
Un video de 32 segundos en el que Mariana Rodríguez se pone de nuevo los tenis color naranja de la campaña de 2021 de su esposo, Samuel García, causó furor al arranque de las precampañas presidenciales. El video -titulado “desempolvando los fosfo-fosfo”- acumuló 7.3 millones de visualizaciones en Instagram y más de 113 mil en TikTok en menos de 48 horas, y forma parte de una campaña de promoción diseñada por la empresa eu~zên, la consultora a la que políticos y gobiernos de Movimiento Ciudadano han dado múltiples contratos millonarios de publicidad desde 2017, predominando la asignación directa.
Además de dicho video, en los primeros spots de García se le promueve como “El Nuevo”, y tal como ocurrió en la campaña de 2021, tanto él como Rodríguez ya comenzaron a recorrer calles pegando “calcas” en automóviles, esperando que esa imagen de nuevo les dé resultados. El propio Rafael Valenzuela, uno de los fundadores de eu~zên consultores, ha publicado recientemente en sus redes sociales que la de Samuel será la primera campaña presidencial de la agencia en México, agradeciendo al coordinador de MC, Dante Delgado, la confianza depositada en ellos.

Una revisión en la plataforma de Transparencia permitió ubicar, tan solo en el caso del gobierno de Samuel García en Nuevo León, cinco contratos por adjudicación directa a eu~zên consultores, entre 2021 y 2022, por 25.4 millones de pesos. Y, en el caso de 2023, se le dio a la consultora un contrato abierto “de acuerdo a las órdenes de servicio asignadas”, tomando en consideración el presupuesto aprobado para comunicación social en dicho año.
En dicho contrato, por cierto, se especifica en una ficha técnica que eu~zên conformaría tres equipos para la estrategia de difusión del gobierno de Nuevo León, uno de ellos enfocado en Mariana Rodríguez y las secretarías de gabinete de Igualdad, con 57 personas trabajando en labores de inteligencia, diseño de publicaciones en redes sociales, videos, y trabajo de narrativas y “rutas de comunicación”.
En el caso de Jalisco, en la plataforma de transparencia se ubican al menos 28 contratos por adjudicación directa del gobierno estatal y los municipales de Guadalajara y Zapopan bajo el mando de Movimiento Ciudadano, desde 2019. Entre ellos destacan los tres firmados por el gobierno de Enrique Alfaro, que hasta 2022 sumaron un monto de más de 47 millones de pesos.
Respecto al partido Movimiento Ciudadano a nivel nacional, su sección de Transparencia permite observar al menos tres contratos con eu~zên, de 2016, 2019 y 2020, por más de 16 millones de pesos.
eu~zên nació a partir de una ruptura interna con otra empresa jalisciense de comunicación política: Heurística. Esto en 2012, con Rafael Valenzuela como uno de sus fundadores. Actualmente hay rastro de que Heurística trabaja en la campaña de otra de las aspirantes presidenciales que está en campaña, Claudia Sheinbaum.
En entrevista con la publicación Campaigns & Elections, Valenzuela refiere que desde 2011 comenzaron a trabajar para la comunicación de Enrique Alfaro, cuando era alcalde de Tlajomulco, y siempre de la mano con empresas “aliadas”, que son La Covacha e Indatcom, las tres creciendo en ganancias y reconocimiento a la par que Movimiento Ciudadano fue ganando terreno político en el país.
Indatcom tiene el antecedente de que en 2016 fue señalada por la filtración del padrón electoral, luego de que Movimiento Ciudadano recibiera una copia del mismo.
Al ser alcalde de Guadalajara, según documentó el sitio local NTR, el gobierno de Alfaro dio contratos a Indatcom por 30 millones de pesos, y luego, como candidato a gobernador de Jalisco, 6.3 millones de pesos, para promoción en internet. En el caso de La Covacha, el monto de los contratos para su campaña fue de 1.6 millones de pesos.

La investigación Mercenarios Digitales, en la que participaron distintos medios de verificación de América Latina, retomó información de NTR en cuanto a que Indatcom participó en una oficina llamada “Machete”, en la que presuntamente se diseñaron estrategias de guerra sucia, manipulación de tendencias en redes y desacreditación de periodistas críticos, a favor de gobiernos de Movimiento Ciudadano en Jalisco.
Mercenarios Digitales también recordó que eu~zên asesoró a Xiomara Castro en las campañas presidenciales de 2017 y 2021 en Honduras, y que trabajó durante los primeros meses para el Gobierno de Castro y para la Alcaldía de Tegucigalpa.
El CEO de eu~zên presume que han logrado victorias cuando no eran favoritos, como en en 2018, “cuando era el mejor momento de Morena, le ganamos el gobierno de Jalisco con Alfaro, la zona metropolitana de Guadalajara y el Senado con Samuel García; y en 2021, cuando Morena daba por ganada Guadalajara, hicimos estrategia con Pablo Lemus y ganamos la ciudad por tercera vez de forma consecutiva”.
En 2021, refirió Valenzuela, trabajaron en 56 campañas, y en cuanto a su estrategia, destacan el papel que jugó Mariana Rodríguez en 2021, no solo con sus publicaciones en Instagram.
“A diferencia de lo que se piensa, la gran aportación de Mariana fue en la mesa de estrategia con sus opiniones, disciplina y sensatez; luego como punto de equilibrio de Samuel, como pareja y como equipo; después en la calle, ahí fue un fenómeno incansable y, por último, su manejo de redes que ya era su capital.
Claro que fue un vehículo de comunicación potente, pero todo lo anterior es mucho más valioso. Además, la elección de Nuevo León se ganó en los cruceros, no en las redes sociales. Y los cruceros se ganaron con el brillo de Mariana y convirtiendo a Samuel en el primer candidato brigadista”, dijo Valenzuela a Campaigns & Elections.

Hasta ahora no se conoce el monto del contrato firmado para la campaña de Samuel con eu~zên rumbo a la elección de 2024.
Pero de lo que sí hay datos es de que García es el político en México con el mayor gasto en anuncios de Facebook e Instagram, para que más personas vean sus publicaciones.
La biblioteca de anuncios de dicha red social muestra que, en los últimos 90 días, él firmó el descargo de responsabilidad por un gasto de 12 millones de pesos en publicidad, y además las campañas del gobierno Nuevo León destinaron otros 24 millones para el lucimiento ‘fosfo fosfo’ de la administración del ahora aspirante presidencial.


A pesar de las presiones de EE.UU. y de la alternancia de gobiernos mexicanos, México y Cuba nunca han cortado sus relaciones. Pero las amenazas de Trump ponen a prueba de forma inédita esta histórica asociación.
La hitórica relación entre México y Cuba, que ha pasado por diversas pruebas desde la Revolución Cubana de 1959, enfrenta un test sin precedentes este año.
Estados Unidos ha lanzado una agresiva política para aislar al gobierno de Cuba, con una orden directa del presidente Donald Trump promulgada a finales de enero para sancionar a los países que envíen petróleo a La Habana.
“Hay un embargo. No hay petróleo, no hay dinero, no hay nada”, dijo Trump el lunes al asegurar que su gobierno busca un “trato” con su contraparte cubana, sin detallar cuál es el objetivo.
Después de sacudir al gobierno de Venezuela a inicios de año, el objetivo regional de EE.UU. se ha centrado en Cuba, un país que desde hace más de seis décadas se ha sostenido como un antagonista de Washington bajo el gobierno de los hermanos Fidel y Raúl Castro, así como su heredero político, Miguel Díaz-Canel.
Y México ahora se ha colocado en medio de la disputa.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha criticado abiertamente la imposición de sanciones de EE.UU. a los envíos petroleros a Cuba, que califica de “muy injusta”, pero ha tenido que buscar un equilibrio entre su cooperación con La Habana y su relación con Washington.
La mandataria ha optado por incrementar los envíos de ayuda humanitaria como solidaridad con la población cubana, mientras cancela la carga de más buques del combustible para la isla, como venía ocurriendo en los últimos años.
“No es de ahora, es de siempre… Siempre hubo apoyo a Cuba desde su Revolución”, justificó Sheinbuam hace unos días, al recordar que los gobiernos mexicanos desde hace más de seis décadas, de izquierda, centro o derecha, han tenido cooperación con la isla.
Para los expertos, el escenario actual supone una gran prueba para Sheinbaum.
“Hoy México intenta un ejercicio de política exterior, no solo de solidaridad, sino estratégico en el cual México está pagando el costo político, diplomático, monetario, para jugar un rol en el presente y en el futuro próximo de Cuba”, afirma el internacionalista Juan Pablo Prado Lallande.
“Hay que pagar un costo, y ese costo es mantener esa ayuda humanitaria para que México tenga su capacidad de negociación, ganada durante décadas, respecto a Cuba y su futuro”, añade en conversación con BBC Mundo.
Desde el triunfo de la Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959, las relaciones entre La Habana y Washington se deterioraron rápidamente hasta el punto de quiebre que supuso la fallida invasión de Bahía de Cochinos desde EE.UU. en 1961.
Desde ese momento, Washington sostuvo una política anticomunista activa en la región -en momentos en los que surgía la Guerra Fría con la Unión Soviética- y ejerció su influencia para que los gobiernos de América Latina (y otras zonas del mundo) cortaran los lazos con La Habana.
Pero México, siendo un vecino geográfico clave, no solo reconoció al gobierno revolucionario de Cuba, sino que fue el único país que no rompió relaciones con la isla, incluso ante presiones explícitas como las que hubo en asambleas de la Organización de Estados Americanos en los primeros años de la década de 1960.
Prado Lallande explica que México justificó su decisión en sus principios de política exterior pacifistas de la Doctrina Estrada, pero también se posicionó como país mediador entre Cuba y EE.UU., logrando un acuerdo trilateral y no publicitado que convenía a las partes.
“Por un lado, Estados Unidos ‘le permite’ a México tener una política soberana respecto a Cuba, de apoyo político, diplomático, de cooperación, etcétera. Por otro lado, más interesante es que tras la Revolución Cubana, México y La Habana pactaron que Cuba no iba a promover revoluciones en México, como sí lo hizo en otros países de Centroamérica, Sudamérica, África, a cambio de que México respaldara al gobierno de Fidel Castro en escenarios internacionales y en el ámbito global. Una especie de tit for tat [esto por lo otro]”, señala el analista.
EE.UU., por su parte, se aseguraba de que no hubiese influencia comunista en su frontera directa de México, a la vez que combatía los grupos surgidos en Centro y Sudamérica.
Al gobierno mexicano de la época, encabezado por Adolfo López Mateos, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de carácter nacionalista, le convenía mostrarse ante los mexicanos como un estado que tomaba sus propias decisiones, más aún frente a EE.UU. con su historial de influencia hegemónica sobre el país.
Pero de manera menos evidente, el acuerdo también le permitía evitar la influencia cubana en los nacientes movimientos revolucionarios e izquierdistas de corte socialista en el territorio mexicano surgidos en la década de 1960, algunos de ellos inspirados en la isla.
De hecho, Fidel Castro y sus hombres organizaron su alzamiento armado en México.
Por otra parte, a nivel cultural, tanto México como Cuba comenzaron a sostener un rico intercambio, principalmente en la música, el cine y la literatura.
“Históricamente ha habido cercanía al nivel societal, mexicana y cubana. Hay afinidades históricas, por cercanía cultural, espacial, un pasado común del colonialismo español”, recuerda Prado Lallande.
“Y hay fuertes conexiones societales entre mexicanos y cubanos, y viceversa, sobre todo de orientación de izquierda, personal o de partidos, sindicatos, organizaciones sociales. Históricamente han visto a Cuba como un referente”.
Los presidentes de México de la segunda mitad del siglo XX mantuvieron buenas relaciones con Fidel Castro y afianzaron algunos acuerdos de intercambio bajo el marco del pacto de la década de 1960, pues a EE.UU. le servía tener un oído en la isla en los mandatarios mexicanos.
De hecho, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid fueron colaboradores de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU., la CIA, entre 1960 y 1994, como se supo tiempo después al desclasificarse documentos secretos.
“Durante el periodo del PRI”, explica Prado Lallande, “hubo ejercicios de colaboración de distintos rubros: técnico, científico, tecnológico, cultural, educativo, para vincular de manera oficial a los dos países”.
El colapso de la Unión Soviética supuso un duro golpe para Cuba, que se quedó sin el apoyo de la potencia antagonista de EE.UU. Pero México fue un apoyo.
En esos años de la década de 1990, el presidente Carlos Salinas de Gortari, un político neoliberal nada afín a la izquierda, mantuvo la cooperación económica en los momentos en que la isla atravesaba la escasez de alimentos e insumos del llamado “periodo especial”.
Castro asistió personalmente a la investidura de Salinas, que enfrentaba acusaciones de fraude electoral, lo que le sirvió al mexicano para legitimar su gobierno.
Y México comenzó a realizar envíos de petróleo a la isla, un reflejo de cómo se beneficiaban ambos gobiernos de la relación política.
Pero con la salida del PRI de la presidencia de México, en el año 2000, las relaciones entre México y Cuba se enfriaron notablemente bajo los gobiernos de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, ambos del derechista Partido Acción Nacional (PAN).
El recordado episodio llamado “Fidel, comes y te vas” dio muestra de ello: Fox invitó a Castro a la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de la ONU en México, pero le pidió personalmente al líder cubano que se marchara después de almorzar, discretamente, para evitar conflictos con otro gran invitado, el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush.
La conversación fue grabada y difundida por La Habana, lo que causó gran molestia al gobierno mexicano.
“No hubo rompimiento de relaciones, pero sí una crisis”, recuerda Prado Lallande.
Aún y con las relaciones reducidas, en parte por las críticas del gobierno mexicano hacia la falta de democracia y derechos humanos en la isla, tanto Fox como Calderón realizaron visitas a Cuba.
Y el regreso del PRI a la presidencia, con Enrique Peña Nieto (2012-2018), supuso un nuevo entendimiento a tal grado que México condonó una deuda de más de US$350 millones por envíos petroleros a Cuba.
“El objetivo de México era no perder lo ganado. No perder el capital político invertido en Cuba en términos del relacionamiento histórico a favor del respeto mutuo, respeto a soberanías”, explica Prado Lallande.
Y añade: “El país quería presencia política y geoestratégica en el Caribe, que es la tercera frontera de México. Y Cuba es la isla más grande de las Antillas, por lo tanto es un referente obligado en la política exterior de México para cualquier gobierno, de izquierdas o derechas”.
Aunque la relación de México y Cuba siempre se justificó en la política exterior de cooperación plasmada en la Constitución mexicana, la promoción de los derechos humanos o la democracia, que también son principios del estado mexicano, no fue lo primordial durante los gobiernos del PRI.
Prado Lallande considera que eso se explica porque “para el PRI, que no tenía sensibilidad democrática, ese asunto no le generaba problemas, desafíos o contradicciones”.
“El PRI pasó de ser un partido con antecedentes de izquierda a reorientarse, con el pasar del tiempo, política e ideológicamente. Un partido muy adaptativo y pragmático. En su relacionamiento con Cuba no tuvo conflicto en este sentido”.
Sin embargo, los presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo sí realizaron los primeros contactos conocidos con los grupos de la disidencia cubana, al igual que Vicente Fox y Felipe Calderón, algo que tensó las relaciones con el presidente Fidel Castro.
La llegada del primer gobierno de izquierda en México en 2018, con Andrés Manuel López Obrador, supuso un nuevo reimpulso a la relación con La Habana, que ya estaba bajo el mandato de Miguel Díaz-Canel.
López Obrador no se contenía al expresar su admiración hacia los cubanos “por su arrogancia de sentirse libres” frente a Estados Unidos, y criticaba las políticas de embargo económico de Washington sobre la isla: “¿Que no es ruin esa política medieval?”, cuestionó el presidente mexicano en 2022.
Durante su mandato, López Obrador reactivó los envíos de petróleo a Cuba, pero también estableció acuerdos que iban desde la llegada de médicos cubanos para atender clínicas remotas en México a la compra de vacunas durante la pandemia de covid-19 o la impresión de libros de texto para Cuba en imprentas mexicanas.
Prado Lallande considera que a partir de entonces se hizo notoria la diferencia entre la cooperación “horizontal” que hubo en los gobiernos del PRI con Cuba, con intercambios de ambas partes, a la asistencia “vertical” que inició con el gobierno de López Obrador y continuó con la presidenta Claudia Sheinbaum desde 2024.
“A raíz del deterioro cubano, político, social, y a la luz de la fortaleza del presidente López Obrador y su visión de gobierno asistencialista, México le tendió un brazo a Cuba no necesariamente en términos de cooperación, sino sobre todo una relación asistencialista, paternalista”, apunta el experto.
La empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) comenzó a vender petróleo a Cuba “en términos muy generosos”, asegura Pardo Lallande.
Aunque no ha sido pública la información de ventas directas a la isla, el actual director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, señaló a inicios de febrero que el monto vendido era de US$496 millones con un contrato abierto desde 2023.
Matizó las críticas de la oposición asegurando que era menos del 0,1% de la producción mexicana.
Y según los reportes más recientes disponibles de Pemex, de enero a septiembre de 2025 México envió 17.200 barriles de crudo al día, lo que representa un 3,3% de las ventas que hace el país al exterior.
Ante las preguntas de periodistas, Padilla evitó responder cuánto se envía a la isla en términos de asistencia directa, pero dijo que “es mucho más por contrato que por ayuda humanitaria”.
A partir de la amenaza arancelaria de Trump, sin embargo, México se ha colocado en un escenario sin precedentes en el que se ha visto obligado a dejar de cooperar con Cuba libremente.
Sheinbaum criticó la decisión de EE.UU., que calificó de “muy injusta” porque afecta directamente a la población al limitarse la producción de energía eléctrica y paralizar en general las actividades en la isla.
“Puede uno estar de acuerdo o no con el régimen del gobierno de Cuba, pero no debe afectarse a los pueblos nunca. Entonces, nosotros vamos a seguir apoyando y seguimos haciendo todas las acciones diplomáticas necesarias para poder recuperar el envío de petróleo, porque no se puede ahorcar a un pueblo así, de esa manera. Es muy injusto, muy injusto”, sostuvo la mandataria.
México envió ya dos buques cargados con alimentos y artículos de higiene personal para la isla, pero no ha enviado más petróleo mientras su gobierno sostiene conversaciones con el de EE.UU. sobre el tipo de sanciones que pretende imponer si se hace.
“Por lo pronto no vamos a enviar combustible”, precisó Sheinbaum.
El antiguo pacto que perduró durante décadas ha quedado de lado: “El flujo de cooperación hacia Cuba nunca se había detenido por fuerzas externas. Es un cambio muy importante, de fondo, que México se haya visto obligado a parar. Y, frente a ello, recurre al plan b que es ofrecer ayuda humanitaria”, dice Prado Lallande.
Aunque México ya no tiene un intercambio directo con una Cuba que no le puede ofrecer algo a cambio, la lógica de mantener el apoyo a la isla sigue siendo clave, considera el experto.
“Hay que pagar un costo, y ese costo es mantener esa ayuda humanitaria para que México retenga su capacidad de negociación, ganada durante décadas, respecto a Cuba y su futuro”, explica.
“Es un ejercicio estratégico de política exterior. Independientemente del color del partido político que gobierne México, Cuba es un objetivo de Estado por el peso político de la isla, su cercanía geográfica, su peso en las relaciones internacionales, y en la política respecto a Estados Unido”, continúa.
“La línea roja -que México no está dispuesto a cruzar- sería no hacer política exterior hacia Cuba”.
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