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Resistencia en la Sierra Negra: la unión nahua que venció a una hidroeléctrica en Puebla
Resistencia en la Sierra Negra: la unión nahua que venció a una hidroeléctrica en Puebla
Imagen: Periodismo de lo Posible
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Resistencia en la Sierra Negra: la unión nahua que venció a una hidroeléctrica en Puebla

En 2016, varias comunidades serranas de Puebla supieron que las autoridades impulsaban el proyecto Coyolapa-Atzalan, que amenazaba con privatizar el agua y despojarlos de sus tierras. Aun con poblaciones divididas, lograron frenar la hidroeléctrica, pero sufrieron amenazas, ataques y la desaparición de uno de sus compañeros de lucha.
08 de enero, 2026
Por: Mely Arellano / “Periodismo de lo Posible: Historias desde los territorios”

En abril de 2016, a la orilla del río Coyolapa, que atraviesa la Sierra Negra de Puebla, se reunió una multitud de personas de distintas edades, incluidos representantes de diferentes comunidades nahuas, algunas ubicadas a cuatro horas de viaje, que habían sido convocadas para enfrentar una amenaza.

Torito —nombrado así por razones de seguridad— recuerda que prepararon una gran ofrenda con flores y frutas a un lado del río, y al final hicieron un juramento: “Vamos a unirnos en resistencia”. Estaban ahí para enfrentar el proyecto hidroeléctrico Coyolapa-Atzalan, que causaría impactos como la privatización del agua y el despojo de tierras en los municipios indígenas de Zoquitlán, Coyomeapan y Tlacotepec, una región con cerca de 90 mil habitantes.

Entre los presentes estaba también don Herlindo, campesino originario de la comunidad de Pozotitla. Cuando tomó la palabra, nombró lo que todos sentían: “El agua tiene vida, y nuestra madre tierra, también”. Con las flores de la ofrenda se hicieron collares para los representantes de cada comunidad; uno era Sergio Rivera Hernández, un entusiasta defensor de Coyolapa, otro de los lugares que iba a ser afectado, entonces de 32 años, padre de cinco hijos.

Desde ese momento, Flor —nombre ficticio de  una comunicadora comunitaria formada en el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (CESDER)—, entonces una adolescente de 14 años e hija de don Herlindo, se unió al movimiento de resistencia. “Invocamos al espíritu de la lucha para seguir sobreviviendo. En ese momento sentimos que teníamos que enfrentar una batalla muy fuerte”. Pero esa gran lucha que se avecinaba no impedía que en el río se respirara un ambiente de esperanza.

‘No vamos a vender´

Para llegar a esta zona de la Sierra Negra de Puebla hay que recorrer, desde el municipio de Zoquitlán —ubicado a tres horas y media de la capital del estado—, caminos de terracería, y atravesar senderos repletos de palmas, mamey, naranjos, plátanos, mangos, cafetales y plantaciones de caña. Un universo que hacen posible los ríos de la región.

“Las comunidades están dispersas entre las montañas y cañadas. Se habla el náhuatl en todas las casas, y la vida se sostiene a través de los usos y costumbres”, refiere Torito.

El proyecto del Sistema Hidroeléctrico Coyolapa-Atzalan consistía, según su manifestación de impacto ambiental, en construir dos subsistemas: uno aprovecharía el cauce del río Coyolapa, y el segundo las aguas de los ríos Atzalan y Huitzilatl. En ambos casos se construiría una cortina de concreto para derivar el caudal hacia un túnel que lo conduciría hasta una “casa de máquinas”, donde dos turbinas convertirían el agua en energía. El objetivo era generar electricidad en beneficio de los hornos de la Minera Autlán, del Grupo Ferrominero de México, ubicados en Teziutlán, que produce ferroaleaciones para la fabricación de acero.

“Es un grupo con mucho dinero, y en ese asunto se nos puede ir la vida”, advirtió Martín Barrios, integrante de la Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán, a los representantes de las comunidades.

Uno de los rituales que se hicieron en Pozotitla en el encuentro de comunidades que se solidarizaron con la defensa del río.
Uno de los rituales que se hicieron en Pozotitla en el encuentro de comunidades que se solidarizaron con la defensa del río.

Lo primero que hicieron los pobladores fue movilizarse; comenzaron a reunir firmas de rechazo al proyecto. Subían el cerro, caminaban, nadaban, recorrían la sierra para informar a los pobladores sobre los planes de la empresa. “Pero sus enviados [de la minera] hacían lo mismo, nos seguían los pasos, y ahí comenzó la disputa”, recuerda Torito.

Se dieron cuenta de que los ingenieros de la minera llegaban a las comunidades el mismo día en que habían organizado una reunión; su estrategia consistía en ofrecer dinero, despensas, vacunas… Había mucha presión para que la gente accediera a vender sus tierras y pudieran construir el megaproyecto.

“Yo un apoyo no quiero, digo: ¿cómo crees que voy a vender mi territorio?”, decía don Herlindo. “Aunque estemos necesitados, o nos falte dinero, no vamos a vender”.

Pero en la región hay muchas carencias, y los ofrecimientos de la empresa, sumados a una narrativa que prometía empleo, hospitales, carreteras y escuelas, comenzaron a sembrar la discordia entre los habitantes. Los amigos se agarraban a golpes, e incluso hubo disputas entre hermanos, “porque uno quiere el dinero, y otro el río”, recuerda Martín. Fue uno de los primeros golpes a la resistencia.

En 2016 y 2017, los representantes de las comunidades y muchos pobladores dejaron sus trabajos para dedicarse por completo a la lucha contra el megraproyecto: organizaban asambleas informativas, protestaban en la Secretaría de Energía y frente a las oficinas de la empresa en la Ciudad de México, bloqueaban carreteras, hacían manifestaciones y exponían la situación en diferentes estados del país.

“Van a secar esa agua [del río], porque lo van a encerrar. Todo ese río que corre, va a quedar de un volumen del 10 %. En partes puede que hasta se seque, […] puede que ya no se dé el café. La milpa ya no se dé”, explicaba Sergio, quien se convirtió en defensor del territorio, en una conferencia realizada en Tehuacán.

Los aliados del Grupo Ferrominero reaccionaron; enviaban personas armadas para intimidar a quienes asistían a las asambleas.

“Luego organizamos los foros en defensa del territorio. Y ahí hubo una participación muy fuerte de la gente y el rotundo no al proyecto hidroeléctrico”, recuerda Flor. Ese sentimiento colectivo provocó que nuevas comunidades se sumaran a la resistencia, lo que fortaleció al movimiento, porque sentían el apoyo de los pobladores. “Aunque tienes miedo, por otra parte tienes ánimo”, dice Rubén, otro de los defensores.

El ataque a Radio Tlayoli

Una de las herramientas para la defensa del territorio fue Radio Tlayoli (“Voces del maíz”), fundada el 7 de noviembre de 2016, que era sintonizada por más de 20 mil personas. Torito fue uno de los jóvenes locutores que se ofrecieron para hacer transmisiones desde una cabina improvisada, con una mesa, un par de sillas, y una antena montada en un árbol.

“El objetivo era comunicar”, explica Torito —un joven de 25 años que es también un comunicador comunitario formado en el CESDER—, “informar en la Sierra Negra de que se va a instalar un megaproyecto de muerte; entonces, al mencionar este tipo de cosas, […] estás tocando intereses de ciertos políticos o cacicazgos. Ahí es donde viene el problema”.

No solo transmitían noticias sobre el avance del proyecto; también convocaban a asambleas e invitaban a la gente a informarse.

Poco días después de la inauguración, el 24 de noviembre, unos sujetos dispararon contra la radio, se llevaron equipo, golpearon a quienes estaban ahí, e incluso hirieron a un compañero. “De alguna manera, [eso] nos ayuda a visibilizar que había violencia y que alguien no quería que pudiéramos tener voz ante lo que se estaba viviendo”, recuerda Omar Esparza, coordinador del Movimiento Agrario Indígena Zapatista (MAIZ).

Lee más: San Francisquito: en lucha contra la gentrificación en Querétaro

Aunque con ese atentado pretendían callar a la radio comunitaria, el 3 de diciembre ya estaba reinstalada, con un mayor respaldo de la comunidad. Lo primero que hicieron fue alertar en sus transmisiones sobre la nueva estrategia de la minera que, junto con la Secretaría de Energía y autoridades de Coyolapa y Zoquitlán, promovieron en 2017 consultas para lograr la aceptación del proyecto.

“Sergio se comunicó con los compañeros de lucha de Pozotitla, les dijo que tenía miedo de que en las consultas se aprobara el proyecto”, recuerda Flor.

La consulta es un derecho constitucional de las comunidades indígenas para decidir sobre el desarrollo de proyectos en sus territorios, pero la campaña informativa surtió efecto: la población rechazó que se organizara porque consideraba que no iba a ser libre ni informada.

En enero de 2017, la gente de las comunidades se unió para clausurar las instalaciones de la minera en Teziutlán e instalaron un plantón frente a la puerta principal. Hubo golpes, gritos entre vecinos, pero ganaron los pobladores organizados que querían mantener intactos sus ríos y rechazaban a la hidroeléctrica.

Un crimen impune

El sentimiento de triunfo duró poco. Además de afectar los intereses de la minera, los pobladores se habían impuesto a las autoridades municipales y federales, y perjudicado a quienes apoyaban el proyecto. Sabían que los caciques y líderes políticos no se iban a quedar quietos.

“Empezaron las amenazas del presidente de Tlacotepec contra nosotros, de muerte, prácticamente”, afirma Omar. Entonces pidió a sus compañeros que tomaran precauciones. “Presentíamos que iba a pasar algo”.

Sergio había recibido amenazas de muerte —mensajes, audios, llamadas—, incluso fue golpeado tras ser detenido en un retén; a finales de 2017, intentaron dispararle en una vereda, pero el arma se encasquilló. Eso no detuvo su compromiso.

La tarde del 23 de agosto de 2018, Sergio regresaba en motocicleta desde Tepexilotla, en dirección a su casa, cuando cuatro hombres armados lo interceptaron y lo subieron a una camioneta gris; después tomaron rumbo a Zoquitlán.

“Yo los vi cuando lo tiraron, ahí lo amarraron con la cinta y lo aventaron en la camioneta y lo cerraron, y se lo llevaban”, narró un testigo de la desaparición. Otro escuchó, al pasar la camioneta, que alguien la pateaba desde dentro, pero pensó que era un animal. “Sergio nunca más volvió a casa”.

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En agosto de 2021, integrantes del MAIZ se manifestaron en la Casa de Justicia de Tehuacán para exigir la aparición de Sergio Rivera Hernández. (MAIZ)

La desaparición de Sergio dejó una estela de miedo en el movimiento. Ya nada fue igual, su ausencia apagó un poco las ganas de luchar, pero hubo quienes comenzaron a levantar la voz para pedir la aparición con vida de su compañero.

La fiscalía de Tehuacán acusó de la desaparición de Sergio a tres hombres, los mismos que meses antes lo habían golpeado. A pesar de que acudieron a declarar testigos del hecho, el 11 de septiembre de 2020, el juez Mario Cortés Aldama dejó en libertad a los procesados por considerar que no había pruebas suficientes para sentenciarlos.

En enero de 2023, un tribunal ordenó un nuevo juicio, porque el anterior no contó con un intérprete del náhuatl y no se tomó en cuenta la condición de defensor del territorio de Sergio. Actualmente, se lleva a cabo el proceso, nuevamente a cargo del juez Cortés Aldama, y se teme que los presuntos responsables, quienes han sido acusados de amenazar a los testigos, sean absueltos.

El caso de Sergio es el primero en México, tras la promulgación en 2017 de la Ley General en Materia de Desapariciones, en que la víctima es considerada un defensor del territorio. Su esposa, Consuelo Carrillo, y sus cinco hijos tuvieron que abandonar la comunidad por razones de seguridad.

Sigue leyendo: Jóvenes defensores del territorio implementan proyectos comunitarios para proteger la tierra, el agua y la vida

Sergio es recordado como un hombre hábil y serio, alguien con carisma que atrajo mucha gente al movimiento. Estaba convencido de la necesidad de defender la tierra para que sus hijos tuvieran un mejor futuro.

Al defensor lo desaparecieron cuando habían logrado un movimiento sólido, reconoce Omar, pero “entendimos que la manera de hacer justicia es mantener viva la organización, su memoria”. Y eso les permitió continuar con la resistencia hasta lograr que se frenara el megaproyecto.

Además, crearon una escuela de formación política para compartir lo que habían aprendido sobre la defensa de sus derechos y sumar a nuevas comunidades. También constituyeron una cooperativa de café llamada Tepeyolo (“Corazón de la montaña”).

“Ya en la región producíamos café para nuestro consumo, pero organizarnos en la cooperativa nos ha permitido comercializar el café como una alternativa para nuestras familias y para mantener la resistencia viva”, dice Flor. Desde hace cuatro años, lo exportan a Suiza y Alemania.

 Resistencia en la Sierra Negra: la unión nahua que venció a una hidroeléctrica en Puebla
El río Coyolapa, llamado también Tonto, iba a ser afectado por el proyecto hidroeléctrico. (Marcos Nucamendi)

Poco a poco, los vecinos que no se saludaban por la división que produjo el megaproyecto comienzan a platicar, y ya organizan juntos las fiestas patronales. El proceso de defensa del territorio les ha hecho valorar más el río y los frutos que crecen gracias a sus aguas, desde el maíz hasta los plátanos o las naranjas.

Las comunidades de la Sierra Negra lograron la cancelación del proyecto hidroeléctrico después de que, en marzo de 2018, el Juzgado Tercero de Distrito en Materia de Amparo Civil, Administrativa y de Trabajo y de Juicios Federales en Puebla ordenó dejar sin efecto la licencia de impacto ambiental. Como consecuencia, en febrero de 2021, el amparo interpuesto por pobladores de Coyomeapan y por el Movimiento de Autogestión Social, Campesino, Indígena y Popular fue sobreseído tras producirse la suspensión de la hidroeléctrica.

Para los habitantes de la zona, la resistencia continúa; no pararán hasta lograr la cancelación definitiva del proyecto. En esa pugna, la memoria de Sergio permanece firme en el movimiento. “Sigue caminando con nosotros”, dice Flor. El río por el que luchó fluye cristalino y quienes asumieron su defensa mantienen su compromiso “hasta donde podamos”, afirma Torito, “hasta donde nos arrebaten la vida”.

Con información de Aranzazú Ayala Martínez.

Esta historia es una versión escrita basada en el pódcast “Puebla: Una promesa al río”, cuya investigación y guion fueron realizados por el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural. Forma parte de la serie “Periodismo de lo Posible: Historias desde los territorios” —proyecto de Quinto Elemento Lab, Redes A. C., Ojo de Agua Comunicación y La Sandía Digital—, que también puede ser escuchada aquí: https://periodismodeloposible.com/.

 

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Qué países de América Latina tendrán elecciones en 2026 y cuánto podría influir Trump en ellas
9 minutos de lectura

Cinco países de la región tienen cita en las urnas para elegir presidente en este año nuevo, incluidas dos de las mayores democracias latinoamericanas y hay indicios de que Trump podría intentar incidir otra vez en las urnas latinoamericanas.

02 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Cinco países de América Latina prevén elegir a sus presidentes en 2026, incluidas dos de las tres mayores democracias de la región por número de habitantes: Brasil y Colombia.

Se espera que, en estos dos casos, los comicios se celebren bajo una fuerte polarización política y definan el poder que mantendrá a nivel continental la izquierda, que hoy gobierna desde Brasilia y Bogotá.

Pero esta vez una pregunta adicional sobrevuela las urnas latinoamericanas: ¿cuánto podrá influir en ellas una figura ajena a la región como el presidente de Estados Unidos?

Donald Trump demostró a lo largo de 2025 su voluntad de volcar el peso de su investidura (y del Tesoro de EE.UU.) en votaciones a lo largo del subcontinente.

Lo hizo en las legislativas de Argentina y en las presidenciales de Honduras, al apoyar a fuerzas de derecha y advertir que EE.UU. cortaría su ayuda financiera a esos países si las mismas eran derrotadas.

En ambos países, así como en Ecuador con la reelección del presidente Daniel Noboa en abril, las opciones respaldadas por Trump ganaron.

“A un nivel sin precedentes desde el fin de la Guerra Fría, el gobierno de Trump y el propio presidente han puesto su dedo en la balanza para influir en los resultados electorales y los procesos políticos en América Latina”, dice Cynthia Arnson, una experta sobre la región en la Universidad Johns Hopkins de EE.UU., a BBC News Mundo.

Al comenzar el año nuevo, ya hay indicios de que Trump podría intentar incidir otra vez en las urnas latinoamericanas.

La duda, en todo caso, es si seguirá en racha favorable.

Las primeras del año

Además de Brasil y Colombia, está previsto que Costa Rica, Perú y Haití elijan presidentes y legisladores en 2026.

La primera de esas citas electorales es en el país centroamericano el 1º de febrero, cuando los costarricenses deberán escoger, además de a su jefe de Estado y dos vicepresidentes, a los 57 miembros de la Asamblea Legislativa.

Si ningún candidato presidencial supera el 40% de los votos en esa instancia, habrá una segunda vuelta el 5 de abril entre los dos más votados.

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BBC

Calendario electoral de América Latina en 2026

Costa Rica: elecciones presidenciales y legislativas el 1º de febrero; eventual balotaje presidencial el 5 de abril.

Perú: elecciones presidenciales y legislativas el 2 de abril; eventual balotaje presidencial el 7 de junio.

Colombia: elecciones legislativas el 8 de marzo; primera vuelta de las presidenciales el 31 de mayo; eventual balotaje presidencial el 21 de junio.

Haití: elecciones generales el 30 de agosto; eventual balotaje presidencial el 6 de diciembre.

Brasil: Elecciones generales el 4 de octubre; eventual balotaje presidencial el 25 de octubre.

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BBC

Los de Costa Rica tal vez también sean los primeros comicios con polémica del año en la región: el Tribunal Supremo de Elecciones pidió levantar el fuero del presidente, Rodrigo Chavez, por presunta intervención indebida en el proceso electoral, pero el legislativo bloqueó esa solicitud en diciembre.

Chaves, que niega haber actuado de forma incorrecta y tiene prohibida la reelección, goza de buenos índices de aprobación que pueden favorecer a la candidata de su partido para sucederlo, su exjefa de gabinete Laura Fernández.

La exprimera dama de centroizquierda Claudia Dobles, el diputado de ultraderecha Fabricio Alvarado en su tercer intento, y el exjefe de la caja de seguridad social Álvaro Ramos figuran entre otros posibles contendientes por la presidencia costarricense.

En Perú, una extraordinaria fragmentación política hace que las elecciones del 2 de abril sean impredecibles.

Hay un récord de al menos 34 candidatos inscritos para intentar ser el noveno mandatario peruano en una década. Y por ahora ninguno de ellos superaría la mitad de los votos en primera vuelta, según las encuestas, por lo que es probable que haya un balotaje presidencial el 7 de junio.

Manifestación en Lima con la bandera de Perú
Bloomberg via Getty Images
En Perú, pese al descontento con la política y la inquietud por la inseguridad, hay un número insólito de aspirantes a la presidencia anotados.

Entre los aspirantes figuran el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, declarado simpatizante de Trump, y la derechista Keiko Fujimori, en su cuarto intento por alcanzar el cargo que ocupó su padre, Alberto Fujimori, fallecido en 2024.

Pero en Perú también prevén postularse a la presidencia desde un comediante hasta un exarquero de fútbol.

Y, en un clima de fuerte apatía política, con la seguridad pública al tope de las preocupaciones de los peruanos, quizás elijan a un virtual desconocido como ocurrió en 2021 con el maestro y sindicalista Pedro Castillo, quien al año siguiente fue destituido y detenido acusado de intentar un autogolpe de Estado.

Dos retos para la izquierda

En Colombia, el ciclo electoral de 2026 promete ser extenso y acalorado: el 8 de marzo son los comicios legislativos y las consultas interpartidistas para seleccionar candidatos presidenciales, el 31 de mayo la primera vuelta por la presidencia y, si nadie supera la mayoría absoluta de votos, habría un balotaje el 21 de junio.

Se perfilan dos bloques bien marcados, cada uno con varios precandidatos presidenciales.

Uno está vinculado al oficialismo de izquierda (con Iván Cepeda, Roy Barreras y Camilo Romero como posibles postulantes) y otro a la oposición de derecha (con Mauricio Cárdenas, Vicky Dávila, Juan Manuel Galán, Aníbal Gaviria, David Luna, Juan Daniel Oviedo y Paloma Valencia entre los precandidatos).

Sin embargo, pueden surgir más competidores por la presidencia de figuras como el centrista Sergio Fajardo, el conservador Miguel Uribe (padre del senador homónimo asesinado el año pasado), la exalcaldesa progresista Claudia López o el abogado de ultraderecha Abelardo de la Espriella.

Gustavo Petro
AFP via Getty Images
Pese a que tiene impedido buscar la reelección, Gustavo Petro se perfila como un protagonista de las elecciones presidenciales de Colombia este año.

A la seguidilla de votaciones se añade la iniciativa impulsada desde el gobierno de Gustavo Petro de recolectar firmas para llamar a una asamblea constituyente, lo cual podría dar un envión extra a la izquierda en plena campaña electoral y es visto con recelo por la oposición.

Petro, que tiene vedada la reelección, registra altos índices de desaprobación, pero mantiene una base de respaldo firme de cerca de un tercio del electorado. Y ambos datos podrían incidir en la definición de su sucesor.

Luego de las elecciones colombianas y antes de las brasileñas, Haití prevé celebrar sus primeros comicios en casi una década, en medio de una crisis humanitaria y la descomunal violencia desatada por bandas armadas.

El Consejo Electoral Provisional del país caribeño marcó el 30 de agosto para la primera vuelta y el 6 de diciembre para un posible balotaje. Pero advirtió que deberá haber un marco de seguridad y recursos financieros: sin esos requisitos, es probable que las elecciones haitianas vuelvan a postergarse.

En Brasil, la polarización política de cara a las elecciones del 4 de octubre es tal que una publicidad reciente de la marca de chanclas Havaianas llevó a un llamado de boicot de la derecha porque invitaba a iniciar el 2026 “con los dos pies” y no sólo “con el pie derecho”.

Todo indica que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, buscará ser reelecto en una posición de ventaja frente a la derecha, que llega golpeada y dividida tras la condena en septiembre del exmandatario Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado.

Una mujer vestida con un uniforme de la alcaldía de Río de Janeiro sostiene una caja que dice
Getty Images
Brasil tendrá un nuevo ciclo de elecciones este año, en un clima de intensa polarización política.

Bolsonaro indicó como precandidato presidencial a su hijo, el senador Flávio Bolsonaro. Pero esto parece lejos de convencer a todo el espectro de derecha, donde se barajan posibles alternativas de postulantes como los gobernadores Tarcísio de Freitas (São Paulo), Ratinho Junior (Paraná) o Romeu Zema (Minas Gerais).

“Por los números actuales de las encuestas, esa división podría llevar a una victoria de Lula en la primera vuelta, sin precisar de un balotaje (previsto para el 25 de octubre). Eso sería inédito: las tres veces que Lula fue electo presidente, ganó en segunda vuelta”, dice el politólogo brasileño Maurício Santoro a BBC Mundo.

Pero recuerda que Lula cumplió 80 años en octubre, es el presidente de mayor edad en la historia de Brasil y, si bien parece gozar buena salud, cualquier eventual percance o enfermedad que le impida competir otra vez dejaría a la izquierda sin un candidato natural para sucederlo.

Una derrota del oficialismo en Brasil o Colombia dejaría a la izquierda latinoamericana aún más debilitada tras una reciente serie de triunfos conservadores en la región, el último de ellos del ultraderechista chileno José Antonio Kast el mes pasado para suceder al presidente izquierdista Gabriel Boric.

El factor Trump

Una de las claves por las que Lula logró revertir una caída en sus índices de aprobación el año pasado fue su fuerte enfrentamiento con Trump, observan expertos.

El presidente de EE.UU. impuso en julio aranceles y sanciones a Brasil para intentar detener el juicio contra su aliado Bolsonaro, pero Lula respondió que el suyo “es un país soberano con instituciones independientes que aceptará ser controlado por nadie”.

Al final, Bolsonaro fue preso, Trump y Lula hicieron las paces y EE.UU. desistió de buena parte de los aranceles productos de Brasil, cuyo presidente se presentó como defensor de los intereses nacionales.

“Brasil hoy es una gran paradoja”, observa Santoro. “Tal vez sea el único país del mundo donde Trump terminó amistándose con un presidente de izquierda y su interferencia en la política brasileña terminó beneficiando a un gobierno de izquierda”.

Trump reunido con Lula
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Luego de enfrentarse, Trump y Lula lograron conversar y alcanzaron acuerdos.

Por eso, quizás Trump busque influir en otros comicios de la región antes que en las brasileñas.

“De las elecciones que se celebrarán en 2026 en la región, ninguna es más trascendental que las de Colombia y Brasil”, observa Arnson desde EE.UU. “Ya hay indicios sutiles y no tan sutiles de apoyo del gobierno (de Trump) a la derecha colombiana”.

EE.UU. ha sancionado a Petro por presunta falta de colaboración en la lucha contra el narcotráfico, algo que el presidente colombiano rechaza enfáticamente.

El pulso con Trump puede tener riesgos para Petro: el principal socio comercial de Colombia sigue siendo EE.UU. y cuatro de cada cinco colombianos cree importante que su candidato presidencial tenga buenas relaciones con Washington, según una encuesta reciente de Invamer.

Sin embargo, aún está por verse que efecto causaría Trump si decidiera apoyar abiertamente una opción electoral en ese u otros países de la región este año, como hizo con Argentina y Honduras en 2025.

Al menos en el caso de Colombia, advierte Arnson, “la interferencia política (de Trump) podría provocar una reacción adversa, tal como ocurrió en Brasil”.

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