
Michelle Sims dudó cuando le preguntaron si seguía apoyando a Donald Trump un año después del regreso del republicano a la Casa Blanca. “Sí, hasta cierto punto”, suspiró, mirando al banco de alimentos al que recurre con frecuencia.
Sims, que no trabaja debido a problemas de salud, continuó enumerando sus preocupaciones sobre el alto costo de la vida y los recortes a los programas de asistencia social, problemas que esperaba que Trump solucionara.
Esta mujer, de 50 años, residente en el estado de Pensilvania, se encuentra entre los muchos electores estadounidenses cuyo apoyo a Trump ha disminuido desde enero de 2025, como lo demuestran encuestas de opinión que dan cuenta de una caída en el índice de aprobación del presidente.
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Según dijo a la AFP, esperaba que Trump cumpliera sus promesas de bajar el costo de vida.
“No creo que lo haya logrado totalmente”, afirmó.
Logró reducir el precio de la gasolina, pero “mis expectativas eran un poco más altas. Esperaba que se hubiera hecho más a estas alturas”.
Sims vive en un suburbio de Filadelfia, en el condado de Bucks, una zona que los políticos suelen tener en la mira en tiempos electorales porque los votantes suelen oscilar entre demócratas y republicanos.

En 2024, Trump ganó por un margen mínimo. Era la primera vez desde 1988 que un candidato presidencial republicano se imponía en ese condado.
Pero, como señal de un cambio de tendencia, en las elecciones locales del año pasado fueron los demócratas quienes vencieron.
“La gente solo quiere que el gobierno funcione. No quiere caos”, dijo a la AFP Danny Ceisler, el recién elegido sheriff demócrata del condado de Bucks.
Ceisler hizo campaña con éxito para evitar que sus agentes colaboraran con ICE, la agencia de control migratorio que encabezaba la ofensiva de deportaciones masivas de Trump, un controvertido pilar de su presidencia.
El estrecho margen de victoria de Trump en las presidenciales de 2024 en Bucks “fue posible gracias a un grupo relativamente pequeño de votantes que estaban insatisfechos con el rumbo del país, particularmente con la inflación”, dijo Christopher Borick, director del Instituto de Opinión Pública del Muhlenberg College de Pensilvania.
“Ese grupo de votantes se ha desilusionado con Trump, ya que sus esperanzas de una vida menos costosa no se han cumplido en gran medida y sus reservas sobre el carácter y el liderazgo de Trump se han intensificado”, explicó.
Una encuesta de Gallup del mes pasado mostró que el índice de aprobación de Trump era del 36 %, por debajo del 47 % que tenía al asumir el cargo.
De cara a las cruciales elecciones de mitad de mandato de 2026, que decidirán quién controla el Congreso, el presidente ha vuelto a los mítines de campaña para intentar reconectar con los votantes.
Joe Kramley, un técnico naval jubilado que votó por Trump en 2024 principalmente por preocupaciones sobre la inmigración, dijo que está harto del presidente.
“Ojalá se callara y (simplemente) hiciera lo que tiene que hacer”, señaló a la AFP este ciudadano de 83 años que reside en Doylestown, Pensilvania.

“Estoy satisfecho con algunos de sus programas”, pero “muchos no están funcionando. La inflación sigue presente”, dijo, al calificar también de “ridículas” las repetidas declaraciones de Trump sobre su deseo de adquirir Groenlandia.
Cuando se le preguntó si volvería a votar por Trump, Kramley respondió que “depende de quién se presente”, porque tampoco ve ningún candidato presidencial demócrata viable.
Gary Armstrong, un vendedor de seguros de 68 años que se define como conservador, indicó, a su vez, que “no es tanto que me guste Trump, sino que me gustan las decisiones que está tomando y el rumbo del país”.
Un año después de comenzar su segundo mandato, Donald Trump está rompiendo el orden global establecido tras la Segunda Guerra Mundial, lo que podría dejar un mundo que quizá sea irreconocible.
Lejos de disminuir su ritmo, Trump, que cumple 80 años en junio, ha recibido el nuevo año con una serie de acciones agresivas que desafían sin pudor la estructura defendida por Estados Unidos durante décadas.
El mandatario ordenó el 3 de enero una incursión en Venezuela para capturar al líder Nicolás Maduro, un viejo enemigo de Washington, y su esposa, Cilia Flores, trasladados a Nueva York bajo cargos de narcotráfico. El ataque dejó más de 100 muertos.
Desde entonces, Trump ha amenazado con usar la fuerza contra amigos y enemigos.
El republicano ha intensificado sus llamados para anexionar Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca, aliado de la OTAN, y ha advertido de ataques contra Irán mientras el régimen clerical reprime violentamente las protestas.
También ha barajado la posibilidad de realizar acciones militares en México y en Colombia, aunque ha cambiado su tono tras sostener conversaciones con los presidentes de esos países. Un estilo volátil que, según sus partidarios, muestra que Trump prefiere la diplomacia cuando puede lograr resultados que le favorecen.
Pero Trump también ha desechado las formas tradicionales de la diplomacia. Recientemente, retiró a Estados Unidos de decenas de organismos de la ONU y de otras organizaciones internacionales, en línea con su lema “Estados Unidos primero”.
La inquebrantable disposición de Trump a recurrir a la fuerza también se ha manifestado en su propio país.
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Bajo el liderazgo del vicepresidente, JD Vance, su administración no tuvo ni siquiera un gesto formal de empatía ante la muerte de una mujer a manos de un agente de inmigración en Mineápolis el 7 de enero. En cambio, ordenó aumentar el despliegue de fuerzas en la ciudad.
En Venezuela, donde Rubio y otros funcionarios habían calificado a Maduro de ilegítimo por denuncias de fraude electoral, Trump ha desestimado a la oposición y dijo que quiere trabajar con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, hoy mandataria interina del país.
Trump declaró que la prioridad es controlar el petróleo de Venezuela y que esgrimiría la amenaza de la fuerza para mantener al país alineado con sus intereses.
El presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió que el enfoque estadounidense podría anunciar una era de “nuevo colonialismo y nuevo imperialismo”, cuatro años después de que Rusia invadiera Ucrania.
“Estados Unidos es una potencia consolidada, pero una que poco a poco se está alejando de algunos de sus aliados y liberándose de normas internacionales que hasta hace poco seguía promoviendo”, dijo Macron.
Trump ha sacudido los cimientos de la democracia estadounidense cuando el país se prepara para celebrar su aniversario número 250, ha causado turbulencias globales con sus aranceles y ha trastocado el orden mundial.
“Hay solo una cosa. Mi propia moral“, respondió a The New York Times al ser preguntado sobre si había límites en su poder.
En este año también podría haber límites a una presidencia. El mayor punto de inflexión podría ocurrir en las elecciones legislativas de medio término, en noviembre.
Si bien estos comicios por el control del Congreso funcionan siempre como un referéndum sobre el presidente en funciones, las de este año serán más que nunca un veredicto sobre el propio Trump.
Sus índices de aprobación siguen bajos, mientras la Casa Blanca lucha por demostrar que sus planes económicos funcionan pese al enojo de los votantes por el costo de vida.

Si los republicanos sufren una derrota, hay dudas sobre si Trump intentaría anular los resultados, como ocurrió cuando el demócrata Joe Biden le ganó la presidencia en 2020.
“Espero problemas”, dijo a AFP William Galston, del Instituto Brookings.
“Está más implicado en el manejo de las elecciones de medio término que cualquier otro presidente que haya visto”, añadió.
Sin embargo, Galston consideró poco probable que Trump llegue a los extremos si los republicanos pierden el control de la Cámara de Representantes, lo que lo dejaría como un presidente debilitado en los dos años restantes de su mandato.
Trump enfrenta desafíos en otros frentes también. La Corte Suprema podría recortar su margen de acción en materia de aranceles, mientras que su decisión de eludir al Congreso mediante el uso de órdenes ejecutivas también podría volverse en su contra, explicó el analista.
Con Venezuela, Irán, Groenlandia, Ucrania y Gaza en la agenda de Trump en 2026, el presidente de lema “Estados Unidos Primero” también parece volcado a la política exterior.
“Políticamente es un problema, porque mucha de la gente que votó por él no votó por eso, votó para que se enfocara en la economía. Ha pagado un precio alto por ello”, añadió el experto.

El incidente ocurrió a plena luz del día. Existen múltiples videos grabados por transeúntes desde diversos lugares. Pero incluso los hechos básicos están siendo cuestionados.
La muerte a disparos de Renee Nicole Good en Mineápolis a manos de un agente de ICE, siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, está dejando al descubierto las profundas divisiones en la política estadounidense y amenaza con avivar un debate ya conflictivo sobre la política migratoria.
El incidente ocurrió a plena luz del día. Existen múltiples videos grabados por transeúntes desde diversos lugares. Sin embargo, incluso los hechos básicos están siendo cuestionados.
Casi inmediatamente después del incidente comenzaron a formarse dos versiones completamente diferentes. Cualquier ambigüedad en los videos compartidos en línea fue aprovechada: se utilizaron diferentes ángulos y capturas de pantalla para impulsar una narrativa particular.
Y en el escenario público, funcionarios estatales y federales discreparon abiertamente.
Según la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, Renee Good fue la culpable. Al alejarse de los agentes de ICE “utilizó su auto como arma” en un “ataque terrorista doméstico”, dijo Noem.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, culpó a una “agitadora profesional” y a un “movimiento radical de izquierda, violento y de odio” en una publicación en su plataforma en redes Truth Social.
Los demócratas a nivel nacional, así como autoridades estatales y locales de Minnesota, presentaron un panorama completamente diferente.
Jacob Frey, alcalde demócrata de Mineápolis, dijo que un agente federal utilizó fuerza letal en forma “temeraria”. También exigió a los agentes de inmigración que abandonen la ciudad. “ICE, ¡lárgate de una maldita vez!”, afirmó Frey.
El gobernador de Minesota, Tim Walz, calificó el incidente de “totalmente predecible” y “totalmente evitable”, argumentando que fue consecuencia directa del aumento de agentes federales de inmigración en Minneapolis y sus alrededores en los últimos días.
“Llevamos semanas advirtiendo que las peligrosas y sensacionalistas operaciones de la administración Trump son una amenaza para nuestra seguridad pública”, declaró el miércoles.
Esta clara división entre el gobierno federal y los funcionarios locales se ilustró aún más el jueves por la mañana, cuando la Oficina de Aprehensión Criminal de Minesota anunció que el Departamento de Justicia y el FBI ya no cooperarían en la investigación del incidente.
Las agencias federales, informó la Oficina, serán las únicas responsables de la investigación sobre el uso de fuerza letal por parte del agente de ICE.
Que Minesota se haya convertido en el epicentro de un creciente conflicto sobre la aplicación de la ley migratoria en los últimos meses es a la vez previsible e irónico.
Es irónico porque la muerte de Good ocurrió a pocos kilómetros de donde, en 2020, la policía de Mineápolis mató a George Floyd durante un intento de arresto, lo que desencadenó protestas del movimiento Black Lives Matters en todo el país, incluyendo algunas en esta ciudad que se tornaron violentas.
Walz puso en alerta a la Guardia Nacional del estado y advirtió a los cientos de manifestantes que han salido a las calles que no recurran a la violencia.
El papel central de Minesota en este último estallido no sorprende, ya que marca la culminación de un conflicto, una controversia y un escándalo que se venían gestando durante meses.
El reciente aumento en acciones migratorias se produce después de que Trump ridiculizara a la numerosa población inmigrante somalí del estado -la mayoría de los cuales son ciudadanos estadounidenses- tras la condena de miembros de la comunidad por fraude en la distribución de la ayuda federal por la epidemia de COVID-19.
“Cientos de miles de somalíes están estafando a nuestro país y destrozando ese otrora gran estado”, declaró Trump en noviembre. “No vamos a tolerar este tipo de atentados contra la ley y el orden por parte de personas que ni siquiera deberían estar en nuestro país”.
Bajo presión, Walz abandonó su candidatura a la reelección la semana pasada ante el aumento de acusaciones de corrupción en los servicios sociales estatales, como la asistencia infantil y la ayuda alimentaria.
El incremento de acciones migratorias en el estado es solo el ejemplo más reciente del uso de funcionarios federales por parte de la administración Trump para atacar a comunidades sospechosas de tener altas tasas de inmigrantes indocumentados. El uso de la fuerza durante esta operación tampoco es un incidente aislado.
El incidente de Minesota fue al menos el noveno caso de disparos vinculados a operaciones migratorias desde septiembre; todos involucraron a personas que fueron atacadas mientras se encontraban en sus vehículos, según el New York Times.
La intensidad con la que se han llevado a cabo las acciones migratorias en una lista cada vez mayor de ciudades en todo Estados Unidos, ha provocado protestas y demandas de funcionarios demócratas para una mayor supervisión, rendición de cuentas y moderación por parte de agentes del orden.
El muerte de Good ya ha dado a estos esfuerzos una nueva urgencia entre sus defensores.
Los funcionarios de la administración Trump, por su parte, siguen adelante y citan el mandato que dicen haber recibido de los votantes en las elecciones presidenciales de 2024. Alegan además que la drástica reducción de entradas de indocumentados a Estados Unidos es evidencia de que sus esfuerzos han resultado eficaces.
Y refutaron enérgicamente el argumento de que el video del incidente en Minneapolis sea prueba de un uso indebido de fuerza letal.
“La manipulación es desproporcionada y no la tolero”, escribió el vicepresidente J.D. Vance en una publicación en X. “Este hombre estaba haciendo su trabajo. Ella intentó impedir que lo hiciera”.
Si bien calificó el incidente de trágico, añadió que “la responsabilidad recae sobre esta mujer y todos los radicales que enseñan a la gente que la inmigración es la única ley con la que los alborotadores pueden interferir”.
Walz, en sus siguientes declaraciones públicas, se apresuró a rebatir ese argumento: “Personas en puestos de poder ya emitieron juicios, desde el presidente hasta la vicepresidenta y Kristi Noem, y dijeron cosas que son verificablemente falsas, verificablemente inexactas”.
“Determinaron el carácter de una madre de 37 años que ni siquiera conocían”, concluyó.
Parece que incluso las pruebas en video están abiertas a la interpretación en este momento. Cada persona ve las mismas imágenes y saca conclusiones decididamente diferentes, que con frecuencia, quizás como era de esperar, refuerzan sus posiciones previamente establecidas.
El abismo en la política estadounidense parece tan inmutable como desalentador.
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