
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) detuvo el pasado 20 de enero a un menor de cinco años y a su padre, identificado como Adrian Alexander, durante un operativo migratorio en la ciudad de Mineápolis, de acuerdo con medios internacionales.
El niño y su padre fueron arrestados por agentes del ICE cuando se encontraban en la entrada de su casa y habrían sido trasladados a un centro de detención de migrantes en Texas, informaron autoridades escolares. El menor es estudiante de preescolar del distrito escolar de Columbia Heights.
La superintendente del distrito escolar, Zena Stenvik, dijo que el menor, de nombre Liam, fue sacado del coche de su padre durante la detención y un agente le ordenó que tocará la puerta de su casa “con el fin de ver si había alguien más, utilizando básicamente a un niño de cinco años como cebo”, detallaron medios.
En tanto, Marc Prokosch, abogado de la familia del menor detenido, señaló que sus representados tienen un caso de asilo en trámite y mostró documentos para acreditar que Adrian Alexander y su hijo llegaron a Estados Unidos por un cruce oficial, publicó The Guardian.
“La familia hizo todo lo que debía según las normas establecidas”, dijo el abogado. “No vinieron aquí ilegalmente. No son delincuentes“. De acuerdo con el diario británico, Prokosch aseguró que no hay ninguna orden de deportación contra ellos.
Las autoridades del distrito escolar de Columbia Heights aseguran que los agentes de ICE han detenido a cuatro estudiantes menores de edad en las últimas dos semanas, entre ellos Liam, de 5 años. Los otros alumnos detenidos son dos adolescentes de 17 años y una menor de 10 años.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos señaló este jueves que sus agentes no “persiguieron a un niño”, esto luego de que diversos medios estadounidenses e internacionales reportaron la detención de un menor de 5 años en Mineápolis.
La agencia migratoria aseguró el 20 de enero se llevó a cabo una “operación específica” para detener a Adrián Alexander Conejo Arias, al que calificó como “un extranjero ilegal procedente de Ecuador”, que presuntamente fue liberado en los Estados Unidos por la administración Biden.
“Cuando los agentes se acercaron al conductor, Adrián Alexander huyó a pie, abandonando a su hijo. Por la seguridad del niño, uno de nuestros agentes de ICE se quedó con él mientras los demás agentes detenían a Conejo Arias”, publicó en sus redes sociales.
“Se pregunta a los padres si desean ser expulsados con sus hijos, o ICE entregará a los niños a una persona de confianza designada por los padres. Esto es coherente con la política de inmigración de la administración anterior”.
La ciudad de Mineápolis, en Minnesota, ha sido escenario de diversas protestas contra las operaciones y los agentes migratorios, quienes son defendidos por el presidente Donald Trump. Incluso, el republicano amenazó con enviar militares en caso de que las manifestaciones siguieran en aumento.
“Si los políticos corruptos de Minnesota no acatan la ley y detienen los ataques de los agitadores profesionales y los insurrectos contra los patriotas del ICE, que solo tratan de cumplir con su trabajo, invocaré el Acta Insurreccional“, afirmó el mandatario en la red Truth Social.
El 7 de enero, Renee Nicole Good, una mujer de 37 años, murió a manos de agentes del Servicio de Migraciones y Aduanas en dicha ciudad, lo que detonó diversas manifestaciones. Días después, otro elemento disparó e hirió a un migrante venezolano en la misma ciudad.
Desde que regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, el presidente Donald Trump ha impulsado deportaciones masivas de personas indocumentadas, una de sus principales promesas de campaña.

Sobrevivientes y familiares de las víctimas de la tragedia en España cuentan cómo sucedió el peor accidente de tren del país en más de una década.
Ana viajaba con su hermana y con su perro en uno de los trenes accidentados el domingo por la noche en el peor accidente ferroviario de España en más de una década.
“Algunas personas estaban bien y otras muy mal. Y las teníamos delante, estábamos viendo cómo morían pero no podíamos hacer nada”, le dice a la agencia de noticias Reuters con una herida visible en la cara, mientras cojea en la entrada al hospital.
Ensangrentada y sin saber muy bien cómo, la sacaron del tren otros pasajeros que rompieron las ventanas. A su hermana, que quedó atrapada, la rescataron los servicios de urgencia y está ingresada en observación un hospital de la zona. Del perro, aún no se sabe nada.
Un tren de la compañía Iryo en el viajaban unas 300 personas con destino a Madrid desde Málaga descarriló sus tres últimos vagones e invadió la vía contigua, chocando con otro convoy que cubría la línea Madrid-Huelva y que también descarriló con 184 pasajeros a bordo.
Al menos 39 personas han muerto y decenas más han resultado heridas. La mayoría eran españoles que regresaban a la capital después del fin de semana.
La colisión ocurrió a las 19.45 horas del domingo cerca de la localidad de Adamuz, en la provincia de Córdoba, a unos 360 km al sur de la capital, Madrid. Dejó 122 heridos, 48 de ellos siguen aún hospitalizados y 12 en cuidados intensivos, según los servicios de emergencia.
Momentos antes del accidente, Ana se dio cuenta de que algo pasaba: “Pensé que no era normal, viajo mucho en tren. Ahí fue donde miré a mi hermana, la busqué y es el último momento que recuerdo antes de que todo se oscureciera. De repente, solo oí gritos”.
Sentados en una silla de plástico verde de la sala de espera del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, Ahmed y Karina Tagedi esperan noticias de su hermano.
“Mi hermano se encuentra bien, dadas las circunstancias, con una fractura en la rodilla izquierda, a la espera de ser trasladado a Huelva”, le dice Ahmed a Reuters.
“Había gente muriendo cerca de él. Me contó que una niña le pedía ayuda. No pudo ayudarla porque tenía una rodilla rota y no podía moverse. Ella pedía ayuda. Se siente mal por no haber podido ayudarla”.
Lucas Meriako, describió la experiencia como una “película de terror”.
“Estábamos en el vagón cinco y empezamos a sentir unos golpes en la vía, nada raro, pero de repente los golpes eran más”, relató al noticiero La Sexta Noticias.
“Nos pasó otro tren por al lado y todo empezó a vibrar mucho más, se sintió un golpe atrás y la sensación de que todo el tren se iba a caer… romper”, describió.
Meriako añadió que el impacto del choque rompió los cristales del tren, desplazó las maletas que les cayeron encima a los pasajeros y se empezaron a escuchar los gemidos de los heridos.
En ese momento, según su testimonio, la gente se empezó a mover ya consciente de la situación y a romper los cristales para salir.
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