
En poco más de medio año, Luis Rogelio Piñeda Taddei, hijo de la consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei, pasó de ser nombrado secretario de la Consejería Jurídica de Sonora a secretario particular del Poder Ejecutivo estatal.
La noche de este lunes 4 de agosto, el gobernador Alfonso Durazo dio a conocer el nuevo nombramiento a través de una publicación en sus redes sociales.
“Hoy tomé protesta a Luis Rogelio Piñeda Taddei como nuevo secretario particular del Poder Ejecutivo, y a Ramón Alejandro Acosta Cortez como nuevo secretario de la Consejería Jurídica del Estado”, escribió.
A inicios de enero, el ahora nuevo secretario particular del gobierno de Sonora había sido nombrado secretario de la Consejería Jurídica, cargo que desempeñó por tan solo siete meses.

Cabe mencionar que la familia de Guadalupe Taddei tiene diversos vínculos con Morena. Otro de sus hijos, León Fernando Piñeda Taddei, quien fue secretario escribiente del Tribunal de Justicia Administrativa, fue nombrado director de Operación Fiduciaría y Mercadotecnia en la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade).
También su primo Jorge Taddei Bringas fue superdelegado del gobierno federal en Sonora, quien a su vez es padre de Pablo Daniel Taddei Arriola, director de la paraestatal Litio Mx, y es pariente de Celeste Taddei Arriola, quien fue diputada por Morena también en Sonora.
Jorge Luis Piñeda Taddei tiene dos licenciaturas: una en derecho por la Universidad del Valle de México (UVM) y otra en Negocios y Comercio Internacional por la Universidad de Sonora. Además, tiene estudios de maestría en Administración Pública por el Instituto Sonorense de Administración Pública.
En cuanto a su trayectoria profesional, el hijo de la consejera presidenta del INE fue director del Centro de Investigaciones Parlamentarias del Estado de Sonora, donde atendió y dio seguimiento a solicitudes de diputados en materia de investigaciones, estudios y análisis.
También lee | Heredar plazas y aumento salarial: las promesas de Clara Brugada para los trabajadores de la CDMX

Piñeda Taddei también se desempeñó durante el periodo 2013-2016 como administrador en Ingeniería, Proyectos y Construcción (IPYC), “una empresa dedicada a la señalización vial, construcción y remodelación de vivienda”, según indica su currículum.
En esa empresa realizó labores de reclutamiento de personal y estuvo a cargo del material para la realización de proyectos.

Los saunas y los baños en agua fría están en auge, pero ¿qué dice realmente la ciencia sobre sus beneficios?
Si echas una mirada a las redes sociales, te encontrarás con información que asegura que los saunas y los baños fríos son casi una cura milagrosa, que refuerzan el sistema inmunitario, queman grasa y solucionan todo, desde dolores articulares hasta el bajo estado de ánimo.
Pero la realidad, según los expertos, tiene más matices.
“Mucha gente confía ciegamente en la exposición al calor y al frío, pero aún no tenemos pruebas suficientes para afirmar que sea categóricamente beneficiosa”, afirma la Heather Massey, profesora asociada de la Universidad de Portsmouth, Reino Unido, especializada en entornos extremos y fisiología.
Massey explica que nuestros cuerpos son “increíblemente” capaces de mantener estable la temperatura corporal, normalmente entre 36,5 °C y 37 °C.
En la vida cotidiana, muchos de nosotros rara vez desafiamos ese sistema, pasando largos periodos en espacios con calefacción o aire acondicionado.
No obstante, calentar o enfriar el cuerpo crea un pequeño estrés, afirma, lo cual puede desencadenar respuestas adaptativas o protectoras.
Para algunas personas el sauna es una recompensa después del ejercicio, mientras que para otras es un atractivo en sí mismo.
Muchos asiduos lo recomiendan, convencidos de que 15 minutos de calor intenso hacen maravillas para el cuerpo y la mente.
Y sin duda puede sentirse bien.
“Cuando te sientas en un sauna y sudas, puedes sentirte más suelto, más libre, con un poco más de movilidad, y tus dolores y molestias pueden desaparecer un poco por sí solos”, le explica Massey al podcast What’s Up Docs de la BBC.
“Así que definitivamente hay algún beneficio al usar el sauna, pero la pregunta es si se trata de un beneficio para la salud a largo plazo o más bien algo psicológico”, agrega.
Massey señala que en un estudio reciente, varias personas realizaron sesiones repetidas de jacuzzis y los resultados mostraron cambios en la insulina y la presión arterial.
“Estamos empezando a explorar si calentar el cuerpo podría ayudar a las personas que viven con enfermedades crónicas”, cuenta.
Aun así, insta a la cautela con las afirmaciones contundentes sobre la salud, ya que la evidencia científica sólida aún es limitada.
“Nunca hemos hecho un ensayo adecuado sobre el sauna”, dice. “Sospecho que encontraremos beneficios en el futuro, pero aún no lo hemos logrado”.
Por ahora, dice, es razonable disfrutar del ritual por cómo te hace sentir, sin asumir que es un atajo garantizado para una mejor salud.
Y si pruebas saunas o jacuzzis, Massey recomienda precaución: “Comienza poco a poco”, y consulta primero con tu médico de cabecera si tienes alguna enfermedad subyacente o estás embarazada.
Algunas personas van en la dirección contraria. Los grupos de natación en agua fría son cada vez más populares y los chapuzones matutinos ya son habituales en playas, lagos y ríos.
Massey, que ha cruzado el canal de la Mancha a nado y ha competido en el campeonato mundial de natación en hielo, nada en agua fría una vez a la semana, pero solo pasa un par de minutos en el agua.
Al principio le resulta doloroso, pero ese impacto inicial es justo lo que la gente busca.
“Cuando te sumerges por primera vez, experimentas una respiración entrecortada y acelerada”, explica. La frecuencia cardíaca y la presión arterial se incrementan, y las hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, se disparan.
“Esa respuesta alcanza su punto máximo a los 30 segundos y luego disminuye muy rápidamente”, añade.
La exposición repetida reduce la respuesta de impacto y, tras varios baños cortos, puede reducirse en aproximadamente un 50%.
Al igual que con los saunas, la gran pregunta es si los beneficios provienen de la temperatura en sí o de todo lo que la rodea.
La natación en agua fría suele practicarse al aire libre y en compañía. “Es una actividad con múltiples mecanismos: naturaleza, movimiento y conexión social, y todos están interrelacionados”, afirma Massey.
El presentador del podcast, el doctor Chris van Tulleken, coincide en que es difícil separar esos factores: “No sabemos si el beneficio reside en el agua fría en sí o en estar con un grupo de personas divertidas y hacer algo desafiante juntos”.
Para Massey, sin embargo, el punto de partida no es la temperatura, sino el disfrute.
“Hablo con personas que salen a correr cada semana y describen exactamente la misma sensación que otras personas experimentan nadando en agua fría”, dice.
“Lo importante es encontrar algo que disfrutes, que puedas hacer con regularidad e idealmente que puedas compartir con otros, ya que crear un grupo de amigos en torno a una actividad puede reducir el estrés psicológico”.
Esto puede ser cualquier cosa, desde jardinería, observación de aves, unirse a un coro o simplemente caminar con amigos.
Así que, aunque los saunas y los baños fríos no sean esenciales para la buena salud, dice Massey, aún pueden ofrecer algo positivo.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, X, Facebook y en nuestro nuevo canal de WhatsApp, donde encontrarás noticias de última hora y nuestro mejor contenido.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.