
En medio de las críticas del mandatario estadounidense, Donald Trump, contra el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro de Davos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, dijo que su gobierno trabajará para que el tratado comercial (T-MEC) “no se rompa”, pues conviene a los tres países que se mantenga.
“Vamos a trabajar para que no se rompa y creemos que es conveniente para los tres países mantener el acuerdo comercial. Yo no lo llamaría choque de discursos (entre Trump y Carney), sino que sencillamente son distintos puntos de vista, frente a lo que está ocurriendo a nivel internacional”.
“Vamos a trabajar, no he hablado recientemente con el primer ministro Carney, nos hemos buscado y vamos a tratar de tener una conversación y, por supuesto, con el presidente Trump para todas las negociaciones que tienen que ver con al acuerdo comercial”, dijo en conferencia matutina.
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La mandataria informó que la próxima semana en Washington se llevará a cabo una reunión de seguimiento al entendimiento sobre seguridad con el gobierno del presidente Donald Trump, a la que acudirá Roberto Velasco, subsecretario para América del Norte, la Secretaría de Seguridad y la Fiscalía General de la República.

El pasado 20 de enero, en el Foro Económico de Davos, el primer ministro de Canadá afirmó en su mensaje que su país se benefició de una era de “hegemonía estadounidense”, pero que ahora tiene que dar un giro, pues las grandes potencias utilizan cada vez más su poder económico.
El político liberal también reiteró que el sistema de gobernanza global liderado por Estados Unidos no volverá a ser como antes de Trump. Canadá fue uno de los primeros países en “escuchar la llamada de atención” de que se estaba produciendo un cambio fundamental.
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En su mensaje, instó a países ricos como el suyo, pero que no son grandes potencias, a trabajar juntos en la defensa de un orden internacional basado en normas.
“Las potencias medianas deben actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú“, dijo Carney.
Carney habló poco después de que Trump hiciera una nueva alusión a la incorporación de Canadá a territorio estadounidense, en medio de las tensiones entre Estados Unidos y Europa por las ambiciones del mandatario republicano de comprar Groenlandia.
El magnate publicó en la noche del lunes en su red Truth Social fotos generadas por IA en las que se le ve en el Despacho Oval con los dirigentes europeos frente a un mapa en el que la bandera estadounidense cubre no solo los Estados Unidos, sino también Canadá, Groenlandia y Venezuela.
En tanto, en su mensaje en el Foro Económico Mundial, el presidente Donald Trump afirmó que los canadienses y el primer ministro Mark Carney “deberían estar agradecidos”, porque reciben muchas ventajas de Estados Unidos.
“La Cúpula Dorada va a defender a Canadá. Canadá recibe muchas ventajas de nosotros, por cierto, deberían estar agradecidos, pero no lo están. Ayer vi a su primer ministro. No estaba tan agradecido. Pero deberían estar agradecidos con nosotros. Canadá vive gracias a EU. Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hagas declaraciones“, afirmó.

La baja de sus soldados en los recientes eventos en Venezuela han expuesto los riesgos estratégicos de la política exterior de La Habana.
Desde el amanecer del jueves, multitudes de personal militar, funcionarios del gobierno y civiles alinearon el trayecto entre el aeropuerto de La Habana y el Ministerio de Fuerzas Armadas para aplaudir el cortejo fúnebre con los restos repatriados de 32 oficiales cubanos muertos en Venezuela.
Los líderes de Cuba -desde el Raúl Castro hasta el presidente Miguel Díaz Canel- estuvieron en el aeropuerto para recibir las cajas con las cenizas de sus “32 héroes caídos”.
En el vestíbulo del edificio ministerial, cada caja fue cubierta con una bandera cubana, acompañada de una fotografía correspondiente al soldado o agente de inteligencia con las palabras “honor y gloria”.
No obstante, a pesar de la pompa y todos los homenajes militares, esta ha sido una experiencia aleccionadora para la Revolución Cubana.
En primer lugar, se cree que es la mayor pérdida de combatientes cubanos a manos del ejército de Estados Unidos desde la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961.
El hecho de que hayan pasado seis décadas y media con un escasamente comparable intercambio de fuego entre tropas cubanas y estadounidenses, ni durante la Guerra Fría ni después, es una muestra de lo rara que es.
No es necesariamente sorprendente que los mejor capacitados y mejor dotados soldados estadounidenses de la Fuerza Delta salieran virtualmente ilesos, especialmente dada su reputación de élite dentro del ejército más poderoso del mundo.
Pero eso no es un consuelo para los afligidos familiares de los fallecidos que, con lágrimas, colocaron sus manos sobre las cajas de madera en La Habana.
Es más, en los días posteriores a la intervención militar estadounidense en Venezuela y la remoción forzada de Nicolás Maduro del poder, el gobierno cubano se vio obligado a reconocer algo que durante mucho tiempo había negado: la propia existencia de oficiales de inteligencia de Cuba dentro de los corredores del poder en Caracas.
Ahora ha quedado claro, como muchos lo habían afirmado en Venezuela, que los cubanos han estado presentes en todos lo niveles del aparato de seguridad de ese país y que los acuerdos de inteligencia bilaterales eran una parte crucial de las relaciones cubano-venezolanas.
En resumen, el gobierno de La Habana ha compartido con sus socios venezolanos sus años de experiencia sobre cómo mejor mantener el poder con mano de hierro. Las 32 bajas en suelo venezolano eran parte de esa estrategia compartida.
Tras sus muertes, sin embargo, los cubanos parecen estar sintiendo el remezón del cambio bajo sus pies.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo una conversación telefónica con el presidente Trump, después de la cual el mandatario estadounidense la describió como una “persona estupenda”.
Hace solo tres semanas hubiera sido casi impensable escuchar semejante elogio del mismo gobierno que describió a su predecesor como el líder de un régimen de “narcoterroristas”.
Todo hace pensar que los gobiernos de Rodríguez y Trump están encontrando un modus vivendi. Pero hasta el momento pocos en el gobierno de Cuba parecen haber entendido cómo eso deja su situación o su visión compartida con Venezuela de un socialismo controlado por el Estado.
Washington insiste en que la Revolución Cubana tiene sus días contados.
Sin embargo, un integrante de la “generación original” de revolucionarios está en desacuerdo. Víctor Dreke, de 88 años, es un contemporáneo de Fidel Castro y del Che Guevara, y afirma que el actual conflicto con EE.UU. tiene similitudes con la invasión de Bahía Cochinos auspiciada por la CIA en abril de 1961.
Dreke comandó dos batallones ese día y sostiene que los cubanos aún podrían repeler cualquier intento parecido.
“Si EE.UU. nos trata de invadir, alborotarán un nido de avispas”, expresó, citando a Raúl Castro. “Ni siquiera verían a nuestros combatientes saliendo, hombres y mujeres”.
“Si los estadounidenses ponen un solo pie en suelo cubano, no será como su cobarde emboscada de nuestros combatientes en Venezuela”, afirma Dreke. “Aquí, las cosas serían muy diferentes”.
En los últimos días, la televisión estatal cubana ha emitido imágenes de reservistas civiles recibiendo entrenamiento en el uso de armamento por parte del ejército cubano.
Hay coincidencia en que un enfrentamiento con el ejército de EE.UU. sería una pelea desigual. El ataque de EE.UU. en Venezuela tuvo la intención, en parte, de resaltar ese aspecto al resto de la región.
Los riesgos para Cuba son particularmente altos.
La isla está sufriendo amplios apagones que son graves en La Habana, pero mucho peores en las provincias.
La economía, malograda por el embargo económico de EE.UU. y deficiente administración gubernamental, cojea en el mejor de los casos. El combustible escasea y el motor de la economía, el turismo, no ha podido recuperar sus niveles anteriores a la pandemia.
Es dentro de este ya complejo panorama que los cubanos intentan vislumbrar la pérdida casi total del apoyo venezolano. Para la mayoría, esto plantea un escenario lúgubre.
Pero el excomandante Dreke sostiene que Cuba ha sobrellevado tiempos difíciles antes y puede hacerlo otra vez con suficiente fervor revolucionario.
Cuba no quiere un conflicto con el gobierno de Trump, insiste, y no estará buscando aumentar las tensiones con Washington.
“Pero eso no quiere decir que no estaremos listos”, añade, desafiante.
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