
A 15 minutos de caminata del centro comunitario de Sinangoe, en la Amazonía ecuatoriana, se encuentra el río Segueyo. Es de color esmeralda y sus aguas son tranquilas. A sus orillas, unos 50 niños de la guardia indígena infantil Chipiri Kuirasunde’khu escuchaban historias alrededor del fuego.
“Ahí está lo que quedó del árbol de pescado”, dice Melany Guaramag, de 12 años. Se refiere a un mito que da cuenta del origen de los a’i cofán y de la riqueza de peces que una vez hubo en la zona. Ella es la coordinadora de los Chipiri Kuirasunde’khu, un nombre en a’ingae que quiere decir “Pequeños Cuidadores de la Selva”.
La sabia Graciela Quenamá relató la historia en su lengua materna. “Los abuelos se encargan de enseñar de dónde son nuestras raíces para que los niños sientan que debemos ser nosotros, a’i cofán”, puntualiza Érika Narváez, miembro de la guardia adulta de la comunidad y quien se encarga de coordinar las actividades de la guardia infantil.

Guaramag ya había acompañado en algunas ocasiones a la guardia indígena adulta cuando propuso la creación de un grupo para niños y niñas. Habló con Alexandra Narváez, reconocida por haber ganado el Premio Goldman en 2022, pero quien tuvo que enfrentarse a la negativa inicial de su pueblo para convertirse en la primera mujer guardiana de su territorio.
“Le decía que podíamos hacer otro grupo, uno de semilleros”, cuenta la niña. En esta ocasión, la idea fue bien recibida por la comunidad desde un inicio. Un diagnóstico del territorio revelaba que la cultura y el idioma se estaban perdiendo y con ello el conocimiento que les ha permitido conservar cerca de 64 000 hectáreas de selva amazónica. Después de debates en la asamblea comunitaria, se llegó al consenso de que la guardia adulta lleve adelante el proceso.
Diseñaron la metodología y los padres de familia la aceptaron. “El 7 de febrero de 2025 comenzamos a caminar con los Chipiri”, relata Alexandra Narváez. “Estuvimos caminando por el territorio, jugando, escuchando las historias de los abuelos alrededor de una fogata, fue un primer encuentro muy bonito”, añade.

La creación de la guardia infantil se vincula al proyecto de educación propia de Sinangoe. “Buscamos que la educación no solo se imparta entre cuatro paredes como lo establece el Ministerio”, señala Wider Guaramag, presidente de la comunidad. Para los a’i cofán, explica, la enseñanza debe realizarse en todo el territorio y con la pedagogía propia, es decir, aprendiendo con la práctica.
Para el campamento en Segueyo, los niños pidieron carpas y hamacas a la guardia adulta. Prepararon una mochila con alimentos y calzaron sus botas de caucho. A las cuatro de la mañana se reunieron en la casa de toma de medicina, donde los mayores prepararon yokó, una bebida natural energizante. “Mientras tomamos meditamos sobre qué vamos a hacer, qué vamos a encontrar en el bosque, si habrá peligros o no”, relata Érika Narváez.
Partieron a Segueyo en la tarde y al llegar se refrescaron en el río y armaron las carpas. Prepararon juntos los alimentos y comieron mientras los mayores contaban historias.

Al día siguiente, se levantaron temprano e hicieron ejercicio. Después, caminaron por la selva en busca de plantas medicinales. El grupo de Melany encontró yokó, la planta cuya raíz se usa de manera ritual al amanecer. “Vimos cómo se lo corta, cómo se lo cosecha y si es que está listo para cortar”, cuenta la pequeña.
La agrupación se conforma por 47 niños, de entre tres y 15 años. Están divididos en tres grupos: de tres a siete años; de ocho a once años; y de doce a quince años. Miembros de la guardia adulta, los sabios de la comunidad y algunos padres de familia apoyan durante este tipo de actividades.
“Este año, que estamos enseñando en el semillero, los niños ya han empezado a hablar el idioma, porque se estaba perdiendo”, dice Érika Narváez. La abuela Graciela no habla español, entonces los niños que quieren hablar con ella y escuchar sus historias tienen que aprender el idioma. Mientras tanto, Narváez hace de intérprete.

“Hablo algunas palabras con mi papá en casa, pero no entiendo muy bien”, reconoce Melany Guaramag. Pero no se desanima. “Como algunas veces cuentan las historias en a’ingae, más o menos entiendo, si no, les digo a mis compañeros que me traduzcan”, cuenta.
Hablar el idioma materno es fundamental para comprender la cultura, los conocimientos propios y el territorio, de acuerdo con Érika Narváez. “En el semillero se enseña a tener una conexión con el territorio, a protegerlo. Sí es posible que los niños aprendan a mantenerlo vivo, porque si se acaba ya no seremos a’i cofán”, dice.
En el diagnóstico se identificó además que los más jóvenes estaban perdiendo prácticas culturales relacionadas a la soberanía alimentaria y a la salud, dice Patricia Peñaherrera, líder de educación de Amazon Frontlines y asesora técnica de
Sinangoe. Para la especialista, la educación institucionalizada separa a los pueblos indígenas de la familia, del territorio y de la comunidad.

Al revisar el tejido curricular, especialmente el Modelo del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe (MOSEIB), los miembros de Sinangoe identificaron temáticas que no encajaban con su realidad. “Es bastante andino y no acorde con nuestra Amazonía”, puntualiza Wider Guaramag. Por ejemplo, los materiales educativos incluían textos e imágenes de plantas medicinales de la Sierra, en lugar de promover que los estudiantes conozcan su entorno.
Entonces, trabajaron en la construcción de una propuesta curricular propia. “En temas y contenidos se le ha dado importancia al territorio, al trabajo de los mayores para el cuidado de la naturaleza, al proceso histórico de lucha y resistencia”, señala Peñaherrera. Además, se sumaron temas relacionados con la naturaleza y la biodiversidad local.
En Sinangoe son gente de río y les importa mucho el cuidado de las aguas, por eso se hizo un capítulo “grande” al respecto, de acuerdo con la especialista. Aquí se hace un recorrido por el origen del agua desde la cosmovisión a’i cofán, pero no se deja de lado los hechos científicos, como la estructura química del agua.

Ahora, los abuelos visitan la escuela y enseñan, por ejemplo, a tejer canastos o atarrayas, objetos propios de la cultura. Wider Guaramag cuenta que a partir de estas actividades se articulan conocimientos.
Para hacer un canasto parten desde las ciencias naturales y refuerzan la conexión con el territorio al reflexionar o buscar el origen de las fibras vegetales. Mientras los niños aprenden a tejer, los abuelos cuentan mitos y leyendas referentes, cubriendo el área de ciencias sociales. También se articula el conocimiento matemático, reconociendo figuras geométricas en el tejido.
Otro cambio que realizaron tuvo que ver con el idioma. El MOSEIB contempla que los niños tengan una asignatura de lengua materna, no obstante, los miembros de Sinangoe creen que el a’ingae debe atravesar todo el proceso de enseñanza y estar presente en todas las asignaturas. “Es blindar el cuidado de la identidad cultural del territorio”, dice Guaramag.

Miembros de la comunidad y también de los pueblos waorani de Pastaza y Siekopai marcharon en Quito el pasado 20 de enero para exigir al Ministerio de Educación que registre formalmente los proyectos de educación propia. Aunque es un derecho constitucional, no ha sido reconocido oficialmente.
En la tarde, las comitivas se reunieron con José Luis Torres, viceministro de educación; José Atupaña, secretario de educación intercultural bilingüe y etnoeducación; y Ángela Tipán, subsecretaria general de la vicepresidencia de la República.
Los líderes de las tres nacionalidades indígenas presentaron los proyectos que ya están aplicando en sus pueblos y las autoridades se comprometieron a revisarlos, hacer observaciones y formular una hoja de ruta para el registro. Tentativamente, el 24 de febrero se realizará una nueva reunión junto a equipos técnicos.

“Hemos sido muy cuidadosos en este tema, por eso lo hemos desarrollado con nuestro equipo técnico y esperamos que no existan obstáculos”, dice Guaramag. El proyecto lleva un año de aplicación en Sinangoe y dos años desde su construcción. Los waorani lo implementan desde hace seis años y los siekopai desde hace casi tres.
Sinangoe, sin embargo, no ha tenido experiencias positivas con el Ministerio de Educación. En 2018, la erosión regresiva del río Aguarico, derrumbó la escuela. Desde esa fecha, los niños reciben clases en bodegas, una casa comunal y un espacio que construyó la comunidad. En 2024, un tribunal ordenó que el Estado presentara en 60 días un cronograma para la construcción de la escuela, pero las autoridades habrían admitido no tener fondos para la obra, de acuerdo con Guaramag.
A la par de la elaboración del tejido curricular propio, Sinangoe desarrolló un proyecto comunitario educativo. “Necesitamos volver a vivir como a’i cofán”, sostiene el presidente de la comunidad. Es que, desde la colonización y evangelización, prácticas tradicionales han sido reemplazadas por costumbres occidentales.

Por ejemplo, dice, los mayores quieren reforzar la conexión con el territorio para que los jóvenes no caigan en las redes de la minería ilegal –una actividad que acecha la comunidad– ni se dejen dividir por las promesas de beneficios económicos de concesiones mineras inconsultas, como ha pasado ya en otras comunidades indígenas.
“Si no logramos hoy formar a estos pequeños fuertes en este sentido, vamos a perder el territorio, vamos a perder derechos, vamos a perder prácticamente todo”, afirma Guaramag.
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El proyecto de educación propia y la guardia Chipiri Kuirasunde’khu son los semilleros donde los miembros de Sinangoe quieren abonar. “Este trabajo del cuidado de los bienes del territorio se ha convertido cada vez más en una tarea de todos y de todas, o sea, no de un organismo especializado que hace patrullajes”, dice Peñaherrera.
De hecho, explica el presidente, la guardia infantil tiene el objetivo de formar a niños y niñas que conozcan la selva y la cultura, que tengan una voz propia y que se conviertan en líderes y lideresas.

Conformar la guardia adulta, la que se encarga de mantener las amenazas ambientales fuera y que ya ganó una sentencia en contra de concesiones inconsultas que afectaban a Sinangoe, es voluntario, asegura el presidente. Una vez que los jóvenes cumplan 15 años podrán decidir si unirse a esta agrupación conformada por hombres, mujeres, jóvenes y abuelos.
Ser parte de la guardia infantil ha inspirado a Melany a seguir conociendo la selva y los ríos de los que han vivido sus antepasados. “Me ha dado más ganas de cuidar mi territorio, porque es vida; tenemos plantas, medicina, frutos, animales, pescado, agua limpia, oxígeno, tenemos todo”, asegura.

El aumento de la población en EU se redujo de forma significativa desde mediados de 2024 hasta mediados de 2025 y se espera que siga cayendo. Estos podrían ser sus efectos.
Es una caída histórica. La tasa de crecimiento de la población en Estados Unidos se redujo a 0,5% entre julio de 2024 y junio de 2025, según estimaciones de la Oficina del Censo de ese país.
Se trata de uno de los registros más bajos que ha tenido Estados Unidos desde comienzos del siglo XX y eso incluye momentos tan difíciles como la Gran Depresión o la epidemia de covid-19.
Históricamente, Estados Unidos ha sido un país donde la población ha aumentado de forma constante año a año.
En la década de 1950, durante el llamado “Baby boom” el crecimiento promedio de la población fue del 1,8%, mientras que en los años 90 se ubicó en el 1,2%, reduciéndose al 1% durante la primera década de este siglo.
Desde el año 1900, solamente hay un registro en el que la población estadounidense decreció: ocurrió entre julio de 1917 y junio de 1918, cuando se redujo en unas 60.000 personas, equivalentes al 0,06% de la población de la época.
Esto se debió a la rara combinación de tres factores: las muertes causadas tanto por la epidemia de gripe española como por la I Guerra Mundial, y la caída temporal de la natalidad, asociada también a los dos primeros factores.
En tiempos recientes, el crecimiento poblacional llegó a sus niveles más bajos durante la pandemia cuando cayó a 0,2% en 2021 debido a factores como el aumento de la mortalidad y la reducción forzosa en la llegada de migrantes.
Fuera de los años del covid-19, el único año reciente en que hubo una caída de del crecimiento a niveles similares a los actuales fue 2019, algo que los especialistas atribuyeron a un menor número de nacimientos y a una caída en la migración.
Pero ¿qué está ocurriendo ahora?
La Oficina del Censo de EE.UU. atribuye la caída en el crecimiento de la población a la reducción de la migración internacional neta (NIM, por sus siglas en inglés), que puede entenderse a grandes rasgos como el resultado de restar la cifra de emigrantes (los que se van del país) de los inmigrantes (los que ingresan al país).
“Dado que los nacimientos y las muertes se han mantenido relativamente estables en comparación con el año anterior, la fuerte caída en la migración internacional neta es la principal razón del ritmo de crecimiento más lento que observamos hoy”, dijo Christine Hartley, subdirectora de la división de Estimaciones y Proyecciones de la Oficina del Censo, en una nota de prensa divulgada esta semana.
La experta calificó como “histórica” la caída de la migración internacional neta, que pasó de 2,7 millones (2023-2024) a 1,3 millones (2024-2025).
William Frey, investigador especializado en Demografía del Brookings Institution, un centro de estudios con sede en Washington DC, destaca que la cifra de migración neta de 2,7 millones de 2024 es una de las más altas registradas en tiempos recientes y que, de hecho, incluso los 1,3 millones del último año también es un número elevado si se mide con parámetros históricos.
Tanto Frey como la Oficina del Censo estiman que la tasa de migración internacional neta seguirá cayendo en los próximos años.
Entre los factores que pueden estar afectando al número de migrantes presentes en Estados Unidos y, por ende, el aumento de la población, los expertos otorgan mayor peso a las dificultades cada vez mayores que enfrentan los extranjeros para viajar a EE.UU.
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el gobierno estadounidense ha tomado una gran cantidad de medidas que limitan el ingreso de extranjeros a EE.UU., incluyendo el endurecimiento de las condiciones para la emisión de visas de estudio y de trabajo, así como de las posibilidades para solicitar asilo o refugio.
En paralelo, fronteras adentro, ha aplicado una dura campaña de deportación de migrantes indocumentados que ha incluido, en algunos casos, el envío de estas personas a terceros países como El Salvador.
El gobierno también ha revocado las protecciones temporales que habían sido otorgadas durante el gobierno de Joe Biden a centenares de miles de migrantes a través de mecanismos como el estatus de protección temporal (TPS) o el parole humanitario.
Los funcionarios del gobierno Trump han dejado claro en no están de acuerdo con esas protecciones y les han pedido a las personas favorecidas por las mismas que abandonen voluntariamente el país, so pena de ser deportados por la fuerza.
La reducción drástica en los intentos de ingresar a EE.UU. son evidentes en las estadísticas oficiales. Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) el número de “encuentros” (que es el término que usan para referirse al momento en que los agentes entran en contacto con un extranjero que quiere ingresar al país, pero no cumple con los requisitos exigidos) ocurridos en febrero de 2025 fue de 28.613, lo que equivale a poco más de un 12% de los encuentros registrados en el mismo mes de 2024.
La tendencia a la caída se mantuvo durante el segundo semestre de 2025. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) informó que entre octubre y noviembre de 2025 (los dos primeros meses del año fiscal en EE.UU.) los agentes fronterizos registraron 60.940 “encuentros”.
Según el DHS, esa cifra es más baja que la registrada en cualquier año fiscal previo hasta la fecha y es un 28% menor que el mínimo anterior de 84,293 registrado en el año fiscal 2012.
Frey considera que la reducción del ingreso de extranjeros en EE.UU. ha tenido más peso que las deportaciones en la reciente caída del crecimiento de la población, aunque no descarta que eso cambie en el futuro.
En esa apreciación coinciden Wendy Edelberg, Stan Veuger y Tara Watson, otros expertos del Brookings Institution que a mediados de enero publicaron un análisis sobre el impacto macroeconómico de estas políticas migratorias.
“Aunque las deportaciones y otras salidas reciben más atención mediática, la desaceleración de nuevas llegadas -especialmente a través del parole humanitario, los programas de refugiados y en la frontera suroeste- tiene un efecto mayor en la reducción de los flujos migratorios en 2025”, escribieron.
Pero, ¿qué indica esta caída en el crecimiento de la población estadounidense y qué consecuencias puede tener?
El análisis de la Oficina del Censo detectó que EE.UU. se mueve hacia una migración internacional neta negativa, es decir, hacia una situación en la que sean más las personas que se van del país que las que entran, algo que no ocurre desde 1971.
Eso, según el análisis citado del Brookings Institution, es probable que ya haya ocurrido en 2025.
“Estimamos que la migración neta estuvo entre -295,000 y -10,000 para ese año. Para 2026, proyectamos que la migración neta probablemente seguirá en territorio negativo. Estas cifras vienen con la advertencia de que las recientes reducciones en la transparencia de los datos hacen que las estimaciones sean más inciertas”, escribieron los expertos.
¿Qué significaría esto para la economía estadounidense? Probablemente una desaceleración del empleo y del crecimiento.
Según se explica en el estudio, el auge migratorio experimentado entre 2022 y 2024 “estuvo acompañado de un robusto crecimiento del empleo, con los inmigrantes suministrando mano de obra y generando demanda de bienes y servicios”.
Los expertos estiman que durante la segunda mitad de 2025 el empleo creció a tasas mensuales de entre 20.000 a 50.000 puestos por mes, algo consistente con los flujos migratorios, pero advierten que en 2026 esos números podrían volverse negativos.
“La reducción de la inmigración también tiene efectos moderados de atenuación sobre el PIB y debilitará el gasto del consumidor en un estimado combinado de US$60.000–US$110.000 millones durante los dos años”, advierten.
William Frey señala que la continua reducción de la tasa migratoria se traducirá en que la población estadounidense se vuelva más pequeña y más envejecida.
Se trata de un problema que ya afrontan algunos países europeos y que EE.UU. ha logrado esquivar gracias, en gran medida, a la inmigración que es fundamental para ayudar a aumentar la población joven del país.
El experto señala que los censos de 2010 y 2020 reportaron una disminución de la población menor de 18 años en EE.UU.
“Eso habría sido peor de no ser por los migrantes y sus hijos, porque los inmigrantes son más jóvenes, y hay más mujeres en edad reproductiva. Y eso ayuda a aumentar la tasa de natalidad”, señala.
Explica que aunque en EE.UU. el porcentaje de personas nacidas en el extranjero se ubica en torno al 15%, la inmigración tiene un peso importante entre los menores de 18 años pues en torno al 28% son inmigrantes o hijos de inmigrantes nacidos en el país.
“Así que si reducimos la inmigración, esa población joven no solo seguirá disminuyendo entre los menores de 18 años, sino que también disminuirá la población joven en edad de trabajar. Y si la fuerza laboral en general se estanca en lugar de crecer, eso no es muy bueno para la economía estadounidense”, agrega.
“A alguna gente no le gusta oír esto a veces, pero realmente seguimos siendo una nación de inmigrantes. Es lo que nos hizo exitosos durante nuestros mejores años. Si tenemos que mirar a un futuro en el que ya no seamos una nación de inmigrantes, en la que la población crece aún más lentamente y envejece aún más rápido, creo que eso no nos ayudará ni económicamente ni como una gran potencia, para conectarnos bien con otras partes del mundo”, dice.
“Tenemos una economía global de gente joven que está en internet, que está tratando de abrirse camino en industrias y oportunidades de aprendizaje que están por todo el mundo. Son los jóvenes los que hacen eso, no los viejos. Y por eso necesitamos tener más de esos jóvenes. Y si podemos obtenerlos de otros países, eso será muy bueno”, concluye.
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