
Con la llegada de BTS a México, el fandom ARMY vuelve a estar en el centro de la conversación, y es que más allá de streams y conciertos, su presencia en redes ha demostrado que organizarse en línea también puede ser una forma de protesta, apoyo social y acción colectiva sin fronteras.
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Lejos de ser un grupo homogéneo, ARMY es una comunidad global, diversa en edades, países y contextos sociales, y lo que les une además de la música de BTS y su amor por la agrupación es una ética compartida: el cuidado mutuo, la empatía y la acción colectiva.
ARMY significa M.C For Youth, que vendría siendo como ‘representante adorable para la juventud’, y si que lo cumplen.
A través de redes sociales, las ARMY han aprendido a coordinarse con rapidez, recaudar fondos, amplificar mensajes y responder a crisis sociales.
Su estructura descentralizada y sin líderes permite actuar de forma orgánica y efectiva, demostrando que el fandom también puede ser una red de apoyo.
Aunque muchas nunca se han visto en persona, las ARMY han construido vínculos sólidos en línea.
Grupos de Telegram, hashtags, cuentas informativas y proyectos colaborativos permiten que una causa local se vuelva global en cuestión de horas.
La distancia geográfica no ha sido un obstáculo: al contrario, se ha convertido en una fortaleza. Desde América Latina hasta Asia, las fans se organizan para responder a emergencias sociales, compartir información verificada y apoyar luchas que no necesariamente ocurren en su propio país.
El historial de activismo de ARMY es amplio y documentado y prueba de que la unión hace la fuerza son todos estos ejemplos que te presentamos a continuación:
Con BTS en México, ARMY no solo se prepara para cantar y celebrar: también reafirma su identidad como una comunidad que entiende el fandom como una herramienta de cambio.
En tiempos donde el activismo digital suele ser cuestionado, las ARMY han demostrado que organizarse en línea puede tener impactos muy reales, incluso a miles de kilómetros de distancia.


Sobrevivientes y familiares de las víctimas de la tragedia en España cuentan cómo sucedió el peor accidente de tren del país en más de una década.
Ana viajaba con su hermana y con su perro en uno de los trenes accidentados el domingo por la noche en el peor accidente ferroviario de España en más de una década.
“Algunas personas estaban bien y otras muy mal. Y las teníamos delante, estábamos viendo cómo morían pero no podíamos hacer nada”, le dice a la agencia de noticias Reuters con una herida visible en la cara, mientras cojea en la entrada al hospital.
Ensangrentada y sin saber muy bien cómo, la sacaron del tren otros pasajeros que rompieron las ventanas. A su hermana, que quedó atrapada, la rescataron los servicios de urgencia y está ingresada en observación un hospital de la zona. Del perro, aún no se sabe nada.
Un tren de la compañía Iryo en el viajaban unas 300 personas con destino a Madrid desde Málaga descarriló sus tres últimos vagones e invadió la vía contigua, chocando con otro convoy que cubría la línea Madrid-Huelva y que también descarriló con 184 pasajeros a bordo.
Al menos 39 personas han muerto y decenas más han resultado heridas. La mayoría eran españoles que regresaban a la capital después del fin de semana.
La colisión ocurrió a las 19.45 horas del domingo cerca de la localidad de Adamuz, en la provincia de Córdoba, a unos 360 km al sur de la capital, Madrid. Dejó 122 heridos, 48 de ellos siguen aún hospitalizados y 12 en cuidados intensivos, según los servicios de emergencia.
Momentos antes del accidente, Ana se dio cuenta de que algo pasaba: “Pensé que no era normal, viajo mucho en tren. Ahí fue donde miré a mi hermana, la busqué y es el último momento que recuerdo antes de que todo se oscureciera. De repente, solo oí gritos”.
Sentados en una silla de plástico verde de la sala de espera del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, Ahmed y Karina Tagedi esperan noticias de su hermano.
“Mi hermano se encuentra bien, dadas las circunstancias, con una fractura en la rodilla izquierda, a la espera de ser trasladado a Huelva”, le dice Ahmed a Reuters.
“Había gente muriendo cerca de él. Me contó que una niña le pedía ayuda. No pudo ayudarla porque tenía una rodilla rota y no podía moverse. Ella pedía ayuda. Se siente mal por no haber podido ayudarla”.
Lucas Meriako, describió la experiencia como una “película de terror”.
“Estábamos en el vagón cinco y empezamos a sentir unos golpes en la vía, nada raro, pero de repente los golpes eran más”, relató al noticiero La Sexta Noticias.
“Nos pasó otro tren por al lado y todo empezó a vibrar mucho más, se sintió un golpe atrás y la sensación de que todo el tren se iba a caer… romper”, describió.
Meriako añadió que el impacto del choque rompió los cristales del tren, desplazó las maletas que les cayeron encima a los pasajeros y se empezaron a escuchar los gemidos de los heridos.
En ese momento, según su testimonio, la gente se empezó a mover ya consciente de la situación y a romper los cristales para salir.
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