
No hay boxeadoras transexuales compitiendo por medallas en París 2024, como afirman cuentas en redes sociales e incluso funcionarios como la Ministra de Familia, Natalidad e Igualdad de Oportunidades en Italia, Eugenia Roccella.
Ni la argelina Imane Khelif ni la boxeadora taiwanesa Lin Yu-Ting son o se presentan como mujeres transexuales. Ambas son mujeres cisgénero. Es decir, personas que al nacer se les asignó el género mujer, y se identifican y expresan como tal.
También lee: ¡A cuartos en box! Así va la participación de México en los Juegos Olímpicos este 31 de julio
Sin embargo, desde hace dos años se ha cuestionado –en redes sociales y medios de comunicación– su participación en contiendas deportivas con otras mujeres cisgénero, con argumentos falsos como que Khelif “biológicamente es un hombre”.
Khelif peleó este jueves 1 de agosto en los Juegos de París 2024 ante la italiana Angela Carini, y avanzó a la ronda de cuartos de final.
Pero, ¿cómo se dio esta desinformación que discrimina a las atletas e impulsa un discurso de odio contra la comunidad trans? Te explicamos:
En la final del Torneo Golden Belt en diciembre del 2022 en Guadalajara, Jalisco, la argelina Imane Khelif enfrentó a la mexicana Brianda Cruz. La victoria la obtuvo Khelif y el video de su encuentro se viralizó en redes sociales, y con ello comenzaron los rumores de la supuesta “ventaja biológica” de la argelina sobre la mexicana.
De hecho el video original de la pelea publicado el 9 de diciembre del 2022 en YouTube se usa actualmente para desinformar, pues algunas publicaciones lo han retomado para asegurar que se trata de un encuentro suscitado en los Juegos Olímpicos de París.
Como te contamos en esta nota, Khelif y Lin fueron descalificadas del campeonato mundial de 2023 en Nueva Delhi, organizado por la Asociación Internacional de Boxeo (IBA). A Lin le quitaron su medalla de bronce después de someterse a pruebas “bioquímicas” exigidas por la IBA, con sede en Rusia.
La IBA argumentó que incumplieron con los criterios de elegibilidad para pelear contra mujeres, según dijeron a AFP sin dar más detalle, pero la misma agencia reportó que medios argelinos aseguraron que la boxeadora de entonces 23 años se sometió a un test hormonal que reveló una tasa de testosterona elevada en su organismo, y que por eso se le descalificó.
Mientras que el presidente de la IBA, Umar Kremlev, señaló al medio ruso Tass que la decisión se basó en los resultados de pruebas de ADN que presuntamente demostraron que “tenían cromosomas XY”, razón por la que Khelif fue excluida y descalificada del torneo en Nueva Delhi, aunque dichos resultados nunca fueron mostrados públicamente.
Sin embargo, luego de una serie de escándalos en la IBA, el Comité Olímpico Internacional (COI) le prohibió a esa asociación organizar el torneo de boxeo olímpico para las olimpiadas en París 2024, lo cual permitió a Khelif participar contra otras rivales mujeres.
Imane Khelif ha compartido en distintas ocasiones que ha sufrido bullying debido a su apariencia “masculina”, ya que siempre ha presentado niveles altos de testosterona, además, acusó a la IBA de complot en su contra.
El portavoz del COI, Mark Adams, declaró ante medios internacionales que: “Todos los que compiten en la categoría femenina… están cumpliendo con las reglas de elegibilidad de la competencia (…) En sus pasaportes aparecen como mujeres y allí se indica que son mujeres. Estas atletas (Khelif y Lin) han competido muchas veces antes durante muchos años, no acaban de llegar, compitieron en Tokio (en 2020)”, según reportó France 24.
Países como Rusia y Argelia han criminalizado a la comunidad LGBT. En el caso del segundo, esta población no tiene reconocimiento legal, y las personas trans tienen prohibido participar en peleas de box a nivel profesional.
Por esta razón, no hay posibilidad de que las personas trans tengan documentos oficiales acorde a su expresión de género. Así que simplemente no es posible que Khelif, u otra persona de Argelia, cambiaran sus documentos oficiales a un género diferente al que se le asignó al nacer.
La decisión del Comité Olímpico de permitir que Khelif de Argelia y Lin Yu‑ting compitan volvió a enfocar el odio y la discriminación contra ellas, pues incluso medios internacionales como The Guardian han insistido en señalar que su género es masculino.
Por su parte, el IBA emitió un comunicado donde precisa que la boxeadora, refiriéndose a Khelif como hombre, no se sometió a una prueba que examinara sus niveles de testosterona, además de que la pugilista no impugnó en su momento la decisión por parte de la Asociación.
De igual forma, la Ministra de Familia, Natalidad e Igualdad de Oportunidades, Eugenia Roccella, de Italia, ha mostrado “su preocupación” por la admisión de la boxeadora transexual. Esta declaración se dio previo al primer encuentro de Imane Khelif, que ocurrirá el 1 de agosto, con la italiana Angela Carin.
En el mismo sentido se pronunció la boxeadora Caitlin Parker, quien no competirá con ellas, pero señaló: “No estoy de acuerdo con que eso se permita, especialmente en deportes de combate porque puede ser increíblemente peligroso”.
Sin embargo, si la boxeadora argelina fuera una persona trans no hubiera podido enfrentarse a la mexicana Brianda Cruz, puesto que las personas trans tienen prohibido participar en peleas profesionales organizadas por el Consejo Mundial de Boxeo.
De acuerdo con la Biblioteca Nacional de Medicina de Estado Unidos, la testosterona es una hormona producida por los testículos, la parte del sistema reproductor masculino que produce esperma. Pero también la producen los ovarios, la parte del sistema reproductor femenino que produce óvulos; y las glándulas suprarrenales, órganos encima de cada riñón que producen varias hormonas.
Por lo que es falso que si una persona tiene testosterona en su cuerpo es un hombre. De hecho, para las mujeres la testosterona es importante para el crecimiento de los huesos y músculos, además de tener órganos sanos.
Hay muchas razones por las que una mujer puede tener altos niveles de testosterona como síndrome de ovario poliquístico, cáncer de ovario, o un trastorno de glándula suprarrenal.
De acuerdo con el portal Scientific American, la velocista de la India, Dutee Chand, rompió el récord de velocidad en una carrera de 100 metros en 2016, no sin antes haber enfrentado una lucha contra la Federación de Atletismo de la India (AFI) y la matriz de ese organismo World Athletics, debido a que le prohibieron competir luego de presentar “niveles anormalmente altos de testosterona”. Sin embargo, un documento legal del Tribunal de Arbitraje del Deporte le dio el fallo a favor, argumentando que la Federación no presentó “suficiente evidencia científica para defender sus afirmaciones”.

Hasta 7 naciones o territorios en el Caribe están dando apoyo logístico al ejército estadounidense en su despliegue militar.
La creciente campaña de presión militar del presidente estadounidense Donald Trump sobre Nicolás Maduro en Venezuela cuenta con la oposición de muchos líderes latinoamericanos, pero el apoyo logístico de varias naciones en el Caribe.
En el arco geográfico que va de República Dominicana a Trinidad y Tobago han surgido distintos aliados a la “Operación Lanza del Sur” de Estados Unidos con roles disímiles.
El enorme despliegue de fuerzas militares de la primera potencia del mundo necesita todo tipo de asistencia: pistas de aterrizaje, puntos de abastecimiento, radares en puestos avanzados, maniobras o campamentos para sus soldados. También misiones de reconocimiento o espacio para almacenar equipos.
En agosto de este año, Trump ordenó el envío de tres buques de guerra de la Armada al Caribe Sur para interceptar embarcaciones sospechosas de transportar drogas que salían de Venezuela. Hasta la fecha Estados Unidos realizó más de 20 ataques contra estos botes en aguas internacionales, que causaron la muerte de más de 80 personas.
Desde entonces, el despliegue acumula en aguas de la región al menos 12 buques de guerra, un submarino nuclear, aviones, helicópteros y drones, además dos portaviones: el USS Gerald R. Ford y el Iwo Jima. Se cree que el número de efectivos militares supera ya los 15.000.
“En general, es probable que los aliados en el Caribe proporcionen vigilancia, logística o apoyo de contingencia, siendo la República Dominicana la nación que más explícitamente lo está haciendo”, le dice a BBC Mundo Evan Ellis, profesor e investigador de estudios latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos.
“Pero todos evitarán ser puntos de lanzamiento de ataques ofensivos, a menos que las circunstancias cambien”, añade.
Washington asegura que su objetivo es frenar el tráfico de drogas hacia EE.UU., pero tanto Caracas como numerosos observadores creen que lo que se pretende es forzar un cambio de gobierno en Venezuela.
De hecho, la mayor parte del tráfico de drogas que los carteles latinoamericanos envían al norte el pasa por el Océano Pacífico oriental -el 74% de los envíos según la DEA- y no es ahí donde se concentran ahora mismo las operaciones militares.
“El hecho de que la administración Trump presente las operaciones antidroga como un acto de autodefensa nacional marca un giro profundo en la política exterior estadounidense”, afirma Björn Beam, responsable de Investigación Tecnológica y analista geopolítico senior de la firma Arcano Research.
Beam explica que al declarar un “conflicto armado” contra actores no estatales que operan desde territorio venezolano, Washington ha difuminado la frontera entre la lucha contra el terrorismo y el cambio de régimen.
“El resultado es una operación jurídicamente flexible, que podría evolucionar desde ataques limitados en el mar hasta acciones selectivas en tierra, todo ello sin necesidad de contar con la aprobación del Congreso”, añade.
Hasta el momento, además de Puerto Rico y las Islas Vírgenes estadounidenses, República Dominicana y Trinidad y Tobago le han dado acceso a EE.UU. a sus infraestructuras, pero hay más.
Estas son hasta la fecha las islas y territorios que están dando cobertura al ejército estadounidense:
Aruba, Curazao y Bonaire están a 80 kilómetros de Venezuela. Son territorios de ultramar que pertenecen a los Países Bajos y aunque poseen un estatus especial y de autogobierno, su uso para cualquier ataque requeriría, en teoría, autorización del país europeo.
Estados Unidos tiene una base de operaciones avanzada en Curazao y una más pequeña en Aruba. Su misión, según fuentes oficiales, es la detección y monitoreo aéreo de presuntas actividades de narcotráfico aéreo y marítimo.
En sus conversaciones con diplomáticos y altos rangos del ejército, Ellis nota nerviosismo.
“Creo que parte de su preocupación radica en que si Venezuela percibe que apoyan militarmente a Estados Unidos, podría dirigir operaciones contra ellos. Aunque probablemente Maduro no sería tan insensato, hay inquietud ante un posible escenario como este”, dice el experto militar.
Hace tan solo unas semanas, el portal de monitoreo aéreo Flightradar24 documentó la presencia de bombarderos estadounidenses sobrevolando el espacio aéreo entre Aruba y Curazao.
A 11 kilómetros de la costa este venezolana, estas islas son las más cercanas a Venezuela y por lo tanto las más expuestas. Durante mucho tiempo han sido uno de los países más perjudicados por el flujo de migrantes venezolanos y las actividades de diferentes grupos criminales.
El gobierno de Kamala Prisad-Bisisier -que asumió en mayo- ha mostrado posiciones muy proestadounidenses desde el principio. En sus primeros meses al frente del país, se reunió con el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, para estrechar lazos y favorecer el intercambio de datos de inteligencia militar.
Recientemente el gobierno de Trinidad y Tobago recibió buques de guerra estadounidenses y facilitó entrenamiento de fuerzas especiales de Estados Unidos. Prisad-Bisisier confirmó que infantes de marina estadounidenses operan en el aeropuerto de Tobago, trabajando en una pista, en una carretera y que están instalando y modernizando un radar. Además, varios aviones militares han usado la isla para reabastecerse de combustible.
El gobierno justifica el proyecto como parte de la seguridad nacional y la lucha contra el narcotráfico en sus aguas.
“Han apoyado mucho la operación de las fuerzas estadounidenses y ven con buenos ojos la presencia de infantes de marina en el territorio, pero han dejado muy claro que, a menos que Venezuela los ataque, no se lanzarán operaciones ofensivas estadounidenses desde su territorio. Esa es la línea trazada”, explica Ellis.
Es otro de los países que se ha visto gravemente afectado por el flujo de drogas, el crimen organizado y la migración en la región y es el que más abiertamente ofreció apoyo logístico a la “Operación Lanza del Sur”.
Desde la primera administración de Trump, el gobierno de Luis Abinader siempre ha estado muy alineado con Washington. República Dominicana se beneficia enormemente del turismo que llega desde Estados Unidos y del acceso al mercado estadounidense a través del Tratado de Libre Comercio CAFTA-DR.
“Esta lucha contra el narcotráfico constituye una prioridad para su administración [la de Trump], por tratarse de una amenaza que afecta la estabilidad nacional y regional”, afirmó Abinader.
“Esta lucha es esencial para proteger a nuestras familias y para preservar la estabilidad. Ningún país puede ni debe enfrentarla sin aliados”, añadió.
En medio de la escalada con Venezuela, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, visitó República Dominicana y firmó una serie de acuerdos, que incluían el uso militar de zonas restringidas de la Base Aérea de San Isidro y del Aeropuerto Internacional de Las Américas.
Además, República Dominicana permite el reabastecimiento de combustible a naves estadounidenses, traslado de equipos y de personal técnico a través de su territorio.
“A Abinader le interesa la cooperación de Trump para contener el problema de Haití, pero la estrategia de las autoridades de República Dominicana de posicionarse como un aliado clave de Washington responde a la ambición de tener un papel más importante en los asuntos regionales”, estima el profesor de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos.
“Por ejemplo, recientemente, el país solicitó integrarse como miembro asociado de Caricom, un espacio clave para el comercio y la cooperación de las naciones del Caribe, lo que aumentaría considerablemente su cooperación en temas como el intercambio de información de inteligencia contra el crimen organizado”, dice Ellis.
El apoyo a las operaciones de Estados Unidos se presenta como temporal, técnico y limitado, enfocado en reforzar vigilancia aérea y marítima contra el crimen organizado transnacional.
La distancia entre la isla de Granada y Venezuela es de aproximadamente 145 km en línea recta a través del mar Caribe.
EE.UU. solicitó instalar equipos de radar y personal técnico de forma temporal en el Aeropuerto Internacional Maurice Bishop. Ellis señala que esta solicitud se remonta al mandato de Biden o incluso antes, pero al parecer está siendo efectiva ahora.
“Como parte de la lucha contra el narcotráfico, Granada necesita un radar para su aeropuerto que le dé visibilidad sobre vuelos con posibles cargamentos. El ejército estadounidense estaba de visita, pero no ha trascendido públicamente si era para la instalación o se llevaron a cabo conversaciones técnicas que ayuden a instalarlo”, afirma Ellis.
Washington es uno de los principales socios comerciales de Granada. El país se beneficia de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), que otorga entrada libre de aranceles a muchos de sus productos.
Granada y Estados Unidos han firmado varios tratados para facilitar la cooperación policial y el intercambio de información y el ejército de EE.UU. ha proporcionado capacitación y equipo a las fuerzas de seguridad granadinas.
Los dos territorios estadounidenses, que se encuentran aproximadamente a 800 kilómetros de Venezuela, se están utilizando para albergar personal militar y brindar apoyo logístico a las operaciones.
Según una investigación gráfica realizada por la agencia Reuters, la estación naval estadounidense Roosevelt Road -una antigua base de la Guerra Fría clausurada en 2004- se encuentra en proceso de modernización, con la repavimentación y la ampliación de las pistas, en las que ya están operando aeronaves de gran tamaño, como el gigantesco Boeing C-17 Globemaster, usado por las fuerzas estadounidenses para el transporte rápido de tropas y de suministros.
Además, la Administración Federal de Aviación (FAA) anunció una zona de vuelo restringida que afectará el espacio aéreo frente a la costa sureste de Puerto Rico desde el 1 de noviembre de 2025 hasta el 31 de marzo de 2026.
Esto facilitaría las operaciones militares de alta intensidad cerca del Aeropuerto José Aponte de la Torre. Allí han sido desplegados los cazas F-35 de última generación movilizados por el Pentágono y se han visto operaciones de aviones de combate y transporte.
En estas instalaciones se queda la mayor parte del personal terrestre.
También hay registro de aviones militares en el Aeropuerto Henry E. Rohlsen de Islas Vírgenes, que funciona como plataforma operativa y logística para despliegues regionales.
En Saint Croix, la mayor de las Islas Vírgenes estadounidenses, se aloja personal militar adicional en el “Man Camp” de Port Hamilton Refining and Transportation (PHRT).
Y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) reportó que la Base Naval que Estados Unidos tiene en la Bahía de Guantánamo (Cuba) ha aumentado el número del personal militar estacionado permanentemente.
Todo este progresivo aumento de fuerzas lleva a una pregunta. Si hay una operación de Estados Unidos, ¿cuál es el punto en el que se lanzararía?
“Cualquier operación se lanzaría desde múltiples puntos. Personalmente, creo que podríamos ver ataques terrestres limitados antes de una operación de derribo importante”, cree Ellis.
“Si hubiera ataques terrestres limitados, probablemente provendrían de misiles estadounidenses, tal vez los misiles Tomahawk. Porque Venezuela aún tiene algunas defensas aéreas bajo su control. No son las mejores, pero los sistemas rusos S-300, por ejemplo, representan una amenaza para las aeronaves de Estados Unidos”, añade.
Por eso, cree el experto, no se lanzarían los F-18 de los portaaviones mientras esas defensas aéreas siguieran funcionando.
“Quizás podríamos ver el despliegue militar de algunas Fuerzas de Operaciones Especiales en el terreno, pero si tuviera que adivinar, diría que los ataques iniciales serían con misiles, simplemente porque es la forma más segura de hacerlo”.
“También se podrían lanzar misiles desde submarinos, ya que con un submarino se puede llegar relativamente cerca. Pero si se realizara una operación mayor, probablemente se necesitarían múltiples bases”.
Según el CSIS, las fuerzas estadounidenses comprometidas actualmente son insuficientes para un desembarco anfibio o una invasión terrestre. Esto requeriría al menos 50.000 soldados. “Sin embargo, los recursos aéreos y navales acumulados en los últimos tres meses han proporcionado suficiente potencia de fuego al Caribe para lanzar ataques aéreos y con misiles contra Venezuela”, explican los expertos del think tank.
Mapas por Caroline Souza y diseño de imagen por Daniel Arce, del Equipo de periodismo visual de BBC Mundo
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.