
El Comité Olímpico Internacional (COI) descalificó este jueves de los Juegos de Invierno de Milano Cortina 2026 al piloto de skeleton Vladislav Heraskevych, que quería usar un casco con imágenes de deportistas fallecidos durante el conflicto con Rusia, y Kiev reaccionó con indignación.
“El movimiento olímpico debe contribuir a poner fin a las guerras, no a seguir el juego a los agresores. Desgraciadamente, la decisión del Comité Olímpico Internacional de descalificar al piloto de skeleton ucraniano Vladislav Heraskevich dice lo contrario”, escribió el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, en las redes sociales.
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Antes, el ministro de Relaciones Exteriores, Andrii Sibiga, había dicho que el COI manchaba “su propia reputación” y que “las generaciones futuras se referirán a esto como un momento de vergüenza”.
La noticia supuso un despertar brusco en Milano Cortina, a primera hora de la mañana.
“Ha sido descalificado”, confirmó pronto un portavoz del Comité Olímpico Ucraniano.
En un comunicado, el organismo internacional afirmó que el competidor “no podrá participar” en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 “tras negarse a cumplir las directrices del COI sobre la expresión de los atletas”.
El COI había propuesto el martes al ucraniano llevar un brazalete negro en lugar del casco, como medida excepcional ante su caso, pero el deportista rechazó la propuesta.
“Esta mañana, a su llegada a las instalaciones de la competición, Heraskevych se reunió con la presidenta del COI, Kirsty Coventry, que le explicó por una última vez la postura del COI. Como en las reuniones anteriores, él se negó a cambiar la suya”, argumentó la instancia olímpica en un largo texto explicativo.

Según el portavoz del COI, Mark Adams, Coventry se ha quedado “muy afectada” por no conseguir el acuerdo. A la dirigente zimbabuense se le vio con lágrimas al abandonar el lugar.
En esas condiciones, “se tomó la decisión por parte de los jueces de la Federación Internacional (de Bobsleigh y Skeleton, IBSF), basándose en el hecho de que el casco que quería llevar no se ajusta a la reglamentación“, añade el comunicado.
En un mensaje en la red social X, Heraskevych defendió su punto de vista. “Este es el precio de nuestra dignidad”, afirmó.
Después, en declaraciones en la zona mixta, siguió defendiendo su casco: “No quería provocar un escándalo y se ha dado este escándalo porque algunas personas en el seno del COI tienen una interpretación muy extraña de sus propias reglas, lo que puede considerarse como una forma de discriminación“.
“Vladislav no tomó la salida, pero no está solo, tiene a toda Ucrania con él y la tendrá siempre. Cuando un deportista defiende la verdad, el honor y la memoria, ya es una victoria. Un triunfo de Vladislav. Un triunfo para todo el país”, dijo por su parte el Comité Olímpico Ucraniano en un comunicado.
El abanderado de Ucrania en estos Juegos Olímpicos participó el lunes y el miércoles en los entrenamientos con un “casco memorial”, según el término usado por su entorno, de color gris y que lleva las imágenes serigrafiadas de varios de sus compatriotas fallecidos en la guerra.
En su encuentro diario con la prensa este jueves, el portavoz del COI insistió en que su organismo quería que Heraskevych participara.
“Hubiera enviado un mensaje con mucha fuerza. No es para nosotros una cuestión de mensaje (…) es el lugar. No podemos aceptar que los deportistas sufran presiones de parte de sus responsables políticos”, dijo.
El COI tiene como norma no permitir referencias políticas durante las competiciones y las ceremonias de entrega de medallas, según la Carta Olímpica.
Contactado por la AFP en la mañana del jueves en Italia, el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) indicó en ese momento no haber recibido un recurso de Heraskevych, que afirmó por su parte estar estudiando esa posibilidad.

Mientras Cuba se prepara para un temido escenario de “cero combustible” por las presiones de Trump, los cubanos tiran de solidaridad, inventiva y previsión.
Elizabeth Contreras* remueve el carbón en la cocina que improvisó sobre bloques de cemento en el patio de su casa.
En la parrilla hay unas piezas de pollo que alimentarán a tres familias del barrio en un municipio periférico del suroeste de La Habana.
“Mucha gente lleva días cocinando así porque la olla eléctrica apenas puede usarse sin corriente y queda poco gas”, le cuenta a BBC Mundo.
“Nos ayudamos entre vecinos en esta incertidumbre”, añade esta pensionista de 68 años.
Cuba sufre una crisis energética y de escasez de combustible que se agravó desde mediados de 2024 y que en este 2026 se acerca a un abismo impredecible.
“Vamos a vivir tiempos difíciles”, aseguró el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en una alocución el pasado 5 de febrero que precedió al anuncio de un plan extraordinario de ahorro energético.
Tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, el gobierno de Donald Trump en EE.UU. desplegó varias medidas que dificultan el acceso a combustible de la isla, como la amenaza de imposición de aranceles a los países que envíen petróleo.
Washington se ha asegurado de que Cuba no reciba petróleo de Venezuela, que durante dos décadas ha sido el principal aliado de La Habana, y ha incrementado la presión para reducir el crudo que llega desde México.
Esto se une a problemas crónicos para generar electricidad por deficiencias productivas, plantas termoeléctricas obsoletas y falta de divisas para acceder a combustibles en el mercado internacional.
Son situaciones que el gobierno de La Habana atribuye al embargo económico estadounidense impuesto sobre Cuba desde los años 60, cuando triunfó la revolución socialista de Fidel Castro y se nacionalizaron industrias y negocios estadounidenses.
Lo que se vive en Cuba estos días trae recuerdos del pasado a algunos de los habitantes de la isla.
En los 90, Cuba dependía mayoritariamente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), su principal aliado político y comercial.
Tras derrumbarse la URSS, los cubanos sufrieron una grave crisis conocida como el Periodo Especial que para muchos, incluida Contreras, nunca llegó a superarse del todo, sino que se pasó “por mejores y peores momentos”.
“Pero lo de ahora me parece más grave”, opina.
Con el colapso del comercio entre Moscú y La Habana a comienzos de los 90, los cubanos se vieron forzados a un racionamiento extremo de recursos y alimentos.
Como ahora, cocinaron con carbón, sufrieron problemas de transporte y convivieron con largas horas de apagones.
Contreras recuerda que, “parecido a hace tres décadas, hemos sufrido cortes de electricidad de hasta 18 horas en más de una ocasión en las últimas semanas”.
El plan anunciado por el gobierno cubano para ahorrar incluye racionar la venta de combustible, utilizándolo para actividades económicas imprescindibles y servicios esenciales, además de priorizar el teletrabajo e implementar clases semipresenciales en universidades.
Díaz-Canel rescató en su discurso el concepto de “opción cero”, un plan de supervivencia planteado en los 90 ante un escenario de “cero petróleo”.
Michael Bustamante, profesor asociado de estudios cubano-estadounidenses de la Universidad de Miami, aclara que, en términos comparativos, el PIB de Cuba hoy es menos débil que en los 90.
“Entre el 91 y el 94, el PIB se desplomó más de un tercio. Desde la pandemia para acá, el deterioro se calcula en un 11%. No existe la misma magnitud”, dice el académico.
Sin embargo, Bustamante comprende que muchos crean que la crisis actual es más grave.
“La economía cubana nunca se recuperó del todo tras el Periodo Especial y, aunque el colapso de ahora es menor en porcentaje, se siente peor para muchos porque se parte de una situación ya de por sí delicada”, añade el experto.
Bustamante observó en su último viaje a Cuba en 2023 que los cubanos sienten que en los 90 la crisis fue igual para todos, pero que hoy se notan disparidades.
“Tras la aparición de tiendas privadas, bien surtidas, quienes tienen dinero pueden conseguir cosas. Uno pensaría que eso aliviaría la crisis para algunos, pero tengo la sensación de que hay una desigualdad rampante que poco tiene que ver con lo vivido en los 90”, argumenta.
Dos testimonios obtenidos por BBC Mundo relatan que, en medio de la crisis, todavía notan cierta normalidad en las calles.
“Veo Cuba como hace unas semanas. No hay fogatas en cada calle y vimos bastante gente fuera, haciendo fila en cajeros y mucho tráfico. Todavía no he visto ‘la época de las cavernas’ que pintan muchos”, cuentan dos mujeres en mensajes de voz.
Lo cierto es que, ya sea por costumbre o inventiva, a muchos esta situación les agarra prevenidos.
Una usuaria cubana en TikTok, @darlinmedina93, ha explicado en su cuenta cómo cocinar con leña o lavar ropa en ríos.
“Sé que me vas a decir que la cocina en leña es muy rica (…) pero no es fácil, mi amor, que tengas que batirte todos los días a cocinar con carbón, leña, que tu casa se te llene de tizne y que te ahogues del humo”, narra la usuaria en uno de sus videos.
Jennifer Pedraza*, trabajadora y estudiante de 34 años, reúne “bombillos, ventiladores y lámparas recargables, además de cargadores portátiles”.
“También acumulo agua, que está fallando”, le dice a BBC Mundo.
Pedraza y Contreras sí notan una disminución del tráfico en los últimos días.
Imágenes de agencias de noticias mostraron importantes avenidas vacías este domingo, como la del Malecón habanero, que habitualmente es una de las más transitadas de la capital.
“Solo rezo por no enfermarme porque me da pavor pensar cómo podré moverme”, dice Contreras.
Es algo que no le afecta tanto a Pedraza porque vive cerca de su trabajo, pero recientemente “dejó de hacer un examen en la universidad” porque estudia lejos y “no había cómo llegar”.
Su principal preocupación es su hijo de 9 años: “En la escuela casi nunca hay corriente y, cuando sale, debe hacer repasos y tareas a oscuras porque cuando llega a casa tampoco hay electricidad”.
“Tampoco puede ver dibujos animados o películas, ni usar mucho el teléfono cuando no hay luz o internet. Es complicado para un niño estar todo el tiempo a oscuras”, cuenta.
La situación, si bien grave, no es crítica para todos los ciudadanos con los que contactó BBC Mundo. Varios de ellos cuentan con familiares en el exterior que envían remesas, alimentos y recursos, o tienen un empleo por cuenta propia.
Pero quienes no tienen estas vías se apañan con un salario medio de 6.830 pesos cubanos al mes (US$14 al cambio en el mercado informal), según cifras de noviembre de la Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba.
Una botella de aceite cuesta alrededor de US$2,5 y una caja con 30 huevos casi US$6, según Pedraza. Ahí se va más de la mitad del ingreso oficial.
Tras la captura de Maduro, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, quien es de origen cubano, comenzaron a presionar al gobierno de la isla.
No está claro si, como en Venezuela, buscan forzar un cambio de liderazgo tras más de 60 años de un sistema sociocomunista de partido único.
Antes de las presiones petroleras, ya Trump había incluido de nuevo a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y revertido muchas de las medidas aperturistas tomadas por Washington en 2015, a fines de la segunda presidencia de Barack Obama.
Díaz-Canel aseguró en su discurso del 5 de febrero que “Cuba está dispuesta a un diálogo con EE.UU. sobre cualquier tema”, aunque “sin presiones”.
La historia dice que las medidas de EE.UU. contra la isla han servido poco para acercar posturas.
“La asfixia económica de EE.UU. hacia Cuba nunca ha funcionado. Empobrece a la población y la afecta mucho más que al gobierno. No ha servido para que se negocie la gestión económica y política de la sociedad cubana”, recuerda Bustamante.
El profesor cree posible que esa historia de presión que no llega a ninguna parte se repita, aunque piensa que EE.UU. tiene hoy más cartas sobre la mesa.
“La pregunta es si Washington forzará una crisis humanitaria que provoque un estallido social y justifique una intervención militar o si el gobierno cubano cederá o apostará a aguantar hasta las elecciones de medio término y que Trump pierda capital político”, analiza Bustamante.
Son teorías que resuenan en la población cubana.
“Hay quien comenta si aquí puede suceder lo de Venezuela, aunque a nadie le gusta escuchar sobre balas y bombas”, comenta Contreras.
La sensación de que “algo va a pasar” es compartida entre cubanos de dentro y fuera de la isla, pero es difícil de predecir que será ese “algo” tras décadas de impasse político entre Washington y La Habana.
*Los nombres reales de los testimonios fueron omitidos por protección de fuentes.