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La nueva sede de la ANAM en Nuevo Laredo: el intento por mover el centro del sistema aduanero a la frontera
La nueva sede de la ANAM en Nuevo Laredo: el intento por mover el centro del sistema aduanero a la frontera
3 minutos de lectura

La nueva sede de la ANAM en Nuevo Laredo: el intento por mover el centro del sistema aduanero a la frontera

La nueva sede de la Agencia Nacional de Aduanas de México en Nuevo Laredo busca trasladar el centro de decisiones del sistema aduanero a la frontera, con la promesa de mayor eficiencia, control y transparencia en la recaudación, en un punto clave para el comercio exterior del país.
28 de enero, 2026
Por: Contenido Animal Político

La inauguración de la nueva sede de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) el pasado lunes 26 de enero, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, busca ser un punto de inflexión en la operación aduanera del país, tanto por la magnitud de la infraestructura construida, como por lo que representa en términos de centralización operativa, recaudación fiscal y toma de decisiones desde uno de los principales nodos del comercio exterior mexicano.

El complejo fue inaugurado por la presidenta Claudia Sheinbaum como parte de una estrategia para fortalecer el sistema aduanero nacional, con la promesa de implementar procesos más eficientes, mayor productividad y una operación más honesta. Entre 2024 y 2025, la recaudación en aduanas aumentó 25%, al pasar de un billón a un billón 250 mil millones de pesos, y el objetivo para 2026 es alcanzar un billón 500 mil millones de pesos en ingresos federales por esta vía.

La nueva sede de la ANAM ocupa una extensión de más de 29 hectáreas y cuenta con más de 320 mil metros cuadrados de construcción. El edificio principal tiene capacidad para más de mil 100 personas y el complejo incluye más de 600 viviendas para el personal y sus familias, además de espacios deportivos y recreativos, como parte de una visión institucional orientada a dignificar las condiciones de vida y trabajo del personal aduanero.

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Foto: Especial

La obra fue desarrollada por la Secretaría de la Defensa Nacional, con una inversión superior a los 4 mil millones de pesos, y durante su construcción generó más de 3 mil 700 empleos directos y alrededor de 7 mil indirectos. Desde el Gobierno federal se subraya que concentrar en un solo punto las labores de planeación, supervisión y coordinación del sistema aduanero permitirá mejorar la eficiencia de los procesos en todo el país.

La ubicación de la sede en Nuevo Laredo no es casual. Este punto fronterizo concentra alrededor del 33% de la recaudación aduanera nacional y es considerado uno de los principales nodos logísticos de México y de América Latina. Desde estas instalaciones se busca reforzar la dirección y el control de los servicios aduanales, así como el cumplimiento de las normas de comercio exterior.

 

Descentralizar decisiones, el cambio institucional

Para el sector empresarial, el traslado de capacidades operativas y de coordinación a la frontera representa un cambio institucional relevante. La CONCANACO SERVYTUR considera que esta nueva instalación puede convertirse en un punto clave para acercar la toma de decisiones al territorio donde se mueven las mercancías y se enfrentan los retos cotidianos del comercio exterior.

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Foto: Especial

La Confederación respalda la descentralización aduanera como una medida estratégica, pero subraya que la modernización debe reflejarse en resultados medibles: digitalización integral, gestión de riesgo, criterios homogéneos de revisión y cero discrecionalidad en los procesos.

Desde la perspectiva del comercio formal, los tiempos de despacho no son un asunto administrativo menor, sino un factor directo de competitividad. Una aduana lenta, advierte CONCANACO SERVYTUR, genera sobrecostos logísticos, inventarios detenidos y retrasos que afectan especialmente a las micro, pequeñas y medianas empresas, con menor margen para absorber ineficiencias.

 

Las expectativas

Tanto el Gobierno federal como el sector empresarial coinciden en que la nueva sede debe traducirse en una operación aduanera más ágil, predecible y transparente. Desde la visión oficial, el objetivo es consolidar un sistema aduanero moderno, eficiente y confiable, que fortalezca la soberanía, la seguridad nacional y el desarrollo económico del país.

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Foto: Especial

Desde la óptica de CONCANACO SERVYTUR, el reto está en que la infraestructura se acompañe de prácticas alineadas a estándares internacionales: inspecciones selectivas basadas en perfiles de riesgo, trazabilidad, auditorías posteriores fortalecidas, equipamiento suficiente y una coordinación interinstitucional efectiva. Además, insiste en que la modernización debe cerrar espacios a la corrupción, el contrabando, la subvaluación y la piratería, sin castigar al comercio formal con mayores cargas operativas.

La nueva sede de la ANAM, coinciden ambas visiones, no es un punto de llegada. Es un punto de partida para redefinir cómo se controla, supervisa y facilita el comercio exterior desde la frontera, donde se juega buena parte de la competitividad económica del país.

 

Con información de Presidencia de México, ANAM y CONCANACO SERVYTUR.

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Imagen BBC
“¿Qué empresa en su sano juicio va a invertir en Venezuela?”: los obstáculos que enfrenta la apuesta de Trump por el petróleo venezolano
7 minutos de lectura

Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, pero la industria estatal ha estado desprovista de inversiones durante muchos años.

16 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Después de que lanzó en enero la operación para la detención del gobernante venezolano Nicolás Maduro, el presidente de EE.UU., Donald Trump, prometió explotar las reservas petroleras del país sudamericano, las más grandes del mundo.

Trump afirma ahora que tiene previsto visitar Venezuela, aunque aún no se ha fijado una fecha.

Sus comentarios, realizados el viernes pasado, se produjeron después de que el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, completara un viaje de dos días a Venezuela para ver cómo el país está empezando a reabrir su sector petrolero a las empresas estadounidenses.

La visita de Wright se produjo poco después de que la Asamblea Nacional venezolana aprobara una ley para permitir la inversión privada y extranjera en su industria petrolera, tras dos décadas de estricto control estatal.

A los ojos de Trump, se trata de una gran oportunidad de negocio para el sector petrolero estadounidense: “Vamos a extraer cantidades de petróleo como pocas personas han visto”, afirmó en una conferencia de prensa a mediados de enero, tras una reunión con los directivos del sector energético en la Casa Blanca.

Pero para las empresas petroleras estadounidenses que Trump quiere que inviertan fuertemente en Venezuela, la pregunta es sencilla: ¿salen las cuentas?

Complicado

William Jackson, economista jefe de mercados emergentes de Capital Economics, afirma que el objetivo del presidente estadounidense es “reactivar el sector petrolero de Venezuela y utilizar esa energía para aumentar la oferta y reducir los costos para el consumidor, lo que posiblemente proporcionaría una fuente de ingresos para que un gobierno venezolano más favorable reconstruyera la economía tras años de mala gestión”.

Sin embargo, para las empresas energéticas estadounidenses hay enormes dificultades prácticas que superar. La petrolera estatal venezolana, Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), es una sombra de lo que fue.

Los gobiernos de Maduro y su predecesor, Hugo Chávez, exprimieron la empresa al máximo y utilizaron el dinero para financiar el gasto social en vivienda, salud y transporte, así como una inédita expansión del Estado.

Pero no invirtieron en mantener los niveles de producción de petróleo, que se han desplomado en los últimos años, en parte, pero no solo, debido a las sanciones de Estados Unidos, que ahora podrían revisarse.

“En Venezuela, se trata de una infraestructura que se ha degradado tras muchos años de abandono”, afirma Jackson. “Hace diez o quince años, Venezuela producía 1,5 millones de barriles al día más que en la actualidad”.

Mónica de Bolle, investigadora principal del Instituto Peterson de Economía Internacional, coincide en que PDVSA se encuentra en una situación precaria.

“Hay muchas cosas que hay que desechar por completo y reconstruir desde cero”, afirma a la BBC. “De hecho, si las restricciones políticas no importaran, lo mejor sería desmantelar PDVSA, pero eso no va a suceder”, continúa.

“Es un gran símbolo nacionalista, está ligada a la soberanía. ¿Estarían los venezolanos dispuestos a hacer lo que diga Estados Unidos y rendirse? No lo creo”.

Plataformas petroleras venezolanas en alta mar
AFP via Getty Images
Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, pero la industria ha estado desprovista de inversiones.

Muchas reservas, poca producción

Trump ha pedido a las empresas petroleras estadounidenses que inviertan al menos US$100. 000 millones en restaurar la maltrecha infraestructura de Venezuela, algo absolutamente necesario para que su plan de aumentar las ventas pueda hacerse realidad.

Oficialmente, Venezuela tiene 300.000 millones de barriles de reservas de petróleo, pero en 2023 solo exportó 211,6 millones de barriles, por un valor aproximado de US$4.000 millones.

Comparado con Arabia Saudita, que ocupa el segundo lugar, con 267.000 millones de barriles de reservas, el país de Medio Oriente tuvo exportaciones por valor de US$181.000 millones en el mismo periodo, es decir, 45 veces más.

Así que, al menos sobre el papel, hay margen para mejorar.

Sin embargo, Jackson afirma que existen dudas sobre el verdadero tamaño de las reservas petroleras de Venezuela.

Durante la presidencia de Chávez, Venezuela reclasificó sus reservas. Anteriormente, se pensaba que solo había 80.000 millones de barriles de petróleo extraíble, pero en 2011 la cifra comunicada casi se había cuadruplicado.

Ese cambio estadístico fue posible gracias a los altos precios del petróleo en ese momento, que permitieron que proyectos anteriormente inviables parecieran factibles.

“Hubo un gran salto que la gente ha cuestionado”, afirma Jackson. “Pero ahora el mundo está inundado de petróleo y no está claro que los mismos cálculos sigan siendo válidos”.

Factores en contra

Cuando Chávez asumió la presidencia de Venezuela en 1999, los precios del petróleo estaban subiendo. A principios de la década de 2010, un barril solía alcanzar unos US$100, lo que proporcionaba a Caracas mucho dinero para invertir en programas sociales. Pero con los precios actuales rondando los US$65, el país parece menos atractivo como inversión.

El petróleo de Venezuela también es de peor calidad que el de Arabia Saudita. Su crudo ácido y pesado es difícil de extraer y refinar, mientras que su alto contenido en azufre lo hace corrosivo para los oleoductos.

El resurgimiento de la industria venezolana podría plantear problemas a Canadá, que produce un petróleo igualmente viscoso y exporta gran parte de él a Estados Unidos, pero los analistas consideran que el riesgo es menor.

Según un estudio de Capital Economics, el petróleo canadiense debería seguir teniendo un precio competitivo, incluso si aumenta la producción venezolana.

Mientras tanto, la crisis económica de Venezuela ha provocado el éxodo de casi ocho millones de personas que se han marchado en busca de una vida mejor.

Esto incluye conocimientos técnicos esenciales para mantener en funcionamiento las bombas de petróleo: ahora que los ingenieros cualificados que antes trabajaban para PDVSA ejercen su profesión en otros lugares, el sistema sigue funcionando a duras penas con una plantilla mínima.

Policías venezolanos frente a una protesta en Caracas por los bajos salarios.
AFP via Getty Images
Se dice que las empresas petroleras estadounidenses también están preocupadas por la actual situación de seguridad en Venezuela.

¿Puede lograrlo EE.UU.?

Thomas Watters, director general y responsable del sector del petróleo y el gas de la empresa de investigación S&P Global Ratings, afirma que las empresas estadounidenses tienen la capacidad de reparar la infraestructura de Venezuela, pero que debe tener sentido desde el punto de vista económico.

“Al fin y al cabo, las empresas petroleras y de gas tienen que aportar valor a los accionistas”, afirma. “Cuentan con muy buenos gestores. Se puede construir cualquier cosa, siempre y cuando se pueda pagar”.

“Pero se necesita un precio del petróleo que lo haga rentable. A menos que se pueda generar suficiente dinero para justificarlo, es muy difícil que la industria se recupere”.

Además, las empresas petroleras estadounidenses ya han sufrido consecuencias negativas por operar en Venezuela en otras ocasiones. En 2007, grandes firmas como ExxonMobil y ConocoPhillips vieron cómo se embargaban sus activos al negarse a permitir que PDVSA tomara el control mayoritario de sus proyectos.

Acudieron a los tribunales internacionales y se les concedieron enormes indemnizaciones por daños y perjuicios -US$8.300 millones en el caso de ConocoPhillips- que nunca se han pagado.

Dado que el actual gobierno venezolano sigue prácticamente intacto, con la vicepresidenta Delcy Rodríguez como mandataria interina, será muy difícil disipar los temores de una nueva expropiación.

Además, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ha declarado que el gobierno de Trump no tiene previsto ofrecer garantías de seguridad a las empresas petroleras en Venezuela, una omisión preocupante en un país donde los grupos paramilitares vinculados al gobierno, conocidos como “colectivos”, suelen actuar como bandas criminales.

Sin mayores incentivos gubernamentales, las empresas petroleras se mostrarán reacias a dar un paso que podría resultar muy costoso. No es de extrañar, pues, que el director ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, haya calificado a Venezuela de “inviable para la inversión” en su estado actual.

Tanque de almacenamiento en una instalación petrolera en Venezuela con el nombre de Pdvsa y el lema:
Getty Images
Hugo Chávez usó los recursos de la industria petrolera para financiar su proyecto socialista dentro y fuera de Venezuela.

Es revelador que Trump no haya vuelto con una oferta de incentivos para promover la inversión. En cambio, amenazó con bloquear la inversión de ExxonMobil en Venezuela. La política es “todo palo, nada de zanahoria”, afirma De Bolle, del Instituto Peterson usando la expresión en inglés que significa “todo castigo, nada de premio”.

“Y no parece que entiendan que necesitan zanahorias”, añade.

En opinión de De Bolle, el gobierno de Trump tiene una “visión imperialista” de América Latina que la lleva a considerar los recursos de la región como de su propiedad. Para ella, la aversión de las empresas petroleras privadas hacia Venezuela es una barrera bienvenida a ese tipo de apropiación de recursos.

“Es un momento en el que uno piensa: ‘Gracias a Dios que Estados Unidos no tiene una empresa petrolera estatal'”, afirma. “Necesitan al sector privado, pero por el momento, este no se mueve. ¿Y qué empresa en su sano juicio va a invertir dinero en Venezuela?”.

Pero si la producción petrolera de Venezuela acaba aumentando, ¿podría hacer bajar los precios mundiales del petróleo? Los analistas se niegan a pronunciarse.

“Depende de la escala en la que se produzca”, afirma Jackson, de Capital Economics.

“La situación es muy fluida, muy opaca, y hay un gran ángulo geopolítico. Estamos en las primeras etapas en lo que respecta a la producción venezolana”, apunta.

BBC

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