
En 2025, México retrocedió un lugar en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), elaborado por Transparencia Internacional, respecto al año anterior, para ubicarse en el sitio 141 de 182. El país obtuvo 27 de 100 puntos disponibles el año pasado y 26 en 2024, sus peores evaluaciones desde que inició el registro en 2013.
En 2018, año en que López Obrador asumió el poder, México obtuvo 28 puntos en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC). Al año siguiente registró 29 puntos, mientras que en 2020, 2021, 2022 y 2023 se mantuvo en 32 puntos. El país logró su mejor calificación en 2014 con 35 puntos, en el gobierno de Enrique Peña.
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Dinamarca -país con el que el expresidente López Obrador comparó en diversas ocasiones el sistema de salud mexicano- se ubicó en el número uno del ranking con 89 puntos. México se encuentra por arriba de países como Camerún, Guatemala, Guinea, Nigeria, Madagascar, Uganda, Bangladés, Paraguay, Congo e Irán.
La organización destacó que la puntuación de un país muestra el nivel percibido de corrupción en el sector público. En dicha escala, cero significa altamente corrupto y 100 muy limpio. “La clasificación o rango no es tan importante como la puntuación a la hora de indicar el nivel de corrupción en un país”, agregó.
El índice publicado por Transparencia Internacional contempla manifestaciones de corrupción en el sector público como sobornos, malversación de fondos, nepotismo, burocracia excesiva, captura del Estado por intereses privados, falta de acceso a la información pública y de capacidad del gobierno para prevenir estos actos.
Ante colaboradores e invitados en Palacio Nacional en su primer informe de Gobierno en 2025, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que “cuando no hay corrupción, como en los gobiernos de la Transformación, alcanza para más”.
“Hemos cortado de tajo con la corrupción en el Poder Ejecutivo”, afirmó en su momento López Obrador, el 1 de septiembre de 2024 en un Zócalo repleto de simpatizantes y colaboradores, en lo que marcó su último año de gobierno.

En su más reciente publicación sobre 2025, Transparencia Internacional consideró que la corrupción ha permitido que el crimen organizado se infiltre en la política de México y países como Colombia y Brasil, “afectado la vida de las personas”.
Destacó que el continente americano no muestra avances en la lucha contra la corrupción, al obtener una puntuación media de 42 sobre 100. Según el índice, 12 de los 33 países “empeoraron significativamente” y solamente dos mejoraron su puntuación, República Dominicana (37) y Guyana (40).
“Años de inacción gubernamental han erosionado la democracia, propiciado el crimen organizado y perjudicado directamente a los ciudadanos al socavar los derechos humanos, los servicios públicos y la seguridad”, indicó la organización no gubernamental.
Transparencia Internacional destacó que Estados Unidos profundizó su retroceso en el índice hasta alcanzar 64 puntos, su evaluación más baja registrada. Subrayó que Costa Rica y Uruguay, las democracias más sólidas de la región, “sufren la violencia alimentada por la corrupción y el crimen organizado”.
Respecto a Venezuela, Nicaragua y Haití, indicó que se volvieron a ubicar como las calificaciones más bajas en la región con 10, 14 y 16 puntos, respectivamente, ante los altos niveles de represión, instituciones fallidas o cooptadas y corrupción estructural.
“Para mejorar la vida de las personas y aumentar la resiliencia al crimen organizado, los gobiernos deben priorizar la lucha contra la corrupción en su agenda. Para ello es necesario proteger las libertades fundamentales, reforzar la transparencia en la contratación pública y hacer cumplir la ley a través de un Poder Judicial fuerte e independiente”.
“La lucha contra la corrupción también implica fortalecer la cooperación internacional para investigar y sancionar casos transnacionales y cerrar los vacíos legales que permiten que el dinero ilícito cruce fronteras”, señaló Luciana Torchiaro, asesora regional para América Latina y el Caribe.

¿Puede el temor de una empresa estadounidense a perder sus plantaciones bananeras en la Guatemala de los años 50 explicar la actual política exterior del presidente Donald Trump?
Cuando en 1954 la United Fruit Company persuadió al entonces presidente de EE.UU., Dwight D Eisenhower, para que derrocara al presidente de Guatemala, Jacobo Arenz, elegido democráticamente, el hecho repercutió en América Latina por décadas.
Ahora, expertos buscan las raíces de la llamada doctrina “Donroe” que el presidente estadounidense actual, Donald Trump, ha aplicado en la captura del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, en aquella operación liderada por la Agencia de Inteligencia de EE.UU. (CIA, por sus siglas en inglés) y propulsada por una multinacional que ha hecho su dinero a partir de la venta de bananos.
“Esa compañía era tan poderosa en Guatemala y en los países vecinos que fue llamada ‘El pulpo’, porque tenía tentáculos en todas partes”, le dice a la BBC Grace Livingstone, experta de la Universidad de Cambridge.
Aunque era una empresa estadounidense, la United Fruit Company no tenía lazos oficiales con la administración Eisenhower. Pero cuando Arbenz propuso la expropiación y la redistribución de la tierra en los grandes terrenos de las plantaciones de banano para aliviar la pobreza crónica que vivía su país, la United Fruit Company buscó el apoyo del gobierno jugando la carta de la Guerra Fría y mostrando a Guatemala como un país vulnerable a la influencia soviética.
“Arbenz iba a darles una compensación generosa -más del doble de lo que la United Fruit Company había pagado por esas tierras- pero ellos no estaban contentos con el monto”, explica Livingstone.
Pero más allá de lo que Arbenz había sostenido en 1950 cuando asumió el poder – que iba a transformar a Guatemala de una sociedad feudal en una economía capitalista-, Eisenhower aceptó intervenir.
La justificación de Eisenhower fue la llamada doctrina Monroe.
A principios del siglo XIX, el que fuera el quinto presidente de EE.UU., James Monroe, hizo una declaración que señalaba que el hemisferio Occidental debía estar libre de la influencia de poderes europeos, una idea que se convirtió en un arma defensiva para mantener a raya a los países de aquellos temas que EE.UU. considera sus asuntos regionales.
Pero en 1904, otro presidente de EE.UU., Theodore Roosevelt, actualizó esta política para hacerla “una justificación explícita de la intervención militar de EE.UU. en la región”, aclara Livingstone.
Y anota que la ahora llamada Doctrina “Donroe”, un juego de palabras entre Monroe y el nombre de pila del presidente Trump, también se apoya explícitamente en este mensaje para justificar el ruido de sables sobre Venezuela, Groenlandia e Irán.
“Antes de la captura de Maduro, el propio mandatario estadounidense hizo el anuncio reinstalando todas las justificaciones doctrinales de la intervención de EE.UU. en el hemisferio que hemos conocido desde siempre”, señaló el periodista Jon Lee Anderson en la revista New Yorker.
Esta “lógica de esferas” es “el corazón del enfoque de Trump sobre el orden mundial y es en parte una respuesta a su aversión prolongada hacia el globalismo, multilateralismo, la formación de alianzas y guerras eternas en países lejanos”, señala Stewart Patrick, director del programa de Orden Global e Instituciones de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.
La meta de la nueva estrategia de seguridad nacional de EE.UU., de acuerdo a lo dicho por Trump el año pasado, ha sido la de “proteger el comercio, el territorio y los recursos que son el corazón de nuestra seguridad nacional”.
Desde entonces, el mandatario ha enfatizado que el “dominio estadounidense” es la clave – y la presión militar, ideológica y psicológica será aplicada para proteger los intereses de EE.UU.
En Venezuela e Irán esos intereses están vinculados al petróleo, explica Anderson, y la amenaza de que China lo pueda tomar primero.
Groenlandia también posee recursos importantes que Trump quiere antes de que los adquieran los adversarios de Washington.
En Guatemala fue otro asunto: ideología. La Guerra Fría con Rusia y bananas. Pero así como ocurre con la justificación, las tácticas permanecen las mismas.
“De forma similar a lo que vimos en Venezuela recientemente, hubo un entramado militar alrededor de Guatemala”, señala Livingstone.
“Einsenhower anunció que estaba enviando dos submarinos al sur y también envió bombarderos a Nicaragua, que comenzaron a interceptar barcos en el mar cerca de Guatemala. Cosas que vimos en Venezuela”.
La CIA lanzó panfletos en Guatemala con la amenaza de una invasión, usando dibujos para alcanzar a una población que en ese momento tenía un alto porcentaje de analfabetismo.
Estableció una cadena de radio que priorizaba su transmisión desde el interior del país, aunque, según los expertos, muchas de las señales provenían del exterior.
“En la emisora de radio de la CIA, afirmaron que miles de personas se estaban uniendo a las fuerzas mercenarias”, apunta Livingstone. “Pero cuando cruzaron la frontera, no hubo un levantamiento espontáneo”.
“La CIA, que apoyaba esta supuesta invasión, comenzó a bombardear puntos estratégicos en Guatemala y en la propia capital. Incluso lanzó una bomba de humo masiva contra cuarteles militares y reprodujo en la radio el sonido de los bombardeos. Esto tenía como objetivo desmoralizar a la población y al ejército”, añade.
A su vez, la cúpula militar, creyendo que no podría derrotar a los invasores, instó y finalmente convenció a Arbenz para que dimitiera.
En pleno siglo XXI, Groenlandia – y, por extensión, Dinamarca- ha recibido amenazas directas de Trump en redes sociales, incluyendo planes para anexar el territorio e imponer sanciones económicas ante cualquier resistencia.
Mientras tanto, en Irán, la presión psicológica se ha intensificado, con amenazas de fuertes acciones militares para forzar la obediencia, infundir miedo y proteger los intereses estadounidenses. “Un ejército enorme se dirige a Irán”, publicó Trump en redes sociales.
“Al igual que Venezuela, está listo, dispuesto y es capaz de cumplir rápidamente su misión, con rapidez y violencia, si es necesario”.
En aquella operación de los años 50, unas semanas después de la renuncia, Arbenz se vio obligado a exiliarse.
“En el aeropuerto, el nuevo régimen lo obligó a desnudarse y registraron hasta su ropa interior frente a una multitud que lo abucheaba, y luego lo subieron a un avión”, afirma Livingstone.
Más de 70 años después, Maduro se vio obligado a viajar a Nueva York tras ser capturado por las fuerzas estadounidenses.
“Primero vimos las imágenes del bombardeo de Caracas”, dice Anderson. “Y lo siguiente que vimos fue a Maduro encadenado, flanqueado por militares y humillado. Esto forma parte de un patrón”.
Analistas como Mike Crawley, de CBC News, señalan que la estrategia de Trump hacia Groenlandia también se basa en la política visual -anuncios en redes sociales, cancelaciones de visitas de Estado e imágenes provocativas-, como un modo de afirmar su dominio y socavar la capacidad de acción de los Estados más pequeños.
El estribillo común de quienes apoyan la intervención estadounidense es que solo los dictadores y quienes muestran desprecio por la democracia o la seguridad estadounidense tienen algo que temer, pero hay varios observadores que discrepan.
“Guatemala demuestra que EE.UU. estaba dispuesto a derrocar a un gobierno elegido democráticamente y que, desde que se proclamó la Doctrina Monroe, Estados Unidos ha intervenido en América Latina más de 80 veces”, afirma Livingstone.
“Trump está reafirmando la doctrina en su forma más descarada”.
Sin embargo, lo que vino después de aquella intervención en Guatemala podría preocupar al presidente.
Siguieron décadas de violencia e inestabilidad, durante las cuales los gobiernos autoritarios, y luego los carteles de la droga explotaron el vacío de poder, fortaleciendo posiciones y canalizando tanto migrantes desesperados como narcóticos ilegales a través de la frontera estadounidense.
Y esto, según los observadores, ha representado una amenaza a largo plazo mayor para los intereses estadounidenses que las reformas agrarias o los temores a la influencia comunista utilizados para justificar las intervenciones en primer lugar.
Este artículo está basado en un episodio de Radio 4 de la BBC con el apoyo de BBC Global Journalism.
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