
La inteligencia artificial (IA) representa una transformación que despierta tanto entusiasmo como temor, especialmente ante la incertidumbre sobre la capacidad de las sociedades para regular los cambios que implica. Por ello, Corea del Sur marcó un hito al convertirse en el primer país en implementar formalmente una ley que regula su uso con disposiciones específicas para los deepfakes.
“La Ley Básica de IA entra plenamente en vigor”, celebró el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, según declaraciones recogidas por la agencia de noticias AFP. Aunque la norma fue aprobada en diciembre de 2024, su aplicación comenzó oficialmente este jueves 22 de enero. El Parlamento Europeo sostiene que adoptó las “primeras normas del mundo sobre inteligencia artificial” en junio de 2024; no obstante, están entrando en vigor de forma gradual y no serán plenamente aplicables hasta 2027.
A continuación, te explicamos en qué consiste la denominada Ley Básica sobre el Desarrollo de la Inteligencia Artificial y el Establecimiento de una Base para la Fiabilidad, mejor conocida como Ley Básica de IA, así como las principales acciones que otros países y regiones han adoptado en el ámbito global frente a este desafío tecnológico.
Corea del Sur, sede de los gigantes de los microprocesadores Samsung y SK hynix, anunció que aspira a unirse a Estados Unidos y China como una de las tres principales potencias de la IA, de ahí su interés por implementar preceptos dictados por la autoridad.
Dicha ley se enfoca principalmente en exigir a las empresas y a los desarrolladores de inteligencia artificial que asuman una mayor responsabilidad a la hora de abordar el contenido deepfake y la desinformación que puedan generar los modelos de IA, otorgando al gobierno el deber para imponer multas —de hasta 30 millones de wones (equivalentes a 20,400 dólares)— o iniciar investigaciones sobre las infracciones.
En ese sentido, tendrán que especificar cuando se trata de contenido generado por IA a través de marcas de agua, sobre todo en aquellos materiales que no se puedan diferenciar fácilmente de la realidad.
De acuerdo con la agencia de noticias surcoreana Yonhap, la ley también introduce el concepto de “IA de alto riesgo”, que se refiere a los modelos usados para crear contenido que pueda afectar significativamente la vida diaria de los usuarios y su seguridad, incluidas las solicitudes en el proceso de empleo, las revisiones de préstamos y el asesoramiento médico. En otras palabras, las entidades deben informar a las personas que sus servicios se basan en inteligencia artificial.
A su vez, la norma señala que las empresas globales de IA que ofrezcan sus servicios en Corea del Sur deberán designar un representante local para asegurar el cumplimiento de la Ley Básica de IA. Puntualmente, esos criterios impactan en compañías con ingresos anuales globales a un billón de wones (alrededor de 681 millones de dólares), que logran superar ventas nacionales de 10,000 millones de wones (poco más de 7,000 millones de dólares) o cuentan con un millón de usuarios activos diarios en ese país. Entre los primeros afectados ya figuran OpenAI y Google, según EuropaPress.
Si bien la ley ya entró en vigor, el gobierno de Corea del Sur concedió un año para garantizar su adaptación, es decir, durante este periodo no se llevarán a cabo investigaciones ni se impondrán sanciones económicas. Para esta fase, también el Ministerio de Ciencia y TIC del país, citado por la agencia Yonhap, tendrá abierta una mesa de apoyo para ofrecer servicios de asesoramiento a las empresas y los distintos organismos.
En contraste con sus limitaciones, la Ley Básica de IA también incluye medidas para que el gobierno promueva la industria, y el ministro de Ciencia en función deberá presentar un plan de políticas cada tres años.
La norma llega en un momento crucial ante la proliferación de medios sintéticos, en específico los deepfakes. Los primeros describen cualquier tipo de contenido, ya sea video, imagen, texto o voz generado parcial o totalmente mediante inteligencia artificial o aprendizaje automático. Pueden abarcar desde música compuesta por IA, generación de texto como ChatGPT de OpenAI —con un promedio mensual de 16.7 millones de usuarios en Corea del Sur mediante aplicación móvil y aproximadamente 557 millones de usuarios en el mundo—, imágenes generadas por computadora (CGI), realidad virtual, realidad aumentada y síntesis de voz.
Los medios sintéticos pueden ser creativos o informativos, siempre que su uso sea transparente. Por su parte, los deepfakes son un tipo específico de medio sintético, pero cuya característica clave es imitar de forma hiperrealista a un humano, generalmente sin su consentimiento, para hacerlo decir o hacer algo que nunca ocurrió, como un video manipulado de un funcionario público.
“Los deepfakes difieren fundamentalmente de la desinformación tradicional: son convincentes, escalables y cada vez más accesibles. Las sospechas de la generación de IA por sí solas siembra dudas. Los deepfakes no solo introducen falsedades en nuestro ecosistema de información, sino que erosionan los mecanismos mismos mediante los cuales las sociedades construyen un entendimiento compartido”, refiere un artículo de la Unesco escrito por la investigadora Nadia Naffi.
En ese mismo texto se exponen las consecuencias de este tipo de medio sintético. Comparte el caso de un grupo de estafadores que en enero de 2024 utilizó tecnología deepfake para hacerse pasar por el director financiero de una empresa en una videollamada, que llevó a un empleado a transferirles 25 millones de dólares.
Según los datos de la Unesco, 46 % de los expertos en fraude se ha encontrado con fraude de identidad sintética, 37 % con deepfakes de voz y 29 % con imitaciones de video.
Las redes sociales, señala Nadia Naffi, amplifican estas amenazas mediante el “efecto de la verdad ilusoria”, donde la exposición repetida hace que la información parezca más creíble independientemente de su precisión. Los consumidores de noticias en redes sociales son más vulnerables a los deepfakes y este efecto persiste independientemente de la capacidad cognitiva, con base en un estudio citado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
De ahí la relevancia de la Ley Básica de IA para etiquetar el contenido generado con inteligencia artificial. El Ministerio de Ciencia y TIC, retomado por AFP, afirma que la iniciativa es la segunda de su tipo en el mundo en ser promulgada. Lo anterior, porque coincide con lo propuesto en la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea —cuya aplicación obligatoria comenzará en el próximo año 2027—, la cual pretende que la adopción de esta tecnología se haga con el ser humano en el centro, con el objetivo de que sea fiable y garantice un elevado nivel de protección de la salud, la seguridad y los derechos fundamentales consagrados en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.
Cabe destacar que la nueva legislación del país asiático designa diez ámbitos sensibles que quedarán sujetos a requisitos más estrictos de transparencia y seguridad de la IA. Esto incluye a la energía nuclear, las investigaciones criminales, la evaluación de préstamos, la educación y la atención médica, como lo mencionamos al inicio del texto.
“Los escépticos temen las consecuencias regulatorias de la promulgación de la ley”, dijo esta semana Lim Mun-yeong, vicepresidente del consejo presidencial para la estrategia nacional de IA.
A escala global, varios países también han resaltado la urgencia de comprender y gestionar colectivamente los riesgos potenciales de la inteligencia artificial. Por ello, en 2023 un total de 28 países, incluidos Brasil y Chile de América Latina, firmaron en Reino Unido la Declaración de Bletchley para un desarrollo “seguro” de la IA en la primera cumbre internacional sobre el auge de esta tecnología.
Y en octubre de 2025 California promulgó una ley que regula los chatbots de IA, desafiando el impulso de la Casa Blanca de dejar esa tecnología fuera del alcance de la regulación. La medida obedeció a revelaciones sobre suicidios de adolescentes que habían utilizado chatbots previamente.
La ley adoptada en California exige a los operadores implementar salvaguardas “críticas” cuando los usuarios interactúan con sus chatbots de IA y abre la vía para que las personas presenten demandas si el incumplimiento de esas medidas conduce a tragedias.
Mientras tanto, México se encuentra en una etapa incipiente de regulación de la IA. El académico Iván Vladimir García, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, registró entre 2020 y 2024 58 iniciativas legislativas en el Congreso que incluyen el término “inteligencia artificial”. Sin embargo, ninguna llegó a promulgarse como ley.
Actualmente, 66 % de la población mundial ya usa herramientas de inteligencia artificial, según la tercera edición del estudio Our life with AI (Nuestra vida con la IA), elaborado por Ipsos y presentado por Google.
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Según expertos, los humanos ya estamos dejando una huella indeleble. Pero, ¿qué exactamente quedará de nosotros dentro de cientos de millones de años?
Fragmentos de un mineral llamado pirita de hierro hallados donde eran raros y una fina capa de arcilla de color rojo, junto con mucho trabajo, investigación y conocimiento acumulado, recientemente cambiaron el eje cronológico de la evolución humana.
Los hallazgos revelaron que uno de los momentos fundamentales de nuestra historia, aquel en el que aprendimos a controlar el fuego, ocurrió 350.000 años antes de lo que se pensaba.
El descubrimiento nos recuerda que, con el paso del tiempo, hasta lo crucial puede extraviarse, y es una muestra de cómo los rastros que quedan son a veces la única esperanza de que en el futuro se pueda imaginar lo que fue.
¿Qué quedará de nuestra civilización cuando ya no existamos?
Si, como hacen los científicos ahora, algún ser del futuro lejano explorara la Tierra, ¿cómo podría saber que estuvimos aquí?
Eso se preguntó Steve, oyente del programa CrowdScience de la BBC, inspirado por el famoso poema de Percy Bysshe Shelley “Ozymandias”, que llama a reflexionar cómo hasta lo más magnífico y colosal es insignificante ante el fluir irrefrenable del tiempo.
De los dinosaurios, por ejemplo, hemos encontrado fósiles, aunque se extinguieron hace unos 65 millones de años tras vivir en la Tierra durante unos 165 millones de años… ¿habrá oportunidad de que hallen fósiles nuestros?
“El problema con los fósiles es que la mayoría de las cosas no se fosilizan; solo una pequeña fracción de la vida terrestre se ha fosilizado”, señala el astrofísico Adam Frank, de la Universidad de Rochester, en EE.UU.
Efectivamente, se estima que menos de una décima parte del 1% de todas las especies que han vivido se han convertido en fósiles.
Aún más bajas son las posibilidades de que, así algunos nos convirtamos en fósiles, nos encuentren.
Sin embargo, no es imposible, apunta Paul Davis, curador de geología en el Museo de Lyme Regis, en la Costa Jurásica inglesa.
“Los fósiles pasan por un proceso de transformación de ser vivo a, en esencia, piedra.
“Los huesos o las conchas se van modificando lentamente, a través de millones de años de agua, productos químicos y minerales fluyendo a través de los sedimentos y rocas en los que están incrustados”.
Los humanos, agrega, tenemos a nuestro favor el contar con partes duras, como los huesos y los dientes.
Para potenciar la posibilidad de convertirse en fósil, “lo mejor es que te entierren en el mar, en algún lugar de una buena cuenca donde se depositen sedimentos muy finos y haya suficiente profundidad para que las aguas no sean muy ricas en oxígeno”.
No obstante, insiste, “las probabilidades de que los humanos se conviertan en fósiles serán escasas, como ocurre con la mayoría de la vida a lo largo del tiempo geológico”.
Entonces, ¿dejaremos huella?
Los paleontólogos Jan Zalasiewicz y Sarah Gabbott, de la Universidad de Leicester (Reino Unido), argumentan que sí, que ya la imprimimos y que además es indeleble.
Los dos científicos escribieron un libro llamado “Discarded” (Desechados, 2025) en el que afirman que los tecnofósiles serán nuestro legado definitivo.
Los humanos modernos (Homo sapiens) hemos existido una fracción muy pequeña de la historia de la Tierra -apenas unos 300.000 años de los ~4.540 millones de años del planeta-, y al parecer somos los artesanos de nuestra propia destrucción.
Pero así nuestra existencia termine siendo poco más que un pequeño parpadeo perdido en un gran periodo geológico, Zalasiewicz considera que seremos como otro parpadeo que tuvo un enorme efecto: “El gran meteorito que acabó con los dinosaurios. En este caso, nosotros somos el meteorito”.
Puede que no seamos la inmensa roca que chocó con la Tierra y eliminó especies, pero estamos interfiriendo con ellas de otras formas sorprendentes.
“Al causar la extinción o transportar animales y plantas, hemos alterado el camino de la evolución biológica, por lo tanto, hemos alterado el patrón del registro fósil, y eso va a aparecer”, dice el paleontólogo.
“Basándose en eso, nuestros exploradores del lejano futuro se preguntarán qué pasó y por qué. Y van a centrarse en la capa donde empezó todo: la nuestra”.
Zalasiewicz se refiere a los estratos en la Tierra, capas de roca, sedimento o suelo que se acumulan a lo largo del tiempo como las páginas de un libro, mostrando la historia geológica del planeta, donde las capas más profundas son las más antiguas.
La composición química de esas capas indica qué procesos físicos estaban ocurriendo en ese momento.
Una de las cosas que encontrarían esos paleontólogos futuros es el resultado del gran impacto que los humanos hemos tenido en otros animales.
Cuando no los transportamos de un rincón del mundo a otro, elegimos ganadores y perdedores, señala Gabbott.
“Hoy en día, solo el 4% de los mamíferos son salvajes. El otro 96% somos nosotros o los animales que criamos para comer. Así que hemos cambiado por completo la diversidad de la vida.
“Fíjate en los pollos. Matamos 75.000 millones de pollos cada año. Y los pollos representan dos terceras partes de la biomasa de aves en la Tierra… ¡dos terceras partes son pollos!”.
Así que esos científicos del futuro remoto, al examinar los estratos de toda la historia de la Tierra en busca de rastros de alguna civilización posiblemente se preguntarán: ¿Por qué hay tantas aves parecidas? ¿Y por qué morían en masa?
Así como nuestra habilidad de controlar el fuego, otras formas de generar calor y energía ya han dejado y siguen dejando huellas que los futuros paleontólogos podrían notar.
Entre ellas, residuos mortales que tenemos que enterrar profundamente bajo tierra, los nucleares, “unos de los pocos que realmente hemos pensado profundamente sobre cuánto tiempo van a durar, aunque seguimos dejando la solución del problema para más adelante”, resalta Gabbott.
Y luego están las minas de carbón gigantes, presas enormes y huellas menos directas.
“Un rastro que ya hemos dejado tras la quema de enormes cantidades de carbón, petróleo y gas es la ceniza que ha subido a la atmósfera como humo y contaminación”, señala Zalasiewicz.
“Se llaman partículas carbonáceas esféricas. Son trozos muy pequeños de carbono sin quemar. Son realmente, realmente robustas. Son indigeribles y simplemente se quedan ahí como una capa dentro de los estratos.
“En un futuro lejano, los paleontólogos podrán encontrar esos pequeños restos de ceniza rica en carbono fósil de manera muy similar a como ahora encontramos habitualmente esporas fósiles de polen en estratos: tomas un poco de roca, la disuelves, miras los restos bajo el microscopio y, voilà, habrá unos trozos de ceniza volante únicos. No hay nada igual en el registro geológico”.
Entonces, las huellas químicas en las rocas nos delatarán en el futuro. ¿Pero, no perdurarán rastros más concretos? ¿Un poco de cultura quizás?
“Si tienes una ciudad, como Venecia, Nueva Orleans o Shanghái, que se están hundiendo, eventualmente empezarán a cubrirse por capas de arena y barro. Los edificios en ruinas quedarán en muy mal estado; se convertirán en una capa de escombros.
“Pero lo que está debajo de eso -aparcamientos subterráneos, sistemas de alcantarillado y demás-, estará mucho mejor conservado, simplemente porque tendrán una capa de suelo, sedimento, barro y arena encima, y se convertirán en estratos”, anticipa el paleontólogo.
Mmm… poco romántico. Aunque quizás quede algo de las obras de arte que varios museos almacenan en sus bodegas subterráneas.
Y tal vez otras pistas les permitirán sospechar al menos que fuimos creativos.
“Creo que dirán que éramos tecnológicamente avanzados porque hemos combinado elementos y materiales de formas muy imaginativas”, supone Gabbott.
“Además hemos creado muchísimos materiales nuevos: hay unos 5.200 minerales que se encuentran de forma natural en el planeta; los humanos hemos producido artificial y sintéticamente 300.000 minerales nuevos”.
Esa manipulación del entorno, ya sea fabricando nuevos materiales, quemando combustibles fósiles o interfiriendo con otras especies, nos hará detectables durante mucho tiempo.
¿Habrá alguna idea de cuánto?
Es muy difícil probar cuánto durarán nuestras cosas, explica Gabbott.
“Lo que podemos hacer son experimentos en el laboratorio, y yo hago muchos, en los que básicamente asalto un material con temperaturas o presiones altas, o a veces, luz ultravioleta muy fuerte, para acelerar artificialmente su descomposición.
“Esos experimentos son útiles, pero realmente no nos dicen cuánto van a durar las cosas, por eso buscamos análogos en el registro fósil.
“Por ejemplo, tenemos hojas fósiles de hace cientos de millones de años. El papel está hecho de celulosa, que es lo mismo que las hojas. Así que usamos eso como análogo para afirmar que el papel, en el entorno adecuado, probablemente podría durar cientos de millones de años”, ilustra la experta.
Ahora, si tuviera que calcular durante cuántos millones o miles de millones de años en el futuro seguirán presentes nuestras huellas, ¿cuál sería su mejor estimación?
¿Durante cuánto tiempo cree que los paleontólogos podrían mirar atrás y ver que existimos?
“Mi apuesta sería hasta el fin del planeta, honestamente”, responde.
“Piensa que la Tierra tiene 4.500 millones de años y tenemos rocas de 4.000 millones de años que contienen grafito. Así que, el grafito en forma de lápiz podría durar 4.000 millones de años.
“Y el plástico va a durar muchísimo”.
Así que esos exploradores del futuro posiblemente encontrarán, enterrados en algunos estratos del suelo, lápices y bolígrafos…
…y hasta cosas que quizás los confundan, como las figuritas de plástico con forma de dinosaurios que quizás puedan sobrevivir más tiempo que los fósiles de los animales que sirvieron de modelo.
“Potencialmente, sí podría pasar pues los fósiles de dinosaurios son materiales biológicos. Así que el hueso de los dinosaurios remineralizado probablemente podría durar cientos y cientos de millones de años, pero no estoy segura de si miles de millones de años, porque realmente no tenemos un caso de prueba para eso.
“Los dinosaurios de plástico con los que juegan los niños, por su parte, si acabaran enterrados en sedimentos en el fondo del océano, podrían durar más que un hueso real de dinosaurio”.
Quién sabe cómo los paleontólogos del futuro lejano interpretarían la presencia de objetos con la forma de esos gigantes extintos.
Al fin y al cabo, ayer, hoy y mañana -por distante que sea ese mañana-, lo que hacen los científicos que exploran el pasado es imaginárselo a partir de las pocas piezas que logran hallar de un rompecabezas inmenso.
* Este artículo está basado en el episodio “How long will traces of our civilisation last?”, realizado por Caroline Steel y Sam Baker, de la serie del Servicio Mundial de la BBC CrowdScience.
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