
“La Suprema Corte de Justicia de la Nación ya resolvió sobre el registro obligatorio de teléfonos con datos personales (Panaut). La Corte determinó que es inconstitucional”, asegura una usuaria en redes sociales, quien además afirma que “no pueden obligarte a entregar tus datos biométricos o personales”.
Sin embargo, estas afirmaciones son falsas. El Panaut significa “Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil” y no es lo mismo que el actual requerimiento de registro de las líneas de telefonía celular que se implementó el 9 de enero, como hace creer la publicación viral.
La publicación desinformante tiene 23,000 reacciones en Facebook y un usuario solicitó al VerifiChat de El Sabueso corroborar el contenido. Esta también asegura que, debido a que se declaró inconstitucional, el gobierno no te puede obligar a entregar tus datos biométricos o personales para conservar tu línea telefónica.
El actual requerimiento de registro no solicita datos biométricos, pero sí requiere que todas las personas que sean titulares de una línea telefónica móvil en México vinculen su número de celular con una identificación oficial, de lo contrario no podrán seguir utilizando el servicio.
“No hay que confundir, no es lo mismo, y sí hay una ley que actualmente está fungiendo para que estemos obligados a identificar cada una de nuestras líneas de celular, de esos planes prepagados o pospagados, que se identifiquen con una INE, con una CURP, un RFC oficial, ya sea persona física o moral”, aclara el doctor en sistemas computacionales Carlos Piña.
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El Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Panaut) era un proyecto que buscaba registrar a todos los usuarios de telefonía móvil en México, asociando sus datos personales y biométricos —como huellas dactilares, reconocimiento facial o de iris— a sus líneas telefónicas.
Sin embargo, este fue declarado inconstitucional en abril de 2022 por el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), debido a que se consideró “una afectación a los derechos a la privacidad, intimidad y protección de datos personales que no resulta razonable”.
Contrario a lo que sugiere la publicación desinformante, el actual requerimiento de registro de líneas celulares no ha sido declarado inconstitucional, ya que no es lo mismo que el Panaut.
Aun así, el registro vigente también ha recibido críticas, ya que especialistas consideran que existe la posibilidad de que la información de los usuarios sea vulnerada y utilizada con fines fraudulentos.
Además, después de su implementación usuarios y especialistas detectaron que Telcel presentó una vulnerabilidad que permitió la filtración de datos de millones de personas durante las primeras horas en las que se abrió el registro.
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Como se mencionó anteriormente, el Panaut contemplaba la recolección de datos personales y biométricos de los usuarios de telefonía móvil.
El especialista Carlos Piña explica a El Sabueso que el registro que actualmente está vigente consiste en identificar cada número de teléfono y vincularlo con un identificador oficial, sin que se soliciten datos biométricos.
En el caso de personas físicas, la línea debe asociarse a documentos como la credencial para votar, la CURP o el pasaporte; mientras que, para personas morales, se requiere el RFC o documentación corporativa.
El objetivo de este registro es asignar cada línea telefónica a una persona física o moral responsable, en específico, aquellas que no estaban previamente identificadas, es decir, para usuarios que tienen líneas telefónicas de recarga.

“Esto es un nuevo requerimiento y está vigente”, reafirma Carlos Piña sobre el registro obligatorio de las líneas de telefonía celular.
En conclusión, el Panaut fue declarado inconstitucional en 2022 y es falso que sucedió lo mismo con el actual registro de líneas celulares vigente desde enero 2026.
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Durante el esperado encuentro entre María Corina Machado, la líder opositora venezolana y el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, Machado le “presentó a Trump su premio Nobel de la Paz. ¿Puede realmente ofrecérselo?
Para un presidente que le encanta pararse frente a las cámaras, la visita de la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz María Corina Machado fue, como mínimo, atípica.
Fue un encuentro breve y a puertas cerradas, que se desarrolló lejos de la presencia de los periodistas.
“Sepan que contamos con el presidente Donald Trump para la libertad de Venezuela”, comentó Machado poco después de la reunión.
“Me impresionó mucho lo claro que está. Cómo conoce la situación de Venezuela, cómo le importa lo que está sufriendo el pueblo de Venezuela”, añadió más tarde, al salir de una reunión con un grupo de legisladores en el Capitolio.
Pero no fue solo generosa en elogios con el presidente Donald Trump: durante el encuentro le osbsequió la medalla del Nobel de la Paz que recibió en diciembre como “un reconocimiento por su compromiso único con nuestra libertad”.
“Le dije: ‘Hace 200 años, el general Lafayette le entregó al presidente una medalla con la cara de George Washington a Simón Bolívar, que siempre atesoró. Justo 200 años después, la gente de Bolívar le está devolviendo a Washington una medalla en reconocimiento”, explicó la opositora.
“El hecho de que este gesto tenga lugar dos siglos después, casi como un espejo histórico, le otorga un poder simbólico excepcional”, agregó Machado en un comunicado publicado tras el encuentro.
Horas después, Trump confirmó en un mensaje en su red social Truth Social que había recibido el galardón de manos de Machado.
Y para acallar cualquier tipo de especulación la Casa Blanca publicó más tarde una foto de Machado de pie junto a Trump en la Oficina Oval mientras sostiene la medalla en un marco grande.
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Si bien el gesto suscitó muchas preguntas, no fue una sorpresa para nadie.
Machado había anunciado la semana pasada su intención de compartir el premio más prestigioso del mundo que recompensa los esfuerzos diplomáticos en pos de la paz con el presidente estadounidense.
¿Pero puede realmente hacerlo?
La respuesta del Instituto Noruego de los Nobel es clara como el agua.
“Una vez anunciado el premio Nobel, no puede ser revocado, compartido ni transferido a otras personas”, afirmó en un comunicado.
“La decisión es definitiva y válida para siempre”, dijeron.
La organización también señala que los comités que otorgan los premios Nobel nunca han considerado revocar un premio.
También, por principio, no comenta lo que dicen o hacen los ganadores del premio Nobel de la Paz tras recibirlo.
Hasta el momento, fiel a lo que dice en su sitio web, la organización no ha hecho comentarios específicos sobre el gesto de Machado.
No obstante, los medios noruegos, así como numerosos expertos no dan crédito a la noticia.
“Es completamente inaudito”, comentó Janne Haaland Matlary, profesora de la Universidad de Oslo y expolítica, a la emisora pública NRK, y añadió “es una total falta de respeto por el premio”.
“Esto es increíblemente vergonzoso y perjudicial para uno de los premios más reconocidos del mundo”, escribió en sus redes sociales Raymond Johansen, secretario de la ONG Ayuda Popular Noruega y exconcejal de Oslo.
Independientemente de lo que establecen las bases del premio Nobel, en el pasado ha habido medallas que han cambiado de manos, una nominación retirada y otras que han sido rechazadas.
El diplomático vietnamita Lê Đức Thọ, por ejemplo, fue galardonado junto con el entonces secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger en 1973, por haber negociado el alto el fuego en la Guerra de Vietnam.
Sin embargo, se negó a aceptarlo argumentando que el otro bando había violado la tregua.
En 2014, el desacreditado científico estadounidense James Watson subastó la medalla que recibió en 1962 junto con Maurice Wilkins y Francis Crick por descubrir la estructura del ADN, convirtiéndose en el primer galardonado que vende en su premio.
Watson argumentó que se había desecho de la medalla porque había sido condenado al ostracismo por la comunidad científica tras hacer comentarios racistas en una entrevista en 2007.
Leon Lederman, un físico experimental de EE.UU. que ganó el Nobel de Física en 1988 junto con dos colegas, decidió en 2015 subastar su medalla, ganada tras el descubrimiento de una partícula subatómica llamada neutrino muónico.
El dinero obtenido fue utilizado para comprar una cabaña de madera cerca del pequeño pueblo de Driggs, en el este de Idaho, para irse de vacaciones.
Más recientemente, en 2022, el periodista ruso Dmitry Muratov subastó su Nobel de la Paz por US$103.5 millones para recaudar fondos para los niños refugiados de Ucrania.
El “regalo” de María Corina Machado a Trump no fue la primera ocasión en que un premio nobel se convirtió en obsequio.
En 1954, el escritor estadounidense Ernest Hemingway obtuvo el Nobel de Literatura por obras como “El viejo y el mar”, que narra la historia de un pescador cubano que capturó un pez gigante.
Debido a problemas de salud, el escritor y periodista no viajó a Suecia para la ceremonia y fue el embajador sueco en Cuba quien le entregó la medalla y el diploma en su casa cerca de La Habana.
Años después, Hemingway donó la medalla y el diploma al pueblo de Cuba, poniéndolos al cuidado de la Iglesia Católica de El Cobre.
La medalla fue robada y recuperada rápidamente en 1986. Hoy solo permanece el diploma en exposición.
Mientras que el premio no puede ser transferido o revocado, existe la posibilidad de retirar una nominación.
Los archivos del Instituto Nobel Noruego guardan una historia curiosa de 1939, en la que un malentendido llevó a sus organizadores a esta situación.
Ese año, 12 parlamentarios suecos nominaron al primer ministro británico Neville Charmberlain al Nobel de la Paz
Argumentaban que Chamberlain había salvado la paz mundial mediante el Acuerdo de Múnich con Adolf Hitler en septiembre de 1938, cuando la región checoslovaca de los Sudetes fue entregada a Alemania.
Tres días más tarde, el parlamentario sueco y líder socialdemócrata Erik Brandt envió una carta al Comité del Nobel explicando que quien debía ser nominado era Hitler.
La nominación generó indignación y una ola de protestas en el país.
Brand fue calificado de “loco, torpe y traidor a los valores de la clase trabajadora”, según explica el sitio web de los Nobel.
Su nominación tenía la intención de ser irónica, explicó Brandt en una entrevista.
El parlamentario escribió que al nominar a Hitler buscaba, mediante el uso de la ironía, “clavarlo en el muro de la vergüenza como enemigo número uno de la paz en el mundo”.
Pero al observar que las reacciones a su propuesta habían sido tan violentas y que la mayoría no había captado su intención, decidió enviar una carta al comité para retirar su nominación.
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