
A 20 años de la explosión en la mina Pasta de Conchos, en Coahuila, donde murieron 65 trabajadores, las familias mantienen la misma exigencia: que se recuperen los 38 cuerpos que faltan y se les garantice el acceso a la verdad. Así lo subrayan en entrevista Elvira Martínez Espinosa, viuda de Jorge Bladimir Muñoz Delgado, y Tania Yesenia Muñoz Martínez, su hija. Consideran que, desde que comenzó la recuperación de los cuerpos, viven el momento más intenso de su lucha. Hasta ahora 25 han sido recuperados, 23 de ellos entregados y dos en proceso de identificación. Aún faltan 38, incluido Jorge Bladimir.
“Es increíble que tuvo que pasar todo este tiempo para ver lo que nosotros siempre pedíamos desde un principio”, lamenta Elvira. Si lo hubieran hecho desde aquel entonces, dice, hubiera sido menos difícil que ahora, porque las condiciones al interior de la mina se van deteriorando con el paso del tiempo.

Para las familias, solamente era cuestión de voluntad, porque técnicamente siempre fue viable. Ahora que el rescate sigue en marcha, han constatado que se trata de trabajos difíciles que deben hacerse con mucho cuidado, pero pudieron comenzar desde hace dos décadas.
Fue a partir de 2024, durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, que empezaron los trabajos para recuperar los cuerpos. A mediados de junio de ese año, se encontró primero a José Alfredo Ordóñez Martínez, un proceso de identificación que tardó alrededor de 30 días.
Eso quiere decir que, en menos de dos años, han ocurrido muchos más hallazgos que en 18 años de parálisis. Elvira señala que se debe también a que una vez que se iniciaron las labores, se logró llegar a un área donde los trabajadores de la mina tenían que estar agrupados, lo que aceleró el ritmo de las recuperaciones.
Recuerda que en 2006, luego de la explosión en febrero, se recuperó un primer cuerpo en junio, por parte de Grupo México, propietario de la mina, y luego en diciembre uno más, pero para abril de 2007 se suspendieron los esfuerzos pretextando el riesgo.
“No hallábamos la lógica del porqué ya no —cuenta Elvira—, si ya había resultados. Las familias lo primero que pensamos fue ‘algo quieren ocultar’, por qué esta negación; ya cuando vemos que va pasando el tiempo, del gobierno federal vemos cierta protección hacia la empresa, hacia los intereses económicos, porque decían que iban a hacer una inversión muy grande. Era invertir en algo no redituable”, apunta.
La pregunta respecto al porqué de la parálisis permaneció siempre entre las familias. Hoy sostienen que se quiso ocultar una verdad. Tania agrega que a eso se sumaron las versiones no confirmadas que se difundieron en torno a que los mineros estaban calcinados por las altas temperaturas, y que no se hallaría nada.
La sorpresa fue que los dos cuerpos que se encontraron primero no tenían rastros de quemaduras: esos mineros murieron por aplastamiento. Aunque la versión falsa se cayó y se propagaron otras intrigas, la empresa y el gobierno se empeñaron en evitar que más pruebas salieran a la luz, quizá por la posibilidad de que se confirmara negligencia en las condiciones de seguridad, dice la hija de Jorge Bladimir.

Comenzar a recuperar los cuerpos de los mineros 20 años después no solo es distinto y más complejo por los cambios físicos que pudo sufrir la mina o la zona, sino que esas alteraciones pueden implicar diferencias importantes en las pruebas que logren recabarse, lo que, en consecuencia, dificulta conocer la verdad sobre lo ocurrido.
Elvira dice que hay familias cuya exigencia de justicia sigue siendo que se finquen responsabilidades penales, particularmente en torno a Grupo México y Germán Larrea. Para otras, como la de ella, lo primordial es más bien el acceso a la verdad: ¿Qué pasó y cómo pasó?
“La verdad es parte de esa justicia, y viendo que han pasado 20 años, las leyes, quieras o no, tienen vigencia; los delitos tienen vigencia. Yo, al menos ahorita, creo que para mí la justicia sería tener acceso a la verdad, que realmente se diga qué fue lo que pasó para que quede en la historia”, apunta.
Trae a la conversación el caso Ayotzinapa para ejemplificar cómo se hacen las investigaciones y las verdades que se quieren construir, “como a nosotros nos quisieron hacer en aquel entonces: la ‘verdad’ era que se habían pulverizado”. Por eso, el acceso a la verdad es lo último que busca. Una versión oficial definitiva aún no existe.
A la Fiscalía General de la República, que es parte del equipo en el sitio, se le ha preguntado qué está indagando, pero no ha ofrecido detalles, avances ni posibles hipótesis a las familias. A Elvira le quedó claro que no lo iban a decir cuando informaron que la encomienda era la recuperación e identificación de los cuerpos. Nunca hablaron de investigar.
Sería como un rompecabezas, interviene Tania, porque hay que ir uniendo y atando cabos a partir de las pruebas que se están obteniendo. Ella espera que estén hilando la información, y no puedan darla, por lo pronto, por temor a eventuales contradicciones si después se hallan más pruebas en un sentido distinto. Versiones ha habido incluso de que pudo haber quienes sobrevivieron a la explosión y después se quedaron esperando.
“No es lo mismo 20 años después, pero quizá puede ser que más adelante salga una prueba de algo. Yo le digo a mi mamá ‘creo que esa es la verdad a la que nosotros queremos llegar’. Ya no vamos a saber exactamente qué fue lo que pasó, pero lo que merecemos como familia es lo que nos pueda acercar a saber qué fue, cómo estuvieron las cosas”, sostiene Tania.
Para ella, el mensaje a 20 años sigue siendo la esperanza de poder cerrar un ciclo y un proceso que ha llevado tanto tiempo. Como hija, agradece la voluntad de haber continuado con el rescate, pero también quiere vivir un duelo como cualquier familia, y en lo personal, sigue en espera de que su papá regrese a casa.
Elvira pide a las autoridades no cejar: “nos faltan todavía 38 más, muchas áreas por abrir y por explorar, y la situación de los trabajos es que cada vez que se avanza más, se ponen más difíciles; yo sí quisiera ver si Comisión (CFE) puede ver la manera de buscar una alternativa para la cuestión de los trabajos artesanales, sobre todo el acarreo de rezaga”.
Para ello, se implementó un sistema mediante un carrito, pero las distancias dentro de la mina son un problema grande y ese método no lo va a solucionar. Al mismo tiempo, para ella es indispensable cuidar la salud física de los trabajadores que se ocupan del rescate, que ya se han accidentado o han padecido dolores crónicos. Hay que pensar a futuro, subraya, porque falta buena parte de la mina por explorar, lejos de la entrada.

A 20 años de los hechos en Pasta de Conchos, Elvira y Tania están en Ciudad de México porque este jueves se celebrará una misa en el Antimonumento, tras lo cual se leerá un pronunciamiento y se proyectará un documental por el aniversario, preparado por el Centro de Derechos Miguel Agustín Pro Juárez.
Durante su relato, Elvira ni sospecha aún la sorpresa que le tiene la organización. Al final de la entrevista recibe un sobre blanco. Es una foto de Jorge Bladimir y de ella, de novios, abrazados, hace más de 20 años. Elvira se conmueve. No recuerda con exactitud la edad que tenía ahí, pero calcula que tendría alrededor de los 19. A esa edad se casó. Él empezó a trabajar en la minería desde que tenía 20 años de edad, exactamente un mes antes de su matrimonio.
Era el trabajo común, recuerda ella, y la única oportunidad que había. Su primer empleo fue con otra empresa, y en Pasta de Conchos tenía apenas un año y medio. Nunca supo mucho de la actividad específica que hacía Jorge Bladimir, ni de sus condiciones laborales. Eso lo aprendió después de Pasta de Conchos, en el andar, la lucha y los diálogos con autoridades e ingenieros. “Todo esto le cambia a uno la vida completamente”, dice.
Desde los 20 y hasta los 34 años, cuando sucedió la tragedia, su esposo fue minero. Desde que se casaron, ella siempre tuvo trabajo y cada quien estaba en su papel. Ella, además, está a cargo de las tareas cotidianas del hogar y de sus hijos. No había mayor comunicación sobre lo que Jorge hacía, en parte porque en ese entonces Elvira no lo habría entendido, y también para que no se preocupara.

“Estos 20 años me ha costado aprender. Hemos aprendido términos técnicos, las condiciones en que trabajaban, cómo trabajaban, cómo se le hacía para poner una viga. Lo que él hacía, su trabajo, era dar mantenimiento a las bandas transportadoras, las que sacaban el carbón. Estos 20 años han servido para eso, para ver; si me hubiera dicho antes, no, y aparte él era una persona muy reservada”, cuenta.
aber dónde estaba la mina fue uno de sus primeros aprendizajes. Luego, en charlas posteriores con los amigos de su esposo, supo mucho más de lo que él platicaba sobre su trabajo. Tania, en cambio, tenía 12 años cuando sucedió la explosión: se enteró porque ese día en la mañana sus papás iban a salir a preparar alimentos para un evento. Ella siempre esperaba a Jorge de regreso porque solía volver con chocolates para ella y para su hermano.
Decidió ir mejor a la tienda —recuerda que eran las 9 o 10 de la mañana—, y escuchó la noticia en la radio. El señor que atendía llamó su atención sobre el evento y le preguntó si su papá no trabajaba ahí. Ella no tenía mucha idea de que la mina 8, que era como ella conocía su lugar de empleo, estaba en Pasta de Conchos.
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“No avisaron, nos enteramos mucho después. Ya después te vas enterando de cosas, yo soy la mayor de mis hermanos, la que tiene un poco más de recuerdos de lo que pasó en ese entonces, pero sí recuerdo que mi abuelo nos llegó a decir muchas veces que mi papá sí le comentaba que andaba preocupado porque la situación allá abajo cada vez estaba más peligrosa, y que a veces entre sus mismos compañeros decían que ya no querían bajar, pero que los mandaban”, relata.
Aunque alguna vez el abuelo le sugirió cambiar de trabajo, lo suyo era la mina. Lo decía con convicción, recuerda Tania, quien muchas veces se preguntó por qué regresaba ahí. Hoy sabe que era la actividad que le gustaba, pero también la responsabilidad de llevar el sustento a casa, a pesar de las adversidades. “Les tocó en esa situación”, concluye.
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Un mando unificado es el que hasta hoy continúa los trabajos en la mina Pasta de Conchos, conformado por la Comisión Federal de Electricidad, la Fiscalía General de la República, Protección Civil y la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, que coordina. Las familias pueden proponer, pero quien decide es la autoridad. Ellas tienen la sensación de que las oyen, pero no siempre las escuchan ni son realmente parte de las decisiones.
“Las respuestas que nos han dado son basadas en costos, que salía muy caro y nos íbamos a tardar más en hacerlo como propusimos a como lo tienen pensado, pero no te dicen cómo lo van a hacer. Necesitamos que la Comisión escuche. Yo veo que es como un pleito de ingeniería civil contra ingeniería de minería, a ver quién sabe más, a quién le sale mejor, es lo que yo veo. Hay mucho recelo, espero estar equivocada”, dice Elvira.

Las relaciones de Japón con China están en su nivel más bajo en años, luego de varios episodios que han elevado la tensión entre ambos países.
Los osos panda Xiao Xiao y Lei Lei fueron despedidos el mes pasado entre lágrimas en el Zoológico Ueno de Tokio por miles de japoneses, antes de ser enviados de regreso a China.
El hecho, que dejó a Japón sin pandas chinos por primera vez en décadas, se convirtió en uno de los últimos símbolos del deterioro de las relaciones entre China y Japón.
Desde que la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, hizo comentarios que llevaron las relaciones con China a su nivel más bajo en años, Pekín ha aumentado la presión por diversas vías.
Lo ha hecho enviando buques de guerra, restringiendo las exportaciones de tierras raras, frenando el turismo chino, cancelando conciertos e incluso recuperando a sus pandas.
Mientras Takaichi inicia un nuevo mandato, tras obtener un respaldo histórico en las recientes elecciones anticipadas, los analistas advierten que China y Japón tendrán dificultades para reducir la tensión y que la relación no se recuperará pronto.
La disputa empezó en noviembre, cuando Takaichi pareció sugerir que Japón activaría su fuerza de autodefensa en caso de un ataque a Taiwán.
China considera a Taiwán como una provincia propia rebelde y no ha descartado el uso de la fuerza para “reunificarse” con ella algún día.
Taiwán, que se gobierna de forma independiente desde hace décadas, considera a EE.UU. como un aliado clave que se ha comprometido a ayudarla a defenderse.
Desde hace tiempo, la preocupación ha sido que cualquier ataque a Taiwán pudiera resultar en un conflicto militar directo entre Estados Unidos y China, que luego se ampliara a otros aliados estadounidenses en la región como Japón y Filipinas.
La cuestión de Taiwán es una línea roja absoluta para China, que reacciona con furia ante cualquier comentario percibido como “injerencia externa” e insiste en que es una cuestión de soberanía que solo China puede decidir por sí misma.
Casi inmediatamente después de las declaraciones de Takaichi, Pekín respondió con una oleada de condenas y exigió una retractación.
Los observadores han señalado que los comentarios de Takaichi coincidían con la postura del gobierno y con lo que otros líderes japoneses habían dicho en el pasado.
Pero la diferencia radica en que era la primera vez que un primer ministro japonés en funciones expresaba tales opiniones.
Por su parte, Takaichi se negó a disculparse o retractarse de sus comentarios, una postura que, según los analistas, probablemente se vea justificada por el sólido respaldo electoral que ha obtenido.
Sin embargo, Takaichi sostuvo que sería más cautelosa al comentar sobre escenarios específicos. A su vez, su gobierno ha enviado diplomáticos de alto rango a reunirse con sus homólogos chinos.
Sin embargo, esto no ha contribuido a calmar la ira china.
Ante la firme negativa de Takaichi a ceder, China ha aumentado la presión de forma constante.
Si bien en las últimas décadas han surgido disputas entre ambos países, alimentadas por la animosidad histórica, esta vez la situación es diferente, según los analistas.
China ha ampliado su presión en una gama mucho más amplia de frentes, señaló Robert Ward, presidente de Japón del centro de estudios Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.
Se trata de una presión difusa y de bajo nivel, similar a la “guerra de zona gris” que libra contra Taiwán, afirmó, cuyo objetivo es “desgastar [al oponente] para normalizar cosas que en realidad no son normales”.
En el ámbito diplomático, ha presentado quejas ante las Naciones Unidas y pospuesto una cumbre trilateral con Japón y Corea del Sur.
China también ha intentado involucrar a otras partes en la contienda y ha pedido a Reino Unido y Francia que se unan a ella, al tiempo que insta a sus aliados, Rusia y Corea del Norte, a denunciar a Japón.
Durante el fin de semana, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, invocó el historial de agresión de Japón durante la Segunda Guerra Mundial al dirigirse a los líderes occidentales en la Conferencia de Seguridad de Múnich y calificó las declaraciones de Takaichi como un “acontecimiento muy peligroso”.
En el ámbito militar, Japón sostuvo que China ha enviado drones y buques de guerra cerca de sus islas y que sus cazas de combate han fijado los radares que guían sus armas en aviones japoneses.
Además, buques de la guardia costera japonesa y china se han enfrentado cerca de las disputadas islas Senkaku/Diaoyu, mientras que la semana pasada las autoridades japonesas incautaron un buque pesquero chino.
Pero está claro que China también quiere golpear a Japón donde más le duele: su economía.
Pekín ha impuesto restricciones a las exportaciones a Japón de tecnologías de doble uso, incluyendo tierras raras y minerales críticos, en lo que se ha considerado una forma de coerción económica.
También ha advertido a los ciudadanos chinos que eviten Japón para sus estudios y vacaciones y ha cancelado vuelos en 49 rutas a Japón, lo que ha provocado una disminución del turismo y una caída en el valor de algunas acciones.
Los ciudadanos chinos representan una cuarta parte de todos los turistas extranjeros que llegan a Japón, según cifras oficiales.
Ni siquiera el entretenimiento y la cultura ha quedado exentos de las consecuencias.
Eventos musicales japoneses en China han sido cancelados, incluido uno en el que un cantante fue retirado apresuradamente del escenario a mitad de la actuación. Además, las distribuidoras cinematográficas han pospuesto el estreno de varias películas japonesas.
Una de las exportaciones culturales más famosas de Japón, Pokémon, también fue criticada por un evento que debía celebrarse en el Santuario Yasukuni. El templo honra a los japoneses caídos en guerra, incluyendo a algunos que China considera criminales de guerra. El evento finalmente fue cancelado.
En el frente de las redes sociales, los nacionalistas chinos han lanzado ataques online contra Takaichi, incluyendo la divulgación de videos generados por IA que muestran a la figura de la cultura pop Ultraman y al personaje de anime Detective Conan peleando contra la primera ministro.
Pero, en general, China ha tomado medidas menos provocativas en comparación con conflictos anteriores con Japón, según dicen Bonny Lin y Kristi Govella, del centro de estudios Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).
“Hasta ahora, sus respuestas económicas y militares han sido relativamente limitadas en comparación con el pasado, pero hay amplio margen para una mayor escalada”, señalaron en un análisis reciente.
China también puede estar absteniéndose de adoptar una postura demasiado dura con Japón, ya que actualmente se está “posicionando activamente como el guardián del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial” y quiere ser visto como una potencia responsable en comparación con Estados Unidos, añadió Ward.
Los observadores coinciden en que, si las tensiones se calman, probablemente se asentarán en un nivel más alto que antes. Es menos probable que ambas partes desescalen esta vez, señalaron Lin y Govella en su análisis.
China es una potencia mucho más fuerte ahora y “Taiwán es el núcleo de los intereses chinos, lo que significa que es más probable que Pekín adopte una postura de línea dura que en episodios anteriores”.
“Pekín también desconfía profundamente de Takaichi y es probable que considere sus intentos de reducir la tensión sin retractarse explícitamente de sus comentarios como hipócritas o, peor aún, estratégicamente engañosos”, agregaron.
Mientras tanto, Japón tiene un mayor interés en mantenerse firme, especialmente tras la contundente victoria electoral de Takaichi, que “interpretará como una reivindicación de su postura respecto a China”, señaló Ward.
Govella le dijo a BBC que Takaichi probablemente podría usar su victoria como “capital político” para impulsar políticas económicas y de defensa para fortalecer la posición de Japón.
Takaichi se ha comprometido a aumentar el gasto de defensa de Japón al 2% del PIB dos años antes de lo previsto, completar una revisión de las estrategias de seguridad clave para finales de este año y lanzar pronto un paquete de estímulo económico.
A su vez, China “considera que Takaichi es un líder bastante fuerte y que la campaña de presión solo podría fortalecerla a nivel nacional, por lo que es posible que no intensifiquen mucho su presión”, sostuvo Kiyoteru Tsutsui, experto en Japón y director del Centro de Investigación Shorenstein Asia-Pacífico de la Universidad de Stanford.
“Así que esta relación probablemente continuará por un tiempo”.
El factor imponderable podría ser que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha prometido hasta ahora un fuerte apoyo a Takaichi, emitiendo un respaldo inusual en el momento previo a las elecciones anticipadas.
Sin embargo, muchos esperan que las relaciones entre Estados Unidos y China se intensifiquen aún más este año, señaló Tsutsui, con varias reuniones programadas entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, incluida la visita de Estado del presidente estadounidense a Pekín en abril.
Y, en comparación con incidentes anteriores, la respuesta de Estados Unidos al último enfrentamiento “ha sido moderada hasta ahora, lo que podría envalentonar a China”, afirmaron Lin y Govella.
“Los japoneses temen que se produzca un gran acuerdo entre Xi y Trump”, declaró Ward.
Durante el fin de semana, Estados Unidos y Japón reafirmaron sus vínculos en el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich en una reunión entre el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y su homólogo japonés, Toshimitsu Motegi.
Takaichi también tiene previsto reunirse de nuevo con Trump en marzo, cuando visite Washington, antes de su viaje a China.
A medida que China sigue aumentando la presión, Tokio probablemente “redoblará” sus esfuerzos para asumir una mayor parte de la carga de defensa que comparte con Estados Unidos, dijo Ward, y “realmente trabajará más estrechamente con ellos para asegurarse de que Estados Unidos no se desvíe y pierda interés en la región”.
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