
Hace más de año y medio que se vio por última vez a Lilith Saori, en la zona de Zicatela, en Puerto Escondido, Oaxaca. Se encontraba vacacionando, y tras una discusión con sus acompañantes salió del hotel donde se encontraban hospedados, sin que hasta ahora se conozca cuál fue su destino.
“Fue muy triste enterarme por Instagram que Lilith había desaparecido, un día después de que ocurrieron los hechos vi una publicación en la que compartían un boletín de búsqueda”, cuenta Joanna, madre de la joven.
Joanna explica que, con 21 años, Lilith vivía con su pareja, por lo que no se enteró de que saldrían de viaje. Fue hasta que se encontró con la publicación en redes sociales que se enteró del viaje de su hija, y que se desconocía su paradero.
“Se fue a pasar el año nuevo acompañada de su pareja, una prima de la pareja y su novio. El 31 viajaron temprano y tenían su boleto de regreso para el día 6 de enero, pero ella no volvió. Al parecer hubo una discusión entre Lilith y su pareja, y después de esto mi hija salió del hotel hacia la playa, donde se les perdió”, recuerda.

De acuerdo con los boletines de búsqueda emitidos por la Fiscalía y la Comisión de Búsqueda del estado, Lilith Saori Arreola desapareció la noche del 2 de enero de 2023 en Playa Zicatela, municipio de Pochutla, Oaxaca, aunque la denuncia por su no localización fue presentada dos días después, por parte de sus acompañantes de viaje.
Luego de ver la publicación con el boletín de búsqueda de Lilith, su madre cuenta que consiguió dinero para viajar a Puerto Escondido y se comunicó con la pareja de la joven: “le pedí que me contara qué estaba pasando, porque yo estaba en shock. Fue entonces cuando me explicó que mi hija había entrado en un cuadro de ansiedad y que había salido corriendo”.
Según la versión de las personas que se encontraban de viaje con Lilith, al verla correr intentaron alcanzarla sin éxito, aunque en un video que las autoridades mostraron a Joanna se observa que dos de los acompañantes logran darle alcance en la calle y hablaron por un par de minutos con ella, para luego quedarse mirando cuando la joven se aleja.

“A raíz de eso yo me quedé consternada, no es posible que ellos no hayan dicho la verdad hasta el día de hoy, se les llamó a una ampliación de declaración, pero hasta ahora no hay avances en las investigaciones, además que hemos tenido que pasar por la revictimización de funcionarios que nos dijeron que su papá y yo éramos los culpables de lo que estaba sucediendo, por no saberla educar”, lamenta Joanna.
“Tengo fe en que el caso va a avanzar, aunque sé que no soy la única y también sé que en todos lados los casos están así, pero tengo la esperanza de que con el apoyo de un colectivo se agilice la investigación. Como madre,una tiene que seguir adelante con toda la fuerza y el amor para encontrar a nuestros hijos”, subraya.
Actualmente, en México hay 116 mil 400 personas desaparecidas y no localizadas, de acuerdo con el registro de la Comisión Nacional de Búsqueda, de los cuales 609 casos ocurrieron en Oaxaca.
Lilith es una mujer trans que sueña con poner un refugio para perros, le gusta el cosplay –disfrazarse como personaje de algunos de sus personajes favoritos– y se encontraba indecisa entre estudiar gastronomía o diseño de modas. En tanto, se dedicaba a perfeccionar el idioma inglés y el japonés, con la esperanza de viajar pronto a territorio nipón.
Su madre la describe como una joven “llena de amor incondicional por los que no tienen voz, rescataba perritos y, aunque entonces yo no entendía la importancia que tenía, era de las que acudía a las marchas contra la violencia hacia las mujeres“.
Ocho meses antes de su desaparición, Lilith se fue a vivir con la pareja que la acompañaba en el viaje a Oaxaca, aunque mantenía comunicación con su familia. Sin embargo, Joanna reclama que no tuvieron conocimiento de manera pronta sobre su desaparición, lo que a su consideración entorpeció la búsqueda.

“Afortunadamente hay gente de Puerto Escondido que me ha buscado para ofrecerme apoyo con la pega de boletines y la difusión en redes del caso, porque yo vivo al día y aunque quisiera poder ir más seguido no puedo”, señala Joanna.
Para continuar con los viajes y las acciones de búsqueda de Lilith, Joanna fabrica accesorios y los vende por redes sociales, donde cada tanto difunde la organización de rifas entre familiares y amigos para costear los gastos.
“Cuando tengo que viajar me preparo desde meses antes, hago accesorios con resina y organizo las rifas entre personas cercanas, y gracias a dios siempre logro juntar los recursos necesarios. Ahí es donde me doy cuenta que no estoy sola, y eso me anima a continuar, yo nunca voy a perder la esperanza”, expresa.
En lo que va de 2024, el Observatorio Nacional de crímenes de odio contra personas LGBT ha registrado 11 casos de desaparición en México: en Baja California (3), Tamaulipas (2), Guanajuato (2), Veracruz (2), Chihuahua (1) y Querétaro (1).
Esta cifra supera los siete casos que documentó el Observatorio en 2023: 5 en Baja California, 1 en Guanajuato y 1 en San Luis Potosí.
De acuerdo con la asociación Letra Ese, las más afectadas por este fenómeno son las mujeres trans, ya que, de las desparecidas, aproximadamente la mitad son halladas sin vida, seguidas de los hombres gays y las lesbianas.
También son las principales víctimas de asesinatos de personas LGBT. En lo que va del año, asociaciones civiles han documentado 36 transfeminicidios, de los cuales sólo en tres casos hay personas detenidas.
En dos meses, ocho mujeres trans fueron asesinadas en la Ciudad de México, Tabasco y Nuevo León, con cuyos casos suman 35 los transfeminicidios cometidos en lo que va del 2024 en el país, de acuerdo con un registro realizado por asociaciones civiles.

Los últimos tres casos ocurrieron en un lapso de dos días, en Nuevo León, entre el 27 y el 29 de julio.
Ante este panorama, la Coalición LGBTTTI+ hizo un llamado al presidente Andrés Manuel López Obrador, a la Fiscalía General de la República, al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y a la Comisión Nacional de Derechos Humanos que emprendan acciones para “prevenir y aminorar estas cifras rojas que son una constante contra las poblaciones trans de México“.

La baja de sus soldados en los recientes eventos en Venezuela han expuesto los riesgos estratégicos de la política exterior de La Habana.
Desde el amanecer del jueves, multitudes de personal militar, funcionarios del gobierno y civiles alinearon el trayecto entre el aeropuerto de La Habana y el Ministerio de Fuerzas Armadas para aplaudir el cortejo fúnebre con los restos repatriados de 32 oficiales cubanos muertos en Venezuela.
Los líderes de Cuba -desde el Raúl Castro hasta el presidente Miguel Díaz Canel- estuvieron en el aeropuerto para recibir las cajas con las cenizas de sus “32 héroes caídos”.
En el vestíbulo del edificio ministerial, cada caja fue cubierta con una bandera cubana, acompañada de una fotografía correspondiente al soldado o agente de inteligencia con las palabras “honor y gloria”.
No obstante, a pesar de la pompa y todos los homenajes militares, esta ha sido una experiencia aleccionadora para la Revolución Cubana.
En primer lugar, se cree que es la mayor pérdida de combatientes cubanos a manos del ejército de Estados Unidos desde la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961.
El hecho de que hayan pasado seis décadas y media con un escasamente comparable intercambio de fuego entre tropas cubanas y estadounidenses, ni durante la Guerra Fría ni después, es una muestra de lo rara que es.
No es necesariamente sorprendente que los mejor capacitados y mejor dotados soldados estadounidenses de la Fuerza Delta salieran virtualmente ilesos, especialmente dada su reputación de élite dentro del ejército más poderoso del mundo.
Pero eso no es un consuelo para los afligidos familiares de los fallecidos que, con lágrimas, colocaron sus manos sobre las cajas de madera en La Habana.
Es más, en los días posteriores a la intervención militar estadounidense en Venezuela y la remoción forzada de Nicolás Maduro del poder, el gobierno cubano se vio obligado a reconocer algo que durante mucho tiempo había negado: la propia existencia de oficiales de inteligencia de Cuba dentro de los corredores del poder en Caracas.
Ahora ha quedado claro, como muchos lo habían afirmado en Venezuela, que los cubanos han estado presentes en todos lo niveles del aparato de seguridad de ese país y que los acuerdos de inteligencia bilaterales eran una parte crucial de las relaciones cubano-venezolanas.
En resumen, el gobierno de La Habana ha compartido con sus socios venezolanos sus años de experiencia sobre cómo mejor mantener el poder con mano de hierro. Las 32 bajas en suelo venezolano eran parte de esa estrategia compartida.
Tras sus muertes, sin embargo, los cubanos parecen estar sintiendo el remezón del cambio bajo sus pies.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo una conversación telefónica con el presidente Trump, después de la cual el mandatario estadounidense la describió como una “persona estupenda”.
Hace solo tres semanas hubiera sido casi impensable escuchar semejante elogio del mismo gobierno que describió a su predecesor como el líder de un régimen de “narcoterroristas”.
Todo hace pensar que los gobiernos de Rodríguez y Trump están encontrando un modus vivendi. Pero hasta el momento pocos en el gobierno de Cuba parecen haber entendido cómo eso deja su situación o su visión compartida con Venezuela de un socialismo controlado por el Estado.
Washington insiste en que la Revolución Cubana tiene sus días contados.
Sin embargo, un integrante de la “generación original” de revolucionarios está en desacuerdo. Víctor Dreke, de 88 años, es un contemporáneo de Fidel Castro y del Che Guevara, y afirma que el actual conflicto con EE.UU. tiene similitudes con la invasión de Bahía Cochinos auspiciada por la CIA en abril de 1961.
Dreke comandó dos batallones ese día y sostiene que los cubanos aún podrían repeler cualquier intento parecido.
“Si EE.UU. nos trata de invadir, alborotarán un nido de avispas”, expresó, citando a Raúl Castro. “Ni siquiera verían a nuestros combatientes saliendo, hombres y mujeres”.
“Si los estadounidenses ponen un solo pie en suelo cubano, no será como su cobarde emboscada de nuestros combatientes en Venezuela”, afirma Dreke. “Aquí, las cosas serían muy diferentes”.
En los últimos días, la televisión estatal cubana ha emitido imágenes de reservistas civiles recibiendo entrenamiento en el uso de armamento por parte del ejército cubano.
Hay coincidencia en que un enfrentamiento con el ejército de EE.UU. sería una pelea desigual. El ataque de EE.UU. en Venezuela tuvo la intención, en parte, de resaltar ese aspecto al resto de la región.
Los riesgos para Cuba son particularmente altos.
La isla está sufriendo amplios apagones que son graves en La Habana, pero mucho peores en las provincias.
La economía, malograda por el embargo económico de EE.UU. y deficiente administración gubernamental, cojea en el mejor de los casos. El combustible escasea y el motor de la economía, el turismo, no ha podido recuperar sus niveles anteriores a la pandemia.
Es dentro de este ya complejo panorama que los cubanos intentan vislumbrar la pérdida casi total del apoyo venezolano. Para la mayoría, esto plantea un escenario lúgubre.
Pero el excomandante Dreke sostiene que Cuba ha sobrellevado tiempos difíciles antes y puede hacerlo otra vez con suficiente fervor revolucionario.
Cuba no quiere un conflicto con el gobierno de Trump, insiste, y no estará buscando aumentar las tensiones con Washington.
“Pero eso no quiere decir que no estaremos listos”, añade, desafiante.
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