
En los últimos dos años Pemex registró un aumento del 152% en la frecuencia de los accidentes y el indicador de gravedad reportó en el último año un aumento de 127%, respecto del promedio del 2018 al 2020.
En lo que va de esta administración se han registrado, al menos, 22 trabajadores fallecidos y 453 lesionados en accidentes en centros de trabajo de Pemex y tan solo de enero a marzo de este año se registraron 40 trabajadores lesionados y 10 fallecidos por accidentes de trabajo.
Oscar Ocampo, coordinador de Energía y Medio Ambiente del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), indicó en entrevista con Animal Político que “la explicación más lógica” del aumento de estos índices en Pemex “está en la parte de la inversión”.
Ocampo señaló que en los últimos años se estaban invirtiendo en mantenimiento “unos 500 millones de dólares”, que “no es nada”, señala, “comparado con otras petroleras”, que invierten en el mantenimiento “mucho más del 5%” de su presupuesto total.
Asimismo, año con año Pemex se aleja cada vez más de las metas que ha establecido en sus Planes de Negocio. En el 2021 la brecha fue del 63% y en el 2022 ésta se elevó a 133%.
Y mientras que la frecuencia y la gravedad de accidentes en Pemex aumentan, de 2020 a 2022 el presupuesto aprobado para el mantenimiento de la empresa se redujo un 49%.
El pasado viernes 13 de julio, se registró un incendio en la plataforma Nohoch Alfa, uno de los yacimientos de petróleo que pertenece al complejo Cantarell, ubicado en la Sonda de Campeche.
A través de un comunicado Pemex informó que como consecuencia del accidente dos personas fallecieron, ocho resultaron lesionadas y una más se encuentra desaparecida.
En su primer y más reciente reporte trimestral de este año Pemex informó que de enero a marzo de 2023 se registraron 40 trabajadores de Pemex lesionados y 10 fallecimientos por accidentes de trabajo.
Según indica el reporte, cinco fallecimientos ocurrieron en Pemex Exploración y Producción y otros cinco en Pemex Transformación Industrial.
Pemex indica que tres de los trabajadores perdieron la vida el 23 de febrero de 2023 en un incendio que se presentó en la Planta Combinada Maya de la Refinería Minatitlán, en el que otras dos personas resultaron lesionadas.
Ese mismo día Pemex reportó “un accidente relacionado con un incendio en el equipo de perforación PM-119” en el que otros cinco trabajadores perdieron la vida.
Con base en datos obtenidos de la respuesta a una solicitud de información (1857200185721) y a los reportes trimestrales de la empresa de 2021 a la fecha, podemos conocer que en lo que va de esta administración se han registrado, al menos, 22 trabajadores fallecidos y 453 lesionados en accidentes en centros de trabajo de Pemex.
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Cada trimestre Pemex reporta el índice de frecuencia y el índice de gravedad, dos indicadores que nos permiten conocer, tal y como sus nombres lo indican, la frecuencia y la gravedad de los accidentes que ocurren al interior de la empresa.
El índice de frecuencia es el número de accidentes con lesiones incapacitantes por millones de horas-hombre de exposición al riesgo en el periodo considerado.
Un accidente incapacitante es, de acuerdo con Pemex, un suceso repentino e inesperado que produce una lesión orgánica, perturbación funcional o la muerte, inmediata o posterior, en ejercicio o con motivo de trabajo.
Mientras que las horas-hombre de exposición al riesgo son el número de horas laboradas por todo el personal en el interior de las instalaciones o fuera de éstas.
De acuerdo con datos de Pemex, la frecuencia de los accidentes ha venido presentando un aumento constante a partir del segundo trimestre del 2021.
Mientras que al comenzar el 2021 Pemex reportó 0.23 accidentes incapacitantes por millón de horas hombre trabajadas, dos años después, para el primer trimestre del 2023 la empresa reportó 0.58 accidentes incapacitantes por millón de horas hombre trabajadas. Lo que representa un aumento de 152% en la frecuencia de los accidentes en tan solo dos años.
Mientras que durante el 2019 y el 2020 el índice de frecuencia de accidentes en Pemex mantuvo un índice acumulado de 0.24, para el 2021 éste se reportó en 0.36, lo que representó un aumento del 50% en un año.
Para poner estas cifras en perspectiva, el estándar internacional que reporta la Asociación Internacional de Productores de Petróleo y Gas (IOGP por sus siglas en inglés) en su reporte de Indicadores de rendimiento de seguridad 2022, es de 0.28.
En el 2022 este índice anual fue de 0.49, lo que representó un aumento del 36% con respecto al año inmediato anterior, un 104% con respecto al 2020 y un 75% con respecto al estándar internacional.
En sus dos últimos reportes trimestrales —cuarto trimestre del 2022 y primer trimestre del 2023— Pemex ha reportado un índice de frecuencia de 0.58. Esta cifra representa ya un aumento de 142% con respecto a lo registrado en el 2020.
En su Informe Anual 2022 Pemex indica que en el 2022 “Pemex Logística tuvo el incremento más importante tanto en el número de lesionados como en el índice de frecuencia”. El informe indica que las causas principales de las lesiones fueron la operación de maquinaria, la carga y manipulación de objetos y las caídas.

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El segundo indicador es el correspondiente al índice de gravedad, el cual refiere al total de días perdidos por millones de horas-hombre de exposición al riesgo en el periodo considerado.
Los días perdidos son los días de incapacidad médica por lesiones a consecuencia de accidentes de trabajo, más los días de arrastre, más los días de indemnización por incapacidad parcial o total, permanente o muerte.
En los últimos dos años este indicador, que evalúa la gravedad de los accidentes, también ha aumentado considerablemente.
Mientras que del 2018 al 2020 este índice mantuvo un promedio de 15 días perdidos por millón de horas-hombre, en 2021 el índice se elevó a 19 y para el 2022 la cifra aumentó casi al doble, llegando a los 29 días.
Si tomamos en consideración el último año de actividad —los últimos cuatro trimestres reportados por Pemex— encontramos un índice de gravedad promedio de 34 días. Esta cifra representa un aumento de 126% con respecto a los 15 días promedio que se reportaron del 2018 al 2020.

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Y pese al aumento en la frecuencia y la gravedad de los accidentes en Pemex, del 2020 a 2022 el presupuesto aprobado para el mantenimiento de infraestructura se redujo un 49%, al pasar de los 16 mil 800 millones de pesos en 2020 a 8 mil 600 millones de pesos en 2022.
Durante los últimos cuatro años de la administración de Peña Nieto (2015-2018) se destinaron, en promedio, 17 mil 850 millones de pesos reales a este rubro, mientras que en los primeros años de la actual administración (2019-2022) el presupuesto se redujo, en promedio, a 11 mil 150 millones de pesos reales. Esto representa una disminución de 38% entre ambos periodos.
Tan solo de un año a otro, del 2018 —último año de la pasada administración— al 2019 —primer año de la actual administración— la reducción del presupuesto fue del 56%, al pasar de los 19 mil 300 pesos reales en el 2018 a 8 mil 500 pesos reales en el 2019.
Para el 2023 se aprobó un presupuesto para el mantenimiento de infraestructura de Pemex Transformación Industrial de 23 mil 481 millones de pesos —20 mil 600 mdp de 2021—. Esta es la cifra más alta que se ha destinado al mantenimiento en Pemex al menos desde el 2011.
Sin embargo, esta inversión aún no es suficiente, indica Oscar Ocampo, ya que actualmente se encuentra por debajo del “10% y en años anteriores rondaba el 5%”, del total del presupuesto destinado a Pemex. “Este número tendría qué ser —como mínimo— quizás el 10%” indicó el especialista.
Esto “para tener un mantenimiento adecuado” refirió Ocampo, “Ya no estamos hablando para modernizar la infraestructura o para meter tecnología de punta, sino para que sea un mantenimiento adecuado”.

En su Plan de Negocios 2019-2023 Pemex estableció como meta que para el 2021 el índice de frecuencia de accidentes sería de 0.22, pero ese año fue de 0.36, la diferencia fue del 63%.
Para el 2022 el Índice de frecuencia de accidentes sería de 0.21, sin embargo ese año la cifra fue de 0.49. Una diferencia de 133%, cifra que corresponde a más del doble de la que se presentó en el 2021.
La meta estimada en aquel plan de negocios para el 2023 era de 0.20, sin embargo, en el primer trimestre del 2023 el dato se ubicó en 0.58. Lo que muestra una diferencia del 190% con respecto a la meta de seguridad establecida por Pemex.
En su Plan de Negocios 2021-2025 Pemex ajustó sus metas del 2021 al 2023 en un 0.01%. Indicó un índice de frecuencia de accidentes de 0.23 para 2021, 0.22 para 2022 y 0.21 para 2023.
Sin embargo, las metas para 2021 y 2022 tuvieron una diferencia del 56% y 122%, respectivamente.
En su Plan de Negocios 2023-2027 la empresa reconoció que “en 2021 enfrentó incidentes que rompieron la tendencia positiva e incrementaron el índice de frecuencia”. Sin embargo, mantiene una meta de 0.22 del 2023 al 2025 y un 0.21 para el 2026 y 2027.

En el 2021 una investigación periodística publicó que “a pesar de los diversos accidentes en sus instalaciones, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), encargada de supervisar y regular la seguridad de las instalaciones petroleras, ha evitado sancionar a Pemex en los últimos años”.
De acuerdo con información que obtuvieron vía Transparencia, Pemex “sumó multas por 4.54 millones de pesos entre 2015 y 2017 por incumplimiento de la legislación en temas de seguridad industrial”. Sin embargo, a partir de 2018 —y al menos hasta septiembre del 2021—, Pemex no registró otra sanción por parte de la ASEA.
La ausencia de sanciones a Pemex, indicó el coordinador de Energía y Medio Ambiente del IMCO, provoca que no se tengan incentivos para modernizarse o para ser más eficiente. “Si tú tienes un regulador que no muerde, no tienes los incentivos para cumplir con tus objetivos y con tus condiciones regulatorias” indicó Ocampo.
“Eso responde más bien no tanto a que Pemex sea una empresa altamente eficiente… tiene qué ver más con la preferencia de esta administración por las empresas productivas del Estado”. “Al final todo es congruente con la instrucción de darle un trato preferencial y diferenciado a Petróleos Mexicanos sobre el resto de los operadores privados” indicó Ocampo.

¿Serías una persona diferente si hubieras crecido en otro lugar? Cada vez más investigaciones ayudan a responder esta antigua pregunta sobre la naturaleza y la crianza, y su impacto en tu identidad.
Era una tarde calurosa en el pequeño pueblo cerca de Calcuta, India, y los adultos dormían. Mi prima y yo estábamos sentadas en el suelo comiendo arroz inflado con aceite de mostaza cuando volteó hacia mí y me preguntó: “¿Es cierto que en Suecia se come vaca y cerdo?”.
Yo, que por aquel entonces tenía unos 10 años, asentí con vergüenza. “¿Entonces también comen perros y gatos?”, preguntó. Era una pregunta perfectamente lógica. Si se puede comer un mamífero de cuatro patas, ¿por qué no otro?
Habiendo crecido en Suecia, aunque de madre india, no era algo en lo que hubiera pensado antes: el vegetarianismo era poco común en aquella época, sobre todo en Europa, y los niños suecos estaban acostumbrados a ver a las vacas como fuente de alimento.
Mi prima, en cambio, era una apasionada de los animales y tenía la costumbre de rescatar a las criaturas que percibía en peligro. No comía carne.
Mis visitas a India estuvieron llenas de momentos así, que me hicieron darme cuenta de cuánto influye la cultura en nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos.
Si hubiera crecido en India, ¿habría tenido una moral diferente? ¿Un sentido del humor diferente? ¿Sueños, aficiones y aspiraciones diferentes? ¿Seguiría siendo yo?
Estas son preguntas que científicos y filósofos se han planteado durante siglos, y ahora un nuevo campo de estudio, la Psicología Intercultural, está comenzando a investigar posibles respuestas.
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En cierto sentido, el ADN de cada ser humano es único y su estructura fundamental (en términos generales) no cambia según el lugar al que vayamos.
Pero el ADN por sí solo no nos define como somos, afirma Ziada Ayorech, genetista psiquiátrica de la Universidad de Oslo, Noruega. Nacida en Uganda, Ayorech se mudó a Canadá a los tres años, pasó la mayor parte de su vida en Reino Unido y luego se mudó a Noruega hace un par de años.
“Cuando pienso en todos los lugares en los que he vivido y cómo han influido en mi perspectiva, intuitivamente me imagino que es imposible que eso no haya marcado la diferencia”, dice Ayorech.
Para explorar esto, los científicos suelen utilizar estudios que comparan a gemelos idénticos, que comparten un ADN casi idéntico, con gemelos no idénticos, que comparten, en promedio, la mitad de su genoma.
De esta manera, si los gemelos idénticos tienen mayor o menor probabilidad de compartir un rasgo que los gemelos no idénticos, esto sugiere que ese rasgo está más determinado por la genética que por el entorno.
En un amplio análisis llevado a cabo en 2015 de casi 50 años de estudios sobre 17.000 rasgos diferentes en 14 millones de gemelos de todo el mundo, que abarcaba desde la educación y las creencias políticas hasta las enfermedades psiquiátricas, los científicos concluyeron que la genética explica, en promedio, solo el 50% de las diferencias.
“Es esa combinación de naturaleza y crianza la que nos define y contribuye a nuestras creencias y culturas”, afirma Ayorech. “Por lo tanto, no podríamos tener esa misma combinación en otro lugar”.
El entorno influye más en algunos rasgos que en otros, por supuesto. Las investigaciones demuestran que el coeficiente intelectual es, en promedio, más del 50% hereditario, con la salvedad de que la genética desempeña un papel más importante en etapas posteriores de la vida que en la infancia.
Mientras que los rasgos de personalidad son hereditarios en aproximadamente un 40% y, por lo tanto, están más influenciados por el entorno (esto no significa que el 40% de la extroversión de una persona se deba a sus genes, sino que el 40% de las diferencias en extroversión en una población en su conjunto se pueden explicar por la genética).
Aunque Ayorech es bastante extrovertida, afirma que Noruega favorece menos las expresiones extrovertidas con las que está familiarizada. Por ejemplo, es menos probable que uno inicie una conversación espontánea con un desconocido en las calles de Oslo. Esto la ha cambiado, afirma.
“Si comparas mi versión de vivir aquí en Noruega con la de vivir en Reino Unido, sería justo decir que ahora soy menos extrovertida”, afirma Ayorech. Pero dada su composición genética, es poco probable que pierda por completo su extroversión.
Sigue gravitando inconscientemente hacia actividades que fomenten interacciones más espontáneas, añade Ayorech. “Tendemos a buscar entornos acordes con nuestros rasgos genéticos”.
A su vez, esta combinación moldea nuestro cerebro con el tiempo, permitiéndonos desarrollarnos como personas. Las vías neuronales se forman y consolidan a medida que integramos experiencias, según Ching-Yu Huang, psicóloga intercultural de la Universidad Nacional de Taiwán. Ella argumenta que la cultura es una “parte absolutamente crucial” de la persona en la que nos convertiremos.
“Habrías sido una persona diferente si hubieras crecido en Taiwán”, me dice con seguridad. “El cerebro que tienes ahora sería muy diferente si hubieras nacido y crecido en Taiwán, incluso teniendo el mismo ADN”.
Vivian Vignoles, psicóloga intercultural de la Universidad de Sussex, coincide: “Creo que la gente tiende a sobreestimularse con el aspecto genético”, afirma. “Sean cuales sean tus genes, necesitas un entorno específico para que afloren”.
Si bien la idea básica de que la cultura influye en cómo las personas se perciben a sí mismas cuenta actualmente con un sólido respaldo en psicología, a mediados del siglo XX sorprendió a algunos psicólogos, dice Vignoles.
Durante mucho tiempo, los científicos habían asumido que la psicología humana era universal y que los resultados de estudios sobre el comportamiento humano realizados en Estados Unidos y Europa serían válidos en todo el mundo.
Sin embargo, al estudiar y comparar la psicología de otros lugares, Vignoles y otros han descubierto que no es así.
Por ejemplo, los experimentos sugieren que las personas en Occidente tienden a ser más individualistas y se perciben más a sí mismas en función de sus rasgos personales -como ser graciosos, inteligentes o amables- en comparación con las personas en Japón, que tienden a ser más colectivistas y tienden a definirse en función de sus roles sociales, como ser padre o estudiante.
En un estudio que comparó escáneres cerebrales, los occidentales mostraron que la parte del cerebro responsable de la autoconciencia se activaba al pensar en sí mismos, mientras que los participantes chinos también lo hacían al pensar en sus madres.
En pruebas similares, Huang y sus colegas analizaron si los hijos de inmigrantes de origen chino en Inglaterra (que habían llegado al país desde diferentes partes de la República Popular China, Hong Kong, Taiwán, Vietnam y Malasia) percibían la autoridad de forma diferente a la de los niños ingleses no inmigrantes y a la de los niños taiwaneses que habían vivido toda su vida en Taiwán.
Todos los niños de los tres grupos tenían la misma probabilidad de obedecer a sus padres, pero los niños taiwaneses eran más propensos a hacerlo incluso cuando se mostraban inicialmente reacios, en comparación con los inmigrantes chinos criados en Inglaterra.
Huang argumenta que esto probablemente se deba a que las culturas taiwanesa y china valoran la obediencia y el respeto a los padres, mientras que los niños cuyas familias habían emigrado a Inglaterra probablemente se vieron influenciados por la cultura del Reino Unido para volverse más individualistas.
Un estudio de 2022 que comparó pruebas de rasgos de personalidad en 22 países reveló que las personas que vivían en un grupo de países con culturas que priorizan la autodisciplina -como Albania, India, Alemania, Francia, Hong Kong y China- obtuvieron puntuaciones más altas en medidas de responsabilidad y organización.
En cambio, los países con culturas más igualitarias, flexibles e individualistas -como Canadá, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega y Filipinas- mostraron mayores niveles de afinidad y apertura a la experiencia.
Investigadores también identificaron recientemente que las culturas occidentales son más propensas a ser monumentalistas, considerando el yo como algo estable e inmutable, como un monumento, afirma Vignoles.
Las culturas flexibles, comunes en los países del este asiático, por otro lado, consideran el yo como algo más maleable.
Otra diferencia cultural es el grado en que las personas perciben el contexto. Un estudio pidió a los participantes que describieran una serie de escenas submarinas y descubrió que los participantes occidentales se centraban más en objetos individuales, mientras que los japoneses enfatizaban el contexto más amplio, como el color del agua circundante o la relación entre los diferentes objetos.
“Existe evidencia de que en las culturas occidentales, en particular en la estadounidense, las personas tienden a atribuir ese comportamiento a las características de la persona más que a la situación”, afirma Vignoles.
En la sala de espera de un dentista, añade Vignoles, un occidental tiende a interpretar a una persona que parece ansiosa como ansiosa en general, en lugar de simplemente como alguien ansioso por una extracción dental en ese contexto.
Sin embargo, estos resultados siempre deben tomarse con cautela, agrega, ya que es extremadamente difícil desentrañar el comportamiento, la personalidad, la cultura y muchas otras influencias que impactan en este ámbito, y aún queda mucha investigación por realizar en este campo.
Por ejemplo, un creciente número de estudios sugiere que la visión binaria este-oeste del individualismo frente al colectivismo es “demasiado simplista”, dice Vignoles, y que el colectivismo que se manifiesta en muchas de estas pruebas probablemente sea más una característica del desarrollo económico que de la cultura.
Es más, las mediciones del individualismo en un país pueden pasar por alto variaciones importantes entre grupos o individuos específicos de esa nación.
Y muchos estudios en este ámbito se basan en respuestas autodeclaradas de personas, que no siempre son precisas, en lugar de pruebas estandarizadas objetivas.
Quizás la pregunta de si seríamos la misma persona en una cultura diferente sea, en última instancia, una cuestión filosófica que cuestiona el concepto del yo.
Una encuesta en línea realizada en 2020 a filósofos angloparlantes reveló que el 19% apoyaba la idea de que cada individuo es un animal específico, resultado de un espermatozoide y un óvulo específicos, y que no son los pensamientos, sentimientos o recuerdos los que lo hacen ser quien es.
“Desde esta perspectiva, incluso si se borraran tus recuerdos, seguirías siendo la misma persona”, explica Philip Goff, filósofo de la Universidad de Durham.
De igual manera, alrededor del 14% apoyaba las teorías que sugieren que el yo no es biológico, sino que está encapsulado en algo parecido a un alma, y que eso es lo que nos hace ser quienes somos, sin importar dónde hayamos crecido.
De hecho, los estudios muestran que muchas personas creen tener un “yo verdadero” que es fundamentalmente moralmente bueno, y que esto no debería cambiar según su lugar de residencia.
Pero otros filósofos sostienen que el entorno también moldea la identidad esencial de una persona, una teoría denominada constructivismo social.
De hecho, la política también parece influir. En un experimento, investigadores pidieron a personas con diferentes opiniones políticas que evaluaran la moralidad de un hombre cristiano que se sentía atraído por otros hombres.
Las personas que se identificaron como liberales pensaron que el hombre actuaba según su verdadero yo, mientras que las que se identificaron como conservadoras creyeron, en cambio, que iba en contra de su verdadero yo cristiano.
El propio Goff cree que existe una especie de “unidad fundamental” de células y partículas -y que la consciencia está intrínsecamente integrada en este hardware- que nos define como personas, sin importar dónde crecemos. Pero esto probablemente cambie con el tiempo a medida que crecemos y maduramos.
“Estos son solo conceptos humanos de lo que es una ‘persona’ o un ‘yo'”, dice Goff. Probablemente no haya una respuesta definitiva, dice, sobre si “esa persona en una circunstancia muy diferente sería yo o no”.
Para quienes han crecido en más de una cultura, es difícil superar la sensación de que los seres humanos son, en gran medida, producto de su entorno social.
Aunque es difícil saber exactamente quién habría sido yo si hubiera pasado toda mi vida en ese pueblo a las afueras de Calcuta, estoy bastante segura de que tendría algunos indicios.
Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
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