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Contra la crítica fácil: la bioética en el sistema de salud saturado
Una vida examinada: reflexiones bioéticas
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El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la... Continuar Leyendo
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Contra la crítica fácil: la bioética en el sistema de salud saturado

La deshumanización de la medicina es un tópico que suele aparecer casi sin falta en los círculos de discusión bioética. Una postura predominante sostiene que dicha disciplina se ha deshumanizado, que el personal médico se preocupa poco por sus pacientes, que hay un fracaso existencial en esa área, y que se ha denunciado maltrato o desconexión por parte de los profesionales de la salud, pero ¿será verdad?
18 de febrero, 2026
Por: Juan Salvador García Hernández y Gimena Carolina Villegas Umaña

Como cualquier actividad humana, la práctica médica no está exenta de imperfecciones ni de errores. En la Antigüedad, el pronóstico de un paciente dependía en gran medida de la experiencia del médico que lo atendía. Es conocida la anécdota de los ciudadanos de Abdera, quienes -muy preocupados- enviaron llamar a Hipócrates porque Demócrito parecía haber enloquecido: reía todo el día y por cualquier motivo. Tras conversar con él, Hipócrates concluyó que, lejos de estar loco, Demócrito era el más sabio entre los sabios y que incluso podía volver sabios a los demás. Hipócrates logró emitir un diagnóstico que iba más allá de los síntomas visibles, fruto de su juicio experimentado. En aquel tiempo, la medicina era ante todo empírica.

Sin embargo, que la cura dependiera exclusivamente de la experiencia individual de los médicos limitaba el acceso a ella. En la actualidad se demanda la salud como un derecho universal; esto exige que la medicina sea sistematizada, con procedimientos homologados y una predicción aceptable de resultados.

En el ámbito bioético se suele cuestionar que la práctica médica contemporánea haya adquirido un carácter excesivamente técnico, impreciso en lo moral y distante de la dimensión humana del paciente. Pero, pocas veces se contrasta el juicio con la realidad estadística. ¿Qué pasaría si analizamos las inconformidades con respecto a la inmensa cantidad de casos en los que la medicina logra con éxito su objetivo? Si bien la exigencia es máxima porque el bien afectado es la vida, no se justifica sacrificar la reputación del trabajo de todo un gremio de servicio por las contadas y notorias fallas.

Quienes señalan los errores, a menudo profesionales con un conocimiento más empírico que a nivel sistemático de la medicina institucional, suelen hablar desde la experiencia de casos públicos. Nos preguntamos por qué esas fallas adquieren tanta notoriedad: la respuesta más sencilla es que son contadas y, por tanto, fácilmente identificables dentro del inmenso universo de la atención sanitaria. La crítica de la deshumanización de la medicina, sin embargo, tiende a trasladar la culpa al ser humano que se encuentra en la trinchera, es decir, en el lugar inmediato de la práctica, donde se enfrentan las urgencias, la escasez de recursos y la presión del tiempo, en lugar de dirigirla al sistema que la condiciona. Se olvida así que el personal sanitario tiene un margen muy limitado para transformar las estructuras que lo rodean.

El sistema de salud público, al menos en México, está lleno de burocracia, sobrecarga laboral y precariedad, situaciones que fomentan un ambiente de constante estrés. Si bien no se hace caso omiso a los malos elementos, es inconcebible creer que el médico actúa con la intención de dañar o insultar. Lo que sí suele estar en el currículum oculto es la medicina defensiva, que no es otra cosa que cumplir con la burocracia establecida dentro del sistema. Lejos de ser un acto de mala fe es un mecanismo institucional diseñado para evitar errores, mejorar la seguridad de los pacientes y, claro, proteger al personal de una probable negligencia y sus consecuencias.

Ahora bien, cuando se aduce que la medicina es deshumanizada y despersonalizada, ¿con respecto a qué ideal se está juzgando? Se trata de una idea romantizada de la práctica clínica que no considera la realidad actual. Exigimos una consulta de más de 10 minutos, pero también que se atienda a todos, que se reduzcan las listas de espera y que se manden estudios que garanticen el diagnóstico. ¿No es ilógico? Hoy en día, la verdadera humanidad radica en la garantía de un diagnóstico rápido y preciso, que puede lograrse en dos minutos con el uso de una tecnología, en lugar de una consulta extensa que sólo indague la causa y logre un diagnóstico presuntivo.

Por el progreso de la tecnología, no es difícil imaginar que en un futuro no muy lejano el robot Da Vinci pueda realizar cirugías autónomas. Si esto se perfecciona, ¿quién escogería al ser humano imperfecto frente al robot perfecto, al menos en lo que se refiere a la técnica quirúrgica?

La medicina no se ha deshumanizado; lo que ha ocurrido es que la humanidad migró de la palmada en el hombro a un imperativo de seguridad y eficacia universal. El médico en la trinchera no es un villano, sino un profesional que utiliza la “medicina defensiva” y las herramientas tecnológicas (como el Da Vinci o la IA) como escudos éticos y operativos contra un sistema precario. Sacrificar la eficacia en aras de un romanticismo inútil es el verdadero error existencial. El desafío de la bioética actual no es lamentar la pérdida de la clínica antigua, sino asegurar que, mientras el robot opera y el sistema atiende a millones, la dignidad del paciente sea el parámetro que ni la burocracia ni la tecnología puedan borrar.

* Juan Salvador García Hernández es médico cirujano militar e investigador en el Hospital Central Militar (HCM), con maestría en Bioética, grado Cum Laude por el Instituto Politécnico Nacional; actualmente es candidato a doctor en Ciencias (Bioética) por la UNAM. Es secretario del Comité Hospitalario de Bioética del HCM y revisor en la Revista de Sanidad Militar; cuenta con publicaciones en revistas indexadas de alto impacto y experiencia docente a nivel de pregrado y posgrado en metodología de la investigación y bioética. Gimena Carolina Villegas Umaña es licenciada en Filosofía por la Universidad del Valle de Cali, Colombia. Cursó la Maestría en Ciencias (Humanidades en Salud) en la UNAM, donde obtuvo el grado con mención honorífica, con la tesis “Análisis de la justicia en la distribución de vacunas para la COVID-19 a migrantes en situación irregular en México”. Actualmente cursa el Doctorado en Ciencias (Humanidades en Salud) en la misma universidad.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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Imagen BBC
Corea del Sur sentencia a cadena perpetua al expresidente Yoon Suk-yeol por insurrección tras declarar la ley marcial en 2024
3 minutos de lectura

El exmandatario alega ser inocente, mientras a las afueras de la Corte se congregaron manifestantes a su favor y una fuerte presencia policial.

19 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
0

Prisión de por vida.

Esa es la sentencia que un tribunal dictó contra el expresidente Yoon Suk-yeol, quien fue declarado culpable de abuso de poder y de planificar una insurrección en Corea del Sur.

En diciembre de 2024, el exmandatario declaró la ley marcial e intentó usar a las fuerzas armadas para ejercer control en el país.

Su intento de golpe duró sólo seis horas, pero puso a prueba la democracia y causó una crisis política, con su partido siendo derrotado en las elecciones siguientes.

En enero, los fiscales dijeron que “la ley marcial de emergencia, inconstitucional e ilegal de Yoon, socavó el funcionamiento de la Asamblea Nacional y la Comisión Electoral… destruyendo de hecho el orden constitucional liberal democrático”.

La pena máxima por organizar una insurrección en Corea del Sur es la condena a muerte o cadena perpetua. El Ministerio Público había solicitado la primera.

Durante la audiencia hubo una enorme presencia policial, así como manifestaciones en apoyo al político, en una muestra de lo polarizada que está la sociedad surcoreana en torno a este caso legal.

La ley marcial que declaró Yoon suspendía el Parlamento, los partidos políticos y los sindicatos, e imponía la censura a los medios de comunicación.

Él niega los cargos en su contra.

En el juicio, según la agencia de noticias Reuters, el también exfiscal argumentó que tenía autoridad presidencial para declarar la ley marcial y que su acción tenía como objetivo dar la voz de alarma sobre la obstrucción del gobierno por parte de los partidos contrarios a su administración.

Yoon ya está cumpliendo condena por otra sentencia relacionada con la ley marcial. Aún enfrenta dos juicios más relacionados con ella.

¿Quién es Yoon Suk-yeol?

Nacido en Seúl en 1960, Yoon ganó notoriedad en el país gracias a una larga carrera de fiscal en la que se ocupó de algunos casos destacados de corrupción, como el que salpicó en 2016 a la entonces presidenta Park Geun-hye.

Presentándose como un azote contra los delitos contra el patrimonio público y un “antifeminista” en un momento en el que la sociedad surcoreana parecía muy dividida en torno a cuestiones de género, Yoon desembarcó en la política y fue el candidato del conservador Partido del Poder Popular en las elecciones de 2022.

En los comicios, el político derrotó por un margen inferior al 1% a su rival Lee Jae-myung, del izquierdista Partido Democrático.

Yoon se benefició del rechazo generalizado a la gestión anterior de Mon Jae-in, del Partido Democrático, y alcanzó la presidencia tras una campaña centrada en sus promesas de combatir la corrupción.

El voto de los jóvenes varones atraídos por sus promesas de frenar lo que Yoon considera excesos feministas fue otra de las claves de su victoria electoral.

Según le dijo a la BBC Don S. Lee, profesor de Administración Pública de la Universidad Sungkyunkwan, en Seúl, había “grandes esperanzas” entre sus votantes de que el nuevo gobierno liderado por Yoon “perseguiría valores como la ética, la transparencia y la eficiencia”.

Pero esas expectativas se vieron en gran medida defraudadas por los escándalos en los que se vio envuelto el gobernante y sus allegados.

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