
Un video que circula en redes sociales advierte que no se deben realizar biopsias, ya que asegura que este procedimiento provoca metástasis. Sin embargo, la evidencia científica indica que el riesgo de que una biopsia o cirugía oncológica cause la diseminación del cáncer a otras partes del cuerpo es extremadamente bajo.
El video circula en X, TikTok y Facebook, y acumula más de 50,000 vistas. En este se asegura que durante una biopsia “te dejan el tumor abierto, todos los gérmenes que están acá (dentro del tumor), salen”, supuestamente causando metástasis. También, asegura que en el 100 % de los casos que se realiza una biopsia mandan al paciente a quimioterapia.
De acuerdo con la Sociedad Americana del Cáncer, es extremadamente raro que el cáncer se propague después de una biopsia. El Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos señala que los cirujanos siguen procedimientos estándar y usan métodos especiales para prevenir la diseminación de células cancerosas durante biopsias y cirugías para extirpar tumores.
Dicho instituto también aclara que la exposición al aire no hace que los tumores crezcan más rápido ni causa que el cáncer se disemine a otras partes del cuerpo.
El Sabueso habló con el oncólogo Alan David Pérez Fregoso, quien nos explica que la probabilidad de que una biopsia propague el cáncer —llamado siembra tumoral— es menos del 0.1 %. Y que en los casos en que se llega a presentar también es debido a las características propias del tumor, especialmente si es agresivo.
Además, contrario a lo que se asegura en el video, el cáncer no es una infección, por lo que no hay “gérmenes” que puedan salir durante una biopsia. En realidad, se trata de células del propio cuerpo que se multiplican sin control y se diseminan a otras partes del cuerpo.
Una biopsia es un procedimiento que se realiza para extraer una muestra de tejido o de células del cuerpo para su análisis en un laboratorio, de acuerdo con la Clínica Mayo.

Por otro lado, la metástasis es cuando el cáncer se disemina desde el lugar donde se formó hasta otra parte del cuerpo. Estas células viajan por el cuerpo a través de la sangre o el sistema linfático y forman un tumor nuevo en otros órganos o tejidos.
La Sociedad Americana del Cáncer explica que es extremadamente raro que el cáncer se propague después de una biopsia, aunque técnicamente es posible. Cuando llega a ocurrir se le conoce como “siembra tumoral” y pasa cuando la aguja insertada en un tumor durante la biopsia desaloja y disemina las células cancerosas.
Explican que para evitar este riesgo, los médicos aplican protocolos específicos y utilizan técnicas diseñadas para impedir la diseminación de células cancerosas durante las biopsias. Entre estas medidas está el uso de distintos instrumentos quirúrgicos cuando se intervienen diferentes áreas del cuerpo.
El doctor Alan David Pérez coincide en que las biopsias se realizan con técnicas que buscan minimizar cualquier riesgo, incluidos sistemas de imágenes, como ultrasonidos o tomografías, y tomando en cuenta el trayecto de la aguja. Pero señala que, incluso si de manera excepcional quedaran células tumorales en el trayecto, el sistema inmune suele eliminarlas.
Entonces, cuando se llega a presentar la siembra tumoral, que es algo muy raro, suele estar relacionado con tumores particularmente agresivos o con la presencia previa de micrometástasis.
Por ejemplo, una investigación de 2005 publicada en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos revisó 26 estudios científicos e identificó que la siembra tumoral tras biopsias de próstata ocurre en menos del 1 % de los casos.
Además, no hay evidencia de que en el 100 % de los casos una biopsia conduzca a quimioterapia, como asegura el video viral. “Es completamente falso en todos los rubros y aspectos”, aclara el especialista. “No todas las biopsias van a resultar en cáncer. Si se solicita la biopsia es porque se tiene sospecha, por eso es que es el paso inicial, corroborar o no, confirmar o no, si se trata de un cáncer”.
Además, explica que en caso de que sí se diagnostique cáncer, el primer paso es saber qué tan avanzado está. Dependiendo de la etapa y de dónde se localiza la enfermedad, se despliegan todas las opciones de tratamiento; la quimioterapia es una de ellas, pero no la única.
Existen distintos tipos de biopsias, que van desde la toma de pequeñas muestras con aguja hasta procedimientos quirúrgicos o endoscópicos, y se utilizan para obtener tejido o células del cuerpo que permitan diagnosticar cáncer, conocer sus características y determinar la extensión de la enfermedad. El tipo de biopsia depende de la ubicación del tejido, del cáncer que se sospecha y del objetivo del estudio.
En la mayoría de los casos, la biopsia es la única forma de obtener un diagnóstico definitivo de cáncer, asegura la Clínica Mayo. El doctor Pérez afirma que es el método más confiable para diagnosticar la enfermedad y que solo existen como dos o tres tipos de cáncer que no requieren una biopsia, porque tienen otras herramientas o es diferente el abordaje.
“Si por algún motivo el equipo médico al que estás acudiendo te solicita o te está pidiendo una biopsia, yo sé que puede asustar, yo sé que puede dar miedo, pero no hay que olvidar que es el paso inicial. Solamente de ahí se van a desprender todas las opciones que podamos tener y en la mayoría de los casos no hay manera de brincar ese paso. Es por donde se arranca, al menos en el tema de la oncología”, asegura el doctor Alan David Pérez Fregoso.
En conclusión, es falso que las biopsias causan metástasis, la evidencia científica muestra que la probabilidad de que eso suceda es extremadamente baja.


Aunque muchos narcotraficantes viniesen de otras regiones, la ciudad de Guadalajara ha sido la base práctica y simbólica del auge del narco en México. Nadie lo demostró tanto como el El Mencho.
Mario, vecino del municipio de Tlaquepaque, en Guadalajara, hace fila en una tortillería el lunes en la tarde. “Son compras de pánico”, dice, ante una cola kilométrica.
El domingo, las autoridades mataron a “El Mencho”, el narco más buscado del país, y en represalia su gente sitió la ciudad con bloqueos, quemas y enfrentamientos.
Después de tres horas, con sus tortillas bajo el brazo, Mario explica: “Ayer la violencia estuvo muy cerca y hoy ya menos, pero el temor sigue y la gente se prepara para cualquier evento que pueda regresar”.
Él hizo la fila para las tortillas, una de sus hijas para el pollo, su esposa para las verduras.
La calma ha ido volviendo a la capital de Jalisco, el estado que da nombre al cartel que lideraba El Mencho: Cartel de Jalisco Nueva Generación. Pero, según Mario, que como conductor de taxi conoce las calles y la gente de primera mano, “el temor persiste”.
“Este tipo de medidas (matar a un capo del narco) tal vez son necesarias, urgentes, pero los más golpeados somos la ciudadanía, los que trabajamos en la calle. Ya son 15 años de esto”.
15 años, tal vez más, en los que Guadalajara se convirtió en la capital del narco: allí donde lavan la mayor parte de sus ganancias, desaparecen más personas que en cualquier parte y controlan regiones enteras en las que montan centros de reclutamiento y entrenamiento militar.
“En casi todas las colonias de la zona metropolitana se han encontrado fosas de cuerpos, y se ha ejecutado y torturado gente”, asegura Mario. “Es muy triste lo que se ha vivido en nuestro estado”.
A Guadalajara, una de las tres sedes mexicanas del Mundial de fútbol 2026, se le conoce como “la segunda ciudad de México” por muchas más razones que su población, cuyo número, entre 5 y 6 millones de habitantes, es el mismo que Monterrey.
Es la segunda ciudad, también, por historia, porque durante la Colonia y el siglo XIX se fundó allí un polo de poder, económico y cultural, tan fuerte como Ciudad de México.
En algún sentido es incluso la primera ciudad, porque de ahí sale la cultura mariachi, ranchera y tequilera que le dio fama al país.
Y en lo que al narco se refiere también: al ser el eje geográfico y económico de una vasta región cercana a Estados Unidos que incluye relevantes estados como Sinaloa, Guanajuato y Michoacán, los narcos hicieron de la capital jalisciense su base durante el auge de la industria en los años 80 y 90.
“Desde que tengo recuerdo esta ciudad está atravesada por el narco”, dice Verónica López García, una experimentada periodista cultural de la ciudad. “Primero fue su casa elegida, lo que nos dio una falsa seguridad, y luego nos convirtieron en un campo de guerra, en un territorio en disputa”.
Lo que ocurrió el domingo por la caída de El Mencho no fue la primera vez que la ciudad vive una ola de violencia, aunque sí una de las más graves.
Entre los ejemplos en la memoria de los tapatíos están el Rancho Aguirre, un centro de entrenamiento paramilitar encontrado a 30 kilómetros el año pasado; o la cifra de desaparecidos, que en Jalisco registra cerca de 16.000; o las veces que aparecieron cuerpos colgados de un puente; o la muerte del arzobispo en un tiroteo entre bandas del narco en 1993.
En 1985 ocurrió un caso clave: el narco mató a Enrique “Kike” Camarena, un agente mexicano-estadounidense de la DEA (Administración de Control de Drogas) que estaba investigándolo.
Un golpe de poder con el que el narco, en ese entonces en manos del Cartel de Guadalajara, quiso mostrar su poderío en una ciudad donde hasta entonces había mantenido el bajo perfil.
En estas tres décadas Guadalajara vivió un boom inmobiliario y reemplazó su vocación industrial por una economía de los servicios y la tecnología, y en ambos procesos el narco tuvo cierta participación.
El Mencho no solo traficó metanfetamina y fentanilo, sino que construyó un imperio criminal con sofisticadas operaciones de lavado de activos y extorsión.
El Departamento del Tesoro de EE.UU. estima que ocho de cada 10 negocios utilizados para lavar dinero en México ocurren en Jalisco y que 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están allí.
También calcula que el 80% de las empresas dedicadas al lavado en México están relacionadas con el CJNG.
Es difícil que esto ocurriera sin la complicidad de élites gobernantes.
En el caso Camarena se comprobó que oficiales estatales omitieron importantes detalles y encubrieron a algunos de los acusados. Con frecuencia surgen casos de policías destituidos por colusión con el narco. Al alcalde del emblemático municipio de Tequila lo arrestaron por lo mismo.
Jalisco es uno de los estados con mayor impunidad del país: la tasa de casos no resueltos por el poder judicial es, según un estudio de la Universidad de Guadalajara, del 99%.
De muchas maneras, Guadalajara no fue tomada por el narco: fue cedida. Los narcos se volvieron parte de la sociedad. Sus hijos entraron a los colegios.
Surgieron lujosos barrios y centros comerciales que hasta el más ingenuo de los tapatíos ve como parte del fenómeno narco.
Surgió una cultura con manifestaciones musicales, estéticas, incluso aspiracionales que para muchos en Jalisco era la única vida posible: la “cultura buchona”, esa estética y estilo de vida ostentosos que traspasaron las fronteras del narco.
“Cuando estaba en la preparatoria, a finales de los 80, vi los primeros indicios de esto, de gente con autos de lujo, que iban a Puerto Vallarta de vacaciones”, dice López García.
“Eventualmente decidí no ser parte, no ir a tal fiesta, así quisiera, porque sabía que algún vínculo con el narco tenía”.
Pero no todos tienen la posibilidad de tomar esa decisión, advierte Verónica: “O porque es la única solución económica, o porque es lo que te exige la cultura, hay mucha gente, muchos chavos, que lo asumieron como parte del paisaje”.
En una región desigual donde el trabajo informal es la norma, tranzar con el narco fue la única opción para muchos campesinos, pequeños emprendedores o jóvenes deseosos de surgir.
“Soy el dueño del palenque, cuatro letras van al frente”, dice un corrido dedicado a El Mencho.
Las cuatro letras son las del CJNG y la canción es una oda al líder: “Soy el señor de los gallos, el del cártel jalisciense”.
El líder cuya muerte revivió el trauma histórico de Guadalajara, la ciudad que el narco convirtió en su casa.
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