
“Nos han arrebatado algo más que la financiación. Nos han arrebatado la esperanza, la fe y la oportunidad de buscar la felicidad”. Con estas palabras, una activista LGBT describió la situación que se vive en la región del Caribe ante la disminución de recursos para asociaciones civiles.
De acuerdo con Outright International, organización que cuenta con 35 años de experiencia trabajando a favor de las personas LGBT, desde enero de 2025 se han recortado 125 millones de dólares a nivel mundial que estaban destinados a trabajar a favor de los derechos de esta población.
Sólo en Outright International se perdieron 10 millones de dólares comprometidos para 120 proyectos en 50 países, lo que ha llevado a que una cuarta parte de sus socios beneficiarios estén en riesgo de cerrar programas, despedir personal o reducir sus servicios.
La organización, con sede en Estados Unidos, vio afectados sus ingresos luego de que a principios de 2025 la administración del presidente Donald Trump anunció que se suspendían los financiamientos otorgados a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que entre el 2001 y 2024 contó con un presupuesto promedio de 23 mil millones de dólares anuales y realizó misiones en más de 100 países en áreas como la educación, la salud global, la protección del medio ambiente y la gobernanza democrática.
María Sjödin, directora de Outright International, señaló en entrevista que esto ocurre en un contexto en el que “hay más de 60 países en el mundo que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo y donde las personas LGBT enfrentan discriminación, persecución e incluso penas de muerte”, ante lo cual se vuelve imprescindible el trabajo de las organizaciones de derechos humanos.

Los programas afectados por el recorte de financiamiento a Outright International incluyen servicios de seguridad, defensa legal, documentación de crisis de derechos, espacios comunitarios, apoyo relacionado con el VIH, participación democrática y la continuidad organizativa básica de las personas LGBT, entre ellos programas para capacitación laboral de personas migrantes y refugiadas.
Sin embargo, Sjödin alertó que la crisis que atraviesan actualmente las organizaciones LGBTIQ va más allá de esta población, ya que coincide con lo que ocurre con otros grupos de la sociedad civil, principalmente aquellos que documentan abusos de gobiernos autoritarios o con tendencias autoritarias, los cuales incluyen grupos ambientalistas, medios independientes, asociaciones de derechos de las mujeres y observadores electorales.
Al mismo tiempo, los presupuestos locales e internacionales se están trasladando al financiamiento de actividades militares y se han fortalecido los discursos en contra de la diversidad sexual, principalmente en contra del reconocimiento de la identidad de las personas trans. Ante este contexto, la activista enfatizó que “proteger a las personas LGBTIQ es esencial para la protección de los derechos humanos y la democracia”.
“Los gobiernos saben que si pueden quitar financiamiento a los movimientos primero, no quedará nadie para documentar lo que vendrá después”, afirmó Maria.
La directora de Outright International agregó que las organizaciones LGBT suelen ser el primer objetivo porque son políticamente más fáciles de aislar debido a la discriminación que hay hacia la diversidad sexual. Sin embargo, dijo, “estrategias como las restricciones al financiamiento extranjero, barreras burocráticas y denegación de acceso bancario se están desplegando contra otros”.

“Esto no es un bache. Es un intento de asfixiar a un movimiento. Mientras las fuerzas anti-LGBTIQ impulsan nuevas leyes y narrativas hostiles diseñadas para borrar las vidas de las personas de las políticas públicas, las organizaciones que las defienden están siendo desfinanciadas sistemáticamente. Nos negamos a permitir que eso suceda”, expresó.
Tal como lo planteó una activista que trabaja en un país africano que actualmente se encuentra en medio de un conflicto armado –cuya ubicación exacta se omite por seguridad–, “cuando el financiamiento desaparece, no sólo se detiene nuestro trabajo, se pone a gente en peligro”.
A pesar del crecimiento de los movimientos anti-trans, la persistencia de los estigmas contra las personas gays, lesbianas y bisexuales en algunas regiones, así como de las tendencias de los gobiernos de concentrar sus recursos de manera nacional y reducir los fondos para la protección de derechos humanos, Outright International ha lanzado una campaña que apuesta por la solidaridad de entidades, fundaciones y personas de todo el mundo.
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La campaña ‘Funding our freedom’ (Financiando nuestra libertad) tiene la meta de juntar 10 millones de dólares para continuar con el apoyo a organizaciones que enfrentan mayor riesgo operativo y que se encuentran en países donde las personas de la diversidad sexual corren mayor peligro –por lo que omiten mencionarlos para salvaguardar la seguridad de los grupos que brindan apoyo a la población LGBT–.
También esperan contar con recursos que permitan el sostenimiento de los programas centrales de Outright International en materia de investigación, documentación, respuestas humanitarias y mecanismos de derechos humanos, incluyendo el trabajo que realizan en las Naciones Unidas y otros organismos globales.
“No buscamos cubrir la carencia de 10 millones de dólares de inmediato. Ninguna organización puede hacerlo. Pero invitamos a la gente a unirse a nosotros para que primero conozcan más sobre esto, lo que significa, la importancia de que nos unamos y esperamos que la mayor cantidad posible de personas puedan hacer una donación. Creemos que la solidaridad global es realmente importante”, remarcó Sjödin.

La campaña se lanzó el pasado 20 de enero y estará recabando recursos hasta el próximo 30 de junio. Hasta ahora, Maria celebró que “ya hemos recaudado más de 5 millones de dólares, aportados por más de 150 personas de distintos países”.
“La gente está respondiendo a diferentes cosas, pero ahora mismo se está dando cuenta de que varios gobiernos intentan silenciar a organizaciones, no sólo a las que trabajan en el tema LGBTIQ, sino de diversos tipos, lo que se ve como parte de una campaña antidemocrática”, concluyó.
Para conocer más acerca del trabajo que realiza Outright International o aportar a la campaña de recaudación ‘Funding our freedom‘ visita su página web.

Dos recientes accidentes mortales, en particular el choque de trenes que ocurrió el pasado 18 de enero cerca de Córdoba, han puesto de relieve los problemas que atraviesa la seguridad de la red ferroviaria de España.
Hasta hace tan solo unos días, la red ferroviaria de España era una fuente de orgullo patrio. Sin embargo, dos accidentes mortales casi seguidos empezaron a sembrar dudas sobre la seguridad de la infraestructura estatal.
En el primero y más grave, la colisión de dos trenes de alta velocidad en Andalucía se saldó con 45 muertos y más de 100 heridos el pasado 18 de enero.
El brutal choque de Adamuz, cerca de la ciudad meridional de Córdoba, es uno de los peores accidentes de trenes en la historia reciente de Europa, con la cifra más alta de víctimas mortales en España desde 2013.
En el segundo incidente, ocurrido en Cataluña dos días después, murió el conductor en prácticas cuando el tren de cercanías -la red que recorre distancias medias- chocó frontalmente con una pared derrumbada sobre la vía.
Las investigaciones de lo sucedido están en su fase preliminar y es prematuro sacar conclusiones o señalar posibles responsables, especialmente cuando el país sigue inmerso en un proceso de duelo.
Pero es inevitable que surjan preguntas sobre la fiabilidad de una red ferroviaria tan admirada en las últimas décadas.
El informe preliminar sobre el accidente de Adamuz presentado por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) sugiere que la vía presentaba grietas antes de la catástrofe.
Instando a la precaución, el ministro de Transportes español, Óscar Puente, dijo que parecía “un problema que nunca antes habíamos visto en nuestra red”.
La inversión que recibe la red ferroviaria ha sido objeto de especial escrutinio.
El gobierno socialista ha intentado despejar las dudas, señalando, por ejemplo, que en los últimos años se han invertido 700 millones de euros (US$837 millones) en la modernización de la línea Madrid-Andalucía, incluyendo el tramo donde se produjo el accidente.
“Tenemos un sistema ferroviario extremadamente seguro, uno de los más seguros de Europa, y vamos a intentar mejorarlo aprendiendo de lo que ha ocurrido en este caso”, señaló Puente.
Pero el sindicato de maquinistas Semaf, que agrupa al 90% de los conductores de tren, no está de acuerdo y cree que “el deterioro ha sido paulatino y se debe sobre todo a una falta de mantenimiento”.
“Lleva mucho tiempo sin realizarse inversiones, tanto en el mantenimiento de la infraestructura como de los vehículos”, le dice el portavoz del sindicato a BBC Mundo.
La agrupación, afectada por la muerte de dos compañeros en un margen de dos días, ha convocado una huelga nacional del 9 al 11 de febrero, ya que considera “inadmisible el empeoramiento constante del ferrocarril” que daña “la seguridad y fiabilidad de la red”.
Los maquinistas estiman que ahora hay más baches en las vías, sacudidas y vibraciones que pueden ocasionar que quienes no estén sentados durante el trayecto sufran un percance en el viaje.
Por eso, dicen, hay tramos en los que tienen que bajar la velocidad.
“Esto es como si tú pasas cada día por el mismo camino para ir al trabajo. Sabes dónde están los agujeros en la carretera y cuando llegas a ellos, tomas precauciones”, explican.
“Obviamente, hasta que un bache supone un peligro, tardan mucho en arreglarlo. Pero para que las cosas estén bien, hay que mantenerlas”.
La red española, dicen los expertos, tiene un nivel de desarrollo y madurez muy notable.
Su configuración ha ido creciendo desde 1992, creando círculos concéntricos desde el centro hasta la periferia del país.
El sistema radial intenta unir Madrid con los principales puertos y las principales capitales.
“La red ferroviaria española es segura. Eso hay que dejarlo claro. Ahora parece que todo está fatal y no es así”, explica Javier Jiménez, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, y experto ferroviario.
“Las líneas tienen sus mantenimientos preventivos, a cargo de ADIF, el administrador de las líneas, y tienen su parque de vehículos para hacer auscultaciones e inspecciones visuales de la via. Que yo sepa, se siguen todos los protocolos habituales”, agrega.
En el caso de la alta velocidad, España ha estado marcada desde 2021 por un proceso de liberalización del sector.
“La culpa no es de la liberalización ni mucho menos. El problema es que hay más circulación en las vías y esto lleva a un mayor desgaste de las infraestructuras ferroviarias en general”, añaden desde Semaf, refiriéndose tanto a la red de alta velocidad como a los trenes de media y pequeña distancia.
“Es verdad que yo mismo como usuario he notado un aumento de las vibraciones en la línea Madrid-Zaragoza, pero se entiende que están dentro de los límites de tolerancia que permite una vía y sin poner en riesgo la seguridad de los usuarios”, acota el ingeniero Jiménez.
Explotada hasta hace 5 años como un monopolio por la compañía estatal Renfe, por la red circulan ahora los AVE y los AVLO del operador público y también los trenes de Iryo, de la compañía pública italiana Trenitalia, y Ouigo, filial de la ferroviaria estatal de Francia, SCNF.
La liberalización ha llevado a una bajada significativa de los precios, haciendo que el tren de alta velocidad sea una opción de transporte cada vez más asequible para amplios sectores de la población.
En algunos meses, el trayecto Madrid-Barcelona se puede hacer por US$22.
La caída de los precios, del 40% en algunas de las líneas más utilizadas, ha impulsado un incremento del 77% en el número de pasajeros, alcanzando los 40 millones en 2024, más que nunca en la historia.
Y eso que solo se han liberalizado tres tramos de la red.
Pero más viajeros significa más uso.
Un informe de 2025 de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia destacó que la competencia de tres operadores intensificó el uso de la red un 42% entre 2019 y 2024, con aumentos del 80% en el corredor Madrid–Levante, del 43% en el Madrid–Barcelona, del 28% en el Madrid–Sur.
“Efectivamente ha habido un cambio sustancial en cuanto a la intensidad de la utilización de la red. Hemos pasado prácticamente de 2-3 trenes a la hora a un tren cada 4 minutos”, dice en conversación telefónica Carlos Lérida, profesor de Economía del Transporte de la Universidad Autónoma de Madrid.
“España realizó una liberalización muy intensa. Somos el único país de Europa que ha abierto la red de alta velocidad y ha pasado de una red de un operador a una red de tres operadores”, recuerda.
Para él, esto supone, desde el punto de vista operativo, un desafío grande.
“Este aumento de la circulación de trenes aumenta la posibilidad de accidentes, aunque no sea más que probabilidad. Pasa igual en una carretera. Las que no tienen casi uso, no registran incidencias”, afirma Lérida, que cree que en el caso del accidente de Córdoba la mala suerte jugó un papel importante.
El choque de Adamuz se produjo cuando los tres últimos vagones de un tren de la compañía Iryo que viajaba de Málaga a Madrid descarrilaron justo en el momento en el que otro tren circulaba por la vía contigua en sentido inverso.
Debido a la falta de acuerdos parlamentarios, desde hace tres años España no aprueba nuevos Presupuestos Generales del Estado.
Esto ha hecho que el país funcione prorrogando repetidamente los de 2023 para 2024 y para el curso 2025/2026.
Esta situación de bloqueo presupuestario es inusual y ha limitado la capacidad de legislar y planificar nuevas cuentas públicas.
España destinó en 2024 el 15,8% de su inversión ferroviaria al mantenimiento de la red, el nivel más bajo desde 2016, según datos de Eurostat recogidos por la publicación especializada El periódico de la ingeniería.
Entre 2016 y 2023, el mantenimiento representó de forma estable en torno al 19%–20% de la inversión ferroviaria total.
“La caída registrada en 2024 rompe esa tendencia y se produce en un momento en el que la red ferroviaria española continúa ampliándose y el número de viajeros sigue creciendo, especialmente en los servicios de alta velocidad”, se lee en la publicación.
Y si hablamos de las redes de media distancia que solo opera la empresa estatal Renfe, y une núcleos regionales, esta tiene menor distancia y aquí no se admite la competencia privada.
“Aquí tenemos como objetivo fundamental la accesibilidad social y no se depende de la rentabilidad. Lo mismo sucede con la red básica convencional que da servicio al tejido rural y el tejido local”, apunta Carmen Lizarraga, profesora titular de Economía Aplicada de la Universidad de Granada.
Con el aumento de viajeros en alta velocidad, aumenta la complejidad para ADIF, que es la administradora de todas las infraestructuras ferroviarias, porque comparte su gestión con el resto de la red: de los 16.000 kilómetros de vías en España, solo 4.000 son de alta velocidad.
“Vemos un desequilibrio de inversión, tanto en expansión como en mantenimiento. Entonces, lo que urge es equilibrar la inversión en alta velocidad con la red básica para tener tanto una cohesión territorial real como para desaturar esta parte de alta velocidad”, cree Lizarraga.
Para Santiago Sabariego, exjefe de Gabinete de Investigación de Accidentes en ADIF, quizás el éxito del crecimiento de viajeros gracias a políticas comerciales muy agresivas entre operadores y bonos sociales del gobierno, ha nublado la realidad que vive hoy la infraestructura ferroviaria española. “Quizás falte perspectiva”, dice.
De lo que sí está seguro es que “los equipos de investigación, tanto de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, como de ADIF, son de una estimable y acreditada cualificación. Y si trabajan como siempre lo han hecho, estoy seguro de que se sabrán tanto la última causa, la que desencadena el accidente, como las causas subyacentes del mismo”, afirma.
La investigación sigue su curso y en los próximos meses se conocerá un informe final que aglutinará todas las pesquisas técnicas realizadas.
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