
El gobierno capitalino invirtió 50 millones de pesos para hacer de la Plaza de la Constitución un corredor 100 % peatonal, que ayudaría a incentivar la economía y el turismo, pero la cantidad de vallas colocadas en la zona dificulta también el cumplimiento de dicho propósito.
Desde hace al menos un año, caminar por el Zócalo se ha vuelto una prueba de obstáculos y resistencia. No se puede atravesar ni caminar por la plaza debido a que se encuentra cercada por vallas de poco más de un metro de alto, que se colocan y descolocan dependiendo de movilizaciones o eventos de gobierno.
Tampoco es posible andar alrededor, pues en los carriles que solían ser vehiculares y que hace 20 meses fueron peatonalizados, otras vallas limitan el libre tránsito.
🔴🚶♂️Uno de los objetivos de peatonalizar el Zócalo sería garantizar el libre tránsito de los peatones en dicha plaza, pero esto se ha visto truncado con el cierre arbitrario de entradas que dificultan el paso a turistas, incluyendo adultos mayores o personas con discapacidad… pic.twitter.com/3s5KYK9OLi
— Animal Político (@Pajaropolitico) February 14, 2026
Para completar el cuadro, ya tampoco se permite pasar por el corredor frente al Antiguo Palacio del Ayuntamiento, donde despacha la jefa de gobierno, Clara Brugada, y que en pasadas administraciones era libre. Ahí, aunado a la colocación de barreras metálicas, hay vigilancia policiaca permanente y personal gubernamental que prohíbe el acceso.
A consecuencia de esta situación, visitantes locales o extranjeros —de cualquier edad, sin importar condición médica o discapacidad, ni bultos o maletas que carguen— se ven en la necesidad de rodear tres, cuatro o más cuadras para poder llegar a sus destinos, incluida la estación del Metro.
“Es una arbitrariedad, de plano esto no se vale”, reclamó Carlos Rodríguez, quien visitó el primer cuadro de la ciudad para realizar unos trámites. “Nos hacen caminar tres cuadras para poder rodear lo que se puede hacer directamente; (el Zócalo) no es peatonal, es para el gobierno, para los fines que al gobierno le convengan; que se pongan en los zapatos de los peatones”, recalcó.

“¡No hay paso!”. Es lo que repiten, una y otra vez, los trabajadores del gobierno capitalino quienes con sus chalecos guindas custodian cada una de las entradas al Zócalo: Pino Suárez, cerrada; 20 de noviembre, cerrada; 16 de septiembre, cerrada; Madero, cerrada; 5 de mayo, cerrada.
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En Pino Suárez, a un costado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y en 5 de mayo, apenas hay una pequeña rendija en donde la gente debe hacer malabares para poder acceder. Con bultos, bicicletas, carriolas y hasta motos, todos se arremolinan para intentar entrar o salir, pero sin libertad.
“Seguido está cerrado y no se entiende, entonces, realmente cuál es la función. El primer cuadro se ha ido transformando precisamente para que haya menos carros, para que se transite seguro”, señaló el docente Juan Manuel Covarrubias. “A veces no todos tienen buenas ideas y piensan que sus ideas son funcionales, pero no”, agregó.

Caminar por Madero, la primera calle convertida en andador 100 % peatonal de la Ciudad de México, significa transitar libremente hasta que, al llegar al Zócalo, vallas y carpas frenan de golpe la experiencia ciudadana de recuperación del espacio público.
“Para la gente ya grande o a nosotros como discapacitados debería ser más fácil (que nos dejen pasar) y no, ahorita nos hacen que yo camine todo y no puedo, pero qué puedo hacer”, cuestionó Gustavo García.
En enero de 2024, el entonces jefe de gobierno, Martí Batres —hoy titular del ISSSTE— publicó en la Gaceta Oficial del Gobierno capitalino un acuerdo por el que se clasificó como peatonal el Circuito Plaza de la Constitución en el Centro Histórico, con el fin de que la ciudadanía y visitantes se apropiaran de la plaza pública más importante del país.

“Es un hecho relevante, histórico porque le estamos dando a este espacio, que es el principal espacio público del país, una connotación especial. Es una conquista de los peatones que están en la cúspide de la pirámide de la movilidad. (…) Es una reconquista de apropiación social y cultural de la gente y tiene mucha relevancia histórica para nuestra ciudad”, sostuvo Batres cuando dio a conocer el acuerdo.
En el documento se explica que los objetivos de peatonalizar el Zócalo serían: garantizar el libre tránsito de los peatones en dicha plaza, resaltar el valor histórico y cultural de las edificaciones ahí albergadas; priorizar el tránsito peatonal, sobre los vehículos motorizados; y rescatar, dignificar y revitalizar el uso del espacio público para que las personas que transiten lo utilicen como sitio de sana convivencia, en el que al caminar se pueda disfrutar, admirar y sentir todas las expresiones culturales que lo rodean.
Para peatonalizar la Plaza de la Constitución, el Gobierno capitalino invirtió 50 millones de pesos, recursos públicos con los que se colocaron 13 mil 163 metros cúbicos de concreto hidráulico, 5 mil 713 metros cuadrados de asfalto, se retiraron 97 semáforos, se pintaron 31 jardineras, se nivelaron 53 accesorios hidráulicos y se pintaron 39 postes.

El proyecto de peatonalización —que nació de una consulta ciudadana— permitió la instalación de mesas y jardineras, además de la plantación de árboles y flores. Sin embargo, el mobiliario fue retirado y está en resguardo.
El 12 de mayo de 2024, Martí Batres encabezó una caminata en la zona para inaugurar la peatonalización del Zócalo, un proyecto que a 21 meses de inaugurado no cumple con la función prometida.

Con su presentación en el Super Bowl, Bad Bunny se unirá a otros latinos como Shakira o Gloria Estefan que han sido el artista central del espectáculo de medio tiempo, pero el Conejo Malo será el primero que hasta ahora ha grabado todos sus álbumes en español.
“¿Te imaginas un conejo malo? No. Por más malo que sea, lo vas a querer abrazar, yo me considero así”.
En 2016, Bad Bunny contaba en un podcast el origen de su nombre artístico: una foto de su niñez, en la que, vestido de conejo, miraba hacia la cámara con una sonrisa traviesa.
Para entonces era apenas conocido.
Diez años después, con “Debí Tirar Más Fotos”, su más reciente producción, hizo historia al ser el primer artista en ganar el Grammy a Mejor Álbum con un disco completamente en español.
Y a sus 31 años, este domingo cantará en el show de medio tiempo del Super Bowl, el evento deportivo más importante de EE.UU., con más de 120 millones de espectadores.
Siendo un adolescente desde su habitación en Vega Baja, un humilde pueblo costero del norte de Puerto Rico, Benito Antonio Martínez Ocasio subía canciones de trap a la plataforma SoundCloud y el mundo del estrellato le parecía lejano.
Trabajaba como empacador en un supermercado y no tenía conexiones en la industria. Su padre era conductor de camiones y su madre maestra de escuela.
“Yo no conozco a nadie en el mundo de la música”, decía. “No hay posibilidad de que vaya a comprar un pincho (una comida callejera) y me encuentre con Daddy Yankee”.
Sin embargo, no necesitó de ese encuentro fortuito con el rey del reguetón.
El pasado año, The New Yorker lo catalogó como “la mayor estrella del pop” y The New York Times aseguró que “ha reinventado el panorama de la música en español”.
Fue el artista más escuchado del mundo en Spotify en 2020, 2021, 2022 y 2025, por encima de figuras como Taylor Swift o Drake.
En 2024, su disco “Un verano sin ti” fue reconocido como el álbum más reproducido en la historia de dicha plataforma, cuando logró más de 15.000 millones de reproducciones, según Guinness Records.
Para Leila Cobo, codirectora de contenido de la revista musical Billboard, Benito redefinió la relación de los artistas latinos con la industria global e impregnó el género urbano con un nuevo sonido, gracias a sus inesperadas mezclas de ritmos urbanos y géneros autóctonos de América Latina.
En el proceso, se convirtió en una figura política que desafía la hipermasculinidad de la industria musical latina y aboga por la independencia de su isla, un territorio estadounidense sin poderes soberanos.
Es enero de 2025 y Bad Bunny se sienta en el set de Popcast, el programa de The New York Times, para conversar sobre “DtMF”, disco que recién estrenaba.
Intenta hablar en inglés, pero termina usando spanglish.
En Puerto Rico, pese a que su población tiene ciudadanía estadounidense, solo un 22% considera que habla inglés “muy bien”, según el Censo de EE.UU.
“Siempre supe que podía ser grande siendo puertorriqueño, con mi música, mi slang y mi cultura”, dice.
Con cada canción, “dibuja un mapa de Puerto Rico y el Caribe”, explica a BBC Mundo Albert Laguna, profesor que imparte un curso de Bad Bunny en la Universidad de Yale.
Los versos saltan del sexo explícito (“Safaera”) a lo romántico (“Baile inolvidable”), pero también denuncian los cortes eléctricos constantes de una isla con un sistema energético obsoleto (“El apagón”) o la gentrificación (“Lo que le pasó a Hawái”).
“Sus álbumes se sienten frescos, vibrantes e inclusivos; y cantar en español le da una autenticidad que perdería si persiguiera éxitos pop en otro idioma”, dice a BBC Mundo Mark Savage, corresponsal de música de la BBC.
“Su rico tono barítono transmite desprecio, desamor, ira o éxtasis con una claridad tan vívida que no te queda ninguna duda sobre su intención”, continúa.
Para los puertorriqueños, preservar el español es históricamente un símbolo de resistencia frente al desplazamiento de su cultura por la estadounidense.
En octubre, cuando anunció que cantaría en el Super Bowl, le avisó a quienes no hablan español que tenían “cuatros meses para aprender” el idioma.
Aquel joven que en sus primeras canciones se preocupaba más por las mujeres o el dinero, con los años tuvo un despertar político. Esto no solo se refleja en su música, llena de símbolos nacionales puertorriqueños, sino también en sus acciones.
Fue una de las caras visibles en las históricas protestas de 2019 en Puerto Rico y ha usado sus redes sociales para apoyar a políticos independentistas para gobernar la isla.
También ha criticado las redadas migratorias del gobierno de Donald Trump.
En la pasada ceremonia de los Grammy lanzó el mensaje “Fuera ICE” en referencia al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EE.UU.
Antes, en 2025, se había negado a incluir a EE.UU. en su gira por miedo a que ICE la usara para detener a migrantes.
Ese activismo también le ha valido críticas, sobre todo de sectores de la derecha norteamericana.
Al conocerse la noticia del Super Bowl, el propio Trump, que afirmó no saber quién es Bad Bunny, dijo que le parecía “absolutamente ridículo” que se le hubiera elegido para el show.
Es difícil medir si los esfuerzos de Bad Bunny tienen un impacto real en la política de EE.UU. con relación a Puerto Rico, comenta a BBC Mundo el sociólogo puertorriqueño Luis J. Cintrón, experto en medios y cultura latinoamericana.
Lo que sí está claro, argumenta, es la visibilidad que este artista le ha dado a la isla, típicamente fuera de la agenda mediática nacional, y que, sin soberanía ni relaciones bilaterales con otros países, depende de su cultura para llegar al mundo.
“Sin dejar de ser capitalista, se ha convertido en un símbolo de resistencia”, además de “un embajador de la cultura y la identidad puertorriqueña”, dice Cintrón.
Desde el inicio de su carrera, Bad Bunny sorprendía con el uso de colores vibrantes, estampados arriesgados y esmalte de uñas. Era una estética que contrastaba con lo que el género urbano dictaba.
Esa política del cuerpo se trasladó pronto a su música.
En temas como “Yo perreo sola” reivindicó el derecho de la mujer a disfrutar de su cuerpo sin compañía, mientras que en “Andrea” puso voz a las violencias que las mujeres enfrentan en su cotidianidad.
Alimentó esta fama con acciones como besarse con un hombre durante una presentación o denunciando en televisión nacional el asesinato de una mujer trans.
Sin embargo, hay expertos que dicen que se contradice constantemente.
Silvia Díaz Fernández, socióloga experta en medios por la Coventry University, advierte que los mensajes feministas de algunas canciones chocan con otras donde persisten ideas misóginas y la hipersexualización.
La académica sostiene en The Conversation que el artista “coquetea” con estéticas andróginas mientras en el fondo mantiene un sexismo.
Aun así, Bad Bunny se transformó en un icono de la moda capaz de dominar las pasarelas de la Met Gala de Nueva York y vestir de diseñadores exclusivos.
En sus apariciones más recientes, ha integrado símbolos del nacionalismo puertorriqueño como la pava, un sombrero típico de los campesinos de la isla durante la colonización española.
Según Leila Cobo, codirectora de Billboard, el gran impacto de Bad Bunny tiene que ver con haber convertido lo local y regional en un fenómeno de interés global.
El puertorriqueño se ha alejado de los ritmos usualmente sintéticos del reguetón para incorporar instrumentos reales y acústicos, así como guiños y homenajes a la cultura caribeña y de Puerto Rico.
En sus producciones mezcla el reguetón y el trap con ritmos como salsa, merengue, mambo, bossa nova o plena.
Sus letras, además, están llenas de referencias a los artistas que admira, desde el reguetón de Daddy Yankee hasta el orgullo afrocaribeño del sonero Ismael Rivera.
Con su presentación en el Super Bowl, Bad Bunny se unirá a otros latinos como Shakira o Gloria Estefan que han sido el artista central del espectáculo de medio tiempo, pero el Conejo será el primero que hasta ahora ha grabado todos sus álbumes solo en español.
Su show llega en un momento de grandes tensiones por el tema migratorio en EE.UU. y ante un público que no necesariamente entenderá sus canciones.
No lo ha necesitado para hacer giras mundiales con récords de ventas, lograr decenas de premios, hitos que nadie más ha logrado y conquistar a un público masivo, lo que le hace tener ya un lugar en la historia de la industria musical.
*Gráficos por Caroline Souza y reportería adicional de Lais Alegretti, del Equipo de periodismo visual de BBC News Mundo. Edición: Daniel García-Marco, Ana Pais y Carlos Serrano.
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