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Recolectar el agua: una acción para disminuir la emergencia
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Recolectar el agua: una acción para disminuir la emergencia
Cosechar la lluvia no es la solución a los problemas del agua en la Ciudad de México, pero sí puede ser punto de inicio para repensar y accionar otras formas de gestionarla, sin sacrificar a las personas habitantes más vulnerables ni sólo apelar a mecanismos del pasado, que sabemos que tienen múltiples áreas de oportunidad.
31 de enero, 2024
Por: Erika M. Macedo
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En los últimos meses se ha resentido una alarmante falta de agua en buena parte de las colonias y alcaldías de la Ciudad de México. El tema toma relevancia en el marco de la crisis climática y el ambiente político que ya se respira con miras en las elecciones 2024 más grandes que el país y la Ciudad tendrán en los próximos meses.

El acceso y abastecimiento de agua se trata de un tema crucial de sobrevivencia de la ciudad. Si bien la escasez no es un reto exclusivo de esta gran urbe, las características geográficas y sus dinámicas económicas y sociales la colocan como un caso excepcional en el mundo. Por lo que es urgente gestionar de manera distinta la provisión del agua.

Las propuestas son muchas y de algunas ya hemos visto y vivido sus efectos: no basta con traer agua de otras latitudes dejando a comunidades enteras sin ella, con altos costos económicos y energéticos. No basta con trabajar con un solo sector y pedir a los hogares que “le cierren” a la llave, en muchos hogares ni siquiera hay una llave que abrir. No basta con promover incentivos a las empresas para el ahorro de agua. Necesitamos de un esquema de colaboración y acción con distintos sectores, trabajando de manera coordinada entendiendo y asumiendo las facultades de los organismos operadores, dependencias administrativas, cultura ambiental, participación de la sociedad, decisiones políticas, considerar una visión de cuenca y sin fronteras territoriales artificiales, etc. Politizar el acceso al agua es el error más frecuente y el principal obstáculo para entender y atender la complejidad del tema.

Me muestro optimista ante las últimas movilizaciones sociales, quizá aisladas aún y focalizadas territorialmente, que han empezado a surgir con la demanda más frecuente de los últimos días: “Queremos agua”, “Necesitamos agua”. Se trata de una coyuntura y oportunidad: o se atiende con miras y ánimo de mejorar la gestión del agua o vuelve a politizarse y se construyen narrativas que liberan de responsabilidad al gobierno y el sector privado, principalmente inmobiliario en esta Ciudad.

La oportunidad ahí está, empujemos para que se tomen acciones asertivas en beneficio de todas y todos. Hasta ahora los costos más altos los hemos pagado en su mayoría los habitantes de las zonas periurbanas, tema que se evidencia cada vez más, Ojalá sea un aprendizaje y llamado para la acción promoviendo nuevas prácticas y escuchando nuevas voces e incorporando otras perspectivas.

En este contexto vale la pena rescatar algunos de los aprendizajes de una de las experiencias más grandes de abastecimiento de agua en ciudades a través de la lluvia, por la cantidad de personas que participan en ella y los litros de agua que se han captado, a nivel mundial: la práctica de cosechar la lluvia impulsada como política pública desde el Gobierno de la Ciudad de México a partir de 2019.

Si bien recolectar agua de lluvia es una práctica milenaria y fue la principal forma de provisión de agua en ciudades y poblados desde la Antigüedad, en los últimos años ha cobrado relevancia especialmente en una zona privilegiada por la lluvia como lo es la Cuenca del Valle de México en la que se encuentra la Ciudad de México. Esta práctica ha sido impulsada por distintas organizaciones de la sociedad civil en colaboración con gobiernos locales y estatales, también es una práctica conocida por las y los habitantes de zonas peri urbanas y con bajo acceso al agua desde el sistema de infraestructura gubernamental.

Las virtudes de esta experiencia son múltiples, aunque por supuesto también tiene áreas de oportunidad. No obstante, en el contexto de emergencia actual prefiero rescatar las lecciones aprendidas y llamar a la acción a todas y todos para ser parte de un cambio del paradigma de gestión del agua. Al ser implementado como programa social los riesgos de convertirse en un mecanismo más de movilización político-electoral eran altos (lo siguen siendo y más en la coyuntura actual, por lo que habrá que estar muy atentos y atentas de su operación). Sin embargo, en su implementación, hasta hace algunos meses, se había procurado la participación de todas las personas interesadas en sumarse a esta práctica, sin importar filiaciones políticas o partidarias. El deber ser de las políticas sociales en su estado más puro, pero pocas veces cumplido en la historia electoral de nuestro país.

Desde mi experiencia coordinando la implementación de este programa social rescato tres aprendizajes de este esfuerzo:

  1. Los avances tecnológicos son muy importantes para conocer la disponibilidad y calidad del agua, no obstante, la historia está llena de múltiples ejemplos en los que, de no haber una base de distribución e interés social, la tecnología sigue reproduciendo y promoviendo desigualdades sociales y económicas. En el caso de la cosecha de lluvia, la eco-tecnología es sencilla –que no por ello de mala calidad- y ahí radica su mayor virtud: todas las personas, niños, niñas, personas adultas mayores podemos sumarnos a esta práctica en latitudes diversas y situaciones sociales diferentes. Una lección valiosa es que es mucho más importante la adopción de la eco-tecnología que la sofisticación de ésta.
  2. Se trata de una práctica que nos reconecta con nuestra relación con el agua y la naturaleza. Muchas personas no conocen de dónde viene el agua que usan. Hacernos partícipes del abastecimiento del agua en nuestros hogares y/o negocios nos permite construirnos una perspectiva de mayor corresponsabilidad con el acceso al agua que tenemos. Esta es una tendencia mundial ante el panorama actual de crisis climática: necesitamos soluciones basadas en la naturaleza y fortalecer la relación social.
  3. Por sus características antes mencionadas, esta práctica tiene un potencial muy fuerte para hacer partícipes a hombres, niños, mujeres y niñas en el abastecimiento y acceso del agua. Actualmente, la normatividad y desde distintos esfuerzos se impulsa la inclusión de las mujeres en la toma de decisiones, pero en la práctica queda mucho por hacer. Los pocos datos que tenemos en cuanto a la relación agua y género nos indican que las mujeres somos las más afectadas cuando hay escasez, sin embargo, somos quienes menos podemos participar o tener injerencia en la toma de decisiones.

Los retos son muchos y el panorama no es nada alentador. Voltear a mirar el camino recorrido permite aprender de los errores y fortalecer los aciertos. Estamos ante una emergencia por la vida, ojalá todas y todos estemos convencidos y tomemos las acciones que nos corresponden como ciudadanía, gobierno, sector privado. Cosechar la lluvia no es LA solución a los problemas del agua en la Ciudad de México, pero sí puede ser punto de inicio para repensar y accionar otras formas de gestionarla, sin sacrificar a las personas habitantes más vulnerables, ni sólo apelar a mecanismos del pasado que sabemos que tienen múltiples áreas de oportunidad.

* Erika M. Macedo es Maestra en Sociología Política por el Instituto Mora y Licenciada en Historia por la UNAM. Coordinó durante más de 4 años la implementación del programa “Cosecha de Lluvia”. Ha trabajado en comunidades de la Sierra Juárez y Valles Centrales de Oaxaca en temas de acceso y saneamiento de agua. Es una apasionada de la docencia como práctica transformadora y de lucha social. Habita en la Sierra de Santa Catarina, Iztapalapa, por lo que tiene un fuerte compromiso con una cultura ambiental que priorice la relación social, género y naturaleza. Es integrante Aúna desde el 2022 y está comprometida con los principios de igualdad y mejor calidad de vida para las mujeres.

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Las desventajas de que nuestros ancestros perdieran la cola
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Las desventajas de que nuestros ancestros perdieran la cola
Cosechar la lluvia no es la solución a los problemas del agua en la Ciudad de México, pero sí puede ser punto de inicio para repensar y accionar otras formas de gestionarla, sin sacrificar a las personas habitantes más vulnerables ni sólo apelar a mecanismos del pasado, que sabemos que tienen múltiples áreas de oportunidad.
01 de marzo, 2024
Por: BBC News Mundo
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Si uno busca con la palabra “evolución” en Google en imágenes lo que vamos a ver es una gran variedad de la famosa ilustración de Ralph Zallinger: la marcha del progreso.

De izquierda a derecha, vemos a un chimpancé que camina con los nudillos ir evolucionando gradualmente hasta hacerlo de forma erguida como un ser humano.

En estas imágenes -y en el título de la foto- están implícitos los prejuicios de la visión común de la evolución: que somos una especie en el punto máximo de la cadena evolutiva, el producto perfeccionado del proceso.

Imaginamos que somos los supervivientes más aptos, lo mejor de lo que podemos ser. Pero visto así, hay una paradoja. Si somos tan asombrosos, ¿cómo es posible que tantos de nosotros padezcamos enfermedades genéticas o de desarrollo?

Un nuevo estudio, publicado en la revista Nature, ofrece una explicación de nuestro desarrollo temprano, propenso a errores, al analizar los cambios genéticos que permitieron a nuestros antepasados perder la cola.

Adaptación de la ilustracióno La marcha del progreso de Rudolph Zallinger.
Getty Images
La ilustración de Rudolph Zallinger, La marcha del progreso, ha dado lugar a un millón de imitaciones.

Las estimaciones actuales sugieren que alrededor de la mitad de los óvulos fecundados nunca llegan a ser embarazos reconocidos y que por cada niño nacido unos dos nunca llegan a término.

En peces y anfibios, una muerte tan temprana es inaudita. De los que tenemos la suerte de nacer, algo menos del 10% padecerá una de los muchos miles de enfermedades genéticas “raras”, como la hemofilia. Las enfermedades no tan raras, como la anemia falciforme y la fibrosis quística, afectan a un número aún mayor de nosotros.

¿Ocurriría esto en una especie cin tanto éxito evolutivo? ¿Dónde está el progreso?

Existen múltiples soluciones posibles a este problema. Una es que, en comparación con otras especies, tenemos una tasa de mutación inusualmente alta, por lo que existe una probabilidad relativamente alta de que en tu ADN haya un cambio que no haya sido heredado ni por tu madre ni por tu padre.

Probablemente naciste con entre diez y cien cambios nuevos en tu ADN. En la mayoría de las demás especies, ese número es inferior a uno, y a menudo muy inferior.

La genética de las colas

Una de las diferencias más evidentes entre nosotros y muchos parientes primates es que no tenemos cola.

La pérdida de la cola se produjo hace unos 25 millones de años (a modo de comparación, nuestro antepasado común con los chimpancés fue hace unos 6 millones de años). Aún conservamos el coxis como resabio evolutivo de este ancestro portador de cola.

La pérdida de esta extremidad se produjo en nuestros antepasados simios al mismo tiempo que la evolución de una espalda más erguida y, a su vez, una tendencia a utilizar sólo dos de las otras cuatro extremidades para sostener el cuerpo.

Peces en el agua.
Getty Images
En los peces y anfibios el índice de mortalidad durante la fecundación es muy inferior al de los seres humanos.

Aunque podemos especular sobre por qué estos cambios evolutivos pueden ir unidos, eso no aborda el problema de cómo (y no por qué) evolucionó la pérdida de la cola: ¿cuáles fueron los cambios genéticos subyacentes?

El estudio llevado a cabo recientemente aborda precisamente esta cuestión y ha identificado un intrigante mecanismo genético: el hecho que muchos genes se combinan para permitir el desarrollo de la cola en los mamíferos.

El equipo descubrió que los primates sin cola tenían un “gen saltarín” adicional -secuencias de ADN que pueden transferirse a nuevas zonas de un genoma- en uno de esos genes determinantes de la cola, el TBXT.

Una gran parte de nuestro ADN son restos de esos genes saltarines que las proteínas que especifian su frecuencia (la función clásica de los genes), por lo que la ganancia de un gen saltarín no tiene nada de especial.

Costo de la evolución

Lo que fue inusual fue el efecto que tuvo esta nueva adición. El equipo también identificó que los mismos primates también tenían un gen saltarín más antiguo pero similar a muy poca distancias en el ADN, incrustado dentro del gen TBXT.

La proximidad de estos dos genes alteraba el procesamiento del ARN mensajero resultante del TBXT (moléculas creadas a partir del ADN que contienen instrucciones para fabricar proteínas).

Los dos genes saltarines pueden pegarse entre sí en el ARN, haciendo que el bloque de ARN entre ellos quede excluido del ARN que se codifica en proteína, lo que da lugar a una proteína más corta.

Para ver el efecto de esta exclusión inusual, el equipo imitó genéticamente esta situación en ratones creando una versión del gen TBXT de ratón a la que también le faltaba la sección excluida. Y, efectivamente, cuanto mayor era la forma del ARN con la sección del gen excluida, más probable era que el ratón naciera sin cola.

Eso ofrece una firme teoría sobre un cambio mutacional que sustenta la evolución de no tener cola.

Pero el equipo observó otra cosa extraña. Si se crea un ratón con sólo la forma del gen TBXT con la sección excluida, pueden desarrollar una afección muy parecida a la espina bífida humana (cuando la columna vertebral y la médula espinal no se desarrollan correctamente en el útero, causando un hueco en la columna vertebral).

Radiografía de la pelvis y la columna lumbosacra con espina bífida.
Getty Images
Radiografía de la pelvis y la columna lumbosacra con espina bífida.

Anteriormente se habían relacionado con esta enfermedad mutaciones en el TBXT humano. Y hay que observar que otros ratones también presentaban diferentes defectos en la columna vertebral y la médula espinal.

El equipo sugiere que, al igual que el coxis es una secuela evolutiva de la falta de cola que todos tenemos, la espina bífida puede ser una secuela rara de la alteración del gen que sustenta nuestra falta de cola.

No tener cola, sugieren, era una gran ventaja, por lo que un aumento de la incidencia de la espina bífida seguía mereciendo la pena. Este puede ser el caso de muchas enfermedades genéticas y del desarrollo: son un subproducto ocasional de alguna mutación que, en conjunto, nos ayudó.

Trabajos recientes, por ejemplo, descubren que las variantes genéticas que nos ayudan a combatir la neumonía también nos predisponen a la enfermedad de Crohn .

Esto demuestra lo engañosa que puede ser la marcha del progreso y que la evolución sólo puede tratar la variación presente en cada momento.

Así como lo muestra este último estudio, muchos cambios también conllevan costos, algo que se podría entender no tanto como una marcha sino más bien como un tambaleo ebrio.

* Laurence D. Hurst es catedrático de Genética Evolutiva en el Centro Milner de Evolución de la Universidad de Bath, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original y ver los vínculos a los estudios citados.

Línea BBC
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