
Integrantes del Refugio Franciscano y activistas se movilizaron este miércoles en el predio ubicado en Cuajimalpa para exigir que el albergue les sea entregado conforme a una disposición judicial e intentar impedir el operativo con el que autoridades capitalinas retiraron a 936 animales por presunto maltrato, acción que los manifestantes calificaron como un contubernio para despojar al refugio del predio.
El despliegue ocurrió después de que la jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunciara en conferencia de prensa que la administración capitalina asumiría temporalmente la custodia de los animales tras documentarse condiciones de maltrato, y sostuvo que el gobierno actuará más allá del conflicto “entre particulares”, mientras continúa la disputa judicial por el predio ubicado en Carretera México–Toluca km 17.5, colonia Lomas de Vista Hermosa, entre el Refugio Franciscano y la Fundación Antonio Haghenbeck y de la Lama I.A.P.

León Téllez, integrante del patronato del Refugio Franciscano, dijo en entrevista con Animal Político, desde la manifestación en el predio, que “desde ayer en la noche se intentó implementar un operativo para acordonar la zona y permitir que las autoridades ingresaran y empezaran a coordinar el desalojo de los animales”.
Téllez sostuvo que este operativo se realizó pese a que un juzgado federal suspendió el desalojo del 11 de diciembre y ordenó la restitución del predio y la custodia de los animales al Refugio.
“A partir de hoy se debía ejecutar precisamente la devolución del predio en su posesión y la custodia de los animales al Refugio Franciscano; sin embargo, sucedió sorpresivamente que ellos no sé en qué forma desacataron esta orden judicial y buscaron retirar a los animales antes de ejecutar esta orden de devolución”.
El integrante del patronato también defendió el trabajo histórico del refugio y rechazó que en el sitio exista maltrato: “Nos han estado difamando, nos han estado denunciando (…) la PAOT hizo también verificaciones, la alcaldía hizo verificaciones y no encontró maltrato animal y ahora casualmente sí lo encontraron”.
Asimismo, atribuyó el conflicto a diferencias con la Fundación Antonio Haghenbeck por la posesión del predio y señaló que el refugio operó ahí por un comodato ligado al testamento del fundador de la fundación.

Por su parte, la médica veterinaria y perito del Refugio Franciscano, Antonia Sánchez, afirmó que la condición de los animales es adecuada y rechazó los señalamientos de maltrato expuestos por autoridades capitalinas.
También responsabilizó a la Fundación Haghenbeck de buscar apropiarse del predio: “Es obvio (…) para poder distorsionar la realidad y poderse apropiar de un predio que vale millones de dólares”.
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En tanto, la abogada del refugio, Jessica Paola Dávalos, acudió con una copia de la suspensión judicial que, asegura, impide entregar animales al gobierno capitalino y ordena restituir el inmueble. “Traemos una orden de suspensión… para que no puedan entregar a ningún animal y que nos entreguen el inmueble al Refugio Franciscano”, señaló. Dijo que esperaban la llegada de autoridades judiciales: “Que nos ayuden los juzgados federales a dar cumplimiento a la orden de suspensión”.
Mientras la abogada informaba a los presentes sobre la suspensión con un megáfono, ocurrió un incidente con elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) que estaban desplegados en el lugar.
Los policías intentaron encapsular a los manifestantes, momento en el que Dávalos dijo: “Nos están aventando, nos están agrediendo”, mientras sostenía que la orden federal indicaba que “no puede sacar a un solo animal y nos tienen que entregar el predio”.

Tras el incidente, Jonathan Uribe, integrante del refugio, responsabilizó a la Fundación Haghenbeck y acusó riesgos para la integridad del personal. “Culpabilizo de todo lo que nos pase a mí y a todo el equipo franciscano y animalistas”, afirmó.
También acusó el uso de camiones de basura por parte de las autoridades para retirar a los animales del refugio.
Horas antes, en conferencia de prensa, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunció que el gobierno de la CDMX resguardaría temporalmente a los al menos 936 perros y gatos del predio. Afirmó que el operativo responde “exclusivamente al bienestar de los animales” y que “nuestra prioridad ha sido garantizar el bienestar de los animales y no el conflicto jurídico de un predio”.
La fiscal de la CDMX, Bertha Alcalde, informó que el aseguramiento del inmueble deriva de una investigación iniciada en diciembre después de denuncias ciudadanas. Señaló que peritajes encontraron “afectaciones compatibles con maltrato o crueldad” y condiciones de hacinamiento, acumulación de excretas, deficiencias de ventilación y luz, y uso de medicamentos caducados. Indicó que 20 animales estaban hospitalizados y 21 habían fallecido fuera del inmueble.

El titular de la SSC, Pablo Vázquez, explicó que el operativo incluyó 200 elementos para proteger el aseguramiento de los animales.
Brugada dijo que los perros y gatos serán trasladados a instalaciones de la Brigada de Vigilancia Animal, el Hospital Veterinario de la Ciudad de México y un albergue en el Ajusco.
La mandataria reiteró que el gobierno capitalino no tiene interés en el predio y que respetarán las resoluciones judiciales: “No estamos interesados en intervenir en ese predio, respetaremos absolutamente la decisión judicial al respecto”.

Los saunas y los baños en agua fría están en auge, pero ¿qué dice realmente la ciencia sobre sus beneficios?
Si echas una mirada a las redes sociales, te encontrarás con información que asegura que los saunas y los baños fríos son casi una cura milagrosa, que refuerzan el sistema inmunitario, queman grasa y solucionan todo, desde dolores articulares hasta el bajo estado de ánimo.
Pero la realidad, según los expertos, tiene más matices.
“Mucha gente confía ciegamente en la exposición al calor y al frío, pero aún no tenemos pruebas suficientes para afirmar que sea categóricamente beneficiosa”, afirma la Heather Massey, profesora asociada de la Universidad de Portsmouth, Reino Unido, especializada en entornos extremos y fisiología.
Massey explica que nuestros cuerpos son “increíblemente” capaces de mantener estable la temperatura corporal, normalmente entre 36,5 °C y 37 °C.
En la vida cotidiana, muchos de nosotros rara vez desafiamos ese sistema, pasando largos periodos en espacios con calefacción o aire acondicionado.
No obstante, calentar o enfriar el cuerpo crea un pequeño estrés, afirma, lo cual puede desencadenar respuestas adaptativas o protectoras.
Para algunas personas el sauna es una recompensa después del ejercicio, mientras que para otras es un atractivo en sí mismo.
Muchos asiduos lo recomiendan, convencidos de que 15 minutos de calor intenso hacen maravillas para el cuerpo y la mente.
Y sin duda puede sentirse bien.
“Cuando te sientas en un sauna y sudas, puedes sentirte más suelto, más libre, con un poco más de movilidad, y tus dolores y molestias pueden desaparecer un poco por sí solos”, le explica Massey al podcast What’s Up Docs de la BBC.
“Así que definitivamente hay algún beneficio al usar el sauna, pero la pregunta es si se trata de un beneficio para la salud a largo plazo o más bien algo psicológico”, agrega.
Massey señala que en un estudio reciente, varias personas realizaron sesiones repetidas de jacuzzis y los resultados mostraron cambios en la insulina y la presión arterial.
“Estamos empezando a explorar si calentar el cuerpo podría ayudar a las personas que viven con enfermedades crónicas”, cuenta.
Aun así, insta a la cautela con las afirmaciones contundentes sobre la salud, ya que la evidencia científica sólida aún es limitada.
“Nunca hemos hecho un ensayo adecuado sobre el sauna”, dice. “Sospecho que encontraremos beneficios en el futuro, pero aún no lo hemos logrado”.
Por ahora, dice, es razonable disfrutar del ritual por cómo te hace sentir, sin asumir que es un atajo garantizado para una mejor salud.
Y si pruebas saunas o jacuzzis, Massey recomienda precaución: “Comienza poco a poco”, y consulta primero con tu médico de cabecera si tienes alguna enfermedad subyacente o estás embarazada.
Algunas personas van en la dirección contraria. Los grupos de natación en agua fría son cada vez más populares y los chapuzones matutinos ya son habituales en playas, lagos y ríos.
Massey, que ha cruzado el canal de la Mancha a nado y ha competido en el campeonato mundial de natación en hielo, nada en agua fría una vez a la semana, pero solo pasa un par de minutos en el agua.
Al principio le resulta doloroso, pero ese impacto inicial es justo lo que la gente busca.
“Cuando te sumerges por primera vez, experimentas una respiración entrecortada y acelerada”, explica. La frecuencia cardíaca y la presión arterial se incrementan, y las hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, se disparan.
“Esa respuesta alcanza su punto máximo a los 30 segundos y luego disminuye muy rápidamente”, añade.
La exposición repetida reduce la respuesta de impacto y, tras varios baños cortos, puede reducirse en aproximadamente un 50%.
Al igual que con los saunas, la gran pregunta es si los beneficios provienen de la temperatura en sí o de todo lo que la rodea.
La natación en agua fría suele practicarse al aire libre y en compañía. “Es una actividad con múltiples mecanismos: naturaleza, movimiento y conexión social, y todos están interrelacionados”, afirma Massey.
El presentador del podcast, el doctor Chris van Tulleken, coincide en que es difícil separar esos factores: “No sabemos si el beneficio reside en el agua fría en sí o en estar con un grupo de personas divertidas y hacer algo desafiante juntos”.
Para Massey, sin embargo, el punto de partida no es la temperatura, sino el disfrute.
“Hablo con personas que salen a correr cada semana y describen exactamente la misma sensación que otras personas experimentan nadando en agua fría”, dice.
“Lo importante es encontrar algo que disfrutes, que puedas hacer con regularidad e idealmente que puedas compartir con otros, ya que crear un grupo de amigos en torno a una actividad puede reducir el estrés psicológico”.
Esto puede ser cualquier cosa, desde jardinería, observación de aves, unirse a un coro o simplemente caminar con amigos.
Así que, aunque los saunas y los baños fríos no sean esenciales para la buena salud, dice Massey, aún pueden ofrecer algo positivo.
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