
Casi siete años después de su suicidio en una prisión de Nueva York en 2019, el delincuente sexual Jeffrey Epstein continúa empañando las carreras y reputaciones de político y empresarios, quienes fueron sus cercanos.
Integrantes de la realeza europea, además de diplomáticos y exlíderes de gobierno, han quedado manchados por la receta de poder, sexo y dinero de Epstein. Algunos enfrentan investigaciones penales. Otros miembros de la élite corporativa estadounidense y políticos también han tenido que responder.
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Las menciones en la nueva publicación de 3.5 millones de documentos, correos electrónicos, fotos y videos de Epstein por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos el 30 de enero, no implican una conducta ilícita. Sin embargo, puede resultar comprometedor.
El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta una crisis de confianza y autoridad por haber nombrado en 2024 a Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos.
Mandelson es nombrado miles de veces en los documentos. Siguió en contacto con Epstein después de afirmar que había cortado la relación y pudo haber recibido transferencias de dinero.
Ahora, el diplomático se enfrenta a una investigación policial tras ser destituido como embajador en septiembre y obligado a abandonar la Cámara de los Comunes la semana pasada.
En otros puntos de Europa, el eslovaco Miroslav Lajcak dimitió de su cargo de asesor de seguridad nacional después de que se revelara que, cuando era ministro de Asuntos Exteriores del país, intercambió mensajes sobre mujeres con Epstein.
Andrew Mountbatten-Windsor, despojado de sus títulos de príncipe y duque de York por sus vínculos con Epstein, volvió a verse implicado en las últimas revelaciones, entre ellas una foto que lo muestra de rodillas e inclinado sobre una mujer.
La policía británica afirma que investiga una posible mala conducta por la filtración de documentos confidenciales a Epstein cuando Andrew era enviado comercial del gobierno.
Su exesposa, Sarah Ferguson, también apareció con estrechos vínculos con Epstein.
Asimismo, la princesa Mette-Marit, futura reina de Noruega casada con el príncipe heredero Haakon, vio su reputación empañada por intercambiar cientos de correos electrónicos íntimos con el delincuente sexual entre 2011 y 2014, después de la primera condena del financiero por incitación a la prostitución en menores.
“Lamento profundamente mi amistad con Jeffrey Epstein”, declaró Mette-Marit en un comunicado.
Una encuesta reciente indica que los noruegos podrían no desearla como futura reina.

Otras personalidades noruegas son objeto de investigaciones penales o administrativas.
La policía de Noruega anunció la apertura de una investigación sobre el exprimer ministro Thorbjorn Jagland por sospechas de “corrupción agravada” debido a sus vínculos pasados con el delincuente sexual, junto a la diplomática Mona Juul y su esposo Terje Rod-Larsen, por complicidad.
Los investigadores examinan los vínculos de Jagland con el delincuente sexual cuando presidía el Comité del Nobel —que otorga el prestigioso Premio Nobel de la Paz— y era secretario general del Consejo de Europa.
Los vínculos de Juul con Epstein, cuando trabajaba en el Ministerio de Asuntos Exteriores antes de convertirse en embajadora ante las Naciones Unidas, también están bajo escrutinio. El domingo dejó su puesto de embajadora de Noruega en Irak y Jordania.
El Foro Económico Mundial, que organiza cada mes de enero la cita de la élite política y financiera en Davos, investiga a su director general, Borge Brende, un exdiplomático noruego, por más de 100 mensajes de texto y correos electrónicos, además de tres encuentros con Epstein.
Brende y otras personalidades, como el exministro francés de Cultura Jack Lang, afirmaron no tener conocimiento de las actividades delictivas del fallecido financiero.
Sin embargo, Lang, figura destacada del Partido Socialista francés, tuvo que dimitir de la dirección del Instituto del Mundo Árabe, con sede en París, mientras que su hija, la productora Caroline Lang, dimitió de la presidencia de un sindicato de productores de cine, tras la revelación de sus vínculos personales y profesionales con Epstein.
Joanna Rubinstein dimitió de su cargo de responsable de recaudación de fondos para la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) en Suecia después de que se revelara que viajó con su familia a la isla de Epstein en el Caribe en 2012.
Bill Clinton, expresidente de Estados Unidos, y su esposa Hillary Clinton, exsecretaria de Estado, cedieron a las demandas de testificar sobre Epstein ante un comité del Congreso a finales de este mes, tras ser amenazados con una acción por desacato.
Bill Clinton ha negado rotundamente cualquier conducta indebida, más allá de haber volado en el jet privado de Epstein. Mientras, Hillary Clinton dijo que no tuvo contactos significativos con el criminal sexual.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es mencionado miles de veces, aunque ha insistido en que es víctima de una “conspiración” y que no ha sido acusado por ninguna de las víctimas de Epstein.
El magnate de Microsoft, Bill Gates, también citado con frecuencia, declaró lamentar “cada minuto pasado” con Epstein.
Sin embargo, su exesposa, Melinda French Gates, afirmó que el empresario debía dar explicaciones dado que, en los documentos, Epstein sostuvo haber organizado encuentros con mujeres.
Larry Summers, exsecretario estadounidense del Tesoro, dimitió de su cargo de presidente de la Universidad de Harvard antes de la publicación de los últimos documentos. Brad Karp dejó la presidencia del prestigioso bufete de abogados Paul Weiss, y David Ross dimitió de su puesto de director del Museo de Arte Americano de Nueva York.
Por su parte, el multimillonario Elon Musk es nombrado en los archivos, aunque declaró haber rechazado las constantes invitaciones de Epstein para viajar a su isla del Caribe.


La presentación de Benito Martínez Ocasio en el show de medio tiempo del Super Bowl el domingo estuvo marcada por mensajes y símbolos que evocaban la cultura latina y puertorriqueña. La bandera tuvo un rol destacado.
“Aquí mataron gente por sacar la bandera, por eso yo la llevo donde quiera”.
Bad Bunny se tomó muy en serio este verso de su canción “La MuDANZA” cuando el domingo, durante el show de medio tiempo del Super Bowl, ondeó con orgullo la bandera de Puerto Rico en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.
Lo hizo ante la mirada de millones de personas en todo el mundo, cantando casi por completo en español y en el momento en que denunciaba los constantes cortes de luz que sufren los puertorriqueños en la isla.
El artista suele ofrecer presentaciones meticulosas, donde cada detalle está calculado, y esta ocasión no fue la excepción.
“La bandera puertorriqueña no es solo un símbolo de afirmación nacional; también es una herramienta de resistencia frente al colonialismo”, sostuvo el historiador Jorell Meléndez-Badillo en un artículo de 2019.
Al interpretar su éxito “El apagón”, rodeado de una escenografía que aludía al maltrecho sistema eléctrico boricua, Benito Martínez Ocasio empuñó una versión muy específica de la monoestrellada: la azul celeste.
Dicha variante del diseño está vinculada al movimiento independentista puertorriqueño y, en general, a quienes buscan marcar una diferencia cultural con la estadounidense.
Sin embargo, la bandera oficial es la azul oscuro, adoptada en 1952, cuando se creó el Estado Libre Asociado, la forma de gobierno propio con poderes limitados aprobada por el gobierno de EE.UU. para Puerto Rico.
Esa fue la versión que en 2020 Jennifer Lopez, al presentarse junto a Shakira, también usó en el show del medio tiempo del Super Bowl.
La cantante sorprendió entonces al público al abrir su vestuario decorado con la bandera estadounidense para revelar en su interior la boricua.
Pero, más allá del debate del color, la bandera de la isla guarda una historia de persecución que es la que el artista expone en su música.
La bandera puertorriqueña fue diseñada en 1895 por Antonio Vélez Alvarado, un periodista y político que militaba en el Comité Revolucionario de Puerto Rico, grupo de boricuas que, a su vez, formaba parte del Partido Revolucionario Cubano.
El partido, fundado por José Martí en Nueva York, buscaba la independencia de Cuba y Puerto Rico, las últimas dos colonias españolas en América.
Con la intención de mostrar unidad, al diseñar la bandera puertorriqueña el periodista se inspiró en la cubana, pero invertida: franjas rojas y blancas, triángulo azul y estrella blanca.
La bandera boricua fue presentada al propio Martí en una cena, según el historiador puertorriqueño Joseph Harrison Flores en entrevista con el diario El Nuevo Día.
“Las dos islas… juntas han de salvarse o juntas han de perecer”, habría dicho el escritor y revolucionario, según los documentos estudiados por el autor de “Historia de la bandera puertorriqueña: del conflicto a la certeza”.
Hay historiadores que afirman que el azul de aquella primera versión era celeste y estaba inspirado en la bandera del Grito de Lares, un alzamiento de puertorriqueños contra España que tuvo lugar en el municipio de Lares, en el centro de la isla, en 1868.
Pero Harrison Flores argumenta que, en realidad, era azul oscuro y que años más tarde los grupos independentistas fueron quienes cambiaron su tono.
Mientras que Cuba alcanzó la independencia que deseaban los exiliados en Nueva York, Puerto Rico fue cedido a EE.UU. al final de la guerra hispanoamericana en 1898.
Décadas después, en 1948 y con la intención de sofocar los movimientos independentistas, el gobierno local de Puerto Rico aprobó la Ley 53 o la Ley de la Mordaza.
Esta disposición coartaba la libertad de expresión, prohibía apoyar públicamente la independencia, imprimir información relacionada o participar en algún grupo con esta inclinación.
Y, por supuesto, hacía ilegal poseer, exhibir o incluso tener en el hogar una bandera de Puerto Rico.
La pena por violar la ley podía ser de hasta 10 años de cárcel.
Fue derogada en 1957, pero sus efectos culturales y psicológicos persisten y aún son motivo de discusión en Puerto Rico.
Por eso no es casualidad que Bad Bunny insista en este símbolo, no solo en “La MuDANZA”, sino también en “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”:
“No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai/Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái“.
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