

Clara Brugada y Santiago Taboada usaron datos a conveniencia en el tercer debate “chilango” para criticarse y defender qué alcaldía es más segura o insegura, si Benito Juárez o Iztapalapa.
“Es más insegura Benito Juárez que Iztapalapa”, dijo la candidata de Morena al gobierno de la Ciudad de México. “Iztapalapa es la alcaldía más insegura de la Ciudad”, respondió el candidato panista Santiago Taboada, y luego Salomón Chertorivski aseguró que en Benito Juárez hay todavía “muchísimo crimen” y es la segunda alcaldía con más delitos por cada 100 mil habitantes.
En realidad, los dos usaron datos reales, pero ambos “mintieron con la verdad” al ofrecer datos parciales y ocultar aquellos que no estaban de acuerdo con su discurso.
Por ejemplo, los datos de carpetas de investigación en la página del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) —revisados por El Sabueso de Animal Político considerando la proyección de población más reciente del Consejo Nacional de Población (Conapo)— muestran que en 2023 la alcaldía Benito Juárez tuvo una tasa de 387 delitos “de alto impacto” por cada 100 mil habitantes, mientras que Iztapalapa tuvo una cifra menor, de 233.
Para el cálculo se consideraron las carpetas de 12 delitos, tomando como referencia los que instancias como el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia consideran de “alto impacto”, entre los que están:
La estadística de incidencia de todos los delitos de alto impacto daría la razón a Brugada.
El Consejo Ciudadano ubicó que en 2023 la cuarta alcaldía con mayor incidencia fue Benito Juárez, tal como planteó la candidata de Morena, mostrando una gráfica:

Otra tabla, pero con la metodología del Observatorio Nacional Ciudadano que considera a otro grupo de delitos para su ranking, muestra a Benito Juárez en segundo lugar de incidencia, como mencionó Chertorivski, también por arriba de Iztapalapa.
Pero ¿qué pasa si el análisis se enfoca en asesinatos o se concentra en los delitos más importantes?
En homicidios dolosos la tasa por cada 100 mil habitantes de Benito Juárez fue de 1.6, y la de Iztapalapa de 8.9, según la revisión que hizo El Sabueso a datos del Secretariado.
En cuanto a feminicidios, Benito Juárez tuvo una tasa de 0.9, e Iztapalapa de 0.7.
En su herramienta de Incidencia Delictiva, la organización México Unido Contra la Delincuencia (MUCD) mide la tasa conjunta de homicidios y feminicidios, y ahí ubicó a Benito Juárez con el nivel más bajo de esos crímenes en la ciudad en 2023, mientras que Iztapalapa apareció en el sexto sitio.
Esto le daría la razón a Santiago Taboada.
El Observatorio Nacional Ciudadano coincide en mostrar a Benito Juárez como la alcaldía con la tasa más baja en homicidio doloso en 2023, y a Iztapalapa en sexto sitio.
Y un indicador que defiende Taboada para afirmar que la alcaldía que gobernó es más segura, y en cambio Iztapalapa más insegura, es el de percepción de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). En la edición más reciente, de marzo pasado, en efecto, Benito Juárez apareció como la del nivel más bajo de percepción de inseguridad, con 11.1%. Mientras que Iztapalapa tuvo 72%.
Pero como ya mencionamos, la incidencia total a partir de las denuncias, investigaciones y la cifra poblacional fue más alta en Benito Juárez el año pasado, con datos como que en robo a transeúnte en vía pública la tasa de Benito Juárez en 2023 fue de 112.5 y en Iztapalapa 79.2.
Además Taboada dijo en un punto del debate que cuando Brugada comenzó a gobernar Iztapalapa no era la alcaldía más insegura de la ciudad, y ahora sí lo era. Sin embargo, los datos de percepción del Inegi a los que recurre frecuentemente muestran que en septiembre de 2019 —primera vez que la encuesta midió demarcaciones territoriales— Iztapalapa ya tenía la percepción más alta de inseguridad en la capital, con más de 80%. Y si bien sigue siendo el más alto, en 2024 disminuyó a 72%.
¿Y qué otras frases dijeron las personas aspirantes a gobernar la capital del país? El Sabueso verificó cifras y a continuación el resultado:
En su afirmación, Brugada no proporcionó el periodo de comparación. Si se consideran años completos del gobierno de Claudia Sheinbaum y Martí Batres, es decir, 2019 y 2023, resulta que hubo una reducción de 15.27% en mujeres víctimas de feminicidio en la Ciudad de México al pasar de 72 a 61, según el SESNSP.
Pero si se compara 2018, año en que hasta diciembre gobernó la administración anterior, con 2023, entonces lo que se observa es un aumento de 29.7%, al pasar de 47 víctimas a 61 de acuerdo con el SESNSP. Considerando además entre esos años un pico en 2020, de 82 feminicidios. Vistas así, las cifras contradicen a Brugada.

Las cifras del SESNSP coinciden con las que señaló Brugada para la capital del país y Guanajuato. Datos del Inegi, en tanto, muestran que entre 1998 y 2022 hubo una reducción de 38.98% en los asesinatos en la Ciudad de México y un alza de mil 342% en la entidad de El Bajío.
Pero la comparación que realiza Brugada es engañosa al contrastar con Guanajuato para decir que ese es el modelo que propone Taboada para la capital del país, cuando fue posible tomar en cuenta a la alcaldía Benito Juárez y contrastarla con Iztapalapa, o a nivel estatal, considerar una entidad como Yucatán, gobernado por el Partido Acción Nacional (PAN) y que se ha mantenido con uno de los niveles delictivos más bajos.
Un punto adicional sobre la comparación de Guanajuato con Ciudad de México es que si se considera el aumento poblacional, y se hace el cálculo con tasa por cada 100 mil habitantes, en realidad entre 1998 y 2023 aumentaron 720.5% los asesinatos en Guanajuato, y bajaron 17% en la capital del país.
Brugada planteó esa medida para mejorar la seguridad, aunque especialistas como los de la organización Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D) advierten que no hay evidencia de que ese tipo de acciones de vigilancia masiva del espacio público garantice resultados, y en cambio, representa riesgos de abuso y fines autoritarios.
“El uso de las cámaras es importante para la seguridad, pero no el uso automatizado y masivo porque se convierte en un tema de vigilancia de personas. Entonces tenemos que ser muy críticos de cómo nuestros gobernantes van a querer meter esa agenda y pedir que sea auditable, en qué casos se va a permitir y en qué casos no”, mencionó en esta publicación de El Sabueso Ali González, directora de Estrategia de la organización Codeando México.
En su intervención, Taboada afirmó que en la Ciudad de México hay 14,400 cámaras de vigilancia, pero esta cifra es equivocada.
La respuesta del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5) a la solicitud de información 090168324000048 disponible en la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT) indica que en la capital hay 80,618 cámaras instaladas en 32,607 postes.
Según el documento del C5, hay 16,107 Sistemas Tecnológicos de Videovigilancia (STVS) –también conocidos como postes del C5– con 41,454 cámaras; mientras que 16,500 Tótems tienen 33,164 cámaras.
El portal del C5 señala que el 2% de las cámaras de los STVs tienen fallas
Se buscó al equipo de Taboada para preguntar sobre la fuente de los dichos del candidato, pero hasta la publicación de esta nota no habían respondido.
Taboada también acusó que la Ciudad de México es la cuarta entidad que tiene más feminicidios, lo cual es engañoso, porque su dato no toma en cuenta la cantidad de personas que habitan cada estado.
En números brutos, la capital mexicana registró 61 feminicidios en el año 2023. Esto la ubicaría como la tercera entidad con más feminicidios, por debajo de Nuevo León y el Estado de México.
Sin embargo, al tomar en cuenta la población con un análisis por tasas, la Ciudad de México deja de aparecer entre las primeras entidades con más feminicidios. Pasa al lugar número 13, con 1.3 feminicidios por cada 100,000 mujeres, como se ve en la siguiente gráfica:

Taboada le reclamó a Brugada que la extorsión aumentó 1,200%. Aunque no explicó a qué orden de gobierno se refería, su dicho es falso al analizar los datos del Secretariado Ejecutivo del país, la Ciudad de México e incluso de Iztapalapa. Tampoco mencionó que es uno de los delitos con mayor cifra negra, ya que no se denuncian todas las extorsiones ocurridas.
En 2018 se registraron 6,895 víctimas de extorsión en todo el país y en 2023 esta cifra pasó a 10,975, lo que implica un aumento 59.2%. Para alcanzar el porcentaje que menciona Taboada, se tendrían que haber registrado 89,635 víctimas de extorsión en el país.
Para la Ciudad de México, el SESNSP registró en 2018 un total de 536 víctimas de extorsión, y en 2023 bajó a 516. Hubo una disminución del 3.7%.
Y específicamente en Iztapalapa, si se analizan las carpetas de investigación por extorsión, éstas pasaron de 76 en 2018 a 96 en 2023, un aumento de 26.3%.
El candidato de Movimiento Ciudadano, Salomón Chertorivski, aseguró que “8 de cada 10 mujeres sienten miedo al andar en la calle”, y su frase resultó verdadera.El equipo de campaña del candidato de Movimiento Ciudadano, precisó a Animal Político que la fuente de dicha afirmación fue la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2023, la cual señala que en la Ciudad de México, 26% de las mujeres se sintió segura al caminar sola por la noche cerca de su domicilio.
Dicho de otro modo, 74% de las mujeres se sintieron inseguras, cifra que cuadra con el dicho del candidato.

Adicionalmente, revisamos la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) que en marzo de 2024 reportó que –a nivel nacional– 66.5 % de las mujeres consideraron inseguro vivir en su ciudad, es decir 7 de cada 10 mujeres.
En el mismo periodo, resultó que 75.8% (8 de cada 10) de las mujeres manifestó sentir inseguridad en los cajeros automáticos.
Chertorivski señaló que el número de personas desaparecidas en Iztapalapa aumentó 4000% durante la administración de la morenista Clara Brugada, cifra que también resultó ser verdadera.
Brugada fue electa como alcaldesa de Iztapalapa por dos periodos de 3 años seguidos. El último año del gobierno previo a la administración de Brugada fue 2018, y dejó el cargo en septiembre de 2023 para postularse como jefa de gobierno de la Ciudad de México.
Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) de la Secretaría de Gobernación, en 2018 se reportaron 8 personas desaparecidas y no localizadas. Para 2023, la cifra subió a 342. Es decir, hubo un incremento de 4175%.

El equipo de campaña del candidato de MC precisó que la RNPDNO fue la fuente que utilizaron para el cálculo de sus datos.
Si bien el dicho del candidato resultó ser cierto, vale la pena señalar que en Jalisco –estado gobernado por Movimiento Ciudadano desde 2018- se vive una crisis de desaparecidos.
Según los datos del Registro Estatal de Personas Desaparecidas de Jalisco, entre 2016 y 2018 (últimos tres años del gobierno anterior) hubo en promedio mil cinco desapariciones anualmente. Mientras que de 2019 a 2023 el promedio anual de desapariciones es de mil 464. Es decir, hubo un aumento de 45%.

Una especie de moho estaría desafiando lo que los científicos entienden sobre los efectos de la radiación en la vida
El moho hallado en el lugar del desastre nuclear de Chernóbil parece alimentarse de la radiación. ¿Podríamos usarlo para proteger a los viajeros espaciales de los rayos cósmicos?
En mayo de 1997, Nelli Zhdanova entró en uno de los lugares más radiactivos de la Tierra -las ruinas abandonadas de la central nuclear de Chernóbil- y descubrió que no estaba sola.
En el techo, las paredes y el interior de los conductos metálicos que protegen los cables eléctricos, el moho negro se había instalado en un lugar que antes se consideraba perjudicial para la vida.
En los campos y el bosque que rodea la central nuclear, los lobos y los jabalíes habían resurgido ante la ausencia de humanos.
Pero incluso hoy en día existen zonas específicas donde se pueden encontrar niveles alarmantes de radiación debido al material expulsado del reactor al explotar.
El moho, formado por diversos hongos, parecía estar haciendo algo extraordinario. No se había instalado simplemente porque los trabajadores de la planta se hubieran marchado.
En realidad, Zhdanova había descubierto en estudios previos del suelo alrededor de Chernóbil que los hongos estaban creciendo hacia las partículas radiactivas que cubrían la zona.
Ahora, descubrió que habían llegado a la fuente original de radiación: las habitaciones dentro del edificio del reactor que explotó.
Con cada estudio que la acercaba a la radiación dañina, el trabajo de Zhdanova también ha revolucionado nuestras ideas sobre cómo la radiación impacta la vida en la Tierra.
Ahora, su descubrimiento ofrece la esperanza de limpiar sitios radiactivos e incluso proporciona maneras de proteger a los astronautas de la radiación dañina durante sus viajes espaciales.
Once años antes de la visita de Zhdanova, una prueba de seguridad rutinaria del reactor cuatro de la central nuclear de Chernóbil se había convertido rápidamente en el peor accidente nuclear del mundo.
Una serie de errores, tanto en el diseño del reactor como en su funcionamiento, provocaron una enorme explosión en la madrugada del 26 de abril de 1986. El resultado fue una única y masiva liberación de radionucleidos.
El yodo radiactivo fue una de las principales causas de muerte en los primeros días y semanas, y, posteriormente, del aumento de casos de cáncer.
En un intento por reducir el riesgo de intoxicación por radiación y las complicaciones de salud a largo plazo, se estableció una zona de exclusión de 30 km, también conocida como la “zona de aislamiento”, para mantener a las personas alejadas de los restos radiactivos más peligrosos del reactor cuatro.
Pero mientras se mantenía a los humanos alejados, el moho negro de Zhdanova había colonizado lentamente la zona.
Como plantas que buscan la luz solar, la investigación de Zhdanova indicó que las hifas fúngicas del moho negro parecían atraídas por la radiación ionizante.
Pero el “radiotropismo”, como lo denominó Zhdanova, era una paradoja: la radiación ionizante suele ser mucho más potente que la luz solar, una descarga de partículas radiactivas que destroza el ADN y las proteínas como las balas perforan la carne.
El daño que causa puede desencadenar mutaciones dañinas, destruir células y matar organismos.
Además de los hongos aparentemente radiotrópicos, los estudios de Zhdanova encontraron otras 36 especies de hongos comunes, pero lejanamente relacionados, que crecían alrededor de Chernóbil.
Durante las dos décadas siguientes, el trabajo pionero sobre los hongos radiotrópicos que identificó llegaría mucho más allá de Ucrania. Contribuiría al conocimiento de una posible nueva base para la vida en la Tierra, una que prospera gracias a la radiación en lugar de la luz solar.
Y llevaría a los científicos de la NASA a considerar rodear a sus astronautas con paredes de hongos como una forma duradera de soporte vital.
En el centro de esta historia se encuentra un pigmento ampliamente presente en la vida terrestre: la melanina. Esta molécula, que puede variar del negro al marrón rojizo, es la que determina los diferentes colores de piel y cabello en las personas.
Pero también es la razón por la que las diversas especies de moho que crecían en Chernóbil eran negras. Sus paredes celulares estaban repletas de melanina.
Así como la piel más oscura protege nuestras células de la radiación ultravioleta (UV), Zhdanova sospechaba que la melanina de estos hongos actuaba como escudo contra la radiación ionizante.
No solo estaban los hongos aprovechando las propiedades protectoras de la melanina.
En los estanques alrededor de Chernóbil, las ranas con mayores concentraciones de melanina en sus células y, por lo tanto, de color más oscuro, lograron sobrevivir y reproducirse mejor, ennegreciendo paulatinamente a la población local que vivía allí.
En la guerra, un escudo podría proteger a un soldado de una flecha al desviarla de su cuerpo. Pero la melanina no funciona así. No es una superficie dura ni lisa. La radiación, ya sea UV o partículas radiactivas, es absorbida por su estructura desordenada, y su energía se disipa en lugar de ser desviada.
La melanina también es un antioxidante, una molécula que puede transformar los iones reactivos que la radiación produce en la materia biológica y devolverlos a un estado estable.
En 2007, Ekaterina Dadachova, científica nuclear del Colegio de Medicina Albert Einstein de Nueva York, contribuyó al trabajo de Zhdanova sobre los hongos de Chernóbil, revelando que su crecimiento no era solo direccional (radiotrópico), sino que, de hecho, aumentaba en presencia de radiación.
Descubrió que los hongos melanizados, al igual que los del reactor de Chernóbil, crecían un 10% más rápido en presencia de cesio radiactivo en comparación con los mismos hongos cultivados sin radiación.
Dadachova y su equipo también descubrieron que los hongos melanizados irradiados parecían utilizar la energía para impulsar su metabolismo. En otras palabras, la utilizaban para crecer.
Zhdanova había sugerido que estos hongos podrían aprovechar la energía de la radiación, y ahora la investigación de Dadachova parecía basarse en esta idea.
Estos hongos no solo crecían hacia la radiación para obtener calor o alguna reacción desconocida entre la radiación y su entorno, como había sugerido Zhdanova.
Dadachova creía que los hongos se alimentaban activamente de la energía de la radiación. Llamó a este proceso “radiosíntesis”. Y la melanina era fundamental en la teoría.
“La energía de la radiación ionizante es aproximadamente un millón de veces mayor que la energía de la luz blanca, que se utiliza en la fotosíntesis”, afirma Dadachova. “Por lo tanto, se necesita un transductor de energía bastante potente, y esto es lo que creemos que la melanina es capaz de hacer: transducir [la radiación ionizante] a niveles utilizables de energía”.
La radiosíntesis sigue siendo solo una teoría, ya que solo se puede demostrar si se descubre el mecanismo preciso entre la melanina y el metabolismo.
Los científicos necesitarían encontrar el receptor exacto -o un rincón específico en la intrincada estructura de la melanina- que participa en la conversión de la radiación en energía para el crecimiento.
En años más recientes, Dadachova y sus colegas han comenzado a identificar algunas de las vías y proteínas que podrían explicar el aumento del crecimiento de los hongos con la radiación ionizante.
No todos los hongos melanizados muestran una tendencia al radiotropismo y al crecimiento positivo en presencia de radiación. Un estudio de 2006 realizado por Zhdanova y sus colegas, por ejemplo, descubrió que solo nueve de las 47 especies de hongos melanizados que recolectaron en Chernóbil crecieron hacia una fuente de cesio radiactivo (cesio-137).
De manera parecida, en 2022, científicos de los Laboratorios Nacionales Sandia en Nuevo México no encontraron diferencias en el crecimiento cuando dos especies de hongos (una melanizada y otra no) fueron expuestas a radiación UV y cesio-137.
Pero ese mismo año, se volvió a detectar la misma tendencia de crecimiento fúngico al ser expuestos a la radiación en el espacio.
A diferencia de la desintegración radiactiva detectada en Chernóbil, la llamada radiación cósmica galáctica es una tormenta invisible de protones cargados, cada uno de los cuales viaja a una velocidad cercana a la de la luz a través del universo.
Originada en estrellas en explosión fuera de nuestro sistema solar, incluso logra atravesar el plomo sin mayor problema.
En la Tierra, nuestra atmósfera nos protege en gran medida de ella, pero para los astronautas que viajan al espacio profundo se ha descrito como “el mayor peligro” para su salud.
Pero ni siquiera la radiación cósmica galáctica supuso un problema para las muestras de Cladosporium sphaerospermum, la misma cepa que Zhdanova encontró creciendo en Chernóbil, según un estudio que envió estos hongos a la Estación Espacial Internacional en diciembre de 2018.
“Lo que demostramos es que crece mejor en el espacio”, afirma Nils Averesch, bioquímico de la Universidad de Florida y coautor del estudio.
En comparación con las muestras de control en la Tierra, los investigadores descubrieron que los hongos expuestos a la radiación cósmica galáctica durante 26 días crecieron un promedio de 1,21 veces más rápido.
Aun así, Averesch todavía no está convencido de que esto se deba a que C. sphaerospermum estaría aprovechando la radiación en el espacio. El aumento en los niveles de crecimiento también podría deberse a la gravedad cero, otro factor que los hongos en la Tierra no experimentaron.
Averesch está realizando experimentos con una máquina de posicionamiento aleatorio que simula la gravedad cero aquí en la Tierra para analizar estas dos posibilidades.
Pero Averesch y sus colegas también probaron el potencial protector de la melanina en C. sphaerospermum colocando un sensor debajo de una muestra de hongos a bordo de la Estación Espacial Internacional.
En comparación con las muestras sin hongos, la cantidad de radiación bloqueada aumentó a medida que los hongos crecían, e incluso una mancha de moho en un disco de Petri parecía ser un escudo eficaz.
“Considerando la capa comparativamente delgada de biomasa, esto podría indicar una gran capacidad de C. sphaerospermum para absorber la radiación espacial en el espectro medido”, escribieron los investigadores.
Averesch dice que aún es posible que los aparentes beneficios radioprotectores de los hongos se deban a componentes de la vida biológica distintos al de la melanina.
El agua, por ejemplo, una molécula con un alto número de protones en su estructura (ocho en el oxígeno y uno en cada hidrógeno), es una de las mejores maneras de protegerse contra los protones que se desplazan por el espacio, un equivalente astrobiológico a combatir el fuego con fuego.
Incluso así, los hallazgos han abierto perspectivas intrigantes para resolver el problema de la vida en el espacio. Tanto China como Estados Unidos planean tener una base en la Luna en las próximas décadas, mientras que SpaceX, con sede en Texas, aspira a que su primera misión a Marte despegue a finales de 2026 y a que los humanos aterricen allí entre tres y cinco años después.
Las personas que vivan en estas bases deberán estar protegidas de la radiación cósmica. Sin embargo, usar agua o plástico de polietileno como caparazón radioprotector para estas bases podría resultar demasiado pesado para el despegue.
El metal y el vidrio presentan un problema similar. Lynn J. Rothschild, astrobióloga del Centro de Investigación Ames de la NASA, ha comparado el transporte de estos materiales al espacio para construir bases espaciales con una tortuga que lleva su caparazón a todas partes.
“Es un plan fiable, pero con un alto coste energético”, declaró en un comunicado de la NASA de 2020.
Su investigación ha dado lugar a muebles y paredes a base de hongos que podrían cultivarse en la Luna o Marte.
Esta “micoarquitectura” no sólo reduciría el coste del despegue, sino que, si los hallazgos de Dadachova y Averesch resultan correctos, también podría utilizarse para formar un escudo de radiación, una barrera autorregenerativa entre los humanos que viajan al espacio y la tormenta de radiación cósmica galáctica del exterior.
Así como esos mohos negros colonizaron un mundo abandonado en Chernóbil, tal vez algún día podrían proteger nuestros primeros pasos en nuevos mundos en otras partes del Sistema Solar.
*Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente en inglés por BBC Future. Si quieres leerla en su idioma original, haz clic aquí.
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