
El avance de Morena en Chihuahua en la elección de este 2 de junio rompió el dominio político que por décadas mantuvieron el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN) en la entidad.
Las cifras del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) del Instituto Estatal Electoral de la entidad correspondientes a las elecciones de Ayuntamientos evidencian la conquista de Morena en varias regiones del territorio de Chihuahua, particularmente en la zona serrana.
Según los datos publicados hasta el momento, ya sea en alianza o solo, Morena gobernará en 16 municipios: Allende, Chínipas, El Tule, Guadalupe y Calvo, Huejotitán, Ignacio Zaragoza, Jiménez, Juárez, Madera, Matachí, Morelos, Moris, Namiquipa, Nuevo Casas Grandes, Temósachic y Urique.
El salto es considerable si se toma en cuenta que hace seis años Morena logró el triunfo en apenas cinco demarcaciones.
Para 2018, el PAN (solo o con alianza), se alzó con el triunfo en 40 municipios, mientras que el PRI (por sí mismo) ganó en 20 más: la dupla partidista lograba gobernar en 60 de los 67 ayuntamientos de la entidad.

Los resultados preliminares indican que para esta elecció PAN y PRI solos o con alianzan alcanzaron en conjunto 39 municipios, el PRI por sí mismo no se llevó ni uno solo de los triunfos.
Mientras que Juárez se consolidó como pilar de Morena con el 57.7% de los votos emitidos a su favor, Chihuahua capital reforzó su tradición panista al ganar con el 58.7% de los sufragios.
En 2018 el estado de Chihuahua se sumó a la tendencia nacional de dar el triunfo a Andrés Manuel López Obrador, postulado por Morena-PT-PES, con el 43% del total de los votos emitidos en la entidad.
Ricardo Anaya, abanderado del PAN-PRD-MC, obtendría el 28.4% de la votación, mientras que José Antonio Meade, postulado por PRI-Verde-NA, llegó al 16.1% de los sufragios. Sumados los votos del PRI y el PAN daban un 44.5% del total de la votación emitida en la entidad, es decir, más de lo obtenido por López Obrador.
El escenario de este 2 de junio fue todavía más abrumador para Morena. Su candidata, Claudia Sheinbaum, logró el 52.6% de toda la votación emitida para la Presidencia de la República, frente al 35.37% para Xóchitl Gálvez del PRI-PAN-PRD.
De confirmarse el escenario en los cómputos distritales, estos resultados muestran que Morena desdibujó a la oposición que habría perdido más de 10 puntos porcentuales de una elección a otra en una entidad en la que PRI y PAN han sido los únicos partidos gobernantes.
PRI y PAN (en alianza con el PRD para estos comicios) consolidarán su mayoría en el Congreso de Chihuahua, pues lograron el triunfo en al menos 13 distritos locales.
En la elección concurrente de 2018, el antecedente de este proceso, los dos partidos obtuvieron en conjunto 12 distritos locales.
Morena y sus aliados pasaron de 10 a ocho triunfos en lo local, con triunfos únicamente en los distritos electorales correspondientes a Ciudad Juárez.
Con una diferencia de apenas 0.50% entre el primer y el segundo lugar y más de 300 actas pendientes de captura, el resultado en el distrito de Nuevo Casas Grandes está pendiente de confirmarse en el cómputo distrital que determinará si el triunfo corresponde a la alianza PRI-PAN-PRD o a Morena-PT.
En el caso del Senado, la fórmula de Morena-PT-Partido Verde con Andrea Chávez y Juan Carlos Loera será la que llegue como mayoría relativa, mientras que el panista Mario Vázquez lo hará como primera minoría, lo que asemeja al reparto de escaños de 2018.
Los números obtenidos por Morena indican que obtuvo cinco de cada diez sufragios emitidos en la entidad para la elección del Senado, es decir, el 51.1%, un aumento de casi 15 puntos porcentuales respecto del 2018.

En contraste, el PAN y PRI (con sus aliados) pasaron de tener un porcentaje acumulado de 51.1% a apenas el 37.9% para esta elección.
El reparto de las diputaciones federales permanecerá también sin cambio, con Morena-PT-Partido Verde con cinco curules y PAN-PRI-PRD con cuatro.
Al igual que sucedió en la elección del Senado, la alianza encabezada por Morena ganó cinco de cada diez votos frente al 38.8% de PAN-PRI-PRD.
Esta nota se publicó originalmente en La Verdad.

La decisión de la Corte representa un inusual freno al amplio uso de la autoridad ejecutiva por parte de Trump. Durante el último año, la mayoría de los jueces se han mostrado dispuestos a permitir que siga adelante con su agenda, en particular en materia de migración y reestructuración del gobierno federal.
Donald Trump llevaba meses advirtiendo que una decisión de la Corte Suprema como esta sería catastrófica.
Si la corte restringía su capacidad para imponer estos aranceles, había dicho, sería un “desastre económico y de seguridad nacional”.
La mayoría de seis jueces de la Corte Suprema, al fallar en contra del presidente el viernes, hizo caso omiso de sus preocupaciones.
El Congreso, no el presidente, tiene la facultad de imponer aranceles, dictaminaron los jueces. Y nada en la ley en la que el presidente basó sus aranceles, la Ley de Poderes Económicos de Emergencia de 1977, dio poderes tan amplios a Trump.
En una conferencia de prensa organizada apresuradamente el viernes por la tarde, Trump arremetió contra los jueces que fallaron en su contra. Dijo estar “avergonzado” de los tres conservadores que anularon sus aranceles y se refirió a los tres liberales de la corte como una “desgracia”.
Trump prometió entonces reimponer aranceles utilizando la autoridad presidencial disponible bajo otras leyes, incluyendo un nuevo arancel global temporal del 10%.
La decisión de la corte representa un inusual freno al amplio uso de la autoridad ejecutiva por parte de este presidente.
Durante el último año, la mayoría de los jueces se han mostrado dispuestos a permitir que Trump siga adelante con su agenda, en particular en materia de inmigración y la reestructuración del gobierno federal, incluso aunque los recursos legales van escalando en el sistema judicial.
Este caso, tramitado con urgencia, cierra la puerta a uno de esos usos expansivos de la autoridad presidencial.
Con varios otros casos importantes que involucran usos controvertidos del poder ejecutivo, como los intentos de eliminar la ciudadanía por nacimiento y destituir a un gobernador de la Reserva Federal por presuntas irregularidades, este podría no ser el único revés de Trump en los próximos meses.
Como mínimo, esta decisión debilita la posición de Trump al intentar obligar a otras naciones a hacer concesiones a Estados Unidos y empaña su fachada de invencibilidad.
La debilidad engendra debilidad, y los socios comerciales de EU podrían verse envalentonados a adoptar una línea más dura con EU ahora que se han restringido las facultades arancelarias del presidente.
También abre la posibilidad de que el gobierno de Trump tenga que devolver gran parte de los ingresos arancelarios que recaudó durante el último año.
Aunque los jueces dejaron que esta espinosa cuestión fuera decidida por un tribunal inferior, Brett Kavanaugh, en su opinión disidente, advirtió que el proceso probablemente será un “desastre”.
El gobierno de Trump tuvo tiempo de sobra para prepararse para la decisión del viernes.
El precedente de la Corte Suprema y la actitud de muchos jueces cuando el caso se presentó en los tribunales el pasado noviembre indicaban que era muy posible un resultado adverso para él.
Jamieson Greer, principal asesor comercial de Trump, declaró el mes pasado que la Casa Blanca tiene “muchas opciones diferentes” sobre cómo proceder si se eliminan los aranceles.
“La realidad”, afirmó, “el presidente va a tener aranceles como parte de su política comercial de ahora en adelante”.
Sin embargo, las otras opciones que Trump podría tener a su disposición son más limitadas.
Estas requieren que las agencias gubernamentales elaboren informes detallados para justificar la imposición de aranceles, y tienen límites en su alcance y duración.
Atrás quedaron los días en que el presidente podía amenazar o promulgar aranceles de tres dígitos con un simple gesto de la mano o un clic en una publicación en Truth Social.
Los nuevos aranceles requerirán un mayor plazo antes de que puedan imponerse.
Esto podría limitar el tipo de perturbación económica que se produjo cuando el presidente anunció sus expansivos aranceles del “Día de la Liberación” el año pasado y daría a otras naciones más tiempo para preparar sus respuestas.
Si Trump quiere recuperar su margen de maniobra para imponer nuevos aranceles, siempre podría solicitar al Congreso la autorización explícita que la Corte Suprema ha declarado necesaria.
Sin embargo, con las estrechas mayorías republicanas en la Cámara de Representantes y el Senado, y las elecciones de medio término a la vuelta de la esquina, el éxito de tal medida parece improbable.
De hecho, algunos de los aliados conservadores de Trump en el Congreso podrían estar más tranquilos con esta decisión.
Los aranceles del presidente, y los costos que han impuesto a los consumidores, han sido impopulares entre muchos estadounidenses. Los candidatos republicanos en estados clave y distritos electorales habrían estado expuestos a los ataques demócratas por apoyar las políticas de Trump.
Esa área de vulnerabilidad se ha reducido por ahora.
La decisión del viernes generará un momento incómodo el martes, cuando Trump pronuncie su discurso anual sobre el Estado de la Unión ante una sesión conjunta del Congreso. Tradicionalmente, muchos de los jueces de la Corte Suprema se sientan en la primera fila de la cámara.
El presidente, después de pasar meses emitiendo duras advertencias contra la corte, podría verse frente a frente con los jueces que erosionaron uno de los pilares clave de la agenda del segundo mandato de Trump.
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