
A más de un año de que se anunciara el inicio de sus operaciones, los datos oficiales muestran que la refinería de Dos Bocas, en Tabasco, ha procesado solo una cuarta parte del volumen prometido por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y por el exdirector de Pemex, Octavio Romero Oropeza.
Entre agosto de 2024 y septiembre de 2025, periodo en el que el gobierno aseguró repetidamente que la planta operaría a plena capacidad, la refinería debió haber procesado 142 millones 800,000 barriles de crudo, de acuerdo con la promesa oficial de 340,000 barriles diarios.
Pero datos de Pemex muestran un desempeño muy distinto: en esos 14 meses, Dos Bocas solo procesó 35 millones 673,000 barriles, equivalente apenas al 25 % de lo comprometido. En otras palabras, la refinería quedó tres cuartas partes por debajo del nivel de procesamiento que el gobierno había asegurado que alcanzaría desde 2024.

Desde su inauguración, en agosto de 2024, la refinería de Dos Bocas ha sido presentada por el gobierno como la pieza clave para lograr la autosuficiencia energética. Sin embargo, los gobiernos de López Obrador y Claudia Sheinbaum acumulan al menos 11 afirmaciones incorrectas sobre la operación real de la refinería, emitidas tanto por el propio gobierno federal como por Pemex y por la actual presidenta.
El 3 de agosto de 2024, Romero Oropeza aseguró que “a partir del 21 de agosto” la refinería procesaría 340,000 barriles diarios de crudo, es decir, su capacidad máxima. No ocurrió. Ese mes Dos Bocas procesó 84,100 barriles diarios, apenas el 25 % de lo prometido.
Días después, el entonces presidente López Obrador ratificó la misma promesa: “A mediados de septiembre ya va a estar con 340,000 barriles diarios”. Pero en septiembre de 2024 el procesamiento cayó aún más: solo 18,100 barriles diarios, lo que representa apenas el 5 % de la meta anunciada.
A lo largo de los meses posteriores, el desempeño continuó lejos de las expectativas.
En septiembre de 2025 —un año después de la fecha en que el gobierno aseguraba que Dos Bocas operaría a toda capacidad— la refinería procesó 194,800 barriles diarios, de acuerdo con cifras oficiales de Pemex. Aunque este volumen es mayor que el del arranque, sigue siendo 43 % inferior a los 340,000 barriles que se habían comprometido como operación plena.
En suma, desde agosto de 2024 hasta septiembre de 2025, Dos Bocas nunca se acercó a la meta oficial y, en promedio, ha procesado una cuarta parte de lo prometido.
El 12 de octubre de 2025, durante una visita a Villahermosa, Tabasco, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que “la refinería Dos Bocas, la refinería Olmeca, está funcionando al 100 %”.
Como te mostramos en esta nota, su declaración fue falsa. Los datos públicos más recientes de Pemex, correspondientes a septiembre de 2025, muestran que la refinería procesó 194,800 barriles diarios, es decir, 57 % de su capacidad.

El 7 de noviembre de 2025, durante su comparecencia en el Senado, la secretaria de Energía, Luz Elena González, aseguró que Dos Bocas “tiene un nivel de refinación de 270,000 barriles” y que “es la refinería que más gasolinas produce en el país”.
Ninguna de las dos afirmaciones se sustenta con los datos oficiales publicados por Pemex.
Según el reporte Observado-Mensual de septiembre de 2025, Dos Bocas:
Ese mismo mes, por ejemplo, la refinería de Tula produjo 90,800 barriles diarios de gasolina, una cifra superior a la de Dos Bocas.

La estimulación cerebral se ha utilizado durante mucho tiempo para tratar enfermedades como el párkinson y ahora se está probando para otras afecciones como la pérdida de memoria.
¿Tienes una larga lista de la compra que necesitas recordar? ¿O los nombres de los invitados a una reunión importante?
Existen trucos de memoria que se usan para entrenar el cerebro y que funcione mejor: el llamado método “software” para mejorar la capacidad mental.
Pero ¿podríamos también usar hardware, es decir, dispositivos que le dan un impulso eléctrico al cerebro?
Hasta ahora, esta tecnología se ha desarrollado para ayudar a restaurar la función cerebral en ciertas afecciones neurológicas.
La estimulación cerebral profunda (ECP) es un ejemplo: una técnica compleja que se ha utilizado durante muchos años para tratar a personas con trastornos del movimiento como la enfermedad de Parkinson.
La profesora Francesca Morgante, de la Universidad City St George’s de Londres, ha observado el impacto de la estimulación cerebral profunda (ECP) en sus pacientes.
“[La ECP] se considera para aquellas personas cuya medicación no logra controlar los síntomas”, le dijo al programa CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
En la enfermedad de Parkinson, las células que producen dopamina, el mensajero químico, se mueren.
La dopamina es necesaria para la señalización en las partes del cerebro que controlan los movimientos corporales. Sin suficiente dopamina, quienes padecen Parkinson pueden experimentar síntomas como temblores, rigidez y lentitud en los movimientos.
La enfermedad empeora con el tiempo y actualmente no tiene cura.
La ECP consiste en implantar quirúrgicamente un generador de pulsos bajo la piel, por lo general justo debajo de la clavícula. Este se conecta a cables o electrodos que se insertan en las áreas cerebrales afectadas para estimularlas con una pequeña corriente eléctrica.
El dispositivo actúa como un marcapasos cerebral, explica Morgante, ayudando a restablecer la señalización cerebral normal.
Si bien la estimulación cerebral profunda puede ayudar a aliviar algunos de los síntomas del párkinson, no siempre es eficaz.
Las formas en que la vasta red de neuronas se envían señales eléctricas entre sí son complejas y, hasta el momento, no se comprenden del todo.
“Hay muchos más síntomas que solo temblores y problemas de movilidad”, afirma la Dra. Lucia Ricciard, también de la Universidad City St George de Londres. “Incluyen síntomas como depresión, ansiedad, falta de motivación, problemas de memoria y dificultades para dormir”.
Y añade que los estudios sugieren que la estimulación cerebral profunda también puede ayudar a aliviar algunos de estos síntomas, como la depresión y la ansiedad, pero se necesita más investigación.
Además, existen consideraciones individuales. Cada cerebro es altamente complejo y único, por lo que no existe un enfoque que sirva para todos.
Los cables implantados que se utilizan en la ECP constan de múltiples segmentos independientes que se conectan a diferentes neuronas.
Los expertos deben determinar qué segmentos estimular para lograr el mayor impacto en los síntomas del paciente.
“La decisión de cuál activar y con qué parámetro en términos de frecuencia, amplitud y pulso: hay muchos aspectos que debemos considerar”, afirma Ricciard.
Este proceso de calibración personalizado, tradicionalmente realizado mediante ensayo y error, está mejorando constantemente, especialmente ahora que la IA puede sugerir qué combinaciones son las mejores para cada cerebro.
No está muy claro aún si la estimulación cerebral sirve para mejorar otras funciones como la memoria. Sin embargo, eso es actualmente objeto de investigación.
La memoria humana se centra en una región cerebral llamada hipocampo.
Este recibe información de otras partes del cerebro, como el olor, el sonido y la imagen de una experiencia, y la convierte en un código que se almacena a corto o largo plazo, según explicó el Dr. Robert Hampson, experto en memoria de la Universidad Wake Forest, en Estados Unidos.
Hace varios años, su equipo realizó experimentos con pequeños roedores, a los que les dio una tarea que requería el uso de la memoria, y observó la aparición de patrones eléctricos específicos antes de que el animal decidiera qué hacer.
“Si la rata de laboratorio va a girar a la izquierda, obtengo un patrón que llamo ‘izquierda’, y si va a girar a la derecha, obtengo un patrón que llamo ‘derecha'”, explicó Hampson.
“Descubrimos que existen patrones asociados con el correcto funcionamiento de la memoria y con su posible fallo”, afirmó.
Hampson empezó a preguntarse si sería posible influir en estos patrones y “reparar la memoria cuando falla”.
Su equipo fue pionero en las primeras pruebas en humanos de un dispositivo llamado prótesis neural hipocampal, aunque Hampson lo describió como “más como una muleta o un yeso” que como una prótesis.
Similar a la ECP, implica la implantación quirúrgica de numerosos electrodos, esta vez dirigidos al hipocampo.
La tecnología aún no está completamente desarrollada. Por lo tanto, en lugar de un marcapasos, los electrodos están conectados a una gran computadora externa que puede enviar y recibir señales del cerebro.
“Intentamos restaurar la función cuando esta se debilita o se pierde”, afirmó.
Los primeros indicios son prometedores al probarse en personas con epilepsia.
“Observamos una mejora del 25% al 35% en la capacidad de retener información durante este tiempo, de aproximadamente una hora a 24 horas”, comentó Hampson. “Esto se observó en los sujetos que presentaban mayores problemas de memoria al inicio de la prueba”.
Esta tecnología podría algún día ayudar a quienes padecen problemas de memoria como el alzheimer, según Hampson.
Pero, ¿se podría mejorar el cerebro de cualquier persona, no solo de quienes padecen enfermedades degenerativas?
Hampson cree que aún tenemos mucho que aprender sobre por qué la memoria de algunas personas funciona mejor que la de otras.
“No necesariamente tenemos suficiente información para decir: ‘¿Podemos mejorar (el cerebro) más allá de lo normal?'”, afirmó.
Y, por supuesto, existen obstáculos éticos que considerar, además de los riesgos de la propia cirugía cerebral.
“La memoria es la esencia que nos define, y lo único que no queremos es cambiarla”, comentó Dr. Hampson.
*Este artículo está basado en un episodio de CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
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