
La tradición alfarera de Huáncito, Michoacán, ha quedado en manos de artesanas como Bernardina Rivera y Edith Granados, quienes han mantenido vivo este arte de su pueblo purépecha pese a la discriminación del gobierno estatal.
Ollas, cántaros con dibujos de flores, torres de cántaros y pequeñas jarras con diseño de cabeza de perro, todos hechos con barro bruñido, son algunos de los diseños únicos que elaboran todos los días.
Rivera, una mujer de la tercera edad, comenzó a moldear el barro desde joven: primero, aprendió en su familia a los 15 años, y una vez casada conoció nuevas técnicas de su suegra, aunque los diseños que hoy trabaja son libres y de su propia imaginación.

“Es tradicional, desde cuándo se empezó a hacer este trabajo”, remarca la mujer purépecha. “Nuestros abuelos, nuestros tatarabuelos, todos lo sabían trabajar”.
Edith Granados, quien se ha dedicado a la alfarería desde sus 12 años de edad, trabaja principalmente jarras y ollas con diseños de flores. La tradición la heredó de su madre.
Ella acostumbra viajar a Guadalajara, Jalisco, para vender sus piezas de barro bruñido, pero en años recientes se ha enfrentado con obstáculos para comercializar.
“No nos dejan vender, a nosotros como vendemos la artesanía no podemos nada más llegar y vender, tenemos que sacar un permiso, pero no nos lo quieren dar”.

Según información oficial del municipio de Chilchota, la localidad de Huáncito cuenta con 2 mil 399 habitantes, cuyas principales actividades productivas son la agricultura, ganadería, comercio y alfarería.
En 1994, el académico Eduardo Williams, del Colegio de Michoacán, publicó en el compendio Arqueología del Occidente de México: Nuevas aportaciones el artículo “Ecología cerámica en Huáncito, Michoacán”, en el cual detalló que una de las particularidades de la alfarería en la región es el uso de la tierra charanda para pintar la loza, ya que este mineral sólo se consigue en esta zona.
“Aunque existe una cierta uniformidad en toda la loza producida en el pueblo, cada artesano tiene un estilo personal, y el mismo diseño se realiza de manera muy distinta en cada taller doméstico”, resaltó el etnoarqueólogo sobre la importancia de estas piezas.

El proceso, que puede tardar incluso varias semanas según la pieza, consume tiempo y se ha convertido en un trabajo remunerado injustamente, pues han bajado las compras directas en la localidad y los revendedores –quienes llevan las piezas a ciudades como Guadalajara y Morelia– pagan menos mientras utilizan sus creaciones para tener hasta diez veces su costo en ganancia.
Las dos ciudades están a 3 y 3.5 horas de distancia de Huáncito, respectivamente, por lo que realizar el viaje es costoso y tardado.
Además, ellas han denunciado que las autoridades municipales de Morelia, Pátzcuaro y Guadalajara les han cerrado las puertas para vender en las plazas públicas, de manera que la venta sólo se puede hacer mediante un revendedor o en sitios designados –como mercados de artesanías–, aunque suelen tener menos afluencia de clientes que en las plazas.
“Nosotros nada más llegamos acá, a Pátzcuaro, y ahí mis nueras van a vender, pero a escondidas”, dice Rivera. “[Las autoridades] dicen que no podemos estar ahí, que ahí andan puros turistas. Yo sé que a ellos [los turistas] les gustan las piezas, pero el presidente municipal ya no nos deja que vendamos ahí”.
En tiendas en línea, un florero –como el que elaboran Rivera y Granados– se vende hasta en 880 pesos, mientras que las creadoras lo cobran entre 300 y 450 pesos.
Por otras piezas de menor tamaño, los revendedores que comercializan en Morelia o Guadalajara les pagan entre 30 y 40 pesos por piezas que ellas necesitan vender en 100 pesos, para después ofrecerlas a turistas en 280 y hasta 320 pesos.

“Yo cuando voy a vender allá, sacando las cuentas de cuánto es, cuánto tiempo cuesta trabajarlo y todo, yo así lo doy a 100 o 110 pesos, y cuando voy a ver los puestos [de revendedores] están a 280 o 320”, comparte Edith Granados. “Me siento triste, porque parece que lo regalamos. Las que se hacen de dinero son las compradoras, a ellas sí les va bien”.
Las autoridades han obligado a las artesanas a retirarse de los espacios cuando intentan comerciar ellas mismas. “Si andamos por ahí, cerca del centro, nos corretean”, reclama. “A mí me han quitado la loza, una vez yo traía ollas y servilleteros y me las quitaron”.
Edith tiene cinco hijas, pero sólo una quiso continuar con la tradición alfarera de su familia. La labor no es redituable para el esfuerzo que implica crear las artesanías, además de los obstáculos que enfrentan al querer hacer su venta en plazas públicas.
“Mis hijos dicen: ‘No, ma, tanto tú haces para que te queden bonitos, lo más bonito que puedan quedar, y no costea’”, comparte.

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Ella quisiera que las artesanas de Huáncito y de comunidades indígenas cercanas que se dedican a la alfarería se juntaran para establecer un precio base de venta, y así evitar que revendedores se aprovechen de su necesidad.
Las artesanas hicieron un llamado a que las autoridades municipales y estatales reconozcan su trabajo al garantizar condiciones dignas para su venta, así como un trato y remuneración justa.
“Quisiera que este tipo de trabajo lo valoraran”, lamenta. “No valoran el trabajo que hacemos”.

El sistema nervioso de quienes padecen ELA se afecta de forma degenerativa y progresiva, lo que causa una parálisis motora irreversible. Hasta ahora, no tiene cura.
“Lo extrañaremos profundamente y lo recordaremos con cariño. Adoraba a sus fans y estaba eternamente agradecido”.
Así se expresaba el equipo de comunicación del actor estadounidense Eric Dane, famoso por series como Anatomía de Grey y Euphoria, cuando este jueves informaron sobre su fallecimiento por Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).
Figuras del mundo del entretenimiento no tardaron en expresar su pesar y en resaltar no solo el talento, sino también la calidad humana del intérprete de 53 años, quien hacía apenas 11 meses había anunciado que padecía la enfermedad.
“Enojado”, dijo Dane que se sentía el pasado verano boreal en una entrevista con el programa Good Morning America, porque sabía que existía la posibilidad de morir cuando sus hijas aún son adolescentes de 14 y 15 años.
“Porque, ya sabes, mi padre me fue arrebatado cuando yo era pequeño”, señaló entonces. “Y ahora hay muchas posibilidades de que yo también les sea arrebatado a mis hijas cuando todavía son muy jóvenes“, agregó.
En los meses posteriores, Dane, que también actuó en filmes como Marley & Me y Valentine’s Day, se dedicó a crear conciencia sobre la enfermedad neurodegenerativa.
Otras personalidades también han padecido esta condición, que no tiene cura y afecta el movimiento de los músculos.
Un caso reciente fue el fallecimiento en 2023 de Bryan Randall, fotógrafo y expareja de la actriz Sandra Bullock, cuya muerte generó un enorme interés por conocer más sobre la enfermedad.
Aunque la figura más conocida podría ser el físico Stephen Hawking, quien murió en 2018 y en un caso extraordinario vivió 55 años con ELA.
La mayoría de los pacientes, según la Clínica Mayo, viven entre 2 y 3 años luego de desarrollar síntomas.
En el caso de Dane, los signos de este padecimiento se manifestaron en muy poco tiempo.
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad progresiva que no tiene cura.
Se considera una de las enfermedades motoneuronales que padecen dos de cada 100 mil personas en el planeta, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Se produce cuando las neuronas de los pacientes afectados por la enfermedad se desgastan o mueren y ya no pueden enviar mensajes a los músculos.
Esto provoca a corto y medio plazo el debilitamiento de los músculos, contracciones involuntarias e incapacidad para mover los brazos, las piernas y el cuerpo.
Suele comenzar con espasmos musculares y debilidad en un brazo o una pierna, dificultad para tragar o para hablar, pero a medida que avanza afecta la capacidad de moverse e incluso de respirar.
La causa más común de muerte para las personas con ELA es la insuficiencia respiratoria, según la Clínica Mayo.
La debilidad en los músculos que intervienen en la deglución también causa mayor riesgo de que entren alimentos, líquidos o saliva en los pulmones, lo que puede causar neumonía
Cerca de un 10% de los casos de personas con ELA responden a una causa genética o hereditaria. En el resto, se desconoce la causa, de acuerdo con esta institución médica.
La ELA es una de las principales enfermedades neurodegenerativas, junto con el Parkinson y el Alzheimer.
La edad es el factor predictivo más importante para su aparición, siendo más prevalente en pacientes de entre 55 y 75 años, según el Ministerio de Sanidad de Brasil.
A la ELA se la conoce también como la enfermedad de Lou Gehrig, el nombre del exjugador de béisbol de los Yankees de Nueva York que la padeció y murió a los 38 años, en 1941.
Los síntomas suelen empezar a manifestarse a partir de los 50 años, pero también pueden aparecer en personas más jóvenes.
Esta enfermedad no suele afectar los sentidos, que incluyen la capacidad del gusto, olfato, vista, tacto y oído.
Entre los síntomas, las personas con ELA presentan:
El riesgo de padecer ELA se ha asociado a factores ambientales, según la Clínica Mayo.
Las pruebas demuestran que fumar es un factor de riesgo, así como la exposición al plomo u otras sustancias en el lugar de trabajo o el hogar.
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