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El imperialismo y la muerte de la política liberal: Estados Unidos, China y Venezuela
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El imperialismo y la muerte de la política liberal: Estados Unidos, China y Venezuela

Requerimos una política de alianzas estratégicas más frontal, con mayor iniciativa de países como México o Brasil en América Latina, que parta del reconocimiento de que, ante un hegemón imperialista como Estados Unidos, la negociación ya no es la salida.
06 de enero, 2026
Por: Armando Luna Franco

Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron secuestrados y detenidos ilegalmente por un escuadrón de élite del ejército estadounidense la madrugada del sábado 3 de enero. Estados Unidos decidió iniciar 2026 con una intervención militar en un país de su propio continente sin ningún reparo diplomático, con un uso abierto de la violencia para deponer al Jefe de Estado de Venezuela. Es la primera vez que ocurre en nuestra región desde la operación contra Manuel Noriega en Panamá a finales de 1989 y, como entonces, representa una declaración contundente del nuevo estado de cosas para la política nacional, regional e internacional: Estados Unidos hará valer su interés nacional a costa de todo orden interno o externo que se le oponga.

La coincidencia no es gratuita, de hecho no puede entenderse una sin la otra. La intervención militar de George Bush padre contra Noriega era el punto final a un ciclo donde la contrainsurgencia fue la estrategia dominante de injerencia estadounidense, para entrar en la época de intervención imperialista desde la economía: el neoliberalismo y sus políticas de ajuste. Las transiciones a la democracia fueron acompañadas de la apertura y liberalización de los mercados nacionales, y los resultados de esa estrategia fueron claros: el triunfo de Hugo Chávez en 1999 y los cacerolazos en Argentina de 2001 anunciaban el inicio de la Ola Rosa, gobiernos de izquierda progresista y nacionalista que cuestionaron la validez del modelo neoliberal impuesto por los gobiernos estadounidenses (demócratas y republicanos por igual).

Mientras Estados Unidos se volcaba al Medio Oriente en su “guerra contra el terrorismo” (Irak, Afganistán y su continuo apoyo al Estado genocida de Israel), América Latina buscaba una salida a la hegemonía estadounidense en la región. Sin embargo, la gran recesión de 2008 afectó a los gobiernos de la Ola Rosa y dio lugar al regreso gradual de gobiernos de derecha, conservadores y afines a la política económica estadounidense; entre el desencanto de la población con los resultados económicos de los gobiernos de izquierda, y el giro reaccionario en la política internacional tras la crisis financiera, Estados Unidos pudo mantener su preeminencia económica en América Latina.

Pero las condiciones seguían cambiando: mientras que Rusia procuraba y consolidaba su posición como potencia militar euroasiática, China crecía exponencialmente como potencia económica y financiera que, en poco tiempo, haría tambalear la centralidad estadounidense en la economía mundial. La estrategia china ofrecía una alternativa a los países que buscaban una salida a la hegemonía de nuestro vecino del norte. A diferencia de Estados Unidos, que exigía una transformación total de las economías nacionales para favorecer sus inversiones y sus empresas con la mano de obra y los mercados internos del país intervenido, China decidió pedir mano en los recursos naturales y los mercados a cambio de infraestructura y créditos.

El crecimiento acelerado de China representa la mayor amenaza que ha enfrentado Estados Unidos desde la Unión Soviética, pero a diferencia de la Guerra Fría, donde la carrera tecnológica y armamentista era algo relativamente claro, la cuestión económica representa una amenaza existencial distinta. La carrera armamentista del conflicto bipolar buscaba el armamento más potente y sofisticado, pero llegó a un punto donde esa capacidad llevó a la disuasión y obligó a ambas potencias a establecer acuerdos. La amenaza existencial ahora es económica y no hay una forma (sin renunciar a sus ambiciones imperialistas) de alcanzar dicho equilibrio. Es un conflicto sobre los recursos naturales y las materias primas necesarias para sostener sus economías, recursos que no están dentro de sus territorios y a los que no pueden acceder libremente. A diferencia del imperialismo de la Edad Moderna, nos enfrentamos ahora a un mundo más fragmentado, más explotado y de recursos cada vez más escasos por su explotación total en nombre del capital. Son dos hegemones que buscan controlar la mayor cantidad de recursos sin ninguna responsabilidad hacia los países explotados, para sostener su empresa imperial.

No olvidemos que Nicolás Maduro recibió el viernes 2 de enero a Qiu Xiaoqi, enviado especial de China para asuntos de América Latina y parte del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Qiu no es una figura menor: además de su posición en uno de los órganos políticos más importantes de la estructura china de gobierno, previamente fue embajador de China en España y tres países clave de América Latina: Bolivia, Brasil y México, donde su misión terminó en 2019. Como reporta la nota citada, Delcy Rodríguez también participó en la reunión donde estaba Lan Hu, embajador chino en Venezuela, y Wang Hao, directivo del Ministerio de Relaciones Exteriores. No podemos entender el momento de la acción militar estadounidense sin considerar esta visita, ni que entre los barcos petroleros retenidos o interceptados por ellos estaba un barco chino (el gigante asiático es el principal comprador de petróleo venezolano), o que China es uno de los principales acreedores de la deuda venezolana.

Por eso el secuestro y detención ilegal de Maduro y Cilia Flores parece tan excepcional, aunque fuera predecible. No lo es por la sospecha de la cúpula de gobierno venezolana (incluso el propio Maduro) negociara esta acción a cambio de evitar una invasión abierta, o porque Estados Unidos decidiera que el derecho internacional era una sugerencia y no un orden jurídico por acatar. Por supuesto es un problema para América Latina que nuestro hegemón continental use la fuerza militar para conseguir sus objetivos e imponga su agenda política y económica. Lo excepcional es que use a nuestros países como un mensaje para China, con quien está en conflicto abierto. No se trata de Trump y un arrebato (aunque medios como el New York Times quieran venderlo así), a estas alturas es irrelevante distinguir entre el personaje y el país que gobierna.

¿De qué se trata entonces? Se trata de la muerte de la política. No me refiero a una idea virtuosa o abstracta de política, sino a la práctica y formas concretas que han regido al sistema internacional y a los Estados-nación. La intervención militar en Venezuela demuestra la irrelevancia de una idea tan fundamental como la soberanía, así como el sistema de valores que consideraba necesaria tanto la legalidad como la legitimidad para que una acción política fuera válida. Esto no inició el sábado, me atrevo a decir que tampoco inició con el genocidio israelí de Palestina. Ambos casos sólo son el punto final a un proceso de decadencia y agotamiento que inició tras el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el nuevo orden internacional fue incapaz de reconciliar la idea de soberanía con la necesidad de un mecanismo sancionador fuerte entre Estados que la protegiera.

Las profundas desigualdades económicas y militares tras la Segunda Guerra Mundial no se resolvieron durante el siglo XX, mucho menos ahora que entramos al segundo cuarto del siglo XXI. Si los principales hegemones consideran que la ficción del derecho internacional es irrelevante, realmente no tenemos ninguna garantía para que los próximos 25 años agraven un imperialismo que, en nombre de sus intereses y necesidades, aplaste e imponga su voluntad sobre cualquier territorio que sea considerado estratégico. Ante esta situación, lo último que podemos hacer es repetir las políticas de apaciguamiento, es claro que ya no hay reservas ni límites a la voluntad hegemónica.

También es necesario asumir que no, Estados Unidos no es un imperio decadente. Contra lo que la moribunda idea liberal sostiene, la violencia no es el último recurso sino el recurso central. Si ahora lo ejercen abiertamente no es porque estén desesperados, es porque saben que la ficción liberal de las normas y la negociación ya cumplió su ciclo, el final de la historia fue el final del orden liberal porque perdió un oponente ante el cual justificarse. Hay que aceptar que esa política ya no existe y requerimos una política de alianzas estratégicas más frontal, con mayor iniciativa de países como México o Brasil en América Latina, que parta del reconocimiento de que, ante un hegemón imperialista como Estados Unidos, la negociación ya no es la salida. Más allá de diferencias internas, la única posibilidad de defender la autonomía regional y nacional, y el propio bienestar de sus pueblos, es reconocer la mutua dependencia entre países latinoamericanos para hacer frente y romper con la consolidación de nuestra posición como apéndice económico estadounidense ante China.

* Armando Luna Franco (@alunaf_89) es candidato a doctor en Ciencia Política por El Colegio de México, especializado en política nacional, pensamiento político y análisis de coyuntura.

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Imagen BBC
Rusia envía buques de guerra para proteger de EU a un petrolero que transportó crudo venezolano
4 minutos de lectura

Se trata del buque Marinera, que históricamente transportó petróleo de Venezuela pero que actualmente no lleva cargamento. Los últimos informes lo sitúan entre Escocia e Islandia.

07 de enero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Rusia desplegó efectivos navales para escoltar un petrolero que también está siendo perseguido por fuerzas estadounidenses a través del Atlántico, según informó CBS News, socio mediático de la BBC en Estados Unidos.

El barco, que actualmente no lleva cargamento, históricamente transportó crudo venezolano y se creía que se encontraba entre Escocia e Islandia el martes.

El presidente Donald Trump ordenó el pasado mes un “bloqueo” de los petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela, una medida calificada como “robo” por las autoridades venezolanas.

Antes de la captura del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ocurrida el sábado, Trump acusó repetidamente al gobierno del país sudamericano de utilizar barcos para introducir drogas en suelo estadounidense.

La Guardia Costera de EE.UU. intentó abordar el Bella 1 el mes pasado en el Caribe cuando se creía que se dirigía hacia Venezuela. Tenía una orden judicial para incautar el barco, acusado de infringir las sanciones estadounidenses y transportar petróleo iraní.

Luego cambió drásticamente de rumbo (así como de nombre a Marinera) y, según se informa, cambió de bandera de guyanesa a rusa.

Su aproximación a Europa coincidió con la llegada de unos 10 aviones de transporte militar estadounidenses, así como helicópteros.

Rusia afirma estar “monitoreando con preocupación” la situación en torno al buque.

Dos funcionarios estadounidenses declararon a CBS News el martes que las fuerzas estadounidenses planeaban abordar el buque y que Washington prefería incautarlo antes que hundirlo.

BBC Verify analizó imágenes publicadas por Russia Today, supuestamente tomadas a bordo de un petrolero, que muestran un barco a lo lejos que coincide con el perfil de un guardacostas clase Legend de la Guardia Costera estadounidense.

También ha estado monitoreando la última ubicación reportada del Marinera.

Según los datos de ubicación AIS de la plataforma de seguimiento de barcos Marine Traffic, su ubicación el martes por la mañana era en el Océano Atlántico Norte, a unos 300 km al sur de la costa de Islandia.

Datos previos del AIS sugieren que se dirigió hacia el norte, pasando por la costa occidental de Reino Unido durante los últimos dos días.

También el martes, el Comando Sur del ejército estadounidense publicó en redes sociales que “continúa dispuesto a apoyar a nuestras agencias gubernamentales asociadas en la lucha contra los buques y actores sancionados que transitan por esta región”.

“Nuestros servicios marítimos están vigilantes, ágiles y preparados para rastrear buques de interés”. Cuando llegue la llamada, allí estaremos”.

mapa que muestra la posible ubicación del marinera entre islandia y escocia.
BBC

El cambio a bandera rusa

Antes de que se lance cualquier operación militar desde Estados Unidos, se espera que dicho país informe a su aliado Reino Unido.

Por ahora, el Ministerio de Defensa británico dice que no hará comentarios sobre las actividades militares de otras naciones.

Los funcionarios citados por CBS sugirieron que Estados Unidos podría realizar una operación como la del mes pasado, cuando los Marines y las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses, en colaboración con la Guardia Costera, incautaron The Skipper, un gran petrolero con bandera de Guyana, después de que el buque zarpara del puerto de Venezuela.

Según el derecho internacional, los buques que enarbolan la bandera de un país están bajo la protección de dicha nación, pero Dimitris Ampatzidis, analista sénior de Riesgos y Cumplimiento de la firma de inteligencia marítima Kpler, declaró a BBC Verify que un nuevo nombre y bandera del buque podría no suponer un gran cambio.

“La acción de EE.UU. se basa en la identidad subyacente del buque [número OMI], sus redes de propiedad/control y su historial de sanciones, no en sus marcas pintadas ni en la reivindicación de la bandera”, afirmó.

Imagen de donald trump. Viste un traje azul y corbata del mismo color. Está de pie, con rostro serio.
Getty Images
El presidente Donald Trump ordenó el pasado mes un “bloqueo” de los petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela.

Ampatzidis añadió que el cambio al registro ruso podría causar “fricciones diplomáticas”, pero no detendría ninguna acción coercitiva de EE.UU.

Por su parte, Michelle Bockmann, analista de inteligencia marítima de Windward, afirmó que cambiar a un registro ruso podría complicar las medidas de control de Estados Unidos.

“En virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, existe una disposición que permite que las autoridades aborden un buque apátrida. Al cambiar a bandera rusa, el buque ya no puede ser abordado en virtud de esta disposición”, explicó.

“Actualmente, nuestro buque navega en aguas internacionales del Atlántico Norte bajo la bandera estatal de la Federación Rusa y en pleno cumplimiento de las normas del derecho marítimo internacional”, declaró el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso.

“Por razones que desconocemos, el buque ruso está recibiendo una atención cada vez mayor y claramente desproporcionada por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos y la OTAN, a pesar de su carácter pacífico”, declaró.

“Esperamos que los países occidentales, que declaran su compromiso con la libertad de navegación en alta mar, comiencen a adherirse a este principio”.

La controversia por el petrolero se produce días después de que Estados Unidos conmocionara al mundo con la captura de Maduro en la capital, Caracas. Objetivos en la ciudad fueron bombardeados durante la operación para arrestarlo a él y a su esposa, bajo acusaciones de supuestos delitos relacionados con armas y drogas.

línea gris que separa el texto
BBC
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