
Para entender mejor
Tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela en la cual fue capturado el presidente venezolano Nicolás Maduro, seguramente has visto que usuarios en redes han publicado memes sobre la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Especialistas explican que si bien este organismo internacional tiene facultades para restablecer la paz y la seguridad internacionales, no cuenta con la capacidad de ejecución.
“Facultad sí tiene, capacidad para ejecutar esa facultad por el derecho a veto es lo que no tiene”, advierte Jorge Alberto Schiavon Uriegas, profesor en el Departamento de Estudios Internacionales (DEI) de la Universidad Iberoamericana. “A nivel mundial existe una demanda de que la ONU tenga un carácter más enérgico, de que tenga una capacidad mucho más fuerte en cuestión de sus atribuciones legales para poder sancionar esta clase de acciones. Lamentablemente no tiene esas características”, agrega.
Esto se debe a que, en la Carta de las Naciones Unidas, se establecieron seis órganos principales en la organización, uno de los cuales es el Consejo de Seguridad. Su responsabilidad es mantener la paz y la seguridad internacionales cuando se vean amenazadas.
El Consejo de Seguridad tiene 15 miembros y cada miembro tiene un voto. Sin embargo, Estados Unidos, al ser uno de los cinco miembros permanentes, puede vetar las resoluciones que haga el consejo, de manera que no sean vinculantes.
Los cinco miembros permanentes son China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos. Los otros 10 estados miembros son elegidos por periodos de dos años con representación regional. En 2026, se trata de Bahréin, Colombia, Dinamarca, Grecia, Letonia, Liberia, Pakistán, Panamá, República Democrática del Congo y Somalia.
“Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad no han permitido que la ONU evolucione, que verdaderamente represente los intereses de todo el mundo”, lamenta Daniel Edgar Muñoz Torres, jefe de la Carrera de Relaciones Internacionales en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón.

Para Efraín Nieves Hernández, maestro en Derechos Humanos por la Universidad Castilla-La Mancha, con la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, Donald Trump dejó de lado a la ONU porque no consultó al Consejo de Seguridad.
El Capítulo VII: Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión, de la Carta de las Naciones Unidas, establece acciones a tomar en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión.
“El Consejo de Seguridad podrá decidir qué medidas que no impliquen el uso de la fuerza armada han de emplearse para hacer efectivas sus decisiones, y podrá instar a los Miembros de las Naciones Unidas a que apliquen dichas medidas, que podrán comprender la interrupción total o parcial de las relaciones económicas y de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, radioeléctricas, y otros medios de comunicación, así como la ruptura de relaciones diplomáticas”, indica el Artículo 41.
“Estados Unidos, como parte de la ONU, sí tiene que rendir cuentas de lo que hace en sus relaciones internacionales o en sus relaciones con otros países porque lo que sostiene el sistema del derecho internacional es un principio de no intervención”, considera Nieves Hernández.
Además, el Capítulo VII especifica que únicamente se puede hacer intervención a nivel internacional con el apoyo del Consejo de Seguridad. “Si el Consejo de Seguridad estimare que las medidas de que trata el Artículo 41 pueden ser inadecuadas o han demostrado serlo, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”, destaca el Artículo 42, que también fue incumplido.
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El 5 de enero el Consejo de Seguridad llamó a una reunión de emergencia para discutir la situación de Venezuela y la región latinoamericana. Cuando hay controversias, el Consejo suele primero recomendar a las partes llegar a acuerdos pacíficos, pero si no hay solución, puede imponer sanciones económicas o incluso el uso de la fuerza para hacer cumplir sus mandatos pero, a diferencia de otros órganos dentro de la ONU, este es el único órgano cuyas decisiones están obligadas a cumplir todos los Estados Miembros.
“El Consejo de Seguridad podría llevar el caso a la Corte Penal Internacional, pero pasando por la unanimidad de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Estados Unidos y algún otro aliado no lo van a hacer”, anticipa Efraín Nieves Hernández.
Además, Estados Unidos no reconoce a la Corte Penal Internacional ya que no ha ratificado el Estatuto de Roma. “Donald Trump ha señalado que si la ONU y las organizaciones internacionales no lo apoyan como x quiere en política internacional, él básicamente lo que va a hacer es retirar a su país de esas organizaciones internacionales”, recuerda Efraín Nieves Hernández.
En conclusión, la ONU puede emitir resoluciones y recomendaciones con el consentimiento de los Estados Miembros, pero no son obligatorias ni tienen efectos legales.
“La ONU no es un policía del mundo, no es un órgano jurídico internacional que le pueda poner a un estado una sanción, no es como tal ningún gobierno mundial que tenga la capacidad de poner un castigo como en el derecho interno”, aclara Daniel Edgar Muñoz Torres.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que la ONU sí puede crear un mecanismo especial para Venezuela, como un relator. De hecho, desde 2019, mantiene una misión que investiga violaciones a derechos humanos en dicho país, vigente hasta 2026.
“Naciones Unidas puede ser un espacio y un marco para la negociación entre los dos países o también, por parte de otros miembros de la comunidad internacional, para encontrar una salida negociada a la actual intervención y muy particularmente para tratar de asegurar que el impacto sobre los venezolanos sea lo menos negativo y lo más cercano a defender los derechos humanos”, sostiene Jorge Alberto Schiavon Uriegas.
Incluso, expertos como Efraín Nieves Hernández llaman a actualizar nuestra propia política exterior americana.
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La estimulación cerebral se ha utilizado durante mucho tiempo para tratar enfermedades como el párkinson y ahora se está probando para otras afecciones como la pérdida de memoria.
¿Tienes una larga lista de la compra que necesitas recordar? ¿O los nombres de los invitados a una reunión importante?
Existen trucos de memoria que se usan para entrenar el cerebro y que funcione mejor: el llamado método “software” para mejorar la capacidad mental.
Pero ¿podríamos también usar hardware, es decir, dispositivos que le dan un impulso eléctrico al cerebro?
Hasta ahora, esta tecnología se ha desarrollado para ayudar a restaurar la función cerebral en ciertas afecciones neurológicas.
La estimulación cerebral profunda (ECP) es un ejemplo: una técnica compleja que se ha utilizado durante muchos años para tratar a personas con trastornos del movimiento como la enfermedad de Parkinson.
La profesora Francesca Morgante, de la Universidad City St George’s de Londres, ha observado el impacto de la estimulación cerebral profunda (ECP) en sus pacientes.
“[La ECP] se considera para aquellas personas cuya medicación no logra controlar los síntomas”, le dijo al programa CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
En la enfermedad de Parkinson, las células que producen dopamina, el mensajero químico, se mueren.
La dopamina es necesaria para la señalización en las partes del cerebro que controlan los movimientos corporales. Sin suficiente dopamina, quienes padecen Parkinson pueden experimentar síntomas como temblores, rigidez y lentitud en los movimientos.
La enfermedad empeora con el tiempo y actualmente no tiene cura.
La ECP consiste en implantar quirúrgicamente un generador de pulsos bajo la piel, por lo general justo debajo de la clavícula. Este se conecta a cables o electrodos que se insertan en las áreas cerebrales afectadas para estimularlas con una pequeña corriente eléctrica.
El dispositivo actúa como un marcapasos cerebral, explica Morgante, ayudando a restablecer la señalización cerebral normal.
Si bien la estimulación cerebral profunda puede ayudar a aliviar algunos de los síntomas del párkinson, no siempre es eficaz.
Las formas en que la vasta red de neuronas se envían señales eléctricas entre sí son complejas y, hasta el momento, no se comprenden del todo.
“Hay muchos más síntomas que solo temblores y problemas de movilidad”, afirma la Dra. Lucia Ricciard, también de la Universidad City St George de Londres. “Incluyen síntomas como depresión, ansiedad, falta de motivación, problemas de memoria y dificultades para dormir”.
Y añade que los estudios sugieren que la estimulación cerebral profunda también puede ayudar a aliviar algunos de estos síntomas, como la depresión y la ansiedad, pero se necesita más investigación.
Además, existen consideraciones individuales. Cada cerebro es altamente complejo y único, por lo que no existe un enfoque que sirva para todos.
Los cables implantados que se utilizan en la ECP constan de múltiples segmentos independientes que se conectan a diferentes neuronas.
Los expertos deben determinar qué segmentos estimular para lograr el mayor impacto en los síntomas del paciente.
“La decisión de cuál activar y con qué parámetro en términos de frecuencia, amplitud y pulso: hay muchos aspectos que debemos considerar”, afirma Ricciard.
Este proceso de calibración personalizado, tradicionalmente realizado mediante ensayo y error, está mejorando constantemente, especialmente ahora que la IA puede sugerir qué combinaciones son las mejores para cada cerebro.
No está muy claro aún si la estimulación cerebral sirve para mejorar otras funciones como la memoria. Sin embargo, eso es actualmente objeto de investigación.
La memoria humana se centra en una región cerebral llamada hipocampo.
Este recibe información de otras partes del cerebro, como el olor, el sonido y la imagen de una experiencia, y la convierte en un código que se almacena a corto o largo plazo, según explicó el Dr. Robert Hampson, experto en memoria de la Universidad Wake Forest, en Estados Unidos.
Hace varios años, su equipo realizó experimentos con pequeños roedores, a los que les dio una tarea que requería el uso de la memoria, y observó la aparición de patrones eléctricos específicos antes de que el animal decidiera qué hacer.
“Si la rata de laboratorio va a girar a la izquierda, obtengo un patrón que llamo ‘izquierda’, y si va a girar a la derecha, obtengo un patrón que llamo ‘derecha'”, explicó Hampson.
“Descubrimos que existen patrones asociados con el correcto funcionamiento de la memoria y con su posible fallo”, afirmó.
Hampson empezó a preguntarse si sería posible influir en estos patrones y “reparar la memoria cuando falla”.
Su equipo fue pionero en las primeras pruebas en humanos de un dispositivo llamado prótesis neural hipocampal, aunque Hampson lo describió como “más como una muleta o un yeso” que como una prótesis.
Similar a la ECP, implica la implantación quirúrgica de numerosos electrodos, esta vez dirigidos al hipocampo.
La tecnología aún no está completamente desarrollada. Por lo tanto, en lugar de un marcapasos, los electrodos están conectados a una gran computadora externa que puede enviar y recibir señales del cerebro.
“Intentamos restaurar la función cuando esta se debilita o se pierde”, afirmó.
Los primeros indicios son prometedores al probarse en personas con epilepsia.
“Observamos una mejora del 25% al 35% en la capacidad de retener información durante este tiempo, de aproximadamente una hora a 24 horas”, comentó Hampson. “Esto se observó en los sujetos que presentaban mayores problemas de memoria al inicio de la prueba”.
Esta tecnología podría algún día ayudar a quienes padecen problemas de memoria como el alzheimer, según Hampson.
Pero, ¿se podría mejorar el cerebro de cualquier persona, no solo de quienes padecen enfermedades degenerativas?
Hampson cree que aún tenemos mucho que aprender sobre por qué la memoria de algunas personas funciona mejor que la de otras.
“No necesariamente tenemos suficiente información para decir: ‘¿Podemos mejorar (el cerebro) más allá de lo normal?'”, afirmó.
Y, por supuesto, existen obstáculos éticos que considerar, además de los riesgos de la propia cirugía cerebral.
“La memoria es la esencia que nos define, y lo único que no queremos es cambiarla”, comentó Dr. Hampson.
*Este artículo está basado en un episodio de CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
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