
Acércate. Aún más. Pega el oído donde vibra y, cuando por fin llegues, encontrarás que el sonido no tiene sentido, sino lo que ves. En la experiencia de habitar un espacio Sordo, el oído no tiene importancia, la vista sí. Mirar a los ojos directamente en una conversación oral resulta incómodo, pero para las personas Sordas podría parecer un insulto desviar los ojos a otro lado mientras se platica. El silencio es una condición necesaria para un auditorio a punto de recibir a un ponente; en cambio, en una conferencia Sorda existen ruidos, gritos, risas, sonidos arbitrarios de mochilas cayendo, sillas moviéndose, entre otros. No importa que haya ruido porque la voz de las personas Sordas está en sus manos y ese es el problema. No se les ha reconocido una lucha que se ha enunciado desde hace más de un siglo. Es la lucha por tener una voz auténtica en un mundo donde el sonido dicta lo que cuenta como presencia. Pero es posible imaginar ese mundo y hoy en día existen esos lugares: son vibrantes, reales, profundamente humanos, pero casi no los escuchamos porque no suenan a como estamos acostumbrados los oyentes.
Para Tom Humphries y Carol Padden desarrollar la voz es un símbolo del poder oyente. Contamos con expresiones como “Tengo voz en…” para expresar la posibilidad de participar o “Hay que alzar la voz” para referir a la posibilidad de ser escuchados. Este fenómeno que se presenta en el lenguaje tiene implicaciones sociales, pues la voz ha sido una tecnología de exclusión. ¿De qué manera? Cuando se equipara la voz como el marcador principal de humanidad y legitimidad. Tener voz significa, literal y metafóricamente, tener acceso a un espacio público, al reconocimiento y a la autoridad del conocimiento. La pregunta es: ¿qué sucede con aquellos que no usan la voz oral como es el caso de las personas Sordas? Han sido percibidas históricamente como personas sin pensamiento o, incluso, sin humanidad.
Ante este problema, se han desarrollado estrategias para hacer valer la voz de las personas Sordas. En un principio la estrategia más recurrente es enseñarles a hablar y leer los labios, suprimiendo el uso de la lengua de señas. Este proceso se presenta como un gesto de inclusión, pero en realidad podría asemejarse a una forma de alienación cultural: en este caso darles voz significa obligarlos a expresarse con la boca, producir sonidos y saber leer una parte del cuerpo que no es esencial para las personas Sordas. Si el objetivo no es hacerlos hablar de manera oral ¿cuál es la voz Sorda? Son las señas, los movimientos y expresiones; tal vez no hacen ruido, pero tienen mucho que decir. Así, la voz se aleja del sonido y comienza a ser una expresión cultural y agencia política.
La siguiente pregunta es: si existe esa manera de hablar ¿por qué no se escucha? Aquí se origina la siguiente dimensión del problema de la voz: no importa sólo tener voz, también importa que exista alguien que la escuche. La lucha lingüística de la comunidad Sorda no es reciente ni moderna, es tan antigua como la propia existencia humana, pero aún hoy se ha prestado poca atención a escuchar y mirar la voz Sorda. Por ejemplo, en México, la creación de espacios Sordos como el II Congreso Nacional de la Lengua de Señas Mexicana (ConaLSM), que recientemente se celebró en la ciudad de Pachuca, es un evento que se consolidó como un espacio histórico de encuentro, reflexión y acción colectiva, impulsado por la organización de personas Sordas del país. Más allá de ser un evento académico o educativo, el ConaLSM representó una afirmación ética que responde al problema de la voz: la defensa del derecho a existir, comunicarse y construir conocimiento desde la diferencia.

En un contexto donde las discusiones bioéticas contemporáneas se centran en la diversidad humana, la accesibilidad y las nuevas tecnologías biomédicas, el ConaLSM se mostró como un evento que invita a adentrarse en el mundo Sordo, su modo de investigación, su forma de expresarse y, sobre todo, de habitar el mundo. En este evento no se buscó corregir o dar una voz física, sino defender una cultura que exige ser vista-escuchada a partir de su lengua.
El congreso partió de una premisa: la sordera es un fenómeno cultural que no necesita corregirse. Al ingresar a este evento uno da cuenta de que las señas significan más que un derecho lingüístico, más que una oportunidad de inclusión; significan algo tan fundamental como celebrar la existencia Sorda. En este sentido, el II ConaLSM emerge como una respuesta cultural y un acto de soberanía ante el problema histórico de la voz. Esa voz Sorda exige dos compromisos con y para la bioética:
Los eventos culturales permiten expresar que habitar la sordera, en un mundo jerarquizado por el sonido, no es un obstáculo por “superar”, sino una manera de habitar el mundo, que valora el sonido de manera distinta, que se rige con valores y tradiciones totalmente distintas a las de un oyente. Esto mismo anula la obligación de darles una voz física-oral y defender una cultura que exige ser vista más que escuchada, pues esta comunidad ya tiene una voz que se expresa en señas.
Al defender la cultura Sorda, el interés en esta comunidad no tiene que reducirse a esfuerzos inclusionistas de sólo “aprender una lengua” o “apoyar proyectos de conciertos inclusivos”. Más bien, este evento demostró que existe algo aún más fundamental que no es comerciable o socialmente responsable: es un instrumento de agencia política. Las señas y movimientos dejan de ser los sustitutos del habla y se convierten en un modo de conocimiento, arte y legislación que aporta y enriquece a la propia humanidad.
En este sentido, la bioética se vuelve una oportunidad para reflexionar sobre las condiciones de vivir juntos en la diferencia, en particular cuando se encuentra con la experiencia Sorda. Despatologizar la sordera no sólo es un gesto de “inclusión”, sino una responsabilidad para desmontar las estructuras audistas que reducen la vida Sorda a una enfermedad, y se propone un imperativo moral por reconocerla como una forma legítima de diversidad humana. Pero no se trata sólo de reivindicar la sordera como un análisis bioético, sino de hacer un nuevo tipo de bioética contraaudista: Una bioética que reconozca la agencia política de la comunidad Sorda, una bioética que escuche con los ojos y reflexione con las manos, pues las señas son prácticas de pensamiento, de cuidado y autodefinición colectiva.
Así, la bioética que emerge del ConaLSM representa la necesidad de aprender a mirar y a escuchar con atención estas formas de existencia, pues la voz auténtica de la comunidad Sorda ya existe y resuena tanto que el desafío es que el mundo oyente deje de dictar lo que cuenta como “presencia” y, por fin, se deje de escuchar y comencemos a ver la fuerza del movimiento de una comunidad.
* Rodrigo Sánchez Villa es estudiante del doctorado en Filosofía de la Ciencia de la UNAM. Su investigación se encuentra en la intersección de etnografía del futuro, bioética, edición genética de humanos y comunidad Sorda. Es autor del libro Diálogo de Sordos: la bioética audista de la edición genética de humanos, publicado por el Programa Universitario de Bioética.
Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

El exmandatario alega ser inocente, mientras a las afueras de la Corte se congregaron manifestantes a su favor y una fuerte presencia policial.
Prisión de por vida.
Esa es la sentencia que un tribunal dictó contra el expresidente Yoon Suk-yeol, quien fue declarado culpable de abuso de poder y de planificar una insurrección en Corea del Sur.
En diciembre de 2024, el exmandatario declaró la ley marcial e intentó usar a las fuerzas armadas para ejercer control en el país.
Su intento de golpe duró sólo seis horas, pero puso a prueba la democracia y causó una crisis política, con su partido siendo derrotado en las elecciones siguientes.
En enero, los fiscales dijeron que “la ley marcial de emergencia, inconstitucional e ilegal de Yoon, socavó el funcionamiento de la Asamblea Nacional y la Comisión Electoral… destruyendo de hecho el orden constitucional liberal democrático”.
La pena máxima por organizar una insurrección en Corea del Sur es la condena a muerte o cadena perpetua. El Ministerio Público había solicitado la primera.
Durante la audiencia hubo una enorme presencia policial, así como manifestaciones en apoyo al político, en una muestra de lo polarizada que está la sociedad surcoreana en torno a este caso legal.
La ley marcial que declaró Yoon suspendía el Parlamento, los partidos políticos y los sindicatos, e imponía la censura a los medios de comunicación.
Él niega los cargos en su contra.
En el juicio, según la agencia de noticias Reuters, el también exfiscal argumentó que tenía autoridad presidencial para declarar la ley marcial y que su acción tenía como objetivo dar la voz de alarma sobre la obstrucción del gobierno por parte de los partidos contrarios a su administración.
Yoon ya está cumpliendo condena por otra sentencia relacionada con la ley marcial. Aún enfrenta dos juicios más relacionados con ella.
Nacido en Seúl en 1960, Yoon ganó notoriedad en el país gracias a una larga carrera de fiscal en la que se ocupó de algunos casos destacados de corrupción, como el que salpicó en 2016 a la entonces presidenta Park Geun-hye.
Presentándose como un azote contra los delitos contra el patrimonio público y un “antifeminista” en un momento en el que la sociedad surcoreana parecía muy dividida en torno a cuestiones de género, Yoon desembarcó en la política y fue el candidato del conservador Partido del Poder Popular en las elecciones de 2022.
En los comicios, el político derrotó por un margen inferior al 1% a su rival Lee Jae-myung, del izquierdista Partido Democrático.
Yoon se benefició del rechazo generalizado a la gestión anterior de Mon Jae-in, del Partido Democrático, y alcanzó la presidencia tras una campaña centrada en sus promesas de combatir la corrupción.
El voto de los jóvenes varones atraídos por sus promesas de frenar lo que Yoon considera excesos feministas fue otra de las claves de su victoria electoral.
Según le dijo a la BBC Don S. Lee, profesor de Administración Pública de la Universidad Sungkyunkwan, en Seúl, había “grandes esperanzas” entre sus votantes de que el nuevo gobierno liderado por Yoon “perseguiría valores como la ética, la transparencia y la eficiencia”.
Pero esas expectativas se vieron en gran medida defraudadas por los escándalos en los que se vio envuelto el gobernante y sus allegados.
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