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“Buscar no debe costar la vida”: Familias de desaparecidos llevan a CIDH peticiones de seguridad para buscadores
“Buscar no debe costar la vida”: Familias de desaparecidos llevan a CIDH peticiones de seguridad para buscadores
Desde 2010 han sido asesinados más de 20 buscadores. (Foto: Cuartoscuro Archivo)
9 minutos de lectura

“Buscar no debe costar la vida”: Familias de desaparecidos llevan a CIDH peticiones de seguridad para buscadores

Más de 20 personas buscadoras han sido asesinadas o desaparecidas en México; muchas siguen buscando entre amenazas. Colectivos exigieron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos protección, seguridad y ser reconocidas como defensoras de derechos humanos.
28 de febrero, 2024
Por: Marcela Nochebuena

“Buscar no debe costar la vida” fue el mensaje central de la audiencia durante la que este miércoles 28 de febrero familiares y colectivos pidieron la intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para exigir al Estado mexicano medidas de protección y seguridad para personas buscadoras ante el incremento de amenazas y asesinatos hacia ellas.

Como parte de la exposición inicial, el activista Raymundo Sandoval apuntó que la Plataforma por la Paz y la Justicia ha registrado desde 2010 el asesinato de más de 20 personas buscadoras, 15 de ellas durante este sexenio. Después, la oficina en México del Alto Comisionado de la ONU agregó que de 2019 a la fecha, el organismo tiene documentados al menos nueve casos de mujeres asesinadas como posible represalía a la búsqueda.

Además, Sandoval recordó que desde la notificación de que se llevaría a cabo la audiencia, dos personas más fueron asesinadas: Angelita Almeras, en Tecate, Baja California, y Noé Sandoval, en Zumpango del Río, Guerrero, mientras que Lorenza Cano, integrante del colectivo Salamanca Unidos Buscando Desaparecidos, permanece desaparecida.

En tanto, Alejandra Martínez, integrante del colectivo Por las voces sin justicia de Sinaloa y hermana de Ismael Alejandro Martínez Carrizales, desaparecido el 12 de julio de 2020, habló de los riesgos y los impactos –que las familias incluso normalizan, dijo– a través del caso de Rosario Lilián, que buscaba a su hijo en La Cruz, Sinaloa, desde el 2019 y fue asesinada por sus acciones de búsqueda en 2022. La mataron a golpes, le pasaron una camioneta por encima y envolvieron su cuerpo en la lona que llevaba la foto de su hijo. Antes, las amenazas habían sido muchas.

“A Rosario el crimen organizado también le llamaba por teléfono. Nunca supo de dónde tenían su número pero les repetía que ella solo quería saber en dónde estaba su hijo. Se reunió con ellos para implorarles que le dijeran dónde estaba. Rosario buscaba todo el tiempo, pero sobre todo por las noches porque de día trabajaba en el campo, en el corte de chile. Nosotros, como colectivo, íbamos a apoyarla, ella localizaba lugares donde posiblemente había cuerpos, a veces no podía esperarnos y escarbaba la tierra sola. Nos mandaba fotos y nos preguntaba ‘¿estos serán restos humanos?”, relató Martínez.

Familias de desaparecidos realizan una jornada de búsqueda en México.
Los colectivos acusan abandono por parte de las autoridades. (Foto: Cuartoscuro Archivo).

La buscadora denunció ocasiones en que la seguridad que las acompañaba las dejó solas porque surgía algún enfrentamiento, la vigilancia permanente de “halcones” –personas en motocicletas– del crimen organizado y extorsión por parte de la fiscalía estatal. “Lo que les cuento de nuestro colectivo y del asesinato de Rosario Lilián es algo que vivimos las buscadoras en todo el país: Nos siguen, nos amenazan, nos amedrentan, nos criminalizan y nos revictimizan, pero seguimos buscando”, agregó.

“Rastreamos la huella de la vida, y nos encontramos con nuestra propia muerte”

Javier Barajas Barrera, del colectivo Ángeles de Pie por Ti de Guanajuato y padre de María Guadalupe Barajas Piña, desaparecida el 29 de febrero de 2020, la encontró un año después, en compañía de su hijo Francisco Javier Barajas Piña, en una fosa clandestina en San Juan de Salvatierra con 80 cuerpos más. Por su insistencia en la búsqueda, Francisco Javier fue asesinado el 29 de mayo de 2021.

Finalmente, Javier y su esposa fueron desplazados por la violencia. “Lo más doloroso de ser desplazados es que no podemos ir a las búsquedas con el colectivo al que pertenecemos: No solo nos arrebataron a nuestros hijos, sino la posibilidad de seguir buscando a los que nos faltan. Como buscadores, rastreamos la huella de la vida, y nos encontramos con nuestra propia muerte”, relató.

Bibiana Mendoza, hermana de Manuel Ojeda Negrete, desaparecido el 8 de enero de 2018, subrayó que en México las instituciones están rebasadas y los mecanismos de protección que brinda el estado son ineficientes, pues cuando quieren acceder a ellos, les piden demostrar las agresiones que han sufrido, pero en muchas ocasiones, las autoridades también son perpetradoras. Por ello, han solicitado ser consideradas como defensoras de derechos humanos, lo que les ha sido negado.

Marcha de colectivos y familias de desaparecidos en México, exigen atención y seguridad.
Los colectivos piden que las personas buscadoras sean reconocidas como defensoras de DDHH. (Foto: Cuartoscuro Archivo).

Peticiones a la Comisión Interamericana por parte de las familias

Familiares y activistas concluyeron su presentación inicial con la enumeración de sus peticiones a la CIDH, en la voz de María de Vecchi, oficial de Verdad y Memoria de Artículo 19: Que urja al Estado mexicano a reconocer a las personas buscadoras como defensoras de derechos humanos y que sus riesgos están asociados a sus actividades de búsqueda, además de requerir que el Mecanismo de Protección de Personas Defensoras y Periodistas informe cuántas personas buscadoras han solicitado medidas de protección, cuántas han sido otorgadas y cuántas rechazadas, así como qué medidas se les han otorgado.

Asimismo, que exhorte al Estado para que ese mecanismo defina esquemas de protección colectiva para las búsquedas independientes reconociendo su diversidad, que se lleve a cabo una urgente visita de la CIDH a México con especial atención al tema de desapariciones y protección de personas buscadoras, y que se incluya la información presentada durante la audiencia en el informe temático “Desapariciones en México” que prepara la CIDH.

También solicitaron que la relatoría de personas defensoras y la unidad a cargo de medidas cautelares de la CIDH revise las peticiones individuales y medidas presentadas sobre el tema, especialmente las de Franciso Javier Espinoza Almanza, Ismael Alejandro Martínez Carrizales y Guadalupe Alejandra Aguilar Jaúregui, y que solicite información al Estado respecto a la respuesta que han dado las comisiones locales y la nacional a las peticiones de familiares de realizar búsquedas en puntos ubicados por colectivos. Adicionalmente, que requiera al Estado información sobre la investigación y, en su caso, sanción a los asesinatos y desapariciones de personas buscadoras. Para contribuir, las peticionarias ofrecieron enviar los casos que han identificado, sin que se trate de una lista exhaustiva.

Durante su intervención, representantes del Estado mexicano –todos mandos medios de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) y la Secretaría de Gobernación, sin la presencia de la titular de la CNB, que solo apareció accidentalmente al inicio de la transmisión– se limitaron a citar el marco legal y normativo general en materia de desaparición, sin especificar acciones concretas en torno a las amenazas y asesinatos de personas buscadoras, ni datos específicos sobre los mecanismos de seguridad y protección para ellas.

En tanto, Jesús Peña, de la oficina en México del Alto Comisionado de la ONU, hizo énfasis en que los riesgos que enfrentan las personas buscadoras las han llevado a hacer llamados desesperados al crimen organizado, por lo que es necesario reconocer el papel de las víctimas, que todas las instituciones de búsqueda sean eficientes, cuenten con recursos y se coordinen, así como garantizar su protección conforme al Protocolo Homologado de Búsqueda.

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México.
Familiares de desaparecidos señalan que el nuevo censo de AMLO es violatorio de la ley. (Foto: Cuartoscuro Archivo).

Finalmente, la Comisión requirió al Estado mexicano que responda por escrito: ¿Qué medidas está tomando para garantizar la investigación y sanción de los asesinatos a personas buscadoras? ¿Cuántas condenas hay a autores materiales e intelectuales? ¿Cuántas autoridades están siendo investigadas por garantizar impunidad?

“Estamos aquí porque ustedes nos han cerrado las puertas”

Ante la falta de respuestas concretas del Estado mexicano, Bibiana Mendoza le recordó a sus representantes que las familias y colectivos estaban en la audiencia porque el gobierno les ha cerrado las puertas, y que en México la violencia está lejos de parar. Recordó también que el reciente “nuevo censo” emprendido por el Gobierno de México es violatorio de la ley y del Protocolo Homologado de Búsqueda.

“Lo que se propone es reducir las cifras de personas desaparecidas, y es absurdo que de esta manera el Estado mexicano diga que está buscando a nuestros familiares, cuando la realidad es que nuestro país es una fosa clandestina”, remarcó ante la CIDH.

Mientras concluía la audiencia, familias y colectivos presentaron en un video las fichas de los casos particulares que han identificado de 2010 a la fecha:

-Marisela Escobedo Ortiz. Asesinada el 16 de diciembre de 2010 en Chihuahua, Chihuahua. Exigía justicia por el feminicidio de su hija Rubí Marisol Frayre Escobedo, de 16 años.

-Nepomuceno Moreno Núñez. Asesinado el 28 de noviembre de 2011 en Hermosillo, Sonora. Buscaba a su hijo Jorge Mario Moreno, desaparecido el 10 de julio de 2010.

-Sandra Luz Hernández. Asesinada el 12 de mayo de 2015 en Culiacán, Sinaloa. Buscaba a su hijo Édgar García Hernández, desaparecido en febrero de 2012.

-Miriam Rodríguez Martínez. Asesinada el 10 de mayo de 2017 en San Fernando, Tamaulipas. Buscaba a su hija Karen Alejandra Salinas Rodríguez, desaparecida en 2012.

-José Iván Orozco Medina. Asesinado el 11 de enero de 2018 en Uruapan, Michoacán. Buscaba a su padre Leonel Orozco Ortiz y a sus hermanos Leonel y Moisés Orozco Medina, desaparecidos en 2008, 2009 y 2012 en Michoacán.

-Zenaida Pulido Lombera, asesinada el 20 de julio de 2029 en Aquila, Michoacán. Buscaba a su esposo, quien había desaparecido 17 años atrás.

-María del Rosario Zavala Aguilar. Asesinada el 14 de octubre de 2020 en León, Guanajuato. Madre de Yatziri Misael Cardona Zavala, desaparecido en diciembre de 2019.

-Jorge Ulises Cardona Zavala. Asesinado el 27 de junio de 2022 en León, Guanajuato. Hermano de Yatziri Misael Cardona Zavala, desaparecido en diciembre de 2019.

-Francisco Javier Barajas Piña. Asesinado el 29 de mayo de 2021 en Salvatierra, Guanajuato. Hermano de María Guadalupe Barajas Piña, desaparecida el 29 de febrero de 2020.

-Gladys Aranza Ramos Gurrola. Asesinada el 15 de julio de 2021 en Guaymas, Sonora. Buscaba a su esposo Bryan Omar Celaya, desaparecido el 6 de diciembre de 2020.

-José Nicanor Araiza Dávila. Asesinado el 27 de julio de 2021 en Concepción del Oro, Zacatecas. Buscaba a su hijo José Nicanor Araiza Hernández, desaparecido el 30 de septiembre de 2018.

-Ana Luisa Garduño Juárez. Asesinada el 27 de enero de 2022 en Temixco, Morelos. Exigía justicia ante el feminicidio de su hija Ana Karen Huicochea en 2012.

-Brenda Jazmín Beltrán Jaime. Asesinada el 17 de julio de 2022 en Cajeme, Sonora. Buscaba a su hermano Luis Heraldo Beltrán desde 2018.

-Grisell Pérez Rivera. Asesinada el 23 de agosto de 2022 en Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo. No era familiar de persona desaparecida, pero dedicó varios años al acompañamiento de familiares de víctimas de feminicidios y mujeres desaparecidas.

-Rosario Lilián Rodríguez Barraza. Asesinada el 31 de agosto de 2022 en La Cruz Elota, Sinaloa. Buscaba a su hijo Fernando Abixahi Ramírez Rodríguez, desaparecido el 16 de octubre de 2019, y a su hermana Diana Carolina Rodríguez Sánchez, desaparecida el 27 de septiembre de 2019.

-Buscadora asesinada el 4 de octubre de 2022 en Puebla, Puebla. Buscaba a su hija desaparecida el 13 de enero de 2021.

-María del Carmen Vázquez Ramírez. Asesinada el 6 de noviembre de 2022 en Abasolo, Guanajuato. Buscaba a su hijo Osmar Zúñiga Vázquez, desaparecido el 14 de junio de 2022.

-Teresa Magueyal Ramirez. Asesinada el 2 de mayo de 2023 en San Miguel Octopan, Celaya, Guanajuato. Buscaba a su hijo José Luis Apaseo Magueyal, desaparecido en abril de 2020.

-Griselda Armas. Asesinada en Tacámbaro, Michoacán el 23 de octubre de 2023. Buscaba a su hijo Diego Yahir Valdovinos Armas, desaparecido en septiembre de ese año.

-Lorenza Cano Flores. Desaparecida en Salamanca, Guanajuato el 15 de enero de 2024. Buscaba a su hermano José Francisco Cano Flores, desaparecido el 17 de noviembre de 2018. Un comando armado entró a su casa para llevársela, y asesinó a su esposo y su hijo.

-Angelita Almeras León. Asesinada el 8 de febrero de 2024 en Tecate, Baja California. Buscaba a su hermano José Juan Vázquez León, desaparecido el 27 de junio de 2018.

-Noé Sandoval Adame. Asesinado el 13 de febrero de 2024 en Zumpango, Guerrero. Buscaba a su hijo Kevin Sandoval Mesa, desaparecido el 17 de noviembre de 2023. 

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Imagen BBC
¿Serías una persona diferente si hubieras crecido en otro lugar? Esto dicen algunas investigaciones
10 minutos de lectura

¿Serías una persona diferente si hubieras crecido en otro lugar? Cada vez más investigaciones ayudan a responder esta antigua pregunta sobre la naturaleza y la crianza, y su impacto en tu identidad.

17 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Era una tarde calurosa en el pequeño pueblo cerca de Calcuta, India, y los adultos dormían. Mi prima y yo estábamos sentadas en el suelo comiendo arroz inflado con aceite de mostaza cuando volteó hacia mí y me preguntó: “¿Es cierto que en Suecia se come vaca y cerdo?”.

Yo, que por aquel entonces tenía unos 10 años, asentí con vergüenza. “¿Entonces también comen perros y gatos?”, preguntó. Era una pregunta perfectamente lógica. Si se puede comer un mamífero de cuatro patas, ¿por qué no otro?

Habiendo crecido en Suecia, aunque de madre india, no era algo en lo que hubiera pensado antes: el vegetarianismo era poco común en aquella época, sobre todo en Europa, y los niños suecos estaban acostumbrados a ver a las vacas como fuente de alimento.

Mi prima, en cambio, era una apasionada de los animales y tenía la costumbre de rescatar a las criaturas que percibía en peligro. No comía carne.

Mis visitas a India estuvieron llenas de momentos así, que me hicieron darme cuenta de cuánto influye la cultura en nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos.

Si hubiera crecido en India, ¿habría tenido una moral diferente? ¿Un sentido del humor diferente? ¿Sueños, aficiones y aspiraciones diferentes? ¿Seguiría siendo yo?

Estas son preguntas que científicos y filósofos se han planteado durante siglos, y ahora un nuevo campo de estudio, la Psicología Intercultural, está comenzando a investigar posibles respuestas.

Naturaleza vs. crianza

En cierto sentido, el ADN de cada ser humano es único y su estructura fundamental (en términos generales) no cambia según el lugar al que vayamos.

Pero el ADN por sí solo no nos define como somos, afirma Ziada Ayorech, genetista psiquiátrica de la Universidad de Oslo, Noruega. Nacida en Uganda, Ayorech se mudó a Canadá a los tres años, pasó la mayor parte de su vida en Reino Unido y luego se mudó a Noruega hace un par de años.

“Cuando pienso en todos los lugares en los que he vivido y cómo han influido en mi perspectiva, intuitivamente me imagino que es imposible que eso no haya marcado la diferencia”, dice Ayorech.

Para explorar esto, los científicos suelen utilizar estudios que comparan a gemelos idénticos, que comparten un ADN casi idéntico, con gemelos no idénticos, que comparten, en promedio, la mitad de su genoma.

De esta manera, si los gemelos idénticos tienen mayor o menor probabilidad de compartir un rasgo que los gemelos no idénticos, esto sugiere que ese rasgo está más determinado por la genética que por el entorno.

En un amplio análisis llevado a cabo en 2015 de casi 50 años de estudios sobre 17.000 rasgos diferentes en 14 millones de gemelos de todo el mundo, que abarcaba desde la educación y las creencias políticas hasta las enfermedades psiquiátricas, los científicos concluyeron que la genética explica, en promedio, solo el 50% de las diferencias.

“Es esa combinación de naturaleza y crianza la que nos define y contribuye a nuestras creencias y culturas”, afirma Ayorech. “Por lo tanto, no podríamos tener esa misma combinación en otro lugar”.

El entorno influye más en algunos rasgos que en otros, por supuesto. Las investigaciones demuestran que el coeficiente intelectual es, en promedio, más del 50% hereditario, con la salvedad de que la genética desempeña un papel más importante en etapas posteriores de la vida que en la infancia.

Mientras que los rasgos de personalidad son hereditarios en aproximadamente un 40% y, por lo tanto, están más influenciados por el entorno (esto no significa que el 40% de la extroversión de una persona se deba a sus genes, sino que el 40% de las diferencias en extroversión en una población en su conjunto se pueden explicar por la genética).

ilustración de dos siluetas de niños con imágenes de lugares
Getty Images/BBC
El entorno en el que crecemos puede moldear algunos aspectos de nuestra personalidad más que otros.

Aunque Ayorech es bastante extrovertida, afirma que Noruega favorece menos las expresiones extrovertidas con las que está familiarizada. Por ejemplo, es menos probable que uno inicie una conversación espontánea con un desconocido en las calles de Oslo. Esto la ha cambiado, afirma.

“Si comparas mi versión de vivir aquí en Noruega con la de vivir en Reino Unido, sería justo decir que ahora soy menos extrovertida”, afirma Ayorech. Pero dada su composición genética, es poco probable que pierda por completo su extroversión.

Sigue gravitando inconscientemente hacia actividades que fomenten interacciones más espontáneas, añade Ayorech. “Tendemos a buscar entornos acordes con nuestros rasgos genéticos”.

A su vez, esta combinación moldea nuestro cerebro con el tiempo, permitiéndonos desarrollarnos como personas. Las vías neuronales se forman y consolidan a medida que integramos experiencias, según Ching-Yu Huang, psicóloga intercultural de la Universidad Nacional de Taiwán. Ella argumenta que la cultura es una “parte absolutamente crucial” de la persona en la que nos convertiremos.

“Habrías sido una persona diferente si hubieras crecido en Taiwán”, me dice con seguridad. “El cerebro que tienes ahora sería muy diferente si hubieras nacido y crecido en Taiwán, incluso teniendo el mismo ADN”.

“Cuando en Roma”: psicología intercultural

Vivian Vignoles, psicóloga intercultural de la Universidad de Sussex, coincide: “Creo que la gente tiende a sobreestimularse con el aspecto genético”, afirma. “Sean cuales sean tus genes, necesitas un entorno específico para que afloren”.

Si bien la idea básica de que la cultura influye en cómo las personas se perciben a sí mismas cuenta actualmente con un sólido respaldo en psicología, a mediados del siglo XX sorprendió a algunos psicólogos, dice Vignoles.

Durante mucho tiempo, los científicos habían asumido que la psicología humana era universal y que los resultados de estudios sobre el comportamiento humano realizados en Estados Unidos y Europa serían válidos en todo el mundo.

Sin embargo, al estudiar y comparar la psicología de otros lugares, Vignoles y otros han descubierto que no es así.

Por ejemplo, los experimentos sugieren que las personas en Occidente tienden a ser más individualistas y se perciben más a sí mismas en función de sus rasgos personales -como ser graciosos, inteligentes o amables- en comparación con las personas en Japón, que tienden a ser más colectivistas y tienden a definirse en función de sus roles sociales, como ser padre o estudiante.

En un estudio que comparó escáneres cerebrales, los occidentales mostraron que la parte del cerebro responsable de la autoconciencia se activaba al pensar en sí mismos, mientras que los participantes chinos también lo hacían al pensar en sus madres.

dos siluetas de mujeres con imágenes de lugares
Getty Images/BBC
Tu disposición a obedecer a la autoridad, tus niveles de extroversión o apertura pueden variar según la cultura en la que creciste.

En pruebas similares, Huang y sus colegas analizaron si los hijos de inmigrantes de origen chino en Inglaterra (que habían llegado al país desde diferentes partes de la República Popular China, Hong Kong, Taiwán, Vietnam y Malasia) percibían la autoridad de forma diferente a la de los niños ingleses no inmigrantes y a la de los niños taiwaneses que habían vivido toda su vida en Taiwán.

Todos los niños de los tres grupos tenían la misma probabilidad de obedecer a sus padres, pero los niños taiwaneses eran más propensos a hacerlo incluso cuando se mostraban inicialmente reacios, en comparación con los inmigrantes chinos criados en Inglaterra.

Huang argumenta que esto probablemente se deba a que las culturas taiwanesa y china valoran la obediencia y el respeto a los padres, mientras que los niños cuyas familias habían emigrado a Inglaterra probablemente se vieron influenciados por la cultura del Reino Unido para volverse más individualistas.

Yo… ¿estable o maleable?

Un estudio de 2022 que comparó pruebas de rasgos de personalidad en 22 países reveló que las personas que vivían en un grupo de países con culturas que priorizan la autodisciplina -como Albania, India, Alemania, Francia, Hong Kong y China- obtuvieron puntuaciones más altas en medidas de responsabilidad y organización.

En cambio, los países con culturas más igualitarias, flexibles e individualistas -como Canadá, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Reino Unido, Irlanda, Noruega y Filipinas- mostraron mayores niveles de afinidad y apertura a la experiencia.

Investigadores también identificaron recientemente que las culturas occidentales son más propensas a ser monumentalistas, considerando el yo como algo estable e inmutable, como un monumento, afirma Vignoles.

Las culturas flexibles, comunes en los países del este asiático, por otro lado, consideran el yo como algo más maleable.

dos siluetas de hombres con imágenes de lugares
Getty Images/BBC
El lugar donde creces no lo es todo, ya que las personalidades, por supuesto, también pueden variar dentro de un mismo país y cultura

Otra diferencia cultural es el grado en que las personas perciben el contexto. Un estudio pidió a los participantes que describieran una serie de escenas submarinas y descubrió que los participantes occidentales se centraban más en objetos individuales, mientras que los japoneses enfatizaban el contexto más amplio, como el color del agua circundante o la relación entre los diferentes objetos.

“Existe evidencia de que en las culturas occidentales, en particular en la estadounidense, las personas tienden a atribuir ese comportamiento a las características de la persona más que a la situación”, afirma Vignoles.

En la sala de espera de un dentista, añade Vignoles, un occidental tiende a interpretar a una persona que parece ansiosa como ansiosa en general, en lugar de simplemente como alguien ansioso por una extracción dental en ese contexto.

Sin embargo, estos resultados siempre deben tomarse con cautela, agrega, ya que es extremadamente difícil desentrañar el comportamiento, la personalidad, la cultura y muchas otras influencias que impactan en este ámbito, y aún queda mucha investigación por realizar en este campo.

Por ejemplo, un creciente número de estudios sugiere que la visión binaria este-oeste del individualismo frente al colectivismo es “demasiado simplista”, dice Vignoles, y que el colectivismo que se manifiesta en muchas de estas pruebas probablemente sea más una característica del desarrollo económico que de la cultura.

Es más, las mediciones del individualismo en un país pueden pasar por alto variaciones importantes entre grupos o individuos específicos de esa nación.

Y muchos estudios en este ámbito se basan en respuestas autodeclaradas de personas, que no siempre son precisas, en lugar de pruebas estandarizadas objetivas.

La perspectiva filosófica sobre el enigma

Quizás la pregunta de si seríamos la misma persona en una cultura diferente sea, en última instancia, una cuestión filosófica que cuestiona el concepto del yo.

Una encuesta en línea realizada en 2020 a filósofos angloparlantes reveló que el 19% apoyaba la idea de que cada individuo es un animal específico, resultado de un espermatozoide y un óvulo específicos, y que no son los pensamientos, sentimientos o recuerdos los que lo hacen ser quien es.

“Desde esta perspectiva, incluso si se borraran tus recuerdos, seguirías siendo la misma persona”, explica Philip Goff, filósofo de la Universidad de Durham.

De igual manera, alrededor del 14% apoyaba las teorías que sugieren que el yo no es biológico, sino que está encapsulado en algo parecido a un alma, y que eso es lo que nos hace ser quienes somos, sin importar dónde hayamos crecido.

De hecho, los estudios muestran que muchas personas creen tener un “yo verdadero” que es fundamentalmente moralmente bueno, y que esto no debería cambiar según su lugar de residencia.

Pero otros filósofos sostienen que el entorno también moldea la identidad esencial de una persona, una teoría denominada constructivismo social.

De hecho, la política también parece influir. En un experimento, investigadores pidieron a personas con diferentes opiniones políticas que evaluaran la moralidad de un hombre cristiano que se sentía atraído por otros hombres.

Las personas que se identificaron como liberales pensaron que el hombre actuaba según su verdadero yo, mientras que las que se identificaron como conservadoras creyeron, en cambio, que iba en contra de su verdadero yo cristiano.

El propio Goff cree que existe una especie de “unidad fundamental” de células y partículas -y que la consciencia está intrínsecamente integrada en este hardware- que nos define como personas, sin importar dónde crecemos. Pero esto probablemente cambie con el tiempo a medida que crecemos y maduramos.

“Estos son solo conceptos humanos de lo que es una ‘persona’ o un ‘yo'”, dice Goff. Probablemente no haya una respuesta definitiva, dice, sobre si “esa persona en una circunstancia muy diferente sería yo o no”.

Para quienes han crecido en más de una cultura, es difícil superar la sensación de que los seres humanos son, en gran medida, producto de su entorno social.

Aunque es difícil saber exactamente quién habría sido yo si hubiera pasado toda mi vida en ese pueblo a las afueras de Calcuta, estoy bastante segura de que tendría algunos indicios.

Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.

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