
La próxima temporada de la Fórmula 1 está a unos meses de ocurrir y el primer evento será el Gran Premio de Australia que se realizará del 6 al 8 de marzo.
Antes de que arranque la temporada se han dado a conocer algunas nuevas reglas y especificaciones que deben cumplir los autos que estén en competencia. Esto afectará a las monoplazas, equipos y pilotos.
Recordemos que para este 2026, El Gran Premio de la Ciudad de México se realizará los días 30, 31 de octubre y 1 de noviembre en el Autódromo Hermanos Rodríguez.
De acuerdo a la información los autos serán más pequeños, angostos, ligeros y maniobrables. Además de que el combustible a usar debe ser sustentable.
Alerones
Lo más visible es la simplificación de los alerones delanteros y traseros. Serán más angostos, y los delanteros tendrán la oportunidad de desarrollo en la parte externa. Resalta la implementación de la “Aerodinámica activa”, es decir, los alerones podrán cambiarse en plena carrera, pues podrán moverse para ofrecer menor resistencia en algunos sectores del autódromo. En las curvas los flaps estarán cerrados, mientras que en las rectas se “aplanarán”.
Dimensiones
Los autos serán más cortos en 200 mm, más estrechos en 100 mm, y 30 kilogramos más ligeros, lo que deberá traducirse en una mayor maniobrabilidad y cambio de dirección, que sumado a los cambios en los alerones debería ofrecer más rebases.
Pisos lisos
Los túneles que generaban el efecto suelo son cosa del pasado. A partir de 2026 los monoplazas tendrán pisos lisos, planos, finalizando en difusores extendidos, con aberturas más grandes, con menor carga aerodinámica, y eso permitirá que los ingenieros puedan “jugar” con las configuraciones dependiendo la pista y el estilo de manejo de cada piloto.
Botones de potencia
Pero no todos los cambios son visibles desde fuera. Los pilotos tendrán botones en el volante que antes no existían:
Boost (Empuje). Dará la mayor potencia de motor y batería al presionarlo. Se podrá usar en cualquier lugar, para ataque o defensa y dependerá únicamente de la carga que tengan en la batería.
Overtake (Rebase). Solamente para el ataque, pues dará potencia extra cuando se encuentren a menos de un segundo de su predecesor (en términos prácticos, es un reemplazo del DRS, pero con mayor rango de uso, pues no dependerá del punto de detección.
Recharge (Recarga). En conjunto con el ingeniero de carrera/estrategia, deberán escoger zonas en las cuales puedan recargar la batería sin ser vulnerables. También podrán recargar la batería con frenado y con energía del motor. Esa energía podrá ser usada en Boost y Overtake. Con estos tres botones se contará con más elementos para la carrera.
Unidad de potencia
El motor principal se mantiene como un V6 turbo híbrido de 1.6 litros, pero con un nuevo balance de potencia. El motor de combustión interna otorgará 400 kW y el motor eléctrico aumentará a 350 kW (unas tres veces más que en 2025), con lo que se esperan unos 1000 caballos de fuerza. Para satisfacer la demanda de energía, el sistema de recuperación podrá regenerar el doble de energía que en 2025, ya que con sólo quitar el pie del acelerador, se activará la regeneración.
Desaparece el compuesto MGU-H, pues resultaba muy pesado y sin mayores beneficios para la carrera en sí (además de los altos costos).
Combustible
Por primera vez en su historia, Formula 1 utilizará un combustible sustentable avanzado, producido con fuentes de vanguardia como captura de carbono, residuos municipales y biomasa no alimentaria, con altos estándares de sustentabilidad.

Estos cambios se verán en el 2026 pero también se harán evidentes a partir de los ensayos de la pretemporada como las luces colocadas en los espejos laterales y la eliminación de ciertos elementos.

A última hora de la tarde del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenó que sea ella quien asuma la jefatura del Estado ante la “ausencia forzosa” de Maduro.
La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de las fuerzas militares de Estados Unidos ha puesto todos los ojos sobre la figura de Delcy Rodríguez, la vicepresidenta ejecutiva escogida por el mandatario como su mano derecha.
A última hora de la tarde del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenó que sea ella quien asuma la jefatura del Estado ante la “ausencia forzosa” de Maduro.
En un comunicado, la presidenta de la Sala Constitucional del tribunal, Tania D’Amelio, argumentó que la Constitución atribuye al vicepresidente la función de suplir las faltas temporales o absolutas del presidente, como la que atraviesa actualmente el país.
La magistrada se refirió a la operación militar estadounidense que resultó en la detención de Maduro y su esposa como un “secuestro” y una “agresión extranjera”.
Con el nombramiento de Rodríguez como presidenta interina, el tribunal le otorga el poder para liderar “la defensa de la soberanía” y “preservar el orden constitucional”, señalaba el comunicado.
Horas antes del pronunciamiento del TSJ, Rodríguez, en mensaje televisado desde Caracas, también condenó la acción de EE.UU. y calificó la captura de Maduro y su esposa de “secuestro ilegal e ilegítimo”.
“Lo que se le está haciendo a Venezuela es una barbarie”, aseguró Rodríguez, durante una alocución que dio al país en cadena nacional de radio y televisión.
“Sitiarla, bloquearla, es una barbarie que violenta todo mecanismo del sistema de derechos humanos internacional y configura delitos de lesa humanidad. Que ningún bloqueo pretenda torcer la voluntad de este pueblo”, dijo Rodríguez, quien llamó a sus compatriotas a salir en defensa de su país y afirmó que “en Venezuela solo hay un presidente, que se llama Nicolás Maduro Moros”.
Con esas palabras respondió a lo dicho por el presidente estadounidense, Donald Trump, durante la primera rueda de prensa tras la captura de Maduro.
En la comparecencia convocada para explicar la operación militar realizada este sábado, Trump ya sugirió que Rodríguez podría ser la persona que estaría al frente del gobierno tras la salida de Maduro, pero que trabajaría alineada con el gobierno de EE.UU. en la recuperación de Venezuela.
El mandatario estadounidense aseguró que Rodríguez había estado en contacto con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y dio a entender que aparentemente ella estaría dispuesta a acceder a todas las exigencias de Washington. “No tiene alternativa”, apuntó.
Sin embargo, poco después de la rueda de prensa de Trump, Rodríguez realizó una alocución en cadena nacional de radio y televisión en la que ratificó su posición de considerar a Maduro como “el único presidente de Venezuela”, denunció su captura como un “secuestro” y agregó que Venezuela “no se entrega, no se rinde y jamás va a ser colonia de nadie”.
Estas últimas declaraciones son coherentes con la Delcy Rodríguez a quien Maduro ha calificado en el pasado como “tigresa”, por su defensa del proyecto de socialismo bolivariano.
De hecho, quienes la conocen suelen decir que es “muy inteligente”, pero también que es “dogmática”.
Pero ¿quién es realmente Delcy Rodríguez?
Delcy Rodríguez lleva la política en los genes.
Esta abogada de 56 años es hija de Jorge Antonio Rodríguez, quien fue guerrillero en la década de 1960 y murió bajo custodia policial en 1976, luego de ser detenido por su vinculación con el secuestro de William Niehous, un alto ejecutivo de una empresa estadounidense que operaba en Venezuela.
El fallecimiento de Rodríguez causó conmoción en la opinión pública, pues se produjo debido a las torturas y malos tratos a los que fue sometido por las autoridades policiales.
Esa muerte se convertiría en parte de la motivación que llevaría a Delcy a estudiar Derecho, carrera que cursó en la Universidad Central de Venezuela y que, luego, prosiguió con estudios de Derecho Laboral y Sindical en Francia.
“Tomé una decisión de hacer justicia en el caso de mi papá y entré a la escuela de Derecho. Allí inmediatamente apliqué para ser auxiliar de investigación en el Instituto de Estudios Penales”, comentó una vez ella.
Ese suceso también habría influido en su acercamiento a la política. “La revolución bolivariana, la llegada del comandante Hugo Chávez, fue nuestra venganza personal”, dijo en una entrevista en 2018, aunque aseguró que no actuaba movida por el odio.
Al igual que su hermano mayor, Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional, Delcy Rodríguez comenzaría su escalada en la jerarquía política durante el gobierno de Hugo Chávez, cuando llegó por primera vez al gabinete para ocupar por unos meses el Ministerio del Despacho de la Presidencia.
Pero fue tras la llegada de Maduro al poder cuando ocupó numerosas posiciones en la cima del Poder Ejecutivo. Inicialmente, fue ministra de Comunicación e Información, ministra de Economía y canciller.
Y, en los últimos tiempos, ascendió hasta la vicepresidencia ejecutiva, cargo al que además le ha sumado las responsabilidades de ministra de Hidrocarburos.
También fue la primera presidenta de la polémica Asamblea Nacional Constituyente electa en 2017, un cargo de gran relevancia pues -al menos en la teoría jurídica- disponía de más poder que la presidencia, por ser considerado un órgano con carácter supraconstitucional.
Al igual que su hermano Jorge, Delcy ha sido una pieza fundamental que el gobierno de Maduro ha usado como operador político tanto fuera como dentro de Venezuela.
“Delcy trabaja en dúo con su hermano. Ella es un poco menos intelectual, más operativa. Son personas bien formadas que han ocupado un vacío como consecuencia del abandono absoluto de gente capaz que ha habido en el gobierno”, opinó el politólogo Nícmer Evans en entrevista con BBC Mundo en 2024
Delcy Rodríguez ocupó formalmente el cargo de ministra de Exteriores de Maduro entre 2014 y 2017, pero más allá de detentar el cargo, ella nunca ha dejado de ser una de las caras visibles del gobierno tanto dentro como fuera de Venezuela.
De hecho, en los últimos años durante los cuales Maduro redujo sus viajes al exterior, ella ha sido una operadora clave en las relaciones con países aliados como Turquía, China o Irán.
En la escena internacional, Rodríguez también ha protagonizado varios incidentes como cuando en 2016, siendo canciller, intentó ingresar a una reunión del Mercosur en Buenos Aires, luego de que Venezuela hubiera sido excluida del bloque.
Años más tarde, ocurriría lo que la prensa española llama el “Delcygate”, una polémica que estalló luego de que la madrugada del 20 de enero de 2020, Rodríguez aterrizara en un avión privado en el aeropuerto de Barajas en Madrid, donde se reunió durante algunas horas con el entonces ministro de Transporte de España, José Luis Ábalos, a pesar de que sobre ella pesaba una prohibición de entrada en el espacio Schengen emitida por Austria.
Rodríguez es una del medio centenar de altos funcionarios venezolanos sobre quienes la UE ha impuesto sanciones debido a las violaciones de los derechos humanos y al deterioro de la democracia en Venezuela.
Fue sancionada por EE.UU. en 2018, cuando el Tesoro de ese país impuso también este tipo de medidas contra su hermano Jorge Rodríguez, así como contra el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y la primera dama, Cilia Flores.
Entonces, como ahora, Delcy Rodríguez ha rechazado este tipo de medidas y ha cuestionado de forma abierta estas políticas estadounidenses.
Así pues, pasar de eso a ser el supuesto instrumento de Trump para una transición post-Maduro en Venezuela puede exigirle unas dotes de contorsionismo político de esas que solamente pueden lograrse bajo la presión de las realidades más tozudas.
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