
Cada año es parte fundamental de nuestras casas, de centros comerciales y hasta de plazas públicas. Pero, ¿sabes cuál es el cuál es el origen del árbol de Navidad?
Ya pensándolo fríamente sí está medio rara la idea de cortar un árbol para llevarlo a nuestras casas, adornarlo y que esté ahí unas cuantas semanas. Pero no podemos negar que es una tradición que amamos y que nos permite pasar grandes momentos con las personas que amamos.
Después de todo, junto con Santa Claus, es uno de los símbolos más icónicos de la Navidad. Así que aquí te dejamos más sobre su origen, significado y evolución.

La respuesta es un poco complicada, pues no hay como tal una sola persona o suceso a quien le podamos atribuir el origen del árbol de Navidad.
Sin embargo, resumiremos que su nacimiento se debe al Cristianismo adueñándose de tradiciones “paganas”.
Los árboles han sido usados en distintos rituales y decoraciones desde tiempos antiguos y podría decirse que el antecedente del árbol de Navidad eran árboles utilizados durante distintas celebraciones del solsticio de invierno.
De acuerdo a BBC, varios historiadores coinciden en que el origen del árbol de Navidad puede ligarse a San Bonifacio (680 – 754).
Resulta que este hombre, evangelizador de Alemania, descubrió un pueblo donde adornaban un árbol (un roble, según algunos textos) en una fecha próxima a la Navidad cristiana.
Sin embargo, este iba acompañado de un sacrificio humano y cuando Bonifacio descubrió eso, decidió agarrar un hacha y derribar el árbol. Algunas versiones dicen que decretó un perenne cercano como su “nuevo árbol sagrado”; pero otras fuentes aseguran que en el lugar del roble caído creció un abeto.
Y por si no fuera poco, medios como Muy Interesante señalan que fue el mismo Bonifacio quien adornó el árbol. Sin embargo, fue con elementos relacionados a historias de la Biblia, como manzanas por Adán y Eva.
Repetimos que hay varias versiones sobre el origen del árbol de Navidad y una de ellas dice que fue el reformado protestante Martín Lutero fue la primera persona en ponerle luces.
¿La razón? Disque porque centelleaban con estrellas en una noche invernal. Sin embargo, en ese momento eran velas.
Carole Cusak, historiadora australiana de la religión, le cuenta a National Geographic que emigrantes alemanes se llevaron esa tradición a otros países y que para el siglo XVIII, los árboles de Navidad ya estaban por toda Europa.
Igual hay un enorme debate entre las ciudades de Tallin, en Estonia, y Riga, en Letonia. Ambas se disputan el primer encendido del árbol navideño en una plaza pública alrededor de 1510.
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Se dice que a Inglaterra llegó por ahí de 1829; sin embargo, el origen del árbol de Navidad que conocemos hoy nace en la década de 1840.
Times explica que fue en diciembre de 1848 cuando salió una ilustración en un periódico inglés que mostraba a la reina Victoria, el príncipe Alberto y sus hijos admirando un árbol de Navidad.
Lo que llama la atención es que este se ve como uno mucho más parecido a los de la actualidad: con adornos que parecen esferas y hasta juguetes en la base.

National Geographic explica que esa misma ilustración fue republicada después en la revista Godey’s Lady’s Book en Estados Unidos.
Solo que le hicieron algunos cambios, como quitarle la corona a Victoria y el bigote de Alberto para que pareciera una familia estadounidense. Esta misma imagen ayudó a popularizar el árbol de Navidad.
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Como sabes, Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota llegaron a la ciudad de México en 1864 para tomar posesión del recién formado Imperio Mexicano.
Trajeron muchas cosas y modas de sus países y se dice que entre ellas estaba la tradición del árbol de Navidad. Sin embargo, tras el fusilamiento del monarca, esta costumbre fue abandonada y retomada posteriormente.
Aunque otras referencias indican que el árbol ya se colocaba desde años antes de la llegada de Maximiliano en los hogares de familias europeas, principalmente en las de origen alemán que radicaban en México.
Esto sucedió hasta 1878, cuando el general Miguel Negrete puso uno en su casa como influencia de sus viajes a Europa y Estados Unidos.

Además de la semana laboral, la aprobación de la ley en México también trajo consigo la apertura del diálogo sobre otros temas vinculados a los derechos laborales, como las vacaciones, las horas extras, la informalidad del empleo y la brecha de género en el mercado.
El Congreso mexicano aprobó este martes una histórica ley de enmienda constitucional para reducir, de forma gradual, la semana laboral de 48 horas a 40, que comenzará a implementarse el próximo año.
La ley, que fue impulsada principalmente por la presidenta Claudia Sheinbaum y el oficialismo, indica que la semana laboral será de 40 horas para el año 2030, un cambio sustancial para miles de trabajadores en el país y que se alinea con las tendencias globales de reducción de los horarios de trabajo.
En América Latina, otros países como Ecuador ya implementaron la semana laboral de 40 horas.
Sin embargo, distintos analistas y principalmente parlamentarios de la oposición señalaron que la misma ley aumenta las horas extras semanales y, sobre todo, mantiene solo un día de descanso por cada seis trabajados.
De acuerdo a los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la segunda economía de América Latina -detrás de Brasil- presenta uno de los peores equilibrios entre vida personal y laboral, además de bajos índices de productividad laboral y los salarios más bajos entre los 38 estados miembro del grupo, que incluye a Colombia, Chile y Costa Rica.
Por ello, el oficialismo celebró la decisión tomada casi de forma unánime por el Congreso mexicano. “La semana laboral de 48 horas ha estado en la legislación mexicana por 106 años. Ya era tiempo de que eso cambiara”, dijo el coordinador sindical y diputado oficialista Pedro Haces, que hizo parte de la propuesta.
“La productividad no se mide por el agotamiento. Se construye con dignidad”, añadió.
Sin embargo, distintos diputados y representantes de los trabajadores criticaron la ley por no incluir los dos días de descanso por cada cinco trabajados, tal como se había previsto en un borrador inicial.
“Es una reforma regresiva en muchos sentidos. En inicio, no se están cumpliendo los dos días de descanso, que es el espíritu original de la propuesta que presentamos como parte del frente”, dijo al diario El País Ángel Castellanos, vocero del Frente Nacional por las 40 horas.
Pero, ¿qué otros países de América Latina tienen 40 horas en su semana laboral y cuáles incluso la han aumentado a 60?
Aunque la semana laboral de 40 horas, que se divide por lo general en cinco días de ocho horas de trabajo, se ha establecido en gran parte de los países del hemisferio occidental, lo cierto es que ha tardado en volverse norma en América Latina.
En países de Europa incluso se están adelantado iniciativas para reducir la semana laboral a cuatro días, con tres de descanso. Sin embargo, en la región latinoamericana gran cantidad de países continúan con jornadas laborales entre 44 y 46 horas semanales, que incluyen los días sábados.
Esto, a pesar de las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que busca entablar un diálogo en los países de la región que permita tener horarios laborales que tiendan a un mejor equilibrio entre vida personal y trabajo.
“El tiempo es un recurso finito e irrecuperable. La forma en que se distribuye entre trabajo, vida personal y descanso impacta profundamente en la salud, la productividad y la cohesión social”, señala la organización en un informe de 2025 dedicado a América Latina.
Hasta el momento, el único país de América Latina que actualmente tiene una semana laboral de ocho horas en cinco días a la semana es Ecuador. Y está en vigor desde hace 46 años.
En agosto de 1980, se convirtió en el primer país de la región en habilitar esta semana laboral limitada.
Los otros países que están en proceso de llegar a las 40 horas semanales son Chile y, desde este martes, México.
En Chile, con la aprobación de la ley 21.561 en abril de 2024, avanza un proceso de reducción de horas laborales. Primero se pasó de 48 a 44 horas; el próximo abril la semana trabajable se reducirá a 42 y se espera que para abril de 2028 finalmente se llegue a una jornada de 40 horas totales por semana.
Con la ley aprobada este martes, México también iniciará un proceso gradual de reducción del horario de trabajo, que espera se termine de implementar en 2030.
Tanto en Ecuador como en Chile se introduce la flexibilidad para aplicar estas determinaciones, donde los trabajadores pueden negociar la mejor forma de trabajar. Sin embargo, en Chile el límite de horas laborables es de 10 al día.
Colombia es el país de la región que, detrás de Chile, Ecuador y México, más se acerca a reducir sus horarios laborales a las 40 horas.
Actualmente está por concretar la implementación de la ley 2.101 de 2021, que estableció la reducción de la semana laboral en un país donde durante décadas fue de 48 horas.
En julio de este año se pasará a 42 horas semanales, que podrán ser distribuidas en cinco o seis días, con una extensión máxima de nueve horas por día.
Otros países como Guatemala, El Salvador y Brasil tienen una semana laboral de 44 horas.
Sin embargo, en Brasil, la principal economía de la región, el presidente, Lula da Silva, adelantó esta semana que está buscando poner fin a la semana laboral con solo un día de descanso (conocida como 6 x 1).
Lo llamativo es que Lula no invocó contextos técnicos para justificar su iniciativa, sino que citó a un filósofo surcoreano y su teoría sobre la “sociedad del cansancio”, que habla de la falta de equilibrio entre la vida personal y las horas dedicadas al trabajo.
“El mundo laboral se está transformando. El filósofo coreano Byung-Chul Han afirma que vivimos en una ‘sociedad de la fatiga’, donde la presión por el rendimiento afecta el equilibrio entre la vida personal y profesional”, escribió esta semana en su cuenta de X (ex Twitter).
“En Brasil, se debate la eliminación del llamado horario de trabajo 6 x 1 para garantizar que los trabajadores tengan dos días de descanso a la semana”, añadió.
Además de esto, también existe un debate en el país para incluso reducir la semana laboral a 36 horas. De hecho ya se han hecho algunos pilotos con empresas en distintas partes de Brasil.
En términos generales, lo más establecido en América Latina es una semana laboral de 48 horas máximo. Hasta hace apenas cinco años, pocos países tenían una carga de trabajo menor a ocho horas al día por seis días a la semana.
Actualmente ese modelo lo mantienen países como Argentina, Perú, Bolivia, Uruguay, Costa Rica y Paraguay.
Pero lo cierto es que, de acuerdo con la OIT, en muchos de estos países el promedio de horas trabajadas a la semana se acerca más a las 44.
Por eso en varios de estos países se están adelantando debates políticos para establecer leyes que reduzcan formalmente los horarios laborales, por lo que la decisión tomada por México tiene una fuerte influencia.
Cabe aclarar que en Argentina se está dando un agitado debate sobre las horas laborables, en el que se señala que se pasaría de ocho a 12 horas diarias. Sin embargo, la propuesta es clara en que no se debe superar el número de 48 horas totales por semana.
Sin embargo, especialistas explican que esta propuesta -que se convertiría en ley este viernes- va en contravía de las tendencias que se están viendo alrededor del mundo, que intentan reducir el tiempo dedicado al trabajo.
“Este tipo de medidas se va a convertir en un freno para la innovación empresarial y del desarrollo tecnológico”, le dijo al diario Público el economista argentino Jorge Torres.
“Quieren hacer competitivas las empresas a base de explotar a los trabajadores y no de apostar por la innovación”, añadió.
Además de la semana laboral, la aprobación de la ley en México también trajo consigo la apertura del diálogo sobre otros temas vinculados a los derechos laborales, como las vacaciones, las horas extras, la informalidad del empleo y la brecha de género en el mercado.
Por ejemplo, el promedio de días de vacaciones en América Latina es de 15 días -a diferencia de Europa, donde es 25- y la informalidad alcanza niveles importantes dentro de la actividad económica.
En México, la informalidad llega a un 55%, mientras que en otras economías importantes como Brasil y Argentina se sitúa en torno al 40%.
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