
Tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, el presidente Donald Trump insistió en sus amenazas de incorporar Groenlandia a su territorio debido a que tiene una posición estratégica en el mapa —la denominada brecha GIUK.
A pesar de la negativa de los habitantes y de Dinamarca, país que controla la isla, el presidente estadounidense considera hacer una oferta para comprar Groenlandia, según anunció la Casa Blanca este miércoles. Además, se ha negado de manera repetida a descartar el uso de fuerza para apoderarse de esta isla ártica, lo que ha provocado la negativa de sus aliados europeos y la postura de la posible disolución de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
El presidente estadounidense también ha emitido descalificaciones y amenazas a otros países como Colombia, Cuba, Irán y México. Esto es considerado por internacionalistas como una “política exterior demasiado agresiva”.
A continuación presentamos un análisis sobre por qué es tan importante Groenlandia para Estados Unidos, si es viable la disolución de la OTAN y a qué países mantiene bajo la mira.
“Necesitamos Groenlandia en una situación de seguridad nacional. Es muy estratégica. Ahora mismo está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes”. Estas fueron las palabras de Trump el 4 de enero de 2026, las cuales pronunció durante su primer mandato (2017-2021).
En 2019, por ejemplo, tuvo roces con Dinamarca. El primer mandatario había sido invitado al país por la entonces reina Margarita II. Trump aceptó y programó su visita para septiembre, luego de ir a Francia y Polonia, en el marco de la cumbre del G7. Entre sus intenciones estaba comprar Groenlandia, a lo que la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió: “No está en venta. Groenlandia no es danesa, es groenlandesa”.

Lo anterior, pese a que la isla se incorporó al país europeo en 1953 y hoy en día su política exterior, de seguridad, de defensa y monetaria sigue estando bajo su control; independientemente de su autogobierno alcanzado en 2009. Al final, la advertencia de la primera ministra llevó a Trump a cancelar sus planes de visita.
Groenlandia es una isla con una superficie de 2.16 millones de kilómetros cuadrados con yacimientos de recursos naturales, entre los que destacan el petróleo y los minerales de tierras raras. Esto último, según Juan Roberto Reyes Solís, profesor e investigador de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Anáhuac Querétaro, acrecienta el interés de Trump, especialmente ahora que China ha aprovechado su dominio en la industria para ejercer presión sobre Estados Unidos.
Actualmente hay 17 tipos de metales conocidos como tierras raras, que se extienden por la tabla periódica y resultan cruciales para industrias como la tecnología, energía y transporte. Un artículo de The New York Times apunta que sus usos pueden verse reflejados en motores de vehículos eléctricos, aviones de combate y misiles teledirigidos utilizados por el ejército, chips semiconductores que impulsan la inteligencia artificial, etcétera.
“Está orientado a ratificar su rivalidad frente a China y Rusia. Su política exterior es demasiado agresiva. Su interés por esta isla parte desde la seguridad nacional y lo económico. Es un tema de larga data; se remonta al siglo XIX, cuando el secretario de Estado William H. Seward ideó comprar Groenlandia e Islandia a Dinamarca. En cuanto a recursos naturales, posee importantes reservas de uranio —cuya extracción está prohibida por ley desde 2021—; son minerales críticos que, asumimos, podrían fortalecer su economía de aquí a 2030”, explica en entrevista con El Sabueso Reyes Solís.
Groenlandia ocupa una posición geopolítica estratégica. Ubicada entre Estados Unidos y Europa, también está sobre la denominada brecha GIUK, un paso marítimo entre la región ártica, Islandia y Reino Unido que conecta el Ártico con el océano Atlántico.

De acuerdo con el docente, la importancia de la brecha GIUK se acentuó durante la Guerra Fría, convirtiéndose en una línea de frente en la estrategia de defensa de la OTAN, y que a la fecha facilita el transporte entre Norteamérica y Europa.
El sitio web Geopolitical Monitor, en el cual se señala que el deshielo del Ártico amplía el teatro de operaciones de Rusia, muestra una mayor maniobrabilidad naval y un acceso más directo al Atlántico Norte a través de esa brecha. Esto puede permitir a las fuerzas navales rusas sortear cuellos de botella tradicionales, como el Øresund, lo que dificulta los esfuerzos de rastreo y contención de la OTAN.
La hipótesis de una intervención militar de Estados Unidos en Groenlandia, mencionado por la Casa Blanca como una de las opciones sobre la mesa —según la agencia AFP—, deja a la OTAN sometida a una presión sin precedentes. Es posible que sea la primera vez que un país miembro del bloque ataque a otro. Para el internacionalista, la alianza se ocupa exclusivamente de las amenazas militares externas y no de los problemas internos entre los países del bloque —integrado por 32 Estados miembros.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, comentó que la hipótesis de una acción de fuerza estadounidense es impensable. En sus palabras, Estados Unidos y Dinamarca coinciden en realidad en el mismo objetivo: garantizar la seguridad del Ártico frente a las ambiciones rusas y chinas. Y por ello no es necesario que Washington anexe este territorio donde ya existen bases estadounidenses, como la de Pituffik, cuya misión es vigilar el espacio, alertar de posibles ataques con misiles y controlar los satélites de defensa estadounidenses.
En tanto, Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y Reino Unido ya externaron su apoyo a Dinamarca en una declaración conjunta. Ante una posible intervención estadounidense en la isla, Reyes Solís pormenoriza que se romperían varios de los principios articulados de la OTAN. El Tratado del Atlántico Norte o Tratado de Washington, que constituyó a la Organización y fue firmado en abril de 1949, establece en su artículo 1 que las partes se obligan, conforme a la Carta de las Naciones Unidas, a resolver por medios pacíficos cualquier controversia internacional en la que se vean implicadas, de modo que la paz, la seguridad internacional y la justicia no resulten amenazadas.
“El gobierno de Trump desde hace años mantiene presión sobre la OTAN para que incremente su presupuesto en defensa, algo que resulta sumamente complejo. Se trata de una propuesta vinculada al PIB. Los países fuera de esa lógica no pueden cumplir con la expectativa que el presidente plantea de dirigir entre 4 y 5 % de su PIB al gasto militar con el fin de garantizar la modernización del armamento. Esta tensión —sumado a lo de Groenlandia— podría motivar un escenario en el que la alianza atlántica entre Estados Unidos y Europa avance hacia un divorcio”, aclara.
Para el investigador, la desaparición de la OTAN es una pequeña posibilidad, pero lo más probable es la permanencia de un organismo debilitado de consumarse la salida estadounidense, sin autoridad moral ni liderazgo internacional y con Estados Unidos como competidor y rival.
En contexto, la OTAN anunció que solo 22 de los 32 Estados miembros cumplían con un nivel de gasto en defensa del 2 % de su PIB en 2024, mientras que Estados Unidos impulsa una meta de 5 %. En ese momento, incluso llegó a plantear la posibilidad de retirar su protección a los países que no gastaran lo suficiente en presupuesto militar. En esa línea, la presión estadounidense hacia la OTAN ha sido constante, aunque el especialista considera que una ruptura inmediata todavía no resulta tan probable.
Aunado a ello, el presidente Trump y miembros de su gobierno también han dirigido advertencias a distintos países. En primera instancia, después del episodio con Nicolás Maduro, el mandatario republicano declaró ante periodistas a bordo del Air Force One que, al igual que Venezuela, “Colombia está muy enferma” y acusó al presidente colombiano, Gustavo Petro, de fabricar cocaína.
Estas palabras provocaron el rechazo de Petro y del gobierno colombiano en su conjunto, que señalaron que cualquier operación militar similar a la realizada en Venezuela implicaría una injerencia directa.
Tras varios intercambios de acusaciones y amenazas, Petro sostuvo el miércoles una conversación telefónica con su homólogo estadounidense. Ambos acordaron dos puntos: mantener próximamente una reunión en Washington y coordinar acciones contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), organización con más de seis décadas de existencia y presencia en la frontera con Venezuela.
En septiembre de 2025, Estados Unidos revocó la visa de Petro, después de que el presidente colombiano exhortó a soldados estadounidenses a desobedecer órdenes.
En el caso de Cuba, Trump afirmó el domingo que una intervención militar en la isla no resultaba necesaria porque el gobierno “está listo para caer”. Este jueves 9 de enero reiteró que la administración de Miguel Díaz-Canel “pende de un hilo” y “atraviesa serios problemas”.
Señaló que Cuba arrastra una crisis de más de cuatro décadas sin colapsar, aunque consideró que el país se encuentra más cerca del derrumbe. Conviene recordar que Cuba y Venezuela mantienen una estrecha relación de cooperación en áreas estratégicas como defensa, salud y educación.
En el caso de México, Trump lo ha acusado en repetidas ocasiones de no actuar con suficiente firmeza contra los cárteles de la droga. También aseguró el jueves que se aproximan ataques terrestres contra estas organizaciones, después de operaciones marítimas en el Pacífico y el Caribe, aunque no ofreció detalles adicionales.
México ha reforzado la cooperación fronteriza con Estados Unidos y ha extraditado en 2025 a decenas de líderes criminales; sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en que no permitirá ninguna forma de intervención militar extranjera.
Respecto a Irán, Trump retiró parcialmente sus advertencias. Aun así, amenazó con “golpear muy duro” si las autoridades comenzaban a asesinar manifestantes. Medios iraníes y comunicados oficiales reportaron al menos 21 personas fallecidas, entre ellas miembros de las fuerzas de seguridad, desde el estallido de las protestas del 28 de diciembre. Las movilizaciones surgieron después de que comerciantes de Teherán organizaron una protesta contra el aumento de precios y la caída del rial —la moneda iraní—, lo que desencadenó manifestaciones similares en otras ciudades.
El investigador Reyes Solís concluye que la administración de Trump valora el aseguramiento de recursos estratégicos como parte de su proyecto para “hacer nuevamente grande a Estados Unidos”, ante un escenario económico interno que considera “insuficiente”.
Según explica, el país atraviesa un momento histórico comparable al de hace un siglo, cuando predominaba la llamada “diplomacia de cañoneras” o política del “gran garrote”, caracterizada por una acción exterior agresiva. Si en el pasado el enemigo se identificaba con el comunismo, hoy ese papel lo ocupan la migración y el narcotráfico, factores que marcan varios frentes de la actual política exterior estadounidense.
“La instancia y el aseguramiento de recursos estratégicos son muy valiosos en la óptica de la administración de Trump, desde un enfoque de hacer nuevamente grande a Estados Unidos que, en el orden interno de economía nacional, no da para ello de forma suficiente. Es necesario el replanteamiento de industrias estratégicas y una renovación general en varios sectores productivos”, puntualiza.
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La estimulación cerebral se ha utilizado durante mucho tiempo para tratar enfermedades como el párkinson y ahora se está probando para otras afecciones como la pérdida de memoria.
¿Tienes una larga lista de la compra que necesitas recordar? ¿O los nombres de los invitados a una reunión importante?
Existen trucos de memoria que se usan para entrenar el cerebro y que funcione mejor: el llamado método “software” para mejorar la capacidad mental.
Pero ¿podríamos también usar hardware, es decir, dispositivos que le dan un impulso eléctrico al cerebro?
Hasta ahora, esta tecnología se ha desarrollado para ayudar a restaurar la función cerebral en ciertas afecciones neurológicas.
La estimulación cerebral profunda (ECP) es un ejemplo: una técnica compleja que se ha utilizado durante muchos años para tratar a personas con trastornos del movimiento como la enfermedad de Parkinson.
La profesora Francesca Morgante, de la Universidad City St George’s de Londres, ha observado el impacto de la estimulación cerebral profunda (ECP) en sus pacientes.
“[La ECP] se considera para aquellas personas cuya medicación no logra controlar los síntomas”, le dijo al programa CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
En la enfermedad de Parkinson, las células que producen dopamina, el mensajero químico, se mueren.
La dopamina es necesaria para la señalización en las partes del cerebro que controlan los movimientos corporales. Sin suficiente dopamina, quienes padecen Parkinson pueden experimentar síntomas como temblores, rigidez y lentitud en los movimientos.
La enfermedad empeora con el tiempo y actualmente no tiene cura.
La ECP consiste en implantar quirúrgicamente un generador de pulsos bajo la piel, por lo general justo debajo de la clavícula. Este se conecta a cables o electrodos que se insertan en las áreas cerebrales afectadas para estimularlas con una pequeña corriente eléctrica.
El dispositivo actúa como un marcapasos cerebral, explica Morgante, ayudando a restablecer la señalización cerebral normal.
Si bien la estimulación cerebral profunda puede ayudar a aliviar algunos de los síntomas del párkinson, no siempre es eficaz.
Las formas en que la vasta red de neuronas se envían señales eléctricas entre sí son complejas y, hasta el momento, no se comprenden del todo.
“Hay muchos más síntomas que solo temblores y problemas de movilidad”, afirma la Dra. Lucia Ricciard, también de la Universidad City St George de Londres. “Incluyen síntomas como depresión, ansiedad, falta de motivación, problemas de memoria y dificultades para dormir”.
Y añade que los estudios sugieren que la estimulación cerebral profunda también puede ayudar a aliviar algunos de estos síntomas, como la depresión y la ansiedad, pero se necesita más investigación.
Además, existen consideraciones individuales. Cada cerebro es altamente complejo y único, por lo que no existe un enfoque que sirva para todos.
Los cables implantados que se utilizan en la ECP constan de múltiples segmentos independientes que se conectan a diferentes neuronas.
Los expertos deben determinar qué segmentos estimular para lograr el mayor impacto en los síntomas del paciente.
“La decisión de cuál activar y con qué parámetro en términos de frecuencia, amplitud y pulso: hay muchos aspectos que debemos considerar”, afirma Ricciard.
Este proceso de calibración personalizado, tradicionalmente realizado mediante ensayo y error, está mejorando constantemente, especialmente ahora que la IA puede sugerir qué combinaciones son las mejores para cada cerebro.
No está muy claro aún si la estimulación cerebral sirve para mejorar otras funciones como la memoria. Sin embargo, eso es actualmente objeto de investigación.
La memoria humana se centra en una región cerebral llamada hipocampo.
Este recibe información de otras partes del cerebro, como el olor, el sonido y la imagen de una experiencia, y la convierte en un código que se almacena a corto o largo plazo, según explicó el Dr. Robert Hampson, experto en memoria de la Universidad Wake Forest, en Estados Unidos.
Hace varios años, su equipo realizó experimentos con pequeños roedores, a los que les dio una tarea que requería el uso de la memoria, y observó la aparición de patrones eléctricos específicos antes de que el animal decidiera qué hacer.
“Si la rata de laboratorio va a girar a la izquierda, obtengo un patrón que llamo ‘izquierda’, y si va a girar a la derecha, obtengo un patrón que llamo ‘derecha'”, explicó Hampson.
“Descubrimos que existen patrones asociados con el correcto funcionamiento de la memoria y con su posible fallo”, afirmó.
Hampson empezó a preguntarse si sería posible influir en estos patrones y “reparar la memoria cuando falla”.
Su equipo fue pionero en las primeras pruebas en humanos de un dispositivo llamado prótesis neural hipocampal, aunque Hampson lo describió como “más como una muleta o un yeso” que como una prótesis.
Similar a la ECP, implica la implantación quirúrgica de numerosos electrodos, esta vez dirigidos al hipocampo.
La tecnología aún no está completamente desarrollada. Por lo tanto, en lugar de un marcapasos, los electrodos están conectados a una gran computadora externa que puede enviar y recibir señales del cerebro.
“Intentamos restaurar la función cuando esta se debilita o se pierde”, afirmó.
Los primeros indicios son prometedores al probarse en personas con epilepsia.
“Observamos una mejora del 25% al 35% en la capacidad de retener información durante este tiempo, de aproximadamente una hora a 24 horas”, comentó Hampson. “Esto se observó en los sujetos que presentaban mayores problemas de memoria al inicio de la prueba”.
Esta tecnología podría algún día ayudar a quienes padecen problemas de memoria como el alzheimer, según Hampson.
Pero, ¿se podría mejorar el cerebro de cualquier persona, no solo de quienes padecen enfermedades degenerativas?
Hampson cree que aún tenemos mucho que aprender sobre por qué la memoria de algunas personas funciona mejor que la de otras.
“No necesariamente tenemos suficiente información para decir: ‘¿Podemos mejorar (el cerebro) más allá de lo normal?'”, afirmó.
Y, por supuesto, existen obstáculos éticos que considerar, además de los riesgos de la propia cirugía cerebral.
“La memoria es la esencia que nos define, y lo único que no queremos es cambiarla”, comentó Dr. Hampson.
*Este artículo está basado en un episodio de CrowdScience del Servicio Mundial de la BBC.
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