
El lunes 23 de febrero de 2026, un día después de que el Ejército abatiera a Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, México despertó todavía en tensión y con el eco de una jornada violenta que no terminó con la detención y posterior muerte de quien fuera el capo más buscado de la actualidad.
El operativo militar realizado a primeras horas de la mañana del domingo en el pueblo mágico de Tapalpa, Jalisco —que derivó en la muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)— continuó con repercusiones al día siguiente: más bloqueos, la fuga de 23 reos del penal de Puerto Vallarta, suspensión de clases en múltiples entidades, la llegada de refuerzos militares, nuevas acciones contra operadores del crimen organizado, calles vacías y una extendida situación de incertidumbre en ciudades como Guadalajara. Todo ello mostró que la caída del capo sigue impactando en la vida cotidiana del país.

Apenas horas después del abatimiento de “El Mencho”, la Secretaría de la Defensa Nacional informó que Hugo “H”, alias “El Tuli” —considerado uno de los principales operadores del CJNG y presunto responsable de coordinar los bloqueos, incendios de vehículos y ataques contra fuerzas de seguridad— fue localizado y también abatido mientras intentaba huir, según explicó el propio secretario de Defensa, Ricardo Trevilla.
“El Tuli” había ofrecido recompensas por ataques o el asesinato de militares, un dato que ilustra la furia y violencia con la que la estructura del CJNG respondió al golpe que el Estado mexicano le propinó con la eliminación de su líder y fundador.
Sin embargo, pese a este nuevo golpe al cártel y a los esfuerzos oficiales por controlar la situación e invocar el regreso a la normalidad, las consecuencias del domingo continuaron vigentes el lunes. Varios estados, entre ellos Jalisco y Nayarit, decidieron suspender clases y eventos masivos como medida preventiva ante la ola de violencia desencadenada tras la muerte de “El Mencho”.

A esos estados se sumaron otras ocho entidades —Michoacán, Oaxaca, Colima, Guanajuato, Hidalgo, Querétaro, Zacatecas y Baja California— donde la violencia también alteró la normalidad y generó preocupación entre autoridades educativas y de seguridad.
En la región de la Tierra Caliente, Michoacán —donde el Cártel Jalisco mantiene una importante presencia y disputas constantes con organizaciones rivales, como Los Caballeros Templarios o La Familia Michoacana— continuaron registrándose disturbios, especialmente en municipios como Aguililla, Buenavista y Apatzingán. En esta localidad, en comunidades rurales como El Guayabo y El Alcalde, vecinos recibieron la indicación de no salir de sus casas ante el temor de enfrentamientos entre células criminales.

Mientras tanto, desde la Presidencia de la República se convocó a mantener la calma social ante los brotes de violencia. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró que, en la mayor parte del territorio nacional, las actividades se desarrollaban con normalidad, aunque admitió que los enfrentamientos y bloqueos posteriores al operativo federal habían ocurrido en diversas regiones.
En la conferencia en Palacio Nacional, el general Ricardo Trevilla Trejo dio a conocer que el operativo sumó al trabajo del Ejército, información complementaria proveniente de EU y que llegar al Mencho fue posible siguiendo la pista de un hombre de confianza de una de las parejas del líder criminal, que la llevó a visitarlo en la cabaña de Tlalalpa, donde se encontraba con un “círculo de seguridad”.
Quizá el instante más emotivo del día ocurrió cuando el general Trevilla Trejo se refirió al saldo que tuvo la operación desde las filas oficiales: 25 elementos de la Guardia Nacional muertos, además de un custodio y un elemento de la Fiscalía de Jalisco.
Con la voz contenida y un gesto visiblemente afectado, el titular de la Defensa reconoció el costo humano del despliegue que culminó con la caída de “El Mencho”. Más allá de los detalles tácticos, Trevilla Trejo se detuvo para expresar el pésame a las familias de los elementos caídos, subrayando que perdieron la vida en cumplimiento de su deber. “¿Qué es lo que se demostró? La fortaleza del Estado mexicano, de eso no hay duda”, afirmó.

Un día después del operativo, entre familias, comerciantes y trabajadores que intentaban retomar la normalidad, la pregunta se repetía con insistencia: qué pasará ahora con el Cártel Jalisco Nueva Generación tras la muerte de su líder.
En Guadalajara y municipios cercanos, el temor no giraba únicamente en torno a los bloqueos o la violencia inmediata, sino al escenario que podría abrirse. La experiencia reciente del Cártel de Sinaloa —fracturado en disputas internas tras la captura y pérdida de sus principales liderazgos, “El Chapo” Guzmán y “El Mayo” Zambada— aparecía como referencia inevitable en conversaciones cotidianas, radios locales y redes sociales.
La inquietud es concreta: si la organización mantendrá cohesión o si emergerán pugnas entre mandos regionales por el control de rutas y territorios. Para muchos habitantes, la preocupación es normal debido a que una eventual fragmentación suele traducirse, históricamente, en ciclos de violencia más volátiles: ajustes de cuentas, reacomodos forzados y confrontaciones abiertas. Por ello, en Jalisco, el día después no estuvo marcado por celebraciones, sino por una calma tensa atravesada por la incertidumbre.

“Sí hay esa incertidumbre de si realmente se va a controlar pronto la situación o si va a ser algo que se va a terminar resolviendo en la semana o incluso si vamos a durar varios días o varias semanas en estas condiciones, similar a lo que ocurrió en Culiacán”, reflexionaba el mismo domingo Joseph, habitante de Guadalajara.
Ayer lunes la capital tapatía amaneció con calles vacías, farmacias, tiendas de abarrotes, y sucursales bancarias cerradas, además de una notable reducción del transporte público. Las imágenes —relatan los vecinos— recordaban a los días más duros del confinamiento por la Covid-19 en 2020.
Jonathan Lomelí, periodista en Jalisco y columnista de El Informador, reportó que por momentos se registraron “compras de pánico”.

“Hay preocupación entre la ciudadanía de qué es lo que va a pasar a partir de ahora. El mayor temor es que Jalisco se convierta en un espejo de Culiacán”, señaló Lomelí, quien apuntó “una falta de claridad y de certidumbre” en las comunicaciones de las autoridades estatales y locales. Esto, aunado a la “psicosis” que se generó en redes sociales con algunas noticias falsas, originó que la ciudadanía se encerrara en sus viviendas y muchas personas no salieran hoy a trabajar.
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“Hoy solo vino el 10 % de los trabajadores. No podemos echar a andar la planta”, dijo un empresario. Las Cámaras y Asociaciones Industriales de Jalisco informaron que este martes 24 se reanudarán las actividades industriales en el estado, luego de que ayer estuvieron cerradas por precaución.
Pero las escenas de calles vacías no solo se limitaron a Guadalajara. En localidades como Etzatlán —municipio gobernado por el PAN—, las calles empedradas lucían vacías y con restos calcinados de vehículos incendiados durante la jornada del domingo.

“Miren lo que hicieron estos pinches piojosos”, denuncia un vecino, en un video en el que se aprecian cinco coches estacionados en fila, devorados por las llamas, junto a las fachadas carbonizadas de casas de planta baja. “Y miren, no hay nadie. Cero presencia del gobierno”, agrega. También en Autlán de Navarro, a 192 kilómetros de Guadalajara, se registraron más quemas de vehículos en carreteras.
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Así, en el día posterior a la caída de “El Mencho”, México vivió una mezcla de respuesta estatal intensificada, violencia residual, incertidumbre de la ciudadanía y reconfiguraciones operativas dentro del propio crimen organizado.
La jornada ‘post-Mencho’ reflejó que la muerte de uno de los líderes criminales más emblemáticos —aunque relevante en términos simbólicos y de seguridad pública— no se traduce de inmediato en una reducción de la violencia estructural, sino que abre un nuevo capítulo de tensión, reorganización y consecuencias que todavía están por verse.

¿Serías una persona diferente si hubieras crecido en otro lugar? Cada vez más investigaciones ayudan a responder esta antigua pregunta sobre la naturaleza y la crianza, y su impacto en tu identidad.
Era una tarde calurosa en el pequeño pueblo cerca de Calcuta, India, y los adultos dormían. Mi prima y yo estábamos sentadas en el suelo comiendo arroz inflado con aceite de mostaza cuando volteó hacia mí y me preguntó: “¿Es cierto que en Suecia se come vaca y cerdo?”.
Yo, que por aquel entonces tenía unos 10 años, asentí con vergüenza. “¿Entonces también comen perros y gatos?”, preguntó. Era una pregunta perfectamente lógica. Si se puede comer un mamífero de cuatro patas, ¿por qué no otro?
Habiendo crecido en Suecia, aunque de madre india, no era algo en lo que hubiera pensado antes: el vegetarianismo era poco común en aquella época, sobre todo en Europa, y los niños suecos estaban acostumbrados a ver a las vacas como fuente de alimento.
Mi prima, en cambio, era una apasionada de los animales y tenía la costumbre de rescatar a las criaturas que percibía en peligro. No comía carne.
Mis visitas a India estuvieron llenas de momentos así, que me hicieron darme cuenta de cuánto influye la cultura en nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos.
Si hubiera crecido en India, ¿habría tenido una moral diferente? ¿Un sentido del humor diferente? ¿Sueños, aficiones y aspiraciones diferentes? ¿Seguiría siendo yo?
Estas son preguntas que científicos y filósofos se han planteado durante siglos, y ahora un nuevo campo de estudio, la Psicología Intercultural, está comenzando a investigar posibles respuestas.
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En cierto sentido, el ADN de cada ser humano es único y su estructura fundamental (en términos generales) no cambia según el lugar al que vayamos.
Pero el ADN por sí solo no nos define como somos, afirma Ziada Ayorech, genetista psiquiátrica de la Universidad de Oslo, Noruega. Nacida en Uganda, Ayorech se mudó a Canadá a los tres años, pasó la mayor parte de su vida en Reino Unido y luego se mudó a Noruega hace un par de años.
“Cuando pienso en todos los lugares en los que he vivido y cómo han influido en mi perspectiva, intuitivamente me imagino que es imposible que eso no haya marcado la diferencia”, dice Ayorech.
Para explorar esto, los científicos suelen utilizar estudios que comparan a gemelos idénticos, que comparten un ADN casi idéntico, con gemelos no idénticos, que comparten, en promedio, la mitad de su genoma.
De esta manera, si los gemelos idénticos tienen mayor o menor probabilidad de compartir un rasgo que los gemelos no idénticos, esto sugiere que ese rasgo está más determinado por la genética que por el entorno.
En un amplio análisis llevado a cabo en 2015 de casi 50 años de estudios sobre 17.000 rasgos diferentes en 14 millones de gemelos de todo el mundo, que abarcaba desde la educación y las creencias políticas hasta las enfermedades psiquiátricas, los científicos concluyeron que la genética explica, en promedio, solo el 50% de las diferencias.
“Es esa combinación de naturaleza y crianza la que nos define y contribuye a nuestras creencias y culturas”, afirma Ayorech. “Por lo tanto, no podríamos tener esa misma combinación en otro lugar”.
El entorno influye más en algunos rasgos que en otros, por supuesto. Las investigaciones demuestran que el coeficiente intelectual es, en promedio, más del 50% hereditario, con la salvedad de que la genética desempeña un papel más importante en etapas posteriores de la vida que en la infancia.
Mientras que los rasgos de personalidad son hereditarios en aproximadamente un 40% y, por lo tanto, están más influenciados por el entorno (esto no significa que el 40% de la extroversión de una persona se deba a sus genes, sino que el 40% de las diferencias en extroversión en una población en su conjunto se pueden explicar por la genética).
Aunque Ayorech es bastante extrovertida, afirma que Noruega favorece menos las expresiones extrovertidas con las que está familiarizada. Por ejemplo, es menos probable que uno inicie una conversación espontánea con un desconocido en las calles de Oslo. Esto la ha cambiado, afirma.
“Si comparas mi versión de vivir aquí en Noruega con la de vivir en Reino Unido, sería justo decir que ahora soy menos extrovertida”, afirma Ayorech. Pero dada su composición genética, es poco probable que pierda por completo su extroversión.
Sigue gravitando inconscientemente hacia actividades que fomenten interacciones más espontáneas, añade Ayorech. “Tendemos a buscar entornos acordes con nuestros rasgos genéticos”.
A su vez, esta combinación moldea nuestro cerebro con el tiempo, permitiéndonos desarrollarnos como personas. Las vías neuronales se forman y consolidan a medida que integramos experiencias, según Ching-Yu Huang, psicóloga intercultural de la Universidad Nacional de Taiwán. Ella argumenta que la cultura es una “parte absolutamente crucial” de la persona en la que nos convertiremos.
“Habrías sido una persona diferente si hubieras crecido en Taiwán”, me dice con seguridad. “El cerebro que tienes ahora sería muy diferente si hubieras nacido y crecido en Taiwán, incluso teniendo el mismo ADN”.
Vivian Vignoles, psicóloga intercultural de la Universidad de Sussex, coincide: “Creo que la gente tiende a sobreestimularse con el aspecto genético”, afirma. “Sean cuales sean tus genes, necesitas un entorno específico para que afloren”.
Si bien la idea básica de que la cultura influye en cómo las personas se perciben a sí mismas cuenta actualmente con un sólido respaldo en psicología, a mediados del siglo XX sorprendió a algunos psicólogos, dice Vignoles.
Durante mucho tiempo, los científicos habían asumido que la psicología humana era universal y que los resultados de estudios sobre el comportamiento humano realizados en Estados Unidos y Europa serían válidos en todo el mundo.
Sin embargo, al estudiar y comparar la psicología de otros lugares, Vignoles y otros han descubierto que no es así.
Por ejemplo, los experimentos sugieren que las personas en Occidente tienden a ser más individualistas y se perciben más a sí mismas en función de sus rasgos personales -como ser graciosos, inteligentes o amables- en comparación con las personas en Japón, que tienden a ser más colectivistas y tienden a definirse en función de sus roles sociales, como ser padre o estudiante.
En un estudio que comparó escáneres cerebrales, los occidentales mostraron que la parte del cerebro responsable de la autoconciencia se activaba al pensar en sí mismos, mientras que los participantes chinos también lo hacían al pensar en sus madres.
En pruebas similares, Huang y sus colegas analizaron si los hijos de inmigrantes de origen chino en Inglaterra (que habían llegado al país desde diferentes partes de la República Popular China, Hong Kong, Taiwán, Vietnam y Malasia) percibían la autoridad de forma diferente a la de los niños ingleses no inmigrantes y a la de los niños taiwaneses que habían vivido toda su vida en Taiwán.
Todos los niños de los tres grupos tenían la misma probabilidad de obedecer a sus padres, pero los niños taiwaneses eran más propensos a hacerlo incluso cuando se mostraban inicialmente reacios, en comparación con los inmigrantes chinos criados en Inglaterra.
Huang argumenta que esto probablemente se deba a que las culturas taiwanesa y china valoran la obediencia y el respeto a los padres, mientras que los niños cuyas familias habían emigrado a Inglaterra probablemente se vieron influenciados por la cultura del Reino Unido para volverse más individualistas.
Un estudio de 2022 que comparó pruebas de rasgos de personalidad en 22 países reveló que las personas que vivían en un grupo de países con culturas que priorizan la autodisciplina -como Albania, India, Alemania, Francia, Hong Kong y China- obtuvieron puntuaciones más altas en medidas de responsabilidad y organización.
En cambio, los países con culturas más igualitarias, flexibles e individualistas -como Canadá, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega y Filipinas- mostraron mayores niveles de afinidad y apertura a la experiencia.
Investigadores también identificaron recientemente que las culturas occidentales son más propensas a ser monumentalistas, considerando el yo como algo estable e inmutable, como un monumento, afirma Vignoles.
Las culturas flexibles, comunes en los países del este asiático, por otro lado, consideran el yo como algo más maleable.
Otra diferencia cultural es el grado en que las personas perciben el contexto. Un estudio pidió a los participantes que describieran una serie de escenas submarinas y descubrió que los participantes occidentales se centraban más en objetos individuales, mientras que los japoneses enfatizaban el contexto más amplio, como el color del agua circundante o la relación entre los diferentes objetos.
“Existe evidencia de que en las culturas occidentales, en particular en la estadounidense, las personas tienden a atribuir ese comportamiento a las características de la persona más que a la situación”, afirma Vignoles.
En la sala de espera de un dentista, añade Vignoles, un occidental tiende a interpretar a una persona que parece ansiosa como ansiosa en general, en lugar de simplemente como alguien ansioso por una extracción dental en ese contexto.
Sin embargo, estos resultados siempre deben tomarse con cautela, agrega, ya que es extremadamente difícil desentrañar el comportamiento, la personalidad, la cultura y muchas otras influencias que impactan en este ámbito, y aún queda mucha investigación por realizar en este campo.
Por ejemplo, un creciente número de estudios sugiere que la visión binaria este-oeste del individualismo frente al colectivismo es “demasiado simplista”, dice Vignoles, y que el colectivismo que se manifiesta en muchas de estas pruebas probablemente sea más una característica del desarrollo económico que de la cultura.
Es más, las mediciones del individualismo en un país pueden pasar por alto variaciones importantes entre grupos o individuos específicos de esa nación.
Y muchos estudios en este ámbito se basan en respuestas autodeclaradas de personas, que no siempre son precisas, en lugar de pruebas estandarizadas objetivas.
Quizás la pregunta de si seríamos la misma persona en una cultura diferente sea, en última instancia, una cuestión filosófica que cuestiona el concepto del yo.
Una encuesta en línea realizada en 2020 a filósofos angloparlantes reveló que el 19% apoyaba la idea de que cada individuo es un animal específico, resultado de un espermatozoide y un óvulo específicos, y que no son los pensamientos, sentimientos o recuerdos los que lo hacen ser quien es.
“Desde esta perspectiva, incluso si se borraran tus recuerdos, seguirías siendo la misma persona”, explica Philip Goff, filósofo de la Universidad de Durham.
De igual manera, alrededor del 14% apoyaba las teorías que sugieren que el yo no es biológico, sino que está encapsulado en algo parecido a un alma, y que eso es lo que nos hace ser quienes somos, sin importar dónde hayamos crecido.
De hecho, los estudios muestran que muchas personas creen tener un “yo verdadero” que es fundamentalmente moralmente bueno, y que esto no debería cambiar según su lugar de residencia.
Pero otros filósofos sostienen que el entorno también moldea la identidad esencial de una persona, una teoría denominada constructivismo social.
De hecho, la política también parece influir. En un experimento, investigadores pidieron a personas con diferentes opiniones políticas que evaluaran la moralidad de un hombre cristiano que se sentía atraído por otros hombres.
Las personas que se identificaron como liberales pensaron que el hombre actuaba según su verdadero yo, mientras que las que se identificaron como conservadoras creyeron, en cambio, que iba en contra de su verdadero yo cristiano.
El propio Goff cree que existe una especie de “unidad fundamental” de células y partículas -y que la consciencia está intrínsecamente integrada en este hardware- que nos define como personas, sin importar dónde crecemos. Pero esto probablemente cambie con el tiempo a medida que crecemos y maduramos.
“Estos son solo conceptos humanos de lo que es una ‘persona’ o un ‘yo'”, dice Goff. Probablemente no haya una respuesta definitiva, dice, sobre si “esa persona en una circunstancia muy diferente sería yo o no”.
Para quienes han crecido en más de una cultura, es difícil superar la sensación de que los seres humanos son, en gran medida, producto de su entorno social.
Aunque es difícil saber exactamente quién habría sido yo si hubiera pasado toda mi vida en ese pueblo a las afueras de Calcuta, estoy bastante segura de que tendría algunos indicios.
Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
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