
Hace una semana circuló el cartel por todas las redes: “Mega convivio therian en la CDMX“. La convocatoria: reunión a las dos de la tarde en ‘las islas’ de Ciudad Universitaria y después, una carrera en el anexo de la Facultad de Ingeniería. Ni modo de no ir.
Los therians —personas que aseguran identificarse espiritualmente con un animal no humano, al grado de adoptar sus gestos, sus movimientos y, cuando se puede, su apariencia— son desde hace algunos meses el tema inagotable de internet: hilos interminables de debate, videos virales de adolescentes caminando ‘en cuatro patas’ por pasillos escolares, columnas de opinión alarmadas. Todo el mundo habla de ellos. Nadie los ha visto en vivo.

Las Islas, los pecaminosos jardines hundidos que se extienden frente al edificio de la Biblioteca Central, donde los estudiantes se tienden a leer, a dormir o a hacer todo lo contrario, son el corazón informal del campus. El lugar donde cualquier tribu termina gravitando. También los therians.
Media hora antes de la cita, ni un par de orejas de gato, ninguna cola de felpa.
Un hombre porta un chaleco de ‘apoyo a la comunidad’. “¿Sabe dónde es el encuentro de therians?” No tenía idea. Segundos después, como si la información le llegara por un canal alterno, agregó: “… pero va a haber una carrera allá en Ingeniería”. En la ruta, parejas besándose en las bancas… grupos almorzando en el pasto. Ningún animal bípedo con aspiraciones cuadrúpedas.
De regreso a ‘las islas’, ahí están otros de otra especie. Son los El Universal, Imagen, N+ —algún día Televisa—; hay un corresponsal aparte de Univisión, que no es lo mismo, pero es igual. Me pregunta, le pregunto, todos preguntan. Nadie sabemos dónde diablos hay un therian.

Ya llegaron los influencers. El de ‘Proyecto escolar’, genera más revuelo que cualquier cámara de televisión: los estudiantes lo reconocen, se arremolinan por una selfie. Los reporteros de medios tradicionales, observan. Anónimos.
Llegan y llegan cámaras y micrófonos. Decenas de periodistas, camarógrafos, productores, creadores de contenido. Una estudiante advierte: “¡Los van a espantar, son muy tímidos!”.
Tres de la tarde. Una hora de retraso sobre la convocatoria. Ni un solo therian a la vista. Rolando lejos de ‘las islas’, de pronto pasó ‘Chester’… Chester Cheetah, el guepardo animado de esos cheetos naranjas que con polvo de queso manchan los dedos y el alma. Trae orejas puntiagudas color naranja montadas sobre la cabeza, máscara que cubre nariz y pómulos, lentes de espejo que ocultan la mirada. Es casi una persona.
—¿Cómo te llamas?
—Sebastián. Tengo 24 años. Estudio ingeniería.
Le pregunté cómo se identificaba.
—Ingeniero —responde y ríe.
—¿Cheetah?
—Sí —otra risa.

La historia de Sebastián no empezaba con una revelación espiritual ni con un despertar identitario. Empezaba en Halloween. Se había fabricado el disfraz de Chester para una fiesta, y algo pasó al ponerse el disfraz; algo se ajustó entre lo que llevaba puesto y lo que sentía por dentro.
Dice que no tiene amigos therians, pero sí ‘furros’: personas que se disfrazan de animales antropomórficos, generalmente con trajes completos a cuerpo entero. La diferencia, según Sebastián: los ‘furros’ no se sienten como se visten. Es un juego, un performance. Lo de él era otra cosa. Era un permiso, no una identidad heredada. —Creo que todos deberían animarse —fue lo último que dijo antes de entrar a clases.
Los reporteros seguían en ‘las islas’ girando la cabeza, buscando sin encontrar. Si fueran therians, serían zopilotes: planeando en círculos sobre el mismo terreno, saboreándose las horas muertas.
Entonces comenzó el show. Alguien que no alcanzaba el 1.60 se colocó unas orejas de papel y empezó a caminar en cuatro. Avanzaba unos pasos, se detenía, se lamía el dorso de la mano con una teatralidad cuidadosa. Tres segundos bastaron. Las cámaras salieron disparadas. Una avalancha de adultos con credenciales de prensa empujó estudiantes para llegar primero. Algo es algo.

Treinta, cuarenta personas apuntándole el celular a la cara, los brazos estirados por encima de otras cabezas, los micrófonos metiéndose entre los cuerpos, las luces de las cámaras profesionales encendiéndose a pleno sol. Como si fuera el Papa en la Plaza de San Pedro. El joven en el piso, acicalándose. Los adultos encima, unos de otros, empujándose por el mejor ángulo. Los estudiantes alrededor, riéndose. De esos adultos, claro. Terminan siendo el espectáculo animal.
El therian que los enloquece se para y se va. Sin orejas. Sin cola. Sin máscara. Una chica cercana, explica:
—¡No ven que es broma! Se está burlando y todos cayeron.
Ni ella ni sus amigos conocen therians en la UNAM. Nadie en su facultad, en ninguna, los ha visto.
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Curiosidad: las tribus urbanas que conocemos —punks, darketos, skaters, emos— siempre existieron primero en la calle y después llegaron a los medios. Alguien las veía, las documentaba, las nombraba. Con los therians, el mundo al revés: primero se encendió la pantalla y después se busca la realidad. Primero los medios, después el fenómeno.
Así como Chester se fue caminando lentamente a su clase que de ingeniería, al final, los 50 reporteros se retiraron para el otro lado. Como therians que no saben que lo son. Y con la historia que no encontraron.

Mountbatten Windsor perdió su título de príncipe por sus vínculos con el pedófilo convicto Jeffrey Epstein, aunque él niega haber cometido algún delito.
Andrés Mountbatten Windsor, antiguo príncipe y hermano del rey Carlos III del Reino Unido, fue arrestado este jueves por presunta mala conducta en el ejercicio de un cargo público, según informó la BBC.
Imágenes registraron la llegada de varios vehículos a su residencia en la finca de Sandringham, en Norfolk, al este de Inglaterra, durante la mañana de este mismo día, cuando cumple 66 años.
El arresto se produce después de que la Policía de Thames Valley confirmara que estaba analizando una denuncia por el presunto intercambio de información confidencial entre el exmiembro de la realeza y el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein.
“Como parte de la investigación, hoy hemos arrestado a un hombre de unos sesenta años de Norfolk bajo sospecha de mala conducta en un cargo público y estamos realizando búsquedas en domicilios de Berkshire y Norfolk”, sostiene un comunicado de las autoridades.
La semana pasada, la BBC dijo que tuvo acceso a un informe elaborado por Mountbatten Windsor que incluía una lista de “oportunidades comerciales de alto valor” en Afganistán, cuando ejercía como enviado comercial de Reino Unido.
Ese documento fue presuntamente remitido por el expríncipe a Epstein en 2010. No obstante, se desconoce si este episodio en específico es el que investigan las autoridades.
“Mi comprensión es que este arresto se refiere únicamente a la presunta mala conducta en el ejercicio de un cargo público y que, evidentemente, se trata de un momento muy significativo, dado que el expríncipe ha sido arrestado”, señaló Lucy Manning, corresponsal de la BBC.
Mountbatten Windsor ha negado en repetidas ocasiones haber cometido algún delito vinculado a los archivos de Epstein.
El monarca, por su parte, expresó oficialmente sentirse “preocupado” por la noticia de su hermano.
“Lo que sigue ahora es el proceso completo, justo y adecuado mediante el cual este asunto será investigado de la manera apropiada y por las autoridades competentes”, indicó.
“En esto, como he dicho antes, cuentan con todo nuestro apoyo y cooperación, plenos y sinceros. Permítanme dejarlo claro: ‘la ley debe seguir su curso'”, añadió el rey.
La policía señaló que el detenido permanece bajo custodia, aunque no mencionó directamente a Mountbatten Windsor.
“No revelaremos el nombre del hombre arrestado, según las directrices nacionales. Recuerde también que este caso ya está activo, por lo que se debe tener cuidado con cualquier publicación para evitar incurrir en desacato al tribunal”, comentaron.
El antiguo príncipe fue despojado de sus títulos después de que una de las víctimas de Epstein, Virginia Giuffre, alegara que había sido traficada para mantener relaciones sexuales con él, algo que Mountbatten Windsor también ha rechazado.
Mountbatten Windsor ha enfrentado años de escrutinio por la estrecha relación que mantuvo con Epstein, quien se quitó la vida en 2019 mientras estaba preso en Nueva York a la espera de juicio por cargos de tráfico sexual.
Ese mismo año, en una entrevista con el programa Newsnight de la BBC, el entonces duque afirmó que la última vez que vio al multimillonario convicto fue en diciembre de 2010, supuestamente para comunicarle que su amistad había llegado a su fin.
Sin embargo, en la víspera de Navidad de ese mismo año, Mountbatten Windsor presuntamente envió a Epstein un informe confidencial sobre oportunidades de inversión en la reconstrucción de la provincia de Helmand, en Afganistán, que en ese momento estaba bajo supervisión de las fuerzas armadas británicas y financiada con dinero del gobierno del Reino Unido.
Para entonces, Epstein ya era un delincuente sexual condenado.
El episodio que más afectó la imagen del exmiembro de la realeza y que provocó una crisis dentro de la familia real británica fueron las acusaciones de Giuffre en 2014.
La mujer, quien se suicidó en 2025 a los 41 años, afirmó que fue traficada por Epstein y su pareja, la también convicta Ghislaine Maxwell, y que fue obligada a mantener relaciones sexuales con Mountbatten Windsor.
El antiguo príncipe ha negado estas acusaciones de manera reiterada.
Giuffre presentó una demanda civil contra él en Estados Unidos en 2021, el caso se resolvió por un acuerdo entre las partes en febrero de 2022 por una suma estimada de 12 millones de libras (US$14 millones para la época)
Mountbatten Windsor, tercer hijo de la reina Isabel II, también ostentó el título de duque de York, que entregó el año pasado en medio de los escándalos, antes de que el rey le retirara el rango de príncipe.
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