuerdo que esa noche del 20 al 21 de diciembre de 2012 hicimos tres ceremonias y muchos lloramos frente al fuego. Decíamos que los abuelos habían sufrido estos 400 años de ese ciclo (12 baktún, que abarca la llegada de Cristobal Colón a América), y el 13 baktún nos trae una esperanza, un despertar de los pueblos”, cuenta Menchú.
Como lo hicieron cientos de años antes los antiguos mayas, el cambio de ciclo fue celebrado con una estela en la que se esculpió con glifos la historia del pueblo kaqchikel en la zona arqueológica de Iximché, cerca de Ciudad de Guatemala.
Para Menchú, el calendario maya es una sabiduría heredada de los antiguos mayas que buscaban determinar la trascendencia de su existencia.
“Es la concepción filosófica de ubicarse en el tiempo y el espacio, de dónde está el planeta con relación al Sol, a las estrellas, a las Pléyades, a Venus, que me sirve para entender dos cosas: que no estamos solos en el universo, que la Tierra es un espacio entre todo el universo; y dos, que nací en un punto en el que la Tierra estaba en ese espacio, en ese momento, y que ese día era propicio para sembrar plantas, para hacer cosas”.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.