
Un ángulo de análisis -y no menor- de los hechos registrados la madrugada del 22 de febrero en Tapalpa, Jalisco, donde murió Nemesio Oseguera Cervantes alias “El Mencho” en el marco de un operativo militar para capturarlo, es el de la comunicación.
A lo largo de todo el domingo 22 de febrero, la información del Gobierno federal para dar cuenta de lo que había sucedido, ante un hecho de tales dimensiones, fue escasa y tardía, lo que permitió que se generaran múltiples versiones de lo que había pasado, sin ningún tipo de control y reacción.
Y también la falta de información ante la reacción violenta y poderosa del aparato militar del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en 20 estados del país permitió se dieran todo tipo de especulaciones sobre lo que ocurría y se generó un pánico de carácter nacional.
Ante la ausencia de información del Gobierno federal y una explicación de lo que había ocurrido y estaba pasando en los estados, fueron las redes sociales y las conversaciones entre familiares y amigos quienes llenaron el vacío informativo y ofrecieron interpretaciones de lo que sucedía.
En las horas inmediatamente posteriores al operativo —cuando se confirmó que el líder del CJNG había resultado herido y posteriormente muerto—, el Gobierno federal debió haber emitido una postura clara y oportuna que implicaba la necesidad de que saliera un vocero del gobierno, no necesariamente la presidenta, pero también podía haber sido ella, a informar y explicar, para dar confianza a la ciudadanía a partir de datos ciertos.
El Gobierno federal era la única instancia capaz de otorgar tranquilidad y orientar a la ciudadanía, y también a los medios, en un evento de tal magnitud. Se había dado muerte al líder del cártel más grande de México, con presencia en 29 estados, y uno de los grupos criminales con mayor penetración a nivel mundial con negocios en más de 40 países.
Por horas lo único que hubo fue un tuit de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, redactado de manera ambigua, que no iba al centro de lo que ocurría, que parecía que -ignorando la dimensión de lo que pasaba- los hechos se iban a minimizar. Su comunicación fue errática y desafortunada.
El pronunciamiento debió ser directo, puntual y firme, reconociendo la labor de las Fuerzas Armadas y explicando con claridad la estrategia nacional para enfrentar al crimen organizado. Sin embargo, el tono fue impreciso, al igual que en su primera conferencia matutina posterior a los hechos.
Tuvieron que pasar 24 horas para que en la comparecencia mañanera de la presidenta, el lunes 23 de febrero, se diera información de los hechos. El vocero fue el general Ricardo Trevilla, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, vestido de tarea, y no el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quien es el que habla de los temas de seguridad en el actual Gobierno federal, relegando a las Fuerzas Armadas.
Al día de hoy, viernes 27 de febrero, la comunicación del Gobierno federal sobre este caso y los hechos posteriores sigue sin ser contundente. Esta falta de claridad abre la puerta a interpretaciones y suspicacias sobre las razones detrás de la omisión y la ausencia de mensajes firmes por parte de la presidenta.
La estrategia de la presidenta y su gobierno es aquella que sostiene que si se ignoran los hechos y sus repercusiones, el tema va a desaparecer de la escena pública, pero en esta ocasión no es el caso, y todos los días crecen las especulaciones y se ofrecen interpretaciones de lo ocurrido, pero también del porqué de la estrategia de comunicación de este acontecimiento de impacto nacional e internacional, y estas no favorecen a la presidenta y al gobierno.

El sistema nervioso de quienes padecen ELA se afecta de forma degenerativa y progresiva, lo que causa una parálisis motora irreversible. Hasta ahora, no tiene cura.
“Lo extrañaremos profundamente y lo recordaremos con cariño. Adoraba a sus fans y estaba eternamente agradecido”.
Así se expresaba el equipo de comunicación del actor estadounidense Eric Dane, famoso por series como Anatomía de Grey y Euphoria, cuando este jueves informaron sobre su fallecimiento por Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).
Figuras del mundo del entretenimiento no tardaron en expresar su pesar y en resaltar no solo el talento, sino también la calidad humana del intérprete de 53 años, quien hacía apenas 11 meses había anunciado que padecía la enfermedad.
“Enojado”, dijo Dane que se sentía el pasado verano boreal en una entrevista con el programa Good Morning America, porque sabía que existía la posibilidad de morir cuando sus hijas aún son adolescentes de 14 y 15 años.
“Porque, ya sabes, mi padre me fue arrebatado cuando yo era pequeño”, señaló entonces. “Y ahora hay muchas posibilidades de que yo también les sea arrebatado a mis hijas cuando todavía son muy jóvenes“, agregó.
En los meses posteriores, Dane, que también actuó en filmes como Marley & Me y Valentine’s Day, se dedicó a crear conciencia sobre la enfermedad neurodegenerativa.
Otras personalidades también han padecido esta condición, que no tiene cura y afecta el movimiento de los músculos.
Un caso reciente fue el fallecimiento en 2023 de Bryan Randall, fotógrafo y expareja de la actriz Sandra Bullock, cuya muerte generó un enorme interés por conocer más sobre la enfermedad.
Aunque la figura más conocida podría ser el físico Stephen Hawking, quien murió en 2018 y en un caso extraordinario vivió 55 años con ELA.
La mayoría de los pacientes, según la Clínica Mayo, viven entre 2 y 3 años luego de desarrollar síntomas.
En el caso de Dane, los signos de este padecimiento se manifestaron en muy poco tiempo.
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad progresiva que no tiene cura.
Se considera una de las enfermedades motoneuronales que padecen dos de cada 100 mil personas en el planeta, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Se produce cuando las neuronas de los pacientes afectados por la enfermedad se desgastan o mueren y ya no pueden enviar mensajes a los músculos.
Esto provoca a corto y medio plazo el debilitamiento de los músculos, contracciones involuntarias e incapacidad para mover los brazos, las piernas y el cuerpo.
Suele comenzar con espasmos musculares y debilidad en un brazo o una pierna, dificultad para tragar o para hablar, pero a medida que avanza afecta la capacidad de moverse e incluso de respirar.
La causa más común de muerte para las personas con ELA es la insuficiencia respiratoria, según la Clínica Mayo.
La debilidad en los músculos que intervienen en la deglución también causa mayor riesgo de que entren alimentos, líquidos o saliva en los pulmones, lo que puede causar neumonía
Cerca de un 10% de los casos de personas con ELA responden a una causa genética o hereditaria. En el resto, se desconoce la causa, de acuerdo con esta institución médica.
La ELA es una de las principales enfermedades neurodegenerativas, junto con el Parkinson y el Alzheimer.
La edad es el factor predictivo más importante para su aparición, siendo más prevalente en pacientes de entre 55 y 75 años, según el Ministerio de Sanidad de Brasil.
A la ELA se la conoce también como la enfermedad de Lou Gehrig, el nombre del exjugador de béisbol de los Yankees de Nueva York que la padeció y murió a los 38 años, en 1941.
Los síntomas suelen empezar a manifestarse a partir de los 50 años, pero también pueden aparecer en personas más jóvenes.
Esta enfermedad no suele afectar los sentidos, que incluyen la capacidad del gusto, olfato, vista, tacto y oído.
Entre los síntomas, las personas con ELA presentan:
El riesgo de padecer ELA se ha asociado a factores ambientales, según la Clínica Mayo.
Las pruebas demuestran que fumar es un factor de riesgo, así como la exposición al plomo u otras sustancias en el lugar de trabajo o el hogar.
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