
El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció este sábado que México acordó agilizar la entrega —mediante extradiciones y transferencias— de integrantes de organizaciones criminales a Estados Unidos, como parte de los esfuerzos conjuntos para enfrentar la crisis del fentanilo.
El anuncio ocurre días después de que México concretara la tercera entrega masiva de operadores del crimen organizado —realizada el 20 de enero de 2026— y de la captura y traslado a Estados Unidos del exmedallista olímpico canadiense Ryan Wedding, señalado por autoridades como presunto integrante del Cártel de Sinaloa.

En un comunicado, el Departamento de Estado informó que representantes de seis agencias estadounidenses y sus contrapartes mexicanas celebraron en Washington, el 23 de enero, la tercera reunión del Grupo de Implementación de Seguridad (SIG). Según el documento, dicha instancia busca “impulsar resultados inmediatos e impactantes en la cooperación en seguridad”.
El SIG, detalló el gobierno estadounidense, reiteró que su prioridad es frenar la crisis del fentanilo, y para ello se acordó acelerar “las extradiciones y transferencias de objetivos de alto valor pertenecientes a Organizaciones Criminales Transnacionales (OCT)”, junto con acciones para desmantelar redes de financiamiento ilícito y frenar el tráfico de armas.
Además, ambos países acordaron nuevas iniciativas contra el uso ilícito de drones, particularmente relevantes debido a próximos eventos deportivos internacionales.
El Departamento de Estado agradeció explícitamente la cooperación de México y destacó dos acciones recientes como muestra de esa coordinación: la entrega masiva del 20 de enero y la captura de Wedding.
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“Estados Unidos agradeció a México por su histórica transferencia el 20 de enero de 37 criminales y narcoterroristas, así como por la colaboración entre nuestras autoridades que condujo a la captura de Ryan Wedding, uno de los diez fugitivos más buscados por el FBI. Estos logros concretos resaltan los resultados de nuestra estrecha cooperación bilateral”, señaló el comunicado.
El 20 de enero, México envió vía aérea desde el Aeropuerto Internacional de Toluca a 37 personas requeridas por autoridades de Estados Unidos. Todas estaban privadas de la libertad en centros penitenciarios federales por su presunta participación en organizaciones como el Cártel del Noreste, los Beltrán Leyva, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel del Pacífico.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) informó que los trasladados eran requeridos por cargos penales en Estados Unidos y representaban un riesgo para la seguridad pública.
Entre los 37 entregados figuraron operadores financieros, jefes regionales, lugartenientes y encargados logísticos de varias estructuras criminales. La lista completa incluyó figuras ligadas al Cártel del Golfo, Los Zetas, el CJNG, el Cártel del Pacífico y los Beltrán Leyva.
Esta entrega fue la tercera de alto impacto, tras los traslados masivos realizados en febrero y agosto de 2025, que sumaron 55 extradiciones, incluidas figuras como Rafael Caro Quintero, Vicente Carrillo Fuentes y Servando Gómez, “La Tuta”.
El acuerdo entre ambos países también llega después de la detención en México, el 22 de enero, de Ryan Wedding, exmedallista olímpico canadiense y uno de los presuntos capos vinculados al Cártel de Sinaloa más buscados por el FBI. La captura fue confirmada por el director del Buró, Kash Patel, quien reconoció la cooperación del gobierno mexicano.
Patel aseguró que la detención fue posible gracias al “liderazgo y compromiso del presidente Trump con la aplicación de la ley a nivel mundial”, y detalló que, tras ser arrestado, Wedding fue trasladado a Estados Unidos por el FBI. Añadió que el canadiense llevaba más de una década oculto en México y era buscado desde 2024 por cargos que incluían tráfico de cocaína y asesinato.
De acuerdo con Patel, Wedding dirigía una operación que enviaba “cientos de kilogramos de cocaína desde Colombia, a través de México y el sur de California, hacia Estados Unidos y Canadá”.
El funcionario también destacó la participación de autoridades mexicanas, incluida la presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario Omar García Harfuch y la Legat del FBI en México.
Paralelamente, autoridades mexicanas informaron que, en coordinación con agencias estadounidenses, fue detenido en Hidalgo Alejandro Rosales Castillo, otro de los diez fugitivos más buscados del FBI.

La baja de sus soldados en los recientes eventos en Venezuela han expuesto los riesgos estratégicos de la política exterior de La Habana.
Desde el amanecer del jueves, multitudes de personal militar, funcionarios del gobierno y civiles alinearon el trayecto entre el aeropuerto de La Habana y el Ministerio de Fuerzas Armadas para aplaudir el cortejo fúnebre con los restos repatriados de 32 oficiales cubanos muertos en Venezuela.
Los líderes de Cuba -desde el Raúl Castro hasta el presidente Miguel Díaz Canel- estuvieron en el aeropuerto para recibir las cajas con las cenizas de sus “32 héroes caídos”.
En el vestíbulo del edificio ministerial, cada caja fue cubierta con una bandera cubana, acompañada de una fotografía correspondiente al soldado o agente de inteligencia con las palabras “honor y gloria”.
No obstante, a pesar de la pompa y todos los homenajes militares, esta ha sido una experiencia aleccionadora para la Revolución Cubana.
En primer lugar, se cree que es la mayor pérdida de combatientes cubanos a manos del ejército de Estados Unidos desde la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961.
El hecho de que hayan pasado seis décadas y media con un escasamente comparable intercambio de fuego entre tropas cubanas y estadounidenses, ni durante la Guerra Fría ni después, es una muestra de lo rara que es.
No es necesariamente sorprendente que los mejor capacitados y mejor dotados soldados estadounidenses de la Fuerza Delta salieran virtualmente ilesos, especialmente dada su reputación de élite dentro del ejército más poderoso del mundo.
Pero eso no es un consuelo para los afligidos familiares de los fallecidos que, con lágrimas, colocaron sus manos sobre las cajas de madera en La Habana.
Es más, en los días posteriores a la intervención militar estadounidense en Venezuela y la remoción forzada de Nicolás Maduro del poder, el gobierno cubano se vio obligado a reconocer algo que durante mucho tiempo había negado: la propia existencia de oficiales de inteligencia de Cuba dentro de los corredores del poder en Caracas.
Ahora ha quedado claro, como muchos lo habían afirmado en Venezuela, que los cubanos han estado presentes en todos lo niveles del aparato de seguridad de ese país y que los acuerdos de inteligencia bilaterales eran una parte crucial de las relaciones cubano-venezolanas.
En resumen, el gobierno de La Habana ha compartido con sus socios venezolanos sus años de experiencia sobre cómo mejor mantener el poder con mano de hierro. Las 32 bajas en suelo venezolano eran parte de esa estrategia compartida.
Tras sus muertes, sin embargo, los cubanos parecen estar sintiendo el remezón del cambio bajo sus pies.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo una conversación telefónica con el presidente Trump, después de la cual el mandatario estadounidense la describió como una “persona estupenda”.
Hace solo tres semanas hubiera sido casi impensable escuchar semejante elogio del mismo gobierno que describió a su predecesor como el líder de un régimen de “narcoterroristas”.
Todo hace pensar que los gobiernos de Rodríguez y Trump están encontrando un modus vivendi. Pero hasta el momento pocos en el gobierno de Cuba parecen haber entendido cómo eso deja su situación o su visión compartida con Venezuela de un socialismo controlado por el Estado.
Washington insiste en que la Revolución Cubana tiene sus días contados.
Sin embargo, un integrante de la “generación original” de revolucionarios está en desacuerdo. Víctor Dreke, de 88 años, es un contemporáneo de Fidel Castro y del Che Guevara, y afirma que el actual conflicto con EE.UU. tiene similitudes con la invasión de Bahía Cochinos auspiciada por la CIA en abril de 1961.
Dreke comandó dos batallones ese día y sostiene que los cubanos aún podrían repeler cualquier intento parecido.
“Si EE.UU. nos trata de invadir, alborotarán un nido de avispas”, expresó, citando a Raúl Castro. “Ni siquiera verían a nuestros combatientes saliendo, hombres y mujeres”.
“Si los estadounidenses ponen un solo pie en suelo cubano, no será como su cobarde emboscada de nuestros combatientes en Venezuela”, afirma Dreke. “Aquí, las cosas serían muy diferentes”.
En los últimos días, la televisión estatal cubana ha emitido imágenes de reservistas civiles recibiendo entrenamiento en el uso de armamento por parte del ejército cubano.
Hay coincidencia en que un enfrentamiento con el ejército de EE.UU. sería una pelea desigual. El ataque de EE.UU. en Venezuela tuvo la intención, en parte, de resaltar ese aspecto al resto de la región.
Los riesgos para Cuba son particularmente altos.
La isla está sufriendo amplios apagones que son graves en La Habana, pero mucho peores en las provincias.
La economía, malograda por el embargo económico de EE.UU. y deficiente administración gubernamental, cojea en el mejor de los casos. El combustible escasea y el motor de la economía, el turismo, no ha podido recuperar sus niveles anteriores a la pandemia.
Es dentro de este ya complejo panorama que los cubanos intentan vislumbrar la pérdida casi total del apoyo venezolano. Para la mayoría, esto plantea un escenario lúgubre.
Pero el excomandante Dreke sostiene que Cuba ha sobrellevado tiempos difíciles antes y puede hacerlo otra vez con suficiente fervor revolucionario.
Cuba no quiere un conflicto con el gobierno de Trump, insiste, y no estará buscando aumentar las tensiones con Washington.
“Pero eso no quiere decir que no estaremos listos”, añade, desafiante.
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