
El K-pop no es solo música: es industria, comunidad, estética y hasta lenguaje propio, y aunque no hay una fórmula especializada para entender el mundo que hay detrás del pop coreano, puedes empezar por conocer algunos de los términos más populares detrás del género que está conquistando al mundo.
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Antes de pasar al glosario, te explicamos la palabra base de todo: Fandom.
Ser parte del fandom de un artista es ir más allá de solo escuchar la música o seguir al grupo en sus redes sociales. Significa tener un papel determinante en la comunidad, al grado de influenciar a los managers del grupo de K-POP para que cambien ciertas decisiones.
Tan solo en México, las fans han tomado un papel más activo al asistir a eventos que se planean con motivo de los cumpleaños de los integrantes o aniversarios de la banda. Entre la comunidad hacen intercambios de artículos de la banda que siguen, una acción que une a las fans para crear recuerdos bonitos.
A continuación algunas definiciones breves de algunos de los términos más usados en el Kpop.
Los seguidores de este género han experimentado un crecimiento exponencial desde 2020. Actualmente, hay mil 180 comunidades activas y es considerado como una industria multimillonaria.
Según Spotify, México es el quinto mercado más grande y la Generación Z es la que lidera, con el 70% de seguidores menores de 29 años.
Incluso el ARMY (seguidores de BTS) es considerado como uno de los FANDOMS más poderosos e influyentes del continente.
Así es como múltiples foros de internet consideran que el K-POP no es solo un género más en la lista de reproducción; se convierte en un estilo de vida. De acuerdo con Apple Music, un fan número 1 escucha al menos 14 horas al día y el fan promedio suele oír 11 horas diarias, desde que amanece hasta que cae la noche.
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Entender el K-pop es entender que la música es solo el inicio. Es un universo con códigos propios donde el fandom tiene poder real y cada detalle importa.

Los pequeños fósiles encontrados en el norte de España pertenecen a una especie recién identificada que habitó nuestro planeta hace millones de años.
Investigadores en el norte de España identificaron una nueva especie de dinosaurio del tamaño de un pollo después de un largo estudio de huesos inusualmente pequeños.
La nueva especie recibió el nombre de Foskeia pelendonum.
Se cree que habitó nuestro planeta hace unos 125 millones de años y pertenece a un grupo extinto de dinosaurios herbívoros llamados ornitópodos. A pesar de su tamaño, la investigación reveló que el dinosaurio tenía un cráneo inesperadamente evolucionado.
“Su anatomía es extraña precisamente de una manera que obliga a replantear los árboles evolutivos”, afirmó la paleontóloga Penélope Cruzado-Caballero, de la Universidad de La Laguna en España.
Los fósiles encontrados pertenecen al menos a cinco individuos diferentes, según una investigación realizada por un equipo internacional liderado por el paleontólogo Paul-Emile Dieudonné, de la Universidad Nacional de Río Negro en Argentina, quien trabaja en este proyecto desde 2013.
“Diría que lo más interesante de este descubrimiento es que demuestra que todavía queda mucho material fósil por encontrar y que la mayoría provendrá de dinosaurios de pequeño tamaño”, declaró Dieudonné a la BBC.
“Los dinosaurios pequeños eran mucho más diversos de lo que pensábamos y es posible que la mayoría de los grupos que conocemos se originaran a partir de dinosaurios pequeños que crecieron con el tiempo”, añadió.
Pero los restos de dinosaurios más pequeños son más frágiles y difíciles de encontrar, señaló Dieudonné. “Desafortunadamente, los restos pequeños están mucho más fragmentados… los sedimentos de algunos huesos pequeños desaparecen con mayor facilidad”, añadió.
Este dinosaurio era inusualmente pequeño, según el paleontólogo Koen Stein, de la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica, quien es coautor del estudio.
Se cree que medía entre 25 y 30 cm de altura, un tamaño comparable al de un pollo.
“Creo que podemos afirmar con seguridad que probablemente se encuentra entre los más pequeños, si no el más pequeño, del continente europeo. Y quizás sea un candidato a ser uno de los dinosaurios más pequeños del mundo en general”, declaró Stein a la BBC, basándose en los hallazgos realizados hasta el momento.
El pequeño tamaño de los fósiles sugería que los dinosaurios podrían haber sido jóvenes. Pero un análisis más profundo indicó lo contrario.
Al menos uno era adulto, explicó Stein, y añadió que, de jóvenes, probablemente caminaban a cuatro patas, mientras que de adultos se volvían más bípedos.
El Foskeia es el rabdodomorfo más antiguo conocido, un grupo dentro de los ornitópodos.
Los rabdodomorfos eran “probablemente muy pequeños desde el principio”, lo que les habría “permitido escapar de los depredadores”, explicó Dieudonné.
“Un tamaño pequeño no es compatible con correr largas distancias, sino más bien con buscar un escondite rápidamente”, añadió.
La mayoría de los fósiles se encontraron en 1998, y algunos más se recuperaron en años posteriores en el mismo yacimiento. Sin embargo, su identificación ha llevado años.
La persona que descubrió el yacimiento y recolectó la mayor parte de los restos fue Fidel Torcida Fernández-Baldor, otro de los coautores del estudio, del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, en el norte de España.
“Desde el principio, supimos que estos huesos eran excepcionales por su diminuto tamaño”, declaró Torcida Fernández-Baldor.
Los investigadores afirman que el descubrimiento del Foskeia —cuyo nombre deriva de la palabra griega antigua que significa luz— es importante para comprender la evolución de los dinosaurios ornitópodos.
“La miniaturización no implicó simplicidad evolutiva”, declaró el paleontólogo Marcos Becerra, coautor del estudio, de la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina.
El Foskeia también presentaba una disposición dental distintiva, con dientes frontales que apuntaban hacia adelante, “como un enorme tridente en el centro”, señaló Dieudonné.
Además de sus dientes “algo peculiares”, poseía una “morfología craneal interesante”, añadió Stein. “Es otro ejemplo de los experimentos que ha realizado la evolución”, concluyó.
Investigaciones anteriores, publicadas en 2016, vincularon provisionalmente los fósiles a un dinosaurio llamado ornitópodo de Vegagete. Sin embargo, no había suficiente información para identificarlo formalmente.
Un avance importante en esta última investigación fue la identificación de nuevos elementos craneales, incluyendo fragmentos de cráneo. Esto permitió la identificación y denominación formal del dinosaurio ornitópodo de Vegagete: Foskeia pelendonum.
“En los seres vivos, en general, la parte del cuerpo que nos proporciona más información es el cráneo. Nos informa sobre el proceso de masticación, la vista y el equilibrio del cuerpo”, explicó Dieudonné.
Añadió que la forma de la cabeza se adapta mucho a las necesidades del animal en su entorno, “por lo que estos huesos craneales, por pequeños y fragmentados que sean, nos brindan mucha información sobre el modo de vida del animal”.
“Es importante documentar estos aspectos para descubrir cómo crecían, cómo vivían, cómo morían y cómo evolucionaron, con el fin de comprender cómo la vida en el pasado ha cambiado continuamente en entornos cambiantes”, explicó.
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