
Para entender mejor
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) identificó desde 2021 que César Sepúlveda Arellano, alias “El Bótox”, extorsionaba a productores de limón de los municipios de Buenavista y Apatzingán en el estado de Michoacán, a quienes obligaba a pagar hasta 600 mil pesos mensuales por sus cosechas.
Desde hace cinco años, el Ejército mexicano identificó sus actividades a través del Centro Regional de Fusión de Inteligencia Occidente. Sin embargo, fue capturado apenas el pasado 22 de enero en un operativo conjunto de autoridades federales y estatales.
Con la intervención de llamadas telefónicas, el Ejército encontró que “El Bótox” no solo se dedicaba a la extorsión de los productores de limón, sino que desde hace cinco años tenía el control de la venta de pollo, fierro, cobre, aluminio, plástico, vidrio y hasta cigarros en los municipios de Apatzingán y Buenavista.
Los militares incluso tenían conocimiento de la ubicación de “puntos de control” que el líder del grupo criminal conocido como Los Blancos de Troya instaló en los caminos que conectaban a Apatzingán y Buenavista, donde cobraba una “cuota” a los transportistas que cruzaban por ahí.

Informes de inteligencia de la Sedena, filtrados por el colectivo Guacamaya, muestran que Sepúlveda Arellano cobraba a los agricultores un peso por cada kilo de limón desde 2021. En ese entonces se tenía estimada una producción de 20 toneladas diarias.
Eso quiere decir que, desde hace cinco años, “El Bótox” cobró al menos 20 mil pesos diarios a los productores de limón. Al mes, esa cifra suma 600 mil pesos.
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Sepúlveda Arellano no sólo extorsionaba a los productores, sino que también les fijaba el precio al que debían vender el limón a las empacadoras. En 2022, por ejemplo, “acordó” con los agricultores que debían vender su fruta a 4 pesos el kilo.
“El Bótox” comenzó a aparecer con más frecuencia en los informes de inteligencia del Ejército a partir del 2021. Ese año ya era identificado como el líder de Los Blancos de Troya, y también se le ubicaba como un extorsionador de los productores aguacateros y mineros.
Un año después, en 2022, el Ejército detectó una disputa por el control del mercado de limón entre “El Bótox” y Nicolás Sierra Santana, alias “El Coruco” y líder del grupo delictivo Los Viagras.
Al momento de su detención el pasado jueves, César Sepúlveda Arellano fue identificado por productores de limones como uno de sus principales extorsionadores e incluso las autoridades lo señalan como responsable del asesinato de Bernardo Bravo, líder de los agricultores de Apatzingán que denunció públicamente los cobros ilegales.

Las actividades criminales de “El Bótox” también alcanzaron a la cerveza Corona, pues en 2022 ordenó que, a cambio de una “cuota”, solo tres personas podrían vender esta bebida en poblados del municipio de Buenavista.
Los recursos obtenidos por estas actividades eran utilizados para financiar a Los Blancos de Troya y su lucha contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), otra organización criminal que se instaló en Michoacán para pelear los negocios delictivos del estado.
Además de sus actividades criminales, en 2021 la Sedena había identificado que “El Bótox” también era encargado de entorpecer operativos de seguridad que el gobierno lanzaba contra Los Blancos de Troya y sus aliados que formaban parte de otro grupo llamado Cárteles Unidos.
Según los informes de la Sedena, Sepúlveda Arellano convocaba gente para bloquear caminos e incluso les pedía apedrear a policías con tal de que no realizaran sus operativos.

“El Bótox” fue detenido en 2018 en el estado de Morelos acusado de un homicidio, pero consiguió salir de prisión y pudo continuar con sus actividades delictivas hasta este año.
En los reportes de inteligencia de la Sedena sólo se detalla un operativo organizado por el gobierno para intentar recapturarlo en 2020, pero el líder de Los Blancos de Troya logró huir porque su grupo criminal bloqueó caminos para impedir su detención.
A partir de ahí fue vigilado por el gobierno federal junto con otros criminales que asedian Michoacán, como Juan José Farías, alias “El Abuelo”, el líder del grupo Cárteles Unidos, y “El Coruco”, líder de Los Viagras.

Se trata de uno de los incendios más agresivos de la década y se extendió por las regiones de Ñuble y Biobío en el sur de Chile.
Sandra Soto, de 62 años, no se quiso ir a dormir la noche del sábado 17 de enero.
Las llamas que se veían a lo lejos desde la casa que compartía con su pareja en la población Ríos de Chile, localidad de Lirquén, región del Biobío, la tenían inquieta.
Estaba sola y algo le decía que las cosas se iban a complicar y que no era seguro quedarse en el bloque de dos pisos en el que vivía.
Decidió llamar a un taxi para irse a la casa de sus padres.
Cuando volvió a la mañana siguiente para buscar su uniforme de trabajo se encontró sólo con escombros.
“Nosotros quedamos en la calle, todo se desintegró”, le dice a BBC Mundo.
La técnica en enfermería es una de las tantas personas que lo perdieron todo en el que se considera uno de los incendios más agresivos de la década en el país sudamericano, y que afecta las regiones de Ñuble y Biobío, en el sur de Chile.
Lirquén, en la comuna de Penco, es una de las zonas más afectadas por los siniestros que ya han alcanzado 34.000 hectáreas.
El gobierno de Chile decretó estado de catástrofe y siguen los esfuerzos por extinguir los focos activos, mientras el país se viste de luto ante una tragedia que ya cuenta 20 muertos y decenas de heridos, desaparecidos y damnificados.
No todos corrieron la suerte de Sandra en la población en la que vive.
La mujer explica que, al volver a su casa la mañana del domingo, se enteró del verdadero infierno que vivieron sus vecinos y familiares, quienes optaron por quedarse protegiendo sus enseres mientras las llamas se acercaban cada vez más.
“Al subir para acá yo no podía creer cómo quedó todo. Vimos cómo sacaban los cuerpos”, relata.
“Aquí detrás de nuestra casa un matrimonio se quemó completo. Al frente otros vecinos muertos. Entonces, es muy grave”, agrega.
En varios momentos de la conversación, Sandra se quiebra.
Dice que lo más fuerte para ella fue el temor que sintió por la vida de su familia.
Antes de irse en taxi donde sus padres, pasó a despertar a su hermana Marlenne Soto, de 56 años, quien vive en la misma población con sus hijos y su nieta.
Intentó convencerla de que evacuaran, pero ella no quiso dejar su casa. Tampoco su cuñada. “Yo les decía que arrancaran, pero ellas pensaron que estaba exagerando”, recuerda.
“Les decía ‘por favor, vengan conmigo’. Pero me decían que no, que no era para tanto”.
Pasaron varias horas antes de que Sandra pudiera confirmar que su hermana estaba viva y que su cuñada también había sido evacuada del lugar.
Dice que nunca se va a olvidar de lo que sintió cuando se reencontró con Marlenne.
“Menos mal que salieron, porque muchos no quisieron salir por cuidar sus cosas y ahora están muertos. La casa de mi hermana quedó hecha carbón”, sostiene.
“No todos querían hacer caso de arrancar, dejar todos sus bienes, su esfuerzo, su sacrificio. Nosotros nos endeudamos para tener una cama, una tele, yo sigo endeudada. Ahora no sé qué va a pasar con nosotros”.
Sandra afirma que, hasta ahora, no ha recibido ayuda directa de ninguna autoridad.
Este lunes se quedará a pasar la noche junto a su pareja, Jorge Moya, en uno de los tantos albergues que se han habilitado para las víctimas de los incendios.
Para ella la prioridad es resolver, aunque sea de manera provisoria, la situación de vivienda de las miles de personas que quedaron en la calle.
“Porque yo me pregunto, ¿dónde van a ir a vivir los que no tienen ningún apoyo? ¿Qué va a ser de ellos?, si no tienen una red”, plantea.
Sandra recalca que “lo importante es que el mismo gobierno se ponga la mano bien en el corazón y actúe de forma rápida y oportuna. Porque esto de verdad es algo muy complejo”.
“Ahora imagínese si yo estoy de allegada en la casa de la mamá de mi pareja, qué va a ser de mí…porque claro, yo voy a tener un pancito, un cafecito, pero dónde voy a dormir, dónde me voy a duchar, dónde me voy a lavar, dónde voy a calentar agua. Qué voy a hacer, uno no se puede organizar porque es un caos el que uno tiene en la cabeza. ¿Por dónde empiezo? De verdad, por dónde empiezo”.
Matías Arriagada se ha convertido en una de las caras más tristes de la tragedia en la localidad de Lirquén.
Estaba trabajando en la región de Rancagua durante el fin de semana cuando las alertas sobre la gravedad de los incendios en la zona se intensificaron.
Al no poder contactar con su familia, utilizó sus redes sociales para saber si alguien había tenido novedades sobre sus padres.
Horas después, subió un video a Instagram para contar que su papá, Pedro Arriagada, murió consumido por las llamas.
“Me acabo de enterar, mi papá falleció en el incendio, falleció acostadito con mi perrita, se quemó toda la hueá, porfa, necesito que la mayor cantidad de gente, a nivel país, se reúna y ayude a toda la gente de ahí, por favor, se los pido”, relató en el video.
“Yo más encima voy manejando, me quedan hartas horas todavía, necesito llegar y saber cómo está mi mamá, ya me informaron que mi papá fue consumido por las llamas”, dijo.
El video se viralizó ampliamente en redes sociales y en medios locales, ante lo que el joven inició una campaña para recaudar fondos e ir en ayuda de otras víctimas de los incendios.
“Por fa, mi gente, porfa, yo no soy influencer ni nada, pero necesito que la mayor parte del país se junte y colabore y ayude a la gente que lo está pasando pésimo, yo soy uno de ellos, pero toda la gente lo está pasando muy mal en Lirquén, Penco, todos los alrededores, por favor, necesitamos ayuda, tanto material, agua, ropa y gente que vaya a cooperar, a ayudar”.
De acuerdo a las autoridades, la comuna de Penco es la más golpeada.
Ahí es donde se concentra el mayor número de muertos, cifra que podría seguir aumentando conforme se realicen las labores de localización e identificación de los cuerpos.
Patricio Valenzuela, vendedor de 47 años, relató lo que vivió al evacuar su vivenda en esa zona.
“Fuego, humo y todo negro. La gente corría desesperada, algunos gritaban. Era prácticamente como una zona de guerra. Y eso que estábamos en la parte baja. Yo no tenía idea de que mientras yo estaba abajo, esto (la parte alta) se estaba quemando”, le dijo a la agencia de noticias AFP.
Matías Cid, estudiante de ingeniería de 25 años, también habló con AFP: “A las 2:30 de la madrugada el fuego estaba fuera de control. Había remolinos, consumió las casas de la población de abajo y después se propagó hacia arriba. Ya no había forma de quedarse”.
Y añadió: “El humo era muy tóxico. Salimos solo con la ropa que llevábamos puesta, con nada más. Tuvimos muy poco contacto con otros vecinos y logramos evacuar rápido, porque creo que si nos hubiéramos quedado 20 minutos más, habríamos muerto calcinados”.
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