
Hoy es el Blue Monday, o el día más triste del año, según una campaña de marketing de hace varios años. Y aunque quizás sea un invento, esta fecha es un pretexto más para tener una lloradita y a seguirle.
Aunque es muy normal que lloremos, hay ocasiones en las que todavía nos seguimos negando esta actividad por verla como una debilidad o, incluso, infantil.
La realidad es que todos los seres humanos lloramos a lo largo de toda nuestra vida. De hecho, el consenso científico sigue siendo que los somos los únicos animales que producen lágrimas emocionales.
Aquí exploraremos algunos de los beneficios a la salud que tiene esta actividad.
Vamos por partes: hay varias especies de animales que poseen glándulas lagrimales y producen secreciones; sin embargo, estas cumplen funciones estrictamente biológicas y no emocionales.

La ciencia ha categorizado el llanto en tres dimensiones distintas, cada una con un propósito y una arquitectura específica:
A diferencia de las lágrimas basales o reflejas, las emocionales poseen una composición química sumamente compleja.
Mientras que la concentración de las lágrimas basales y reflejas es 98% agua, estudios han detectado en las lágrimas emocionales altas concentraciones de:
Cuando lloramos, no solo expresamos un sentimiento, sino que físicamente estamos expulsando marcadores biológicos del estrés.
Como puedes ver, lo que cae por tus mejillas cada vez que lloras no es solo agua. Podríamos decir que es una “cascada neuroquímica” con efectos analgésicos, pues estás liberando hormonas del estrés y otras toxinas de tu sistema.
Y pasa otra cosa sorprendente: como respuesta al llanto, también se activa la producción de serotonina (el regulador del bienestar) dentro del cerebro. Este aumento, ayuda a estabilizar el ánimo, mejora la oxigenación cerebral y permite que te recuperes más fácilmente tras la tormenta emocional.
En resumen, llorar es un proceso biológico altamente eficiente: sacas lo que te tensa (cortisol/adrenalina) y generas lo que te cura (serotonina/endorfinas).
La UNAM explica que el llanto también incrementa el metabolismo cerebral, siendo una de las reacciones biológicas que más energía consume en el cuerpo humano.
Por ejemplo, normalmente, el cerebro recibe un litro de sangre por minuto; o sea, un 20% de toda la sangre que el corazón bombea al cuerpo. Pero cuando lloramos, ese porcentaje que llega al cerebro incrementa entre un 25% y 30%.
Con el llanto, también aumenta la frecuencia respiratoria para oxigenar al cerebro ante el estrés, lo que acelera el metabolismo general.
El dolor físico o dolor moral asociado al llanto activa aproximadamente 20 áreas cerebrales: cognitivas, de memoria y aprendizaje, de emociones y de interpretación para la valoración específica de lo que nos hace llorar.
Eduardo Calixto, doctor en fisiología cerebral, dice a la UNAM que si no hubiera llanto en el ser humano, “tendríamos, tal vez, que correr cuatro o cinco kilómetros para tranquilizarnos”.
En resumen, llorar no es solo una liberación emocional, es un proceso metabólico intensivo que resetea el sistema, consumiendo calorías y recursos cerebrales para restaurar el equilibrio interno.
“No podemos llorar más de 15 minutos, porque el cerebro necesita cansarse”, menciona el artículo de la UNAM.
Sin embargo, al terminar de llorar, el cerebro libera endorfinas, uno de los neurotransmisores que más nos tranquilizan y que, al mismo tiempo, generan la sensación de beneplácito, de esperanza y fe.
Por eso, es que luego de una lloradita nos sentimos agotadas, pero al mismo tiempo renovadas.
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Ya vimos los beneficios propios que te provoca echarte una lloradita. Pero, ¿sabías que también hay cierto beneficio cuando ves llorar a alguien?
Como lo explica la UNAM, ver llorar a otra persona activa las neuronas espejo e incrementa la frecuencia de su activación. Es entonces cuando se genera la oxitocina, una hormona neurotransmisor que aumenta el sentimiento de empatía con la persona que llora.

Eduardo Calixto, académico de las facultades de Medicina y Psicología de la UNAM, explica que si bien no somos la única especie que llora, sí somo los que más rápido detectamos la emoción y la compartimos.
Calixto, quien es doctor en fisiología cerebral y con un posdoctorado en neurofisiología por la Universidad de Pittsburgh, explica que al llorar, una persona indica claramente que tiene una vulnerabilidad, que no está en la misma “proporción conductual” con quien interactúa en el momento del llanto.
Precisamente ver llorar a alguien puede modificar, incluso, la manera como hablamos con la persona que derrama lágrimas, induciendo una respuesta más suave y empática.
Así es como el llanto en parte fomenta conductas de apego y apoyo social, pues nos “desnuda” emocionalmente para permitir que otros se acerquen, reforzando los vínculos comunitarios a través de la empatía compartida.
Llorar no es un retroceso a la infancia. Podríamos decir que las lágrimas no solo limpian nuestra mirada; sino que también purifican nuestro sistema y nos conectan un poco más con las personas.
Y tú, ¿cuándo fue la última vez que lloraste?

Trump amenazó con invocar la ley con el fin de detener las manifestaciones en Mineápolis contra la presencia de ICE.
El presidente Donald Trump volvió a amenazar con invocar una ley del siglo XIX que rara vez se utiliza, esta vez para desplegar al ejército en Mineápolis, en el estado de Minnesota, donde miles de personas siguen protestando contra la fuerte presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).
Las manifestaciones se intensificaron después de que un agente del ICE matara de un disparo a una manifestante llamada Renee Good la semana pasada.
Esta semana, otro agente federal le disparó a un hombre en la pierna también en Mineápolis, en lo que las autoridades califican como un acto de legítima defensa.
En una publicación en Truth Social, Trump afirmó que “si los políticos corruptos de Minnesota no obedecen la ley y no impiden que los agitadores profesionales y los insurrectos ataquen a los patriotas del ICE, que solo intentan hacer su trabajo, aplicaré la LEY DE INSURRECCIÓN”.
Trump afirmó que, al recurrir a esta ley, “pondría fin rápidamente a la farsa que se está produciendo en ese estado (Minnesota)”.
Esto es lo que hay que saber sobre esa ley.
La Ley de Insurrección de 1807 permite al presidente utilizar personal militar en servicio activo para realizar funciones policiales dentro de Estados Unidos.
Los presidentes estadounidenses pueden invocar la ley si determinan que hay “obstrucciones, coaliciones, reuniones o rebeliones ilegales” contra el Gobierno que hacen “imposible la aplicación” de la ley estadounidense “por la vía ordinaria de los procedimientos judiciales”.
Una vez invocada, las tropas podrían encargarse de una serie de tareas, desde sofocar disturbios civiles y hacer cumplir órdenes judiciales hasta arrestar y detener migrantes. Esto incluye a la Guardia Nacional, una rama de las fuerzas armadas estadounidenses tradicionalmente reservada para emergencias y desastres.
Dado que la Ley de Insurrección está redactada en términos generales, con pocas indicaciones específicas sobre cómo y cuándo se pueden utilizar los poderes, ofrece a los presidentes un amplio margen de maniobra a la hora de decidir cuándo movilizar al personal militar para realizar operaciones dentro del país.
A lo largo de su campaña electoral, Trump prometió tomar medidas drásticas contra la inmigración ilegal y calificó la situación en la frontera sur como una “emergencia nacional” que podría controlarse mejor invocando la mencionada ley.
En su primer día en el cargo en enero de 2025, solicitó “recomendaciones sobre las medidas adicionales que podrían ser necesarias para obtener el control operativo completo de la frontera sur, incluyendo la posibilidad de invocar la Ley de Insurrección de 1807”.
Su gobierno ya puso en marcha una serie de medidas radicales enfocadas en la frontera. Entre estas se incluyen redadas a nivel nacional y el traslado de presuntos miembros de bandas venezolanas a una prisión en El Salvador, una decisión que ahora se enfrenta a impugnaciones legales.
En octubre, Trump volvió a decir que estaba considerando la posibilidad de recurrir a la Ley de Insurrección después de que un juez federal le impidiera enviar tropas de la Guardia Nacional a la ciudad de Portland, en Oregón, que según el presidente estaba invadida por “terroristas internos” de izquierda.
Aunque en ese momento afirmó que la situación no había llegado al punto en el que esa decisión fuera necesaria, también dijo que “si tuviera que promulgarla, lo haría, si se estuviera matando a gente y los tribunales nos estuvieran frenando, o los gobernadores y alcaldes nos estuvieran frenando”.
Ahora, tras semanas de tensión en Mineápolis, mientras miles de agentes del ICE intensificaban sus operaciones en la ciudad, Trump amenazó una vez más con utilizar la ley para sofocar las protestas.
La Ley de Insurrección se ha invocado en contadas ocasiones a lo largo de la historia de Estados Unidos.
Abraham Lincoln la utilizó cuando los estados del sur se rebelaron durante la Guerra Civil estadounidense, y tras la guerra el presidente Ulysses S. Grant la invocó contra una ola de violencia racista por parte del Ku Klux Klan.
En el siglo XX, el presidente Dwight D. Eisenhower la invocó para que el ejército estadounidense escoltara a un grupo de estudiantes negros en el camino a su escuela en Little Rock, Arkansas, después de que el gobernador del estado se negara a cumplir una orden federal de desegregación.
Más recientemente, se utilizó en 1992, cuando estallaron disturbios masivos en Los Ángeles por la absolución de cuatro policías blancos que golpearon a Rodney King, un hombre negro. El entonces presidente, George Bush, envió a miembros en servicio activo de los marines y el ejército, así como a tropas de la Guardia Nacional.
El Gobierno estadounidense ha procurado tradicionalmente limitar el uso de la fuerza militar en suelo estadounidense, especialmente contra sus propios ciudadanos.
La Ley Posse Comitatus de 1878 se promulgó precisamente para restringir la actuación del ejército como fuerza policial dentro del país. En momentos en los que hay disturbios, los estados suelen ser los que despliegan a la Guardia Nacional para ayudar a mantener el orden.
Desde que volvió al cargo, Trump ha declarado emergencias nacionales, lo que le da acceso a poderes y recursos que normalmente están restringidos.
Con esta autoridad, ha impuesto aranceles, tomado medidas contra la inmigración y desplegado agentes federales, la Guardia Nacional e incluso tropas en servicio activo en ciudades como Washington D. C., Los Ángeles y Memphis.
En marzo, tras su declaración de emergencia en la frontera, Trump invocó la poco utilizada Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 para deportar a migrantes que, según él, eran miembros de bandas. A continuación, se produjeron una serie de impugnaciones legales y la Corte Suprema impuso algunas restricciones temporales al uso de esa ley.
Si Trump decide invocar la Ley de Insurrección, está por verse a qué obstáculos legales podría enfrentarse.
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